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Ante el aumento de la tensión en el mar de Azov y en Ucrania: por la paz

30 de Noviembre de 2018

El Partido Comunista de España, ante el peligroso incidente el 25 de noviembre entre militares ucranianos y rusos en el Mar de Azov y el Mar Negro, que ha comportado un inmediato incremento de la tensión en las relaciones entre las principales potencias, hace un llamamiento a las fuerzas democráticas europeas, al Parlamento de Estrasburgo, y a las instituciones y gobiernos de la Unión Europea, de Estados Unidos, y de Rusia y Ucrania, para limitar la retórica agresiva y para solucionar las diferencias a través del contacto entre las cancillerías y las negociaciones diplomáticas.

La responsabilidad del gobierno de Ucrania en la génesis del enfrentamiento no ofrece dudas: a finales de agosto de 2o18, Estados Unidos ofrecía patrulleras militares a Ucrania para que incrementase su presencia en la zona, mientras la OTAN preparaba nuevos patrullajes marítimos en el Mar Negro; y en Kiev el ministro de Exteriores, Pavlo Klimkin, declaraba que Ucrania debía denunciar el acuerdo firmado en 2003 con Rusia sobre el mar de Azov. A su vez, en declaraciones a la prensa ucraniana tras el incidente del 25 de noviembre, el comandante de las Fuerzas Navales de Ucrania, Ígor Vorónchenko, aludía al peligroso altercado reconociendo (tal vez inadvertidamente) el propósito de sus marinos de “enseñar su pabellón” entrando en aguas de soberanía rusa y mostrando su capacidad militar en la zona.

No puede descartarse que se haya producido una conjunción de intereses entre Kiev y Washington. Así, el peligroso encontronazo en el Mar de Azov puede obedecer, o bien a una provocación urdida por el gabinete de Poroshenko para forzar a Estados Unidos y la Unión Europea a imponer nuevas sanciones económicas a Moscú y, además, distraer la atención de la población ucraniana de los graves problemas económicos y políticos que la asfixian; o bien ha sido una provocación concertada con Washington, en la línea de las últimas decisiones norteamericanas en su política exterior que están llevando al mundo a un peligroso escenario de enfrentamientos: así parece indicarlo tanto la retirada estadounidense del Tratado INF de misiles nucleares de alcance medio, el incremento de tropas norteamericanas y de la OTAN en las fronteras rusas, junto a la construcción de nuevas bases en el oriente europeo; así como los patrullajes en el Mar Negro de barcos de guerra norteamericanos, y la connivencia con el gobierno de Kiev para incumplir los acuerdos de Minsk sobre el Donbás, unido, en otros escenarios internacionales, a la creciente presencia de la US Navy en el Mar de China meridional, y al reciente envío, el día 28 de noviembre, de dos barcos de guerra (un destructor de misiles y un buque logístico) al estrecho de Taiwán, en una innecesaria acción provocadora hacia China que sólo puede incrementar la tensión y los peligros en esa región del sur de Asia. A ello se añade la cancelación norteamericana de la reunión prevista en Buenos Aires entre Putin y Trump, precisamente con la excusa del incidente en el mar de Azov.

No puede descartarse, tampoco, el propósito norteamericano de forzar a un cierre de filas a la Unión Europea, en un momento de disputas en el seno de la OTAN por las aportaciones económicas de cada aliado, y cuando el presidente francés Macron ha anunciado su deseo y la conveniencia de que la Unión Europea impulse un ejército europeo que acabe con la dependencia militar de Washington.

Poroshenko afronta una crítica situación económica, una abultada deuda externa, la desindustrialización del país, y malos augurios ante las elecciones presidenciales que deberán celebrarse el próximo marzo de 2019, y que, aunque adolecen de garantías democráticas, van a ser un descarnado enfrentamiento entre las fuerzas que sostienen al gobierno surgido del golpe de Estado del Maidán en 2014. No hay que olvidar la alarmante situación en Ucrania, cuyos servicios secretos asesinaron al presidente del Donbás, Aleksandr Zajárchenko, y donde se persigue a los comunistas (forzados a la clandestinidad) y también al conjunto de la izquierda; donde un neonazi, Andrei Parubi, preside la Rada, el parlamento, y donde proliferan los grupos neonazis armados, que disponen además de campos de entrenamiento militar: una realidad que debería encender todas las alarmas entre las fuerzas democráticas y en el Parlamento europeo.

Más allá de esas evidencias, el Partido Comunista de España cree que el Congreso de los diputados en España, así como el Parlamento europeo, deben pronunciarse exigiendo la paz y la convivencia internacionales, al tiempo que recuerda que la obligación de los gobiernos de Moscú y Kiev, así como de Bruselas y Washington, radica en la estricta observancia de los principios que rigen las relaciones entre Estados, según estipula la Carta de las Naciones Unidas, en salvaguarda de la paz y de una atmósfera de concordia en el mundo.

 

Categorías: Área Internacional

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