¿Por qué hay convocada una huelga general ahora y no antes?
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A las puertas de unas elecciones generales, la derecha y la ultraderecha amenazan con demoler los avances logrados en estos años de lucha: las subidas del SMI, la reforma laboral, la revalorización de las pensiones…
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Mientras, la patronal bloquea el Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva y cientos de convenios colectivos, cuando la mayoría social trabajadora ya sufre la inflación que provoca la guerra imperialista.
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En los últimos cinco años la cesta de la compra ha subido un 26,5%, la vivienda un 56,2% y los salarios un 15,7%.
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Los sindicatos reivindican subir el SMI un 7%, anulando las cláusulas de absorción y compensación, y subir los salarios entre un 4% y un 7%, generalizando cláusulas de garantía salarial en los convenios para actualizarlas con el IPC. La patronal ni se sienta a la mesa.
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Pero es que amenazan con dejar las bajas laborales en manos de las mutuas, con privatizar el sistema público de pensiones.
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¿Recortarán también los permisos por nacimiento? ¿La dependencia? ¿Las prestaciones por desempleo? ¿Las indemnizaciones por despido?
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La huelga debe ser un gran NO a las políticas antisociales y antiobreras que la derecha y la patronal pretenden imponer si tienen mayoría en el Congreso y gobiernan el país.
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La huelga debe ser un gran SÍ a reducir la jornada laboral y a subir los salarios ante la inflación, a consolidar los avances y seguir ampliando derechos.
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Y además, debe ser un gran NO a las políticas que la derecha y la ultraderecha aplican ya en comunidades autónomas y ayuntamientos y que amplificaran si llegan al Gobierno de España.
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Extendiendo la desprotección del medio ambiente, sin recursos ni gestión frente a grandes incendios e inundaciones mientras niegan el cambio climático.
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Desprotegiendo a las mujeres frente a las violencias machistas, arrebatándoles derechos para imponer la dominación patriarcal, negando que esta siquiera exista.
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Dejando en los huesos la educación y la sanidad públicas para engordar la privada y la concertada, y que ante la enfermedad o para dar un futuro a tus hijas e hijos haya que endeudarse o empobrecerse.
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Pisoteando nuestros derechos. Dando barra libre a especuladores y explotadores. Promoviendo la ley de la selva y la delincuencia organizada.
Los decretos de vivienda: la gota que colmó el vaso.
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La moratoria antidesahucios vigente entre la pandemia y diciembre del 25 impidió que decenas de miles de familias perdieran sus viviendas. La derecha y la ultraderecha impidieron renovarla, primero en abril, y luego ante los decretos Maricarmen.
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Claro que hubo desahucios pese a la moratoria. Propietarios y jueces aprovecharon grietas, ángulos muertos para atacar a la gente más vulnerable y menos organizada.
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No cabe duda de que la derecha derogará de inmediato los avances que logremos en la votación de los nuevos decretos Maricarmen en la Diputación Permanente.
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Tampoco de que ha boicoteado por sistema las medidas de vivienda que solo pueden poner en marcha las Comunidades Autónomas; e incluso ha rechazado millones de euros para generar vivienda pública.
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Por supuesto, ha puesto alfombra roja a grandes o pequeños rentistas, los fondos buitres nacionales o extranjeros y al turismo masivo, empujando en esa espiral especuladora a pequeños propietarios.
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La huelga debe ser un NO a la especulación, a la usura y al acaparamiento de viviendas en manos del capital, que son un derecho, pero antes aún, un bien de primera necesidad.
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La huelga debe ser un enorme SÍ al alquiler indefinido con subida de renta regulada para frenar la subida de precios y dar estabilidad a millones de hogares que por ahora dependen del mercado para tener derecho a techo.
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La huelga debe ser un gran SÍ al parque público de vivienda que tiene que generar el gobierno central, pero fundamentalmente, quienes tienen las competencias para ello, comunidades autónomas y Ayuntamientos, para que sea la principal vía de acceso a la vivienda digna y adecuada.
¿Cómo se gana la huelga general?
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Se gana con la unidad, la cooperación y la coordinación de todas las fuerzas obreras, para no duplicar esfuerzos y llegar entre todas a todos los rincones del país: a cada calle, cada barrio, cada pueblo, cada centro de trabajo, cada facultad, cada instituto.
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Unidad con respeto y reconocimiento de las capacidades y experiencias de cada cual, sabiendo quien es el enemigo, para no confundir a las grandes masas trabajadoras. Protegernos y avanzar juntas y juntos.
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Unidad construida con el trabajo codo a codo entre la juventud que está aprendiendo a luchar y la militancia con décadas de experiencia de combate político, sindical, social e institucional, ante el incierto y amenazante panorama internacional.
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La voluntad revolucionaria es imprescindible pero sin organización sindical en la industria, el campo, los servicios públicos, en la estructura productiva básica es insuficiente.
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El éxito de la huelga depende de la calle, pero también se mide con el dato del consumo eléctrico. Debemos parar las ciudades, las fábricas, el comercio, el transporte…
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Tanto es así, que si huelga general es por que la convocan CCOO y UGT, las únicas organizaciones que si quieren, pueden. Quienes la han reclamado justamente deben ahora, debemos contribuir a que sea un gran éxito.
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Sindicatos de clase, movimiento feminista, movimiento estudiantil, movimiento vecinal, organizaciones políticas de clase, de izquierdas y progresistas unidas y unidos, ¡podemos parar el país! ¡Vamos a parar el país!
¿Y para qué sirve parar el país? Para ponerlo en marcha.
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Para concienciar de la situación a la mayoría social, a la gran masa trabajadora, de todo lo que está en juego en las próximas semanas. De la necesidad de defender todo lo conseguido con tanto esfuerzo.
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De la amenaza a la democracia y a la soberanía nacional si llegan al gobierno quienes ya han vendido el país a trozos y lo volverán a hacer poniendo a España al servicio del imperialismo yankee, si no lo impedimos en la calle y en las urnas
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Una conciencia que debe traducirse en votos en noviembre, para impedir que el fascismo tome el gobierno del país; y en mayo, para desalojarlos de los gobiernos autónomos y de los ayuntamientos desde los que ahora pisotean a la clase trabajadora.
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Una conciencia, que transformada en organización política, sindical y social doblege la resistencia del capital y de sus esbirros ante los avances del pueblo trabajador, que garantice el ejercicio de los derechos, que sabemos, se conquistan un día y se tienen que defender toda la vida.
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Una conciencia que se transforme en poder político para seguir avanzando hacia el socialismo.




