Información sobre cookies

Aceptar Utilizamos cookies propias y de terceros para realizar análisis de uso y de medición de nuestra web para mejorar nuestros servicios. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí: Política de Cookies

Nº 248 de Nuestra Bandera - Ante el reto de constuir un proyecto en común

6 de Diciembre de 2020

Editorial y sumario

Un momento decisivo para asegurar la vida de las generaciones futura


La crisis provocada por la extensión de la pandemia causada por la covid-19 ha puesto en evidencia la quiebra social de los principios ideológicos y geopolíticos que han sostenido el viejo orden internacional.

Lo cierto es que, en una situación de emergencia mundial, ningún Estado ha mirado hacia Washington como referente de las medidas a tomar para afrontar la pandemia, pero, lo que es más novedoso, tampoco ha recurrido a los Estados Unidos para pedir ayuda económica o sanitaria, como podía haber ocurrido en otros tiempos.

Al mismo tiempo se constata que más de ochenta países se han dirigido en este sentido a China, sin olvidar que Italia y otros Estados han pedido ayuda a Rusia y Cuba. Todo ello evidencia la pérdida de puntos en el ranking de la hegemonía mundial por parte de los Estados Unidos.

Por otra parte, la Unión Europea ha continuado su camino hacia la irrelevancia en el concierto internacional. Su incapacidad para actuar de forma unitaria y mucho menos solidaria, su absoluta falta de iniciativa y las limitaciones de su capacidad productiva, con la dependencia que conlleva, han situado a la Unión Europea ante la mayor crisis de su historia. En ella se manifiestan todas sus debilidades y contradicciones internas, fruto de un proceso de integración de carácter neoliberal supeditado a la OTAN y a los designios de los Estados Unidos, como se ha podido comprobar en su actuación frente a Bielorrusia, alineándose y participando de las posiciones desestabilizadoras de las grandes potencias.

Otro elemento significativo al que se ha prestado poca atención es el comportamiento de los organismos internacionales, de manera especial la ONU, pieza clave del sistema de relaciones nacido en 1945, que han estado y están prácticamente desaparecidos en esta situación de emergencia general, evidenciando su escasa capacidad de actuación para hacer frente a la gravísima situación generada por la pandemia.

Todo ello se da en un marco internacional donde han cambiado muchos de los equilibrios existentes con la desaparición de la Unión Soviética y la emergencia de China, que se vislumbra como la principal potencia económica a corto plazo, algo que Estados Unidos quiere evitar a toda costa cerrando el paso igualmente al proyecto presentado por esta de una nueva organización de relaciones internacionales basado en el multilateralismo y la cooperación entre países.

Mientras, el mundo asiste a una peligrosa situación de estancamiento que el sistema capitalista no puede superar. La incapacidad de la que hace gala este sistema para responder a las necesidades humanas más imperiosas, la desigualdad y la injusticia, el hambre y la explotación, los problemas medioambientales, las guerras, la trata de mujeres para la explotación sexual, el racismo, la esclavitud o el drama de los refugiados, da la mano, ahora, a la pandemia de la covid-19, generando un futuro con mayor incertidumbre.

De esta manera, la devaluación de los Estados Unidos, el fracaso de la Unión Europea y las disputas dentro de países capitalistas, de forma especial en los Estados Unidos, están mostrando la imposibilidad de una acción mancomunada en el seno del capitalismo que anteponga el interés general al beneficio económico. La evidencia se abre paso, y millones de seres humanos cuestionan los valores individualistas, privatizadores e insolidarios que este país representa.

En esta situación se hace necesaria la configuración de un proyecto compartido para toda la humanidad que se plantee construir un modelo de relaciones respetuoso con la soberanía de los pueblos y de seguridad universal; un modelo que nos lleve a un mundo libre de temores desde una apuesta decidida por la paz, el desarme, la justicia social y una mayor solidaridad en las relaciones internacionales, rechazando el hegemonismo y la política de dominio de unos Estados por otros. Ese proyecto debe alcanzar un mundo que despliegue un desarrollo sostenible, sin pobreza ni hambre, articulando sociedades abiertas e inclusivas.

Desde esta perspectiva hay que combatir los intentos de Estados Unidos por recuperar un clima de guerra fría que le permita aumentar la tensión militar y ejercer así una mayor presión internacional hacia los Estados actualmente dependientes de los organismos económicos internacionales.
 

Expresión de esta estrategia es el creciente belicismo de Trump y su desvinculación de los tratados internacionales, económicos y militares, que favorece la libre actuación de las multinacionales en el mundo agravando la destrucción ecológica y la desigualdad social, a la vez que deja las manos libres al complejo militar-industrial norteamericano para beneficiarse de una mayor liberalización productiva, poniendo en peligro los pasos dados en pro del desarme nuclear a final del siglo pasado. Por contra, esta reacción de la Administración Trump en su lucha contra la pérdida de hegemonía mundial encuentra un potente freno al tener que hacer frente a un gran movimiento civil interno que responde y lucha contra la supremacía blanca, la crisis económica y la falta de protección sanitaria frente a la pandemia de la covid-19, poniendo en tela de juicio a la Administración norteamericana en vísperas de las elecciones de noviembre.

La cuestión a plantearnos ahora es si en esta situación de emergencia mundial, en la que se ha puesto de manifiesto la existencia de una gran interdependencia entre países y territorios, puede abrirse paso la necesidad de construir un nuevo orden internacional que permita una mayor y mejor cooperación entre los pueblos para afrontar un desarrollo comunitario para toda la humanidad, compartiendo recursos y avances técnicos para multiplicar la ganancia conjunta, elaborando reglas claras que ayuden y protejan a los pueblos más débiles y vulnerables. Un nuevo orden internacional que consiga que todos los habitantes del planeta puedan tener derecho a una vida digna, empezando por conseguir la más rápida salida de la actual situación de emergencia sanitaria y crisis económica mediante la cooperación mutua y las posibilidades de compartir esfuerzos y recursos, desarrollando un concepto de seguridad integral compartida y sostenible en beneficio de toda la humanidad, llegando incluso a plantear la necesidad de refundar el sistema de relaciones de Naciones Unidas, superando el modelo, ya obsoleto, surgido tras la II Guerra Mundial.

En este proyecto de futuro para el planeta es importante acabar con las relaciones coloniales y asegurar que las relaciones económicas internacionales experimenten grandes cambios para establecer reglas que permitan un mejor aprovechamiento de la economía que beneficie la calidad de vida de quienes se vean afectados por las consecuencias de la crisis. Por eso es fundamental implantar nuevas fórmulas en el comercio internacional y en la financiación, y ayudas económicas desde principios justos a los países que lo necesiten, para que realmente puedan ser un instrumento de progreso de los pueblos desde la soberanía política y la justicia social, desde unas bases sostenibles de respeto a la biodiversidad y la soberanía alimentaria, y para avanzar en la recuperación ecológica del planeta. Nos referimos especialmente al papel del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

En este horizonte, Europa debería jugar un papel primordial en el impulso de este nuevo orden mundial a construir. Para ello debería acabar con su sumisión atlántica, promoviendo acuerdos internacionales multipolares de colaboración económica y política sostenible y segura donde deberían entrar también Rusia y China, de forma que ello ayudara a desarrollar programas de ayuda y colaboración para acabar con el hambre y la pobreza mundial; impulsar la aplicación de los Acuerdos de París para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI); y todo un programa de impulso regional solidario que acabe con las desigualdades sociales y entre países, promoviendo la colaboración especial entre los países del Mediterráneo.

Desde estas perspectivas, es necesario intensificar todas las iniciativas, foros y encuentros para defender un proyecto de interés general para toda la humanidad que nos permita salir de esta terrible experiencia que estamos sufriendo más solidarios, más convencidos que nunca de que por encima de las fronteras, del color de la piel, del lugar de nacimiento, de las culturas o religiones, la humanidad necesita construir una gran comunidad en la que puedan incluirse todos los pueblos del mundo; cuestión que, como decíamos, necesita repensar el sistema de relaciones de las Naciones Unidas. Hay que unir más voluntades para quebrar la resistencia del imperio, unir a trabajadores y pueblos del mundo en la lucha por la paz, y cooperar para levantar un mundo nuevo y construir un nuevo orden internacional más justo para la humanidad.

Estamos, por tanto, en un momento decisivo para asegurar la vida de generaciones futuras, y Nuestra Bandera quiere asumir la responsabilidad de participar en este debate aportando alternativas y contrastando opiniones que nos permitan disputar con éxito la hegemonía ideológica a quienes pretenden mantener un mundo unipolar dominado por el imperialismo.

ÍNDICE

La sección POLÍTICA se inicia con el artículo Frei Betto «La pandemia del hambre», que analiza el avance mundial de la pobreza potenciada por la pandemia, ante lo que se necesita más justicia y más reparto de la riqueza, siendo necesario avanzar hacia la democracia económica y no solo política, para lo que desgrana las medidas imprescindibles en ese camino y las estrategias a desarrollar.

Manu Pineda, en «El mundo tras la pandemia», se pregunta cómo será el nuevo mundo tras la crisis del coronavirus, para concluir que solo una amplia alianza de las fuerzas de izquierdas, ecologistas y socialdemócratas, con sindicatos y movimientos sociales y un pueblo movilizado, podrían evitar un mundo autoritario, monopolar y antidemocrático.

Heinz Bierbaum, en «La situación internacional y el papel de la izquierda», analiza la difícil situación que se vive en un mundo con profundos cambios geopolíticos y que se ha visto agravada por la pandemia, lo que exige una estrategia de ruptura con el modelo neoliberal que supere los limites del desarrollo capitalista y abra una perspectiva socialista desde un nuevo internacionalismo.

El artículo «Ideas desde China para construir un nuevo orden internacional», de Zhao Jianglin, parte de plantear el impacto de la covid-19 en el orden mundial marcando nuevos retos para todos los Estados del planeta para, posteriormente, desarrollar las opiniones de China sobre la necesidad de la sustitución del orden internacional de carácter unipolar dominado por los Estados Unidos por un orden multipolar configurado por una comunidad internacional con un destino compartido para toda la humanidad.

En «Notas sobre la situación internacional y su evolución», Ângelo Alves constata cómo la pandemia ha acelerado los procesos de degradación en los principales centros del imperialismo y analiza sus estrategias tanto para contener las luchas sociales como para contrarrestar el declive de su dominación hegemónica, valorando las resistencias sociales en el ámbito de la lucha por la paz y la solidaridad. Apunta, en concreto, que los procesos que se enmarcan en la llamada «revolución tecnológica» acentuarán y acelerarán aún más las contradicciones internas del capitalismo.

Pasqualina Curcio aporta un solvente artículo, «Covid-19: catalizador de la decadencia del imperialismo estadounidense y de la configuración de un nuevo orden internacional», donde analiza cómo la covid-19 ha develado las debilidades del imperialismo estadounidense, acelerando el reordenamiento mundial no solo en lo económico, sino también en lo militar, tecnológico y energético. Un nuevo orden económico mundial y otro mapa político que, en opinión de la autora, debe avanzar hacia la configuración de un mundo pluripolar y multicéntrico en el que la soberanía y la autodeterminación de los pueblos sea respetada.

El trabajo «Desafíos y tareas para los movimientos populares en un sistema pandémico», de Manuel Bertoldi, señala las tareas más urgentes y transformadoras que debe desarrollar la respuesta popular aprovechando las oportunidades que la pandemia pone en manos de los movimientos populares, partiendo de la evidencia mostrada por la covid-19 de que el modelo civilizatorio del capital, expresado en su proyecto neoliberal, pone en riesgo la vida en el planeta. Señala que el éxito de esa respuesta popular dependerá de la organización popular en cada territorio y su articulación subregional, continental y mundial.

El artículo de Willy Meyer, «La desregulación, el libre mercado y el covid-19: construir una alternativa de seguridad internacional», plantea la necesidad de cambiar de raíz los sistemas neoliberales, desreguladores, que han dejado a los Estados «vacios» para hacer frente a la pandemia de la covid-19 y asegurar la vida de las personas, sustituyendo un sistema de seguridad militarizado por la seguridad humana, en una perspectiva socialista.

El articulo de Higinio Polo, «Un nuevo orden internacional: el mundo necesita respirar», parte del análisis del orden internacional nacido tras la Segunda Guerra Mundial y su evolución hasta la desaparición de la Unión Soviética, donde se adentra en la nueva situación creada con la emergencia de China y sus propuestas para el mundo, que cambia muchos de los equilibrios existentes pero sigue bajo el dominio de un capitalismo incapaz de dar un impulso de bienestar a la humanidad. Plantea que, ante la ausencia de un proyecto global de desarrollo social y económico o de un plan para detener la destrucción ecológica y defender la biodiversidad, urge diseñar un proyecto global compartido, de desarrollo social y económico, y un plan para detener la destrucción ecológica y defender la biodiversidad.

Pedro Marset Campos, en su trabajo «Para transformar Europa», toma como guía la adopción y vicisitudes de los frentes populares como experiencia de colaboración propiciada por la Internacional Comunista en 1935 en medio de la crisis fascista en Europa, una iniciativa que fue crucial para ganar la guerra al fascismo. Tras repasar la relación geopolítica entre la Unión Europea y la Unión Soviética, la disolución de esta última en 1991, la eclosión de la crisis de 2008 propiciada por la globalización neoliberal y el subsiguiente empeoramiento de las condiciones de vida de la población, todo ello le lleva a afirmar que la creación del Partido de la Izquierda Europea en Roma en 2004 permite adoptar, a pesar de las dificultades, una experiencia similar a la que en su momento llevaron a cabo los frentes populares y, de esta forma, iniciar una etapa de esperanza en Europa y en el mundo.

«Aprendiendo a relacionar una macrogranja en Pekín, la protección del orangután de Sumatra y una pandemia. Introducción exprés a la estrategia One Health», de Eva García Sempere, constata que en esta crisis hemos aprendido lo imprescindibles y centrales que son los servicios públicos, especialmente el sistema público de salud. También indica, quizá algo menos expandido socialmente, la importancia de la salud animal para la salud humana. Pero también la importancia de la biodiversidad en el control de las enfermedades, el papel del cambio climático en la salud o por qué el sistema productivo basado en macrogranjas y monocultivos es un desastre (también) para la salud.

Luis González Reyes y Lucía Bárcena Menéndez, de Ecologistas en Acción, en «No habrá “nueva normalidad”. Políticas para una excepcionalidad constante», argumentan que la pandemia de covid-19 se enmarca en un contexto más amplio de crisis sistémica que hará que no haya una «nueva normalidad», sino un período largo de «continuas excepcionalidades». En ese contexto, la sostenibilidad no es una opción. Uno de los terrenos concretos en los que se plasma esta disputa es el de los tratados de inversión.

Abordando una temática novedosa en estas páginas, la de la «España vaciada», María José Martínez Rejas y Enrique J. Díez Gutiérrez, en «Retos y propuestas para repoblar la España vaciada: por una España repoblada», abordan las razones que han llevado al «desierto demográfico» actual en estas «zonas de sacrificio» periféricas. En este artículo se plantean las propuestas que la actual investigación propone para desarrollar una política global de repoblación rural equilibrada y sostenible, garantizando así el derecho a la igualdad y a quedarse en la propia tierra.

La educación ha sido uno de los sectores sobre los que más ha impactado la pandemia, afectando a todos sus estamentos y sus formas de relación y abriendo un futuro lleno de incógnitas en todos los órdenes de su funcionamiento. La sección de CULTURA aborda esta problemática. Se abre con un artículo de Rocío Anguita, «Garantizar el derecho a la educación: algunos retos de la educación en el curso +1covid», donde expone que la crisis ha puesto al descubierto importantes debilidades de nuestro sistema escolar, como la desigualdad de clase y género, la segregación entre centros públicos y privados concertados, la deficiente financiación o la falta de competencias digitales. La autora plantea un cambio profundo del sistema educativo que abarque desde la orientación pedagógica a la financiación para garantizar el derecho a la educación en equidad.

«La enseñanza secundaria andaluza ante el curso 2020-21», de Juan Rivera, plantea la necesidad de movilizar la resistencia de docentes, padres y alumnado en defensa de la educación pública ante el proceso privatizador de la derecha auspiciado por la Junta de Andalucía bajo parámetros neoliberales que, al calor de medidas «excepcionales» para garantizar la seguridad sanitaria en las aulas, caminan hacia un deterioro de su calidad, favoreciendo de esta forma el trasvase de alumnado a la enseñanza privada concertada.

En el trabajo «La misión de la Universidad en el siglo XXI: educación superior para el bien común», Enrique Díez nos habla de las misiones y función de las universidades públicas en el siglo XXI como un servicio público de generación de conocimiento al servicio de los intereses generales de la ciudadanía, el bien común y, simultáneamente, un agente de cambio y mejora social. Sin embargo, no parecen ser estas las orientaciones y principios que las universidades y las políticas públicas sobre la educación superior que se estén alentando actualmente. En este artículo se hace un análisis de cómo se está conformando una uber-sidad neoliberal, marcada por un capitalismo académico y una investigación al servicio del mercado. Frente a ello, se propone el marco de actuación imprescindible y un decálogo de medidas básicas para apostar por una «Universidad para el bien común», exigiendo una Universidad pública de todos y todas y para todos y todas.

AUTORES INVITADOS cuenta con el trabajo del John Bachtel «La gente se está levantando y exigiendo un futuro mejor», en el cual desarrolla un minucioso análisis de la situación en Estados Unidos, donde la crisis sanitaria desatada por la pandemia de la covid-19, la crisis económica agudizada por esta y la lucha contra la supremacía blanca han puesto al descubierto la naturaleza brutal y despiadada del capitalismo estadounidense, que agrava cada crisis y profundiza la desigualdad de clases, raciales, de género y sociales. Señala que el crecimiento de la derecha y el fascismo hace que el derrocamiento de Trump y la mayoría republicana del Senado en las elecciones de noviembre de 2020 sean un imperativo. Termina señalando la importancia de la movilización y organización social para avanzar en trasformaciones revolucionarias, señalando el papel de la izquierda y los comunistas en la implementación de la estrategia y tácticas revolucionarias necesarias para la victoria

A VUELTAS CON LOS CLÁSICOS conmemora los ciento cincuenta años del nacimiento de Lenin. La sección se abre con un texto de Lenin de gran actualidad, «El imperialismo y la escisión del socialismo», escrito en diciembre de 1916, en plena Guerra Mundial y poco menos de un año antes de la Revolución de Octubre, donde Lenin ofrece en forma condensada su concepción del imperialismo como fase diferenciada del capitalismo. La sección cuenta con dos interesantes aportaciones.

La de Joaquín Arriola, que en su bien documentado artículo «La globalización, fase superior del imperialismo» trae a colación el debate clásico sobre el imperialismo de principios del siglo XX (Rosa Luxemburgo y Lenin) para señalar las diferencias más importantes acaecidas con la evolución de este a lo largo de dicho siglo y la evolución de los conceptos y prioridades en las estrategias imperialistas: de la soberanía territorial al control financiero y de los salarios. Se adentra en el siglo XXI analizando el cambio en los equilibrios geopolíticos existentes tras la desaparición de la Unión Soviética con la aparición de actores con creciente importancia (China, India, Rusia, Brasil, etcétera), a la vez que disminuye el papel de la Unión Europea.

El trabajo de Juan Pablo Mateo y Jaime Alberto Rendón, «La continua desposesión en América Latina. Dinámicas clásicas y contemporáneas del imperialismo», atiende a la evolución del imperialismo norteamericano en América Latina y el Caribe desde la independencia de estos países hasta nuestros días. Al principio aplicando la Doctrina Monroe, pasando por las intervenciones militares con golpes de Estado, hasta llegar a las últimas intervenciones mediante injerencias jurídicas con el mismo efecto, torcer la voluntad popular. Basado este imperialismo en el papel crucial que aportan a la economía norteamericana sus materias primas, centran su exposición en la serie de episodios que, desde los años sesenta y setenta con las dictaduras del Cono Sur, imponen los Estados Unidos, y cómo, cuando no «pueden» usar la fuerza militar, utilizan otros mecanismos, concretamente organizaciones internacionales como el FMI, el BM, el BIDI o la OEA, para presionar en la misma dirección. La presión es constante, intentando doblegar la actitud sindical o extender mediante campañas atemorizadoras una cultura cercana al fascismo.

Por último, en LIBROS, contamos con cuatro recomendaciones. Sobre Iglesia S. A.: Dinero y poder de la multinacional vaticana en España, de Ángel Munárriz, con recensión de Esther López Barceló, «Iglesia, Sociedad Anónima. Un ensayo iluminador».

Igualmente, la reseña de Nazareno Galiè sobre la obra Volta la carta… nel nuovo sistema economico monetario: dal mondo pluripolare alle transizioni al socialismo, de Luciano Vasapollo, Joaquín Arriola y Rita Martufi. El trabajo de Alfons Álvarez versa sobre la obra Manuel García, Recuerdos de un critico de arte (2 vol.), de Manuel García. Y, finalmente, Joaquín Recio presenta la obra de Manuel Vázquez Montalbán Cambiar la vida, cambiar la historia.

Y, como siempre, Nuestra Bandera agradece su trabajo a las autoras y autores de las contribuciones que se aportan a este número, así como el de quienes han posibilitado que estas páginas vean la luz.

Categorías: Nuestra Bandera

Comparte: