XVII Congreso PCE - 24, 25 y 26 de Junio de 2005
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XVII Congreso PCE


Documento asumido por unanimidad por el Comité Central de Madrid previo a la Conferencia Precongresual

Comité Central Partido Comunista de Madrid / 31 may 05

Hace años, y en concreto desde el XVI Congreso, el Partido viene aprobando su política con un alto grado de acuerdo en sus órganos federales convocados con periodicidad escrupulosa. En esta federación, esa política ha sido trasladada puntualmente a las agrupaciones a través de sus órganos.

Los adversos resultados de IU, que han culminado en las últimas elecciones generales con la constitución de un precario grupo parlamentario en coalición con IC, son el fruto de la degradación política, organizativa y democrática que viene padeciendo el proyecto especialmente desde su VI Asamblea. Todos tenemos en ello una parte de responsabilidad pero, el Partido, que ya fue muy crítico en relación a los resultados de las elecciones autonómicas (pérdida de peso institucional en Andalucía e incapacidad de reequilibrar el voto de la izquierda en Madrid en las mejores condiciones objetivas) y municipales (pérdida de la mayoría o de la posición determinante en muchos ayuntamientos relevantes) supo valorar en la VII Asamblea de IU el difícil horizonte de las elecciones del 14-M no exacerbando su beligerancia. Después de la derrota sin paliativos otros camaradas-compañeros dirigentes poco sensibles a nuestras críticas constructivas, aun entonando una autocrítica formal y asumiendo la necesidad de un giro en la política determinado, además, por las críticas y enmiendas recibidas del conjunto de las federaciones de IU, se han enrocado en un modelo organizativo que enfrenta a la mitad de la organización con la otra mitad. Ése es el escenario de la inoperancia.

Porque estamos convencidos de la vigencia y necesidad de IU como proyecto plural de la izquierda transformadora, seguimos defendiendo la utilidad de nuestro trabajo individual en ella (un hombre, una mujer, un voto), pero no en barbecho como siguen practicando muchos camaradas, especialmente dirigentes, incorporados a familias, corrientes o sensibilidades de IU –cuyo acuerdo da lugar, casi siempre, a mayorías frágiles e inestables que sólo perduran mediante el férreo control de los aparatos-, sino mediante la unidad de acción derivada del acuerdo democráticamente adoptado en los órganos de cada nivel. Unidad de acción que debe valer igual en IU, en el mundo del trabajo y sindical, en los movimientos sociales y ante la sociedad en general. Ése es el principio de cohesión que ratificamos por amplia mayoría en la Conferencia Federal de Organización del pasado mes de julio y que inspira el modelo organizativo que propugnamos en nuestro XVII Congreso. Los comunistas no trabajamos para abrirnos huecos en IU sino para que IU se abra huecos en la sociedad y, por ello, debemos recuperar cohesionadamente la hegemonía para su relanzamiento político y organizativo. Para una IU coherentemente federal y alternativa a nivel estatal, basada en sus organizaciones de base y áreas de elaboración colectiva, participativa y democrática y capaz de gestionar una política de alianzas a la que no renunciamos que debe hacernos cada vez más eficaces y menos subsidiarios cambiando el sentido que va tomando últimamente.

Vamos a un Congreso de amplia mayoría en el acuerdo político en el que, por primera vez desde hace mucho tiempo, no hay plataformas de opinión configuradas en torno a alternativas a la totalidad de la política y, por ello, debemos propiciar desde cada federación listas únicas de delegados capaces de impulsar la política compartida muy mayoritariamente, mediante la configuración de una nueva dirección con mayor capacidad para llevarla adelante, encabezada por nuestro Secretario General que ha sido el principal artífice de esa política.

En ese escenario lógico, en el que reconocemos el valor y la soberanía de IU y la nuestra en todos los aspectos que no tenemos voluntaria y razonadamente delegados en ella, aparecen ya dos tipos de voces disonantes: la de aquellos camaradas empeñados en que el proyecto se parezca cada vez más a una formación política convencional ecopacifista, socialdemócrata o radical pequeño burguesa para los que, en ese error, el Partido es un obstáculo, y que hoy dominan organizativamente IU con un estrecho margen, y la de aquellos otros que no habiendo mostrado su discrepancia con la política del Partido en sus órganos, cuando han tenido la oportunidad de ayudar a introducir el giro necesario en IU no lo han hecho, no sólo por omisión sino por negación activa en ella de lo que hemos ido aprobando en el Partido.

Los primeros, más coherentes con sus postulados en uno y otro ámbito aunque extremadamente beligerantes en nuestros órganos de dirección federal –lo que, en parte, ha contribuido a las dificultades de gestión de la política mayoritariamente aprobada-, como dirigentes de IU son incapaces de entender que cuando un proyecto, sea del tipo que sea, va de fracaso en fracaso como en la letra del bolero, es necesaria su corrección si se siguen manteniendo sus objetivos y, en principio, no podemos presuponer que así no sea, aunque sí estamos profundamente convencidos de que poco compartimos de sus métodos.

A esos camaradas debemos recordarles que no fatalmente cuando avanza el partido mayoritario de la oposición a la derecha retroceden las formaciones políticas de la izquierda alternativa y que es posible reequilibrar la representatividad de la izquierda para ser influyentes con más peso institucional y social y no meramente decisivos por la aritmética parlamentaria como china en el calcetín, en este caso, del PSOE. Los recientes resultados en las elecciones portuguesas muestran que se puede derrotar a la derecha por una mayoría absoluta socialista pero acompañada por una subida electoral de la izquierda alternativa (Comunistas y Bloque) como detonante de políticas verdaderamente transformadoras. También hay que recordarles que la forma de aplicar las alianzas por parte de IU, mucho más en un momento en el que el PSOE con medidas superestructurales –algunas de ellas programáticas para nosotros- está fijando la confianza de importantes segmentos de la ciudadanía liberal-progresista, la hace aparecer, no sólo como un partido subalterno, sino como un proyecto socialmente ilegible. Además, en el ámbito autonómico y de nacionalidades, el pacto con el PNV se hizo a costa de la dimensión federal de IU, el pacto con Iniciativa Per Catalunya a costa del PSUC, la política de alianzas en Baleares a costa del PCIB y el pacto que hoy se apunta en el País Valenciano con el Bloc d’Esquerras, a costa de la práctica extinción de EU. Ésa es la desaparición de IU. El brillo de los huevos de oro ciega a los que deben cuidar de la gallina.

Los otros camaradas, viento del sur que emerge abanderando las esencias y la fortaleza del Partido frente a la debilidad e inoperancia de la dirección saliente, sólo aportan, hasta el momento, una candidatura de presión, personalista y avalada por su ineficacia histórica en lo institucional y por una práctica que, a pesar de la aquiescencia en los órganos del Partido, ha debilitado sus posiciones en todos los últimos procesos de IU.

La mayoría de los militantes comunistas y de sus direcciones, la mayoría de nosotros, llegamos al XVII Congreso Federal compartiendo, con todos los matices lógicos, que la política que se nos ofrece ratificar después del debate es la correcta a desarrollar en nuestro proyecto y en todos los frentes de lucha en que nuestra presencia es más necesaria que nunca. Respecto a lo segundo nos proponemos ejercer hacia la sociedad las parcelas de soberanía que como Partido Comunista nunca enajenamos a IU, convencidos de su positivo efecto sinérgico, nunca competitivo, en su consolidación y avance frente al bipartidismo alienador. En cuanto a lo primero, además de los cambios reconstructivos que IU requiere, apasionada y razonadamente, como señala el arranque de los documentos congresuales, los comunistas debemos recuperar el hilo rojo para el proyecto, la denuncia continua de la contradicción principal que fundamenta todas las demás y visibilizar nuestras posiciones frente a una ciudadanía cuyo grado de alienación, aun alto, no lo es tanto como bajo su grado de confianza en IU.

Nada, en términos biológicos, crece de una forma sostenida el 30% anual como viene creciendo la tasa de ganancia del gran capital en España desde hace mucho tiempo y, en términos históricos, sólo los grandes periodos revolucionarios asisten a cambios tan potentes en el ser de las cosas. Hoy estamos en uno de esos momentos: el de una nueva revolución capitalista sin cortapisas, con todas las secuelas planetarias que conlleva.

Es posible que hoy la inmensa mayoría de la gente de este país no esté preparada para que le griten verdades del arriero –y de ahí, probablemente, el desgaste que está sufriendo el PP-, pero entre esos exabruptos, rechazados por la corrección política, y el sibilino silencio de los dos partidos mayoritarios sobre la galopante acumulación de plusvalía –como siempre a costa de la clase trabajadora-, la voz apasionada y razonada de los comunistas pronunciada desde el proyecto plural de Izquierda Unida y allí donde sea necesario y no inconveniente para él, desde nuestros ámbitos de soberanía, es más esencial que nunca lo ha sido. Porque es previsible que la gente entienda que son posibles y necesarios otro modelo económico y social, otro modelo cultural y otro modelo de estado.

Reconociendo en el reciente debate sobre el Estado de la Nación, aun con la limitación de un discurso repartido con IC, una mayor exigencia respecto al modelo social y un avance en la Declaración de Córdoba de la Presidencia Federal en cuanto a la exigencia de la tercera parte de los Presupuestos del Estado para los municipios, esos avances políticos son poco si no se traducen en una mayor integración de las partes de IU. Ello sigue sin propiciarse, siendo una condición sine qua non para la eficacia y credibilidad de IU.

Frente a la desazón y la apatía de una militancia de IU cada vez con menos capacidad de decisión frente a una dirección más empeñada en influir desde lo poco que de decidir desde la mayor fuerza posible basada en lo organizativo, el Partido en y desde sus órganos, por emergencia, nunca por vocación competitiva, ha hecho lo lógico: frente a la situación del proyecto, apoyar una candidatura plural y alternativa en la VII Asamblea Federal de IU en cuyo impulso inicial no participó el Partido como tal; frente a la indeterminación de IU en relación al Tratado Constitucional Europeo (en cierto momento la dirección de IU estuvo por el sí critico), organizar una Jornadas al respecto, fijar posición y lanzar su campaña; y en un momento en el que es ya más que evidente la amenaza de una nueva contrarreforma laboral, organizar unas Jornadas sobre Modelo Social y Precariedad. Si hoy, de nuevo en la estela de las posiciones de la cúpula de CC.OO., IU no reacciona enérgicamente frente a su propuesta de legalizar la prostitución, el Partido deberá tomar la iniciativa. Y así, sucesivamente. Pero es así como no podemos ni debemos seguir. De ahí la importancia sustancial de nuestro Congreso como paso previo y coherente para la consecución de una nueva mayoría en IU capaz de sacarla del pozo de compromisos y contradicciones en que está sumida.

En Madrid, esta dirección en el último periodo, superado un inicial momento de confusión en el método, provocado más por la inercia que por la convicción, ha trasladado la política aprobada en los órganos federales, intentando que llegase a todas y cada una de las agrupaciones. En este órgano y en el Ejecutivo, y sólo en ellos, se ha debatido y difundido la política del Partido cada vez que ha habido un pronunciamiento federal y, cuantas veces ha sido preciso, se han presentado, debatido y aprobado informes regionales coherentes con esos pronunciamientos. Bien es cierto que el nivel de participación de los dirigentes ha sido irregular y, en algunos casos, no tan alto como hubiera sido deseable. Respecto a las ausencias sistemáticas se valoran por sí solas.

Hoy estamos convocados a un Congreso decisivo, no tanto para cerrar filas en torno a un Partido que no corre peligro, como para garantizar la supervivencia de un proyecto singular que hoy, después de casi 20 años y a la luz de lo acontecido en el mundo, en Europa y en nuestro país, consideramos necesario para los intereses de la mayoría que, a pesar de las transformaciones sufridas, sigue siendo la clase trabajadora.

Todas las contradicciones que hemos venido denunciando en el ámbito federal de IU han tenido, y siguen teniendo, su correlato en esta federación. Nuestra Conferencia Precongresual es el ámbito adecuado para dilucidar las diferencias políticas, salvar o saldar todas las que contribuyan a nuestro fortalecimiento como comunistas de y en IU y hacia la sociedad, y fijar los límites, si los hubiera, para una deseable recomposición en IU-CM basada en la política.

El objetivo que todos compartimos a corto plazo y en el que, por supuesto, no se agota nuestra vocación transformadora y revolucionaria como comunistas, es el reequilibrio hacia arriba de la izquierda en nuestra región. Batir a Aguirre apuntando a Gallardón, descendidos de la chepa de Simancas. Es posible si concertamos la política madrileña los menos responsables de los tristes derroteros que va tomando IU en general. Tenemos, para ello, que acordar una delegación al Congreso entre quienes son más las coincidencias que las diferencias que nos separan, y ésos somos casi todos, y llegar con una lista única que apoye al mismo tiempo la continuidad sustancial de la política y la necesidad de una higiénica renovación de los órganos federales de dirección del Partido. Una lista única de quienes no sólo no sostenemos la incompatibilidad entre PCE e IU sino que, en el actual estado de cosas, compartimos la necesariedad de sus soberanías y sinergia.

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