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Hong Kong: una crisis contra China dirigida por EEUU

19 de Agosto de 2019

Las protestas en Hong Kong contra el Proyecto de Ley de Extradición, ya retirado, han sido el pretexto para lanzar una operación política de intromisión y acoso que no busca ampliar los derechos democráticos, sino derrocar al gobierno de la Región Autónoma Especial, y, al mismo tiempo, crear un serio foco de tensión para el gobierno de Pekín. Es cierto que las protestas en la ciudad no se explican sólo por la intromisión exterior: la insatisfacción hunde sus raíces en los años de la colonia británica, que creó un problema de escasez de viviendas para la población que aún no se ha resuelto, y que ha acumulado además problemas por la actitud de la burguesía de la ciudad, que mantiene sus negocios gracias a la fórmula pactada de “un país, dos sistemas”, y por la pérdida de importancia de Hong Kong para el conjunto de la economía china, cuestión que crea inquietud en una parte de la población. Pero las supuestas reclamaciones democráticas en ningún caso pueden vincularse con los años de la colonia británica, que nunca permitió la menor participación de los habitantes en los asuntos de la ciudad. China ha respetado los acuerdos firmados en su día con Gran Bretaña para el retorno de la colonia a la soberanía nacional.

Sin embargo, el inicio de las manifestaciones ha sido utilizado para crear una artificial “crisis contra China”. Aplicando los arteros recursos de la mentira y la propaganda política más deshonesta, los grandes medios de comunicación occidentales están presentando la crisis como una respuesta democrática y no violenta contra el supuesto intento del gobierno chino de acabar con la autonomía y la libertad en Hong Kong. Nada más lejos de la realidad. Ese proyecto no buscaba cercenar la autonomía sino impedir que Hong Kong pudiera convertirse en refugio de delincuentes (en virtud de su amplia autonomía, Hong Kong no contempla hasta ahora la extradición de criminales a China) y de acusados de asesinatos o de delitos relacionados con el fraude fiscal y la corrupción. Pese a ello, el gobierno de Hong Kong, en un gesto de concordia, retiró el proyecto, pero las protestas fueron aprovechadas para introducir cuestiones que nada tienen que ver con él, como la reclamación de independencia del territorio autónomo… curiosamente de la mano de la exhibición de viejas enseñas de la dominación colonial británica y de banderas norteamericanas.

Las manifestaciones que se han sucedido en Hong Kong, así como el bloqueo del aeropuerto internacional, la violenta entrada de manifestantes de la oposición en el Parlamento, los ataques a acuartelamientos de la policía en Sham Shui Po y Tin Shui Waino, las agresiones a periodistas y los intentos de incendiar edificios oficiales, no obedecen a reclamaciones democráticas, como pretenden hacer creer el gobierno norteamericano y sus terminales propagandísticas, sino a un deliberado y preciso plan que quiere crear el caos en la ciudad, dañar a la economía china y mantener un constante foco de tensión y de problemas para el gobierno de Pekín.

Así lo ponen de manifiesto las constantes y groseras injerencias norteamericanas (de Trump a Hillary Clinton, de Nancy Pelosi a Marco Rubio) en los asuntos internos chinos, que han llegado al extremo de que el presidente norteamericano se permitiese llamar al presidente chino a mantener una reunión sobre Hong Kong; a levantar alarmas sobre la actuación del ejército chino, y a otorgarse un inadmisible papel de supuesto “mediador” que agrede la soberanía china sobre su propio territorio. Lejos de condenar la violencia, responsables gubernamentales norteamericanos han colaborado en azuzarlas: Julie Eadeh (diplomática estadounidense que no encontró déficits democráticos en Arabia pero sí en Hong Kong) se ha reunido y coordinado con los dirigentes de las protestas en la ciudad, y existe constancia de reuniones similares mantenidas por funcionarios del Departamento de Estado norteamericano en Washington.
 
Estados Unidos está interesado en sumir a Hong Kong en el caos, convirtiéndola en una crisis permanente: Washington sabe que es uno de los recursos para dañar el fortalecimiento de China. Ignorando el principio de no intervención que debe regir la actuación de los diplomáticos destinados en otro país, Estados Unidos trata de convertir las protestas en una disputa en toda la región, apostando por la “independencia de Hong Kong” (sin reconocerlo públicamente) como postula el sector más extremista de los manifestantes, erosionando así la soberanía china y la autoridad del gobierno de Pekín, y utilizando abusivamente la Declaración Conjunta Chino-Británica que devolvió la colonia a China para justificar una inadmisible intromisión en los asuntos internos chinos.

Hong Kong no es más que una carta más (como los movimientos nacionalistas y secesionistas del Tíbet y Xinjiang, apoyados también por Estados Unidos. En Xinjiang, el gobierno chino ha conseguido desactivar el terrorismo en los tres últimos años) en manos de Washington en su estrategia de “contención” de China. Pretender, como hace la prensa conservadora internacional, en el marco de una dura guerra comercial (iniciada por Estados Unidos) entre Pekín y Washington, que el gobierno de Trump actúa desinteresadamente y sólo en defensa de la democracia y la libertad, es el paño de la mentira que oculta la realidad: su defensa de unos privilegios locales que sirven de munición para Washington en su enfrentamiento global con China.

Por ello, el Partido Comunista de España proclama su solidaridad con China, condena la intromisión imperialista norteamericana, y apuesta por el fortalecimiento de los lazos políticos, económicos y sociales que hagan posible el mantenimiento de la estabilidad en Hong Kong y en el sur de Asia, y contribuyan así a la paz y a la colaboración entre países, aislando a los portavoces del enfrentamiento que tienen su principal valedor en Washington.

Categorías: Imperialismo EEUU China

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