XVII Congreso PCE - 24, 25 y 26 de Junio de 2005
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XVII Congreso PCE


Refundar, reconstruir el PCE

Julio Anguita González / 01 jun 05

El presente documento tiene como objetivo y razón última provocar e iniciar un proceso de reflexión personal y colectiva en torno a la vigencia, necesidad, utilidad y viabilidad de lo que en principio denomino ENTIDAD COMUNISTA. El que dicha reflexión se plantee a dos niveles: personal y colectivo, implica una valoración y una consideración previas. Estamos ante una propuesta de transformación social que implica una apuesta por una situación en la que el mundo nuevo se manifiesta -también- en el hombre nuevo. El COMUNISMO es una Cosmovisión, una anticipación que, como posibilidad de sociedad libre no está escrita en ninguna parte y sólo será efectiva desde la asunción consciente de su carácter de construcción alternativa y radicalmente democrática, a escala planetaria.
¿Por qué es necesaria esa reflexión? Varias son las razones:

1. El tremendo impacto negativo que sobre el impropiamente mal llamado Movimiento Comunista Internacional ha tenido la desaparición de la URSS. Impacto causado no sólo por el hecho en sí sino también por la utilización de la propaganda e instrumentos de lucha ideológica del Capitalismo.
2. La irrelevancia que entre nosotros y el mundo ligado a la socialdemocracia o la progresía han tenido las evidencias de los horrores de lo que se ha venido en llamar Nuevo Orden Internacional. El acriticismo y la sumisión al mundo de lo políticamente correcto solo tiene parangón con la pérdida de garra de organizaciones políticas o sindicales otrora lúcidas y contestatarias.
3. La asunción por parte de la Izquierda de los valores encarnados en la trinidad capitalista: Competitividad, Mercado y Crecimiento sostenido. Incluso cuando se rechazan teóricamente en raros casos, se admiten sus instrumentos de medición y verificación: PIB, Rentabilidad, Calidad de vida, etc.
4. El creciente proceso de oligarquización de los medios de comunicación, la extraordinaria manipulación informativa y la consiguiente formación de lo que Vicente Romano califica como Mentalidad Sumisa.
5. La crisis ecológico- social del planeta (que cuestiona la idea de una sociedad de la abundancia y de crecimiento cuantitativo e ininterrumpido). Se impone otro modelo y otro desarrollo del concepto Calida de Vida.

Pero estas razones que sin duda pueden ampliarse, no son sino las consecuencias de una debilidad de un problema no resuelto en la práctica: nuestra falta de capacidad para una praxis revolucionaria en situaciones de no excepcionalidad, de falta de conflicto no reglado o no asumible por las instituciones políticas y sociales. En estos momentos es más que evidente que la contradicción central, fundamental y a nivel planetario sigue siendo la del Capital y el Trabajo. Las deslocalizaciones, las llamadas al proteccionismo por parte de quienes han elevado el Liberalismo al rango de religión, la inquietud de la Europa fortaleza ante las inmigraciones, etc. son algunas de las señales más claras. Sin embargo desde esta realidad que abruma por su omnipresencia no se sigue -como consecuencia- la necesidad de una alternativa con otros valores, otros contenidos y otras propuestas. Y es que la batalla y el conflicto Capital-Trabajo se plantea desde quien hegemoniza el teatro de operaciones (Pensamiento Único) como una cuestión de problemas económicos que deben ser resueltos desde la “Ciencia Económica desprovista de toda carga ideológica”. La debilidad de los explotados con sus explotadores cuando no la complicidad con ellos frente a terceros aún más dependientes sólo es explicable por la capacidad de los que dominan de plantear un modelo de sociedad como alternativa ética de Estado. La hegemonía en resumen. Explotadores sobre los explotados. Un simple recuerdo nos situará mejor ante el análisis de esta postración. ¿Era imaginable a comienzos de la Transición el proceso de Reformas laborales, privatizaciones, precariedad, etc. que hoy se ven con normalidad? ¿Eran imaginables las posiciones sindicales mayoritarias de clara integración en el sistema?




Sin embargo la reflexión que propongo y cuyas características, contenidos y metas expondré más adelante no puede ser un mero ejercicio de debate más o menos catártico sino que se enmarca y se inscribe en otro proceso de mayor envergadura. La vigencia o no de la ENTIDAD COMUNISTA supone, desde el análisis global y mundial acercarse con especial cuidado, interés y capacidad de propuesta a nuestro PCE. Y al hablar de nuestro Partido tengo muy presente que éste tiene una cita congresual los días 24, 25 y 26 de Junio próximos. Llamo Entidad Comunista a otro tipo de Organización Comunista.

¿POR QUÉ?

No podemos seguir en la estela de afirmaciones y reafirmaciones congresuales en torno a nuestra apuesta revolucionaria como si de una monodia cansina y vacua se tratara. Y desde luego sería suicida cuando no una variante de inconsciencia liquidadora, dirimir un problema de gravedad extrema mediante una simple confrontación electoral interna. La historia de nuestros congresos (especialmente en la legalidad) ha sido la de una serie de conflictos internos llevados con paroxismo y jaleados desde fuera. Así ocurrió en el IX, en el X, XI, el XII como compromiso y tregua, el XIII, el XIV, el XV (de excepcional normalidad con relevo en la Secretaría General incluido), el XVI, y ahora el XVII.

Los contenidos congresuales que protagonizaban los debates no eran cuestiones baladíes: leninismo, democratización interna del PCE, Organización del Partido revolucionario, impasse político ante IU, disolución del PCE y la Casa Común, giro copernicano de CCOO y “las tensiones entre PCE e IU”. Sin embargo estas cuestiones no han sido sino concreciones diferentes del único problema: el Partido revolucionario y su praxis en la normalidad democrático- burguesa.

En España nuestra historia está ligada a la excepcionalidad. Nacimos de una revolución que improntó al mundo en su victoria y lo sigue improntando desde el vacío dejado. Ese fue nuestro origen y a él, en la justa medida de sus características intemporales y valores que asumimos, nos seguimos debiendo pero sin más compromisos ni más copias estereotipadas para la acción. Pero aún más allá somos también hijos y herederos del jacobinismo radical de la Revolución francesa. En nuestra historia hay grandes errores y graves horrores, pero en el cómputo total de la Historia hemos sido superados con creces en ambos bagajes por el sistema capitalista en todas sus encarnaciones políticas. Y en cuanto a conquistas, logros, sacrificios y heroísmo la realidad histórica nos hace justicia. Pero se impone una realidad: con la desaparición de la URSS, el impulso comunista necesita instalarse en otro nivel de integración, en la actualización de los supuestos teóricos, políticos y organizativos que hemos mantenido; en la sustitución de otros y en el establecimiento de nexos con estructuras, contenidos, valores y prácticas inherentes al concepto “praxis”. Una fase de la lucha anti-capitalista ha acabado y con ella proyectos y propuestas que la impulsaron. Es un problema y una tareas de los que nos reclamamos de la Entidad Comunista; pero también de los que han ido arribando a otros puertos de la Izquierda.
Desde nuestro nacimiento en 1.920 hemos estado marcados por circunstancias muy específicas:
1. Más de la mitad de nuestra existencia ha estado estigmatizada por la clandestinidad, la persecución y la tortura.
2. Nuestro crecimiento, auge e influencia ha estado ligado a los momentos de excepcionalidad: Guerra Civil, lucha contra el franquismo, prolegómenos de la Transición y un repunte con la primera IU y su coyuntura política.
3. Este especial hábitat de existencia ha generado en nuestro proyecto político la priorización de alianzas, la formación de instancias y plataformas unitarias en torno a un objetivo democrático pero interclasista: ganar la guerra, derribar la dictadura o forzar la ruptura democrática. El objetivo de normalización democrática nos llevó a ser los máximos impulsores de los llamados Pactos de la Moncloa y de la Constitución de 1.978.
4. La práctica inexistencia de otras fuerzas con siglas de Izquierda durante la Dictadura nos transformó en el único banderín de enganche para miles de personas y amplias capas y sectores que en circunstancias normales se hubiesen afiliado a otras organizaciones. Cosa que así ocurrió.
5. Pese a que hemos tenido un papel más que relevante y decisivo en el desarrollo, fortalecimiento y arraigo de CCOO (con cuadros fundamentales en todos los niveles de dirección) no hemos tenido nunca un apoyo electoral medianamente significativo por parte del Movimiento Obrero. En la época de existencia de IU como referente más significativo hemos hecho nuestras las posiciones, luchas y propuestas de CCOO y UGT con el mismo resultado electoral. Hemos ido apareciendo como los referentes de programas y propuestas avanzados, incluso rompedores pero sin una mayor incidencia. Nos hemos ido transformando en una fuerza política que formando parte objetiva del Movimiento Obrero, tanto por sus luchas, ejecutoria y propuestas no ha merecido la atención mayoritaria de aquél. Y ello ha producido una situación compleja, difícil e irreversible. Somos portadores, creadores o difusores de propuestas avanzadas (reducción de la jornada laboral, Renta Básica, otra Europa, etc.) que se ven ignoradas cuando no criticadas por “los nuestros”.
6. A todo esto no es ajena la situación creada por la desaparición de la URSS y la operación socialdemócrata consistente en fagocitar a toda su izquierda posible. Los casos italiano y otros me eximen de mayores comentarios.


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Fue IU (de complejo origen pero de inequívoca factura PCE) la que intentó impulsar una alianza que con carácter organizado fuese capaz de abordar la tarea de la transformación económica, social, política y cultural abanderando la Construcción de la Alternativa. Estábamos ante un intento de construir una izquierda transformadora o revolucionaria desde el estado de “normalidad institucional” surgida en 1.977. La historia de este período es riquísima en enseñanzas de todo tipo y sobre todo porque nos plantea las claves de nuestras carencias, problemas y necesidades como comunistas organizados. Se puede adelantar como hipótesis de trabajo avalada por la experiencia que tanto en todo el proceso que culmina en el cambio de naturaleza de CCOO como en el que desemboca en la IU actual dirigentes y militantes del PCE han estado presentes (personal y colectivamente) como protagonistas indiscutibles y, en muchos casos, únicos. En el caso de IU y en la actualidad la prueba es más que evidente ¿cuántos y cuáles dirigentes de IU no lo también del PCE? Asistimos a una escenificación delirante: miembros conspicuos e importantes de la dirección del Partido le imputan a éste su condición de lastre para una remontada de IU. Por otra parte dirigentes de notoria ambivalencia según la coyuntura, denuncian las maniobras contra el Partido a la par que obvian los acuerdos de los órganos de dirección del mismo.

Problemas como el que estos hechos sintomáticos manifiestan han sido despachados muchas veces con descalificaciones o atribución de intenciones reales o supuestas. Es indudable que determinadas conductas deben ser enmarcadas en parámetros de valores y actitudes éticas exigibles a un miembro del PCE; sin embargo el problema, a estas alturas reside en analizar las causas que en última instancia lo producen y que son, si duda alguna, de carácter ideológico-político. ¿Qué estrategia y qué tácticas hemos introyectado y asumido?

La Transición y la respuesta a la misma por nuestra parte nos instaló en un mundo político dual: el discurso y la práctica contradictoria pero justificada a través del retorcimiento de la lógica. La Táctica como adecuación temporal de la Estrategia a la Coyuntura se transformó en un “modus operandi” cara a la galería y a la correlación de fuerzas internas. El discurso era radical pero los hechos se reducían a las actividades institucionales y mediáticas. No fue Gorbachov el primero que fue raptado por los vahos y halagos del Poder. La organización del PCE fue adecuada a este funcionamiento. Comenzaba una época en la que la social-democracia era la medida de todas las cosas. Estigmatizada o envidiada por sus éxitos electorales, insultada o clamada en nombre de la “Izquierda”, inaccesible para acuerdos concretos pero siempre requerida para ello, centró los debates, las políticas mediáticas y nuestros esfuerzos más intensos.

Pero no era una cuestión exclusiva del marco español. La Social-Democracia gozaba para muchas gentes del beneficio de la duda inherente a la existencia de la URSS. La desaparición de ésta y en las circunstancias en que se produjo colocó a los herederos de Bad-Godesberg ante el “hic Rodas, hic salta” marxiano. Partidos como el PCI sucumbieron a la ilusión pero también a la tentación tan largamente acariciada de gobernar, aunque fuese a través de una chapuza sin principios. Cuando los partidos socialistas y laboristas dieron de sí lo que tenían se asistió la tremenda manipulación de hacer virtud de la necesidad. La evidencia del cambio de naturaleza de fuerzas políticas y sindicales pasó a ser Modernidad, Realismo, Corrección y virtudes recién descubiertas del Mercado. Del equilibrio del Terror se pasó al desequilibrio aterrorizador de la OTAN y la Guerra Preventiva del Imperio USA.

En nuestras elaboraciones y propuestas manteníamos que la nueva alianza en torno al enriquecimiento de los sujetos revolucionarios y nuevas propuestas de liberación era algo para lo que estábamos especialmente preparados. Lo Rojo, lo Verde y lo Violeta formaban una síntesis de mayor entidad que las que habíamos producido con anterioridad, pero al final la consideración de la alianza clásica -con o sin programa- volvía a ocupar la preeminencia en nuestras dubitantes decisiones.

Como consecuencia de todo esto hemos transformado nuestros congresos, nuestras asambleas y las reuniones de nuestras direcciones en intentos de tregua para seguir otra temporada en la indefinición. Estamos en un proceso de eutanasia a ritmo lento.



¿QUÉ HACER?

Estoy seguro de que nadie, absolutamente nadie y a nivel de su consciente, quiere continuar en este estado de cosas. El problema estriba en la disposición personal y consecuente para cambiarlo, en la identificación con la propuesta aprobada para empezar otro rumbo, en la ética personal para adecuar la acción propia a lo que se decida. El problema radica en la respuesta a las grandes pregunta: ¿ ES NECESARIA Y POSIBLE LA REVOLUCIÓN – TRANSFORMACIÓN? ¿SIGUE SIENDO UTOPÍA NUESTRO IMPULSO Y NUESTRA META? ¿QUÉ CONTENIDOS DEFINEN A UTOPÍA? ¿SIGUE SIENDO CAPITAL- TRABAJO LA CONTRADICCIÓN FUNDAMENTAL? ¿ASUMIMOS PERSONAL Y COLECTIVAMENTE LA TAREA DE SUPERARLA? ¿EN QUE SITUACIÓN ESTÁ Y CUAL ES EL PAPEL DEL MOVIMIENTO OBRERO?

En muchas otras ocasiones la respuesta ha sido afirmativa pero retórica. En estos momentos la respuesta implica un compromiso, un cambio demandable y exigible, un compromiso ante los demás con las consecuencias personales y organizativas inherentes al mismo. Ha llegado el momento de que cada uno de nosotros y de nosotras aborde personal y colectivamente el sentido de su militancia, la incidencia de la misma en el entorno y la adecuación de sus respuestas a los problemas que plantea la Globalización y el Capitalismo que la sustenta.

Creo que el XVII Congreso del PCE debiera iniciar un proceso y elegir a la dirección más adecuada para ello, en el que el Partido se aprestase a su REFUNDACIÓN. Cuando un mensaje, una propuesta de Emancipación o un proyecto revolucionario han agotado la fase histórica en la que cristalizaron, se desarrollaron y languidecieron, se impone su instalación en otra fase, en otro momento, con presupuestos, alianzas y valores más concordes con la necesidad de mantenerlo pero en nuevas circunstancias. La respuesta revolucionaria de 1.917 no es posible; pero la Revolución sigue siendo imprescindible. No planteo la Refundación como algo obligado a priori sino como la aceptación de que tal cosa se haría si la reflexión, el análisis y la razón nos lo exigen. Se trata pues de una actitud de plena libertad mental y anímica, de un acto soberano de todos y cada uno tras una reflexión profunda. Se trata de abordar la vigencia o superación de tres conceptos: Comunismo, Comunistas y Partidos Comunistas.

Planteo de manera esquemática los momentos, fases y pasos a dar entre el XVII Congreso y el XVIII que sería el impulsos de la nueva situación.

Con el respaldo del XVII Congreso la nueva dirección toma las siguientes decisiones:
A) Dirigirse a partidos comunistas (por determinar) para recabar de ellos sus aportaciones, análisis y propuestas en torno a los contenidos, vigencia y necesidad de la ENTIDAD COMUNISTA.
B) De la misma manera se invita a distintos colectivos y fuerzas comunistas no “homologados” con nosotros para el mismo fin.
C) E igualmente a organizaciones, entidades y personalidades representativas de otras culturas y otros proyectos de emancipación.
D) Crear un equipo de trabajo que sea el embrión de una propuesta más compleja y extensa para coordinar, impulsar, cumplir y hacer cumplir los trabajos de todo el proceso. El XVII Congreso facultará al Comité Federal para tomar las decisiones pertinentes. El equipo de trabajo tiene la facultad delegada por el Comité Federal para tomar decisiones en orden al proceso de reflexión. El equipo rendirá cuentas ante el Comité Federal cuando este lo estime oportuno (sean las veces que sean).
E) El trabajo comienza con la redacción, divulgación y aplicación de una Cuestionario para ser respondido por toda la militancia en dos formatos: personal y colectivamente. Los debates, sesiones de trabajo, síntesis y aprobaciones finales es una tarea que bajo las directrices de la Comisión y del Comité Federal, son la tarea prioritaria de todos los niveles de dirección, sin excepción alguna.
F) Los trabajos recogidos tanto del exterior como del interior serán extractados y sometidos a debates en las direcciones regionales y en una Conferencia que redactará y aprobará un nuevo Manifiesto-Programa cara al XVIII Congreso. En él deben contenerse las nuevas tesis, la propuesta organizativa y los compromisos de cada militante con la organización.

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