XVII Congreso PCE - 24, 25 y 26 de Junio de 2005
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Tesis políticas - XVII Congreso PCE


10. Ecología y lucha de clases

Partido Comunista de España / 24, 25 y 26 de Junio de 2005

Documento definitivo

La crisis ecológica, una contradicción fundamental

Hoy día la crisis ecológica planea sobre la humanidad. El ecosistema terrestre, en el que tenemos nuestro hábitat y forma de vida y que a lo largo de la historia nos ha mantenido, está amenazado por la sobreexplotación de los recursos naturales y por el exceso de vertido de contaminantes a la tierra, al aire y al agua. Esta crisis ambiental se une a la brecha, cada vez más grande, entre países ricos y países pobres, entre primer y tercer mundo, entre regiones favorecidas y regiones abandonadas, entre centro y periferia, entre capital y trabajo.

Podemos decir que, a pesar de que en los fundamentos teóricos existe una referencia a la naturaleza, lo que da una base ecologista, el desarrollo teórico y práctico del marxismo no ha logrado asumir hasta el momento la cultura ecologista en su amplitud y profundidad. Es necesario, pues, avanzar e integrarla de forma suficiente en el discurso de clase.

La preocupación por el medio ambiente y por alcanzar el máximo equilibrio entre la sociedad humana y el resto de la naturaleza es una aspiración emergente, revolucionaria, que se va expresando cada vez con mayor claridad en las políticas de izquierdas. El PCE tiene la obligación de atender, estudiar y analizar esta aspiración para asumirla con valentía en su estrategia, objetivos prioritarios, alianzas y tácticas de intervención en el quehacer político cotidiano. El ecologismo social, alternativo y progresista recoge críticas radicales al sistema capitalista y promueve constantemente actividades reivindicativas y transformadoras.

Hoy no cabe sostener la tesis clásica de la positividad del desarrollo ilimitado de las fuerzas productivas, ya que este desarrollo minaría la base natural de la existencia humana. Lo que vuelve, a su vez, utópica la propuesta de Marx en la fase superior de la sociedad comunista con su principio de distribución de los bienes conforme a las necesidades de cada individuo, salvo que se incorpore la conciencia de que ese principio de justicia no puede presuponer una producción ilimitada de bienes, 'a manos llenas'.

Los ecosistemas funcionan según complejos sistemas de equilibrios que, a lo largo de millones de años, se han ido rompiendo y reemplazando por otros. Lo cualitativamente novedoso, en este momento, es la capacidad de la acción humana, merced al sistema productivo imperante y a la idea de crecimiento sin límite, para desequilibrar los ecosistemas a una velocidad, en general, cada vez mayor, en unas direcciones novedosas, con nuevos productos contaminantes; y a una escala global. Estas tres dimensiones de los desequilibrios, aceleración, novedad y globalidad, dificultan a la naturaleza su capacidad reequilibradora y además de suponer problemas de salud (física- psíquica) e insalubridad a corto plazo, pueden provocar cambios globales a medio plazo, de consecuencias imprevisibles.

Los estudios sobre la "huella ecológica" establecen estimaciones, cada vez más ajustadas, sobre la cantidad (hectáreas) de superficie productiva de la tierra que se requiere por persona para cada uno de los modelos de consumo existentes. Con datos de 1997 si se repartía la biocapacidad disponible por habitante, considerando todos los conceptos (alimentación, energía, infraestructuras, preservación mínima de la biocapacidad, etc.), de forma equitativa, correspondía 1,7 hectáreas por persona. Pues bien, en esa fecha ya se estaba utilizando una media de 2,8 hectáreas por persona. La consecuencia es obvia, es necesario disminuir el consumo a todos los niveles es esencial, y esta es una de las propuestas a defender

Si todo el mundo pretendiera vivir con el modelo de consumo de EE.UU. necesitaríamos disponer de seis planetas Tierra, y se necesitarían algo más de dos planetas si todo el mundo quisiera vivir como quienes estamos en la Península Ibérica.


Capitalismo, desigualdad y crisis ecológica: el ejemplo del agua

La crisis ecológica, como la crisis económica, afecta a todo el planeta, pero se agudiza en los países empobrecidos por el capitalismo, y no se podrá solucionar favorablemente en el marco capitalista, ni para las personas trabajadoras, ni para la mayoría de la población actual, ni para las generaciones futuras. No es posible resolver la crisis ecológica sin cuestionar el capitalismo.

El sistema capitalista tradicionalmente no le ha atribuido valor a la naturaleza. Lo ha considerado un "bien libre", por el que no hay que pagar, o un recurso monopolizable del cual es posible extraer un beneficio extraordinario. Como siempre pretende sacar el mayor partido en el menor tiempo posible sin pensar en el futuro a medio-largo plazo.

Sin embargo la crisis ecológica está generando un nuevo modo de acumular capital en el que la propia escasez que el mismo capitalismo genera se convierte en una oportunidad más de extraer beneficios extraordinarios. El primero considera un "bien libre" el agua de los ríos y de esa forma contamina sin control. El segundo, hace negocio con la privatización de las aguas no contaminadas. El primero invade el espacio llenándolo de hormigón y asfalto. El segundo especula con los cada vez menos comunes espacios no urbanizados.

De esta forma se acelera el proceso de expolio y se incrementan las desigualdades. Las crisis cada vez más frecuentes del agua son la prueba palpable. Los pueblos empobrecidos se ven despojados de los recursos hídricos que constituyen la base de su supervivencia en favor de los cultivos de las multinacionales, cultivos que empobrecen el suelo y contaminan las aguas. La consecuencia es que en la actualidad, 500 millones de personas alrededor del mundo padecen escasez casi total de agua potable y se estima que llegarán a 2500 millones en el año 2025. Si no se toman medidas para revertir la tendencia, una de cada tres personas estará viviendo en un país con escasez de agua potable. Del mismo modo, si bien el problema afecta a todos los países, los más perjudicados son los del Sur, donde nace el 95% de las 80 millones de personas que cada año incrementan la población del planeta.

De este modo, la mayor amenaza al acceso universal al agua potable no la proporciona la naturaleza sino la globalización corporativa. La privatización del agua es un fenómeno progresiva y agresivamente exportado hacia los países en desarrollo bajo el rótulo de la reducción de pobreza, la disminución de la deuda, la liberalización del comercio y el desarrollo económico.

El agua brota como el mayor conflicto geopolítico del siglo XXI ya que se espera que en el año 2025, la demanda de este elemento tan necesario para la vida humana será un 56% superior que el suministro... y quienes posean agua podrían ser blanco de un saqueo forzado.

El control de las aguas del Jordán por Israel, las resistencias en América Latina a la privatización de las aguas en favor de multinacionales americanas o europeas, los conflictos con las grandes obras hidráulicas en la India, expresan ya esta compleja forma de interrelacionarse la lucha de clases con los problemas ecológicos.

Cambiar las conciencias para intervenir en lo concreto

El ejemplo del agua muestra que la equidad global y la sostenibilidad exigen una clarificación de las conciencias y requerirán diversas formas de intervención en la sociedad y sus relaciones con la naturaleza, para reconducirlos democráticamente hacia modelos de desarrollo social y ecológicamente sostenibles, en nuestro entorno cercano hasta la totalidad de la biosfera.

El agua es sólo un ejemplo; el agua, la energía, el transporte y otros servicios sociales básicos sufren también las mismas amenazas.

Va siendo ya el momento de generalizar la adecuada reflexión que nos aleje de los modelos basados en el productivismo, la competitividad, la ambición de los pocos que abusan de los demás en beneficio propio. Se trata de ir hacia modelos al servicio del desarrollo duradero y sostenible, tanto en el campo social como en el ecológico, que pongan el acento en los derechos de todas las personas y equilibren las actividades económicas con los objetivos sociales y ambientales. Ello plantea la necesidad urgente de gobernar la globalización para ponerla al servicio de la humanidad actual y futura. Para ello, entre otras razones, es imprescindible una reforma democratizadora de la ONU que permita la representación de toda la humanidad, y a partir de ahí la toma de decisiones para la solución de estos conflictos.

Y no conviene ocultarlo, hay grandes resistencias, como las de quienes pretenden aplicar estrategias de reducción poblacional contra lo que ellos llaman exceso de población en nuestro planeta. Esos sujetos pretenden apropiarse del espacio, o hectáreas de biocapacidad, que aún ocupan las masas que han sido empobrecidas por el sistema económico imperante.

Con sencillez, sin tener soluciones mágicas, totales e inmediatas, pero con dedicación tenemos que fomentar el conocimiento de las realidades, impulsar las consecuencias teóricas y prácticas así como organizar las confluencias posibles de quienes quieran ir avanzando en la dirección de dar respuesta positiva a estar realidades. Realidades, no fantasías ni meras especulaciones de gente ociosa.

En efecto, la crisis ecológica nos plantea un gran reto en todos los ámbitos a quienes nos reclamamos del marxismo. Desde luego ello nos exige bastante más que sumarnos, colaborar o merecer ir encabezando tal o cual manifestación medioambiental, aunque también ello pueda ser necesario.

La ecología no es la guinda del pastel. Es, precisamente, atender al pastel en su conjunto.

En definitiva, una de las consecuencias, como decía un respetado activista social y político, es que "algunos debemos vivir sencillamente para que muchos (todos) puedan sencillamente vivir".


Algunos retos en lo inmediato

Ante esta grave situación ecológica las políticas mantenidas por los diferentes gobiernos han sido las de impulsar actividades muy agresivas y de gran impacto ambiental, apoyándose en los sectores económicos más propicios a beneficiarse de ellas (constructoras, eléctricas, inmobiliarias, petroleras, etc.). Podríamos afirmar que ha existido, y se mantiene, una promoción pública de la destrucción-degradación ambiental en nombre del mercado y "el crecimiento económico" a costa de lo que sea, sin miramiento alguno.

Son numerosas las investigaciones que relacionan el desastre y el impacto medioambiental con la venta por parte de las corporaciones transnacionales de “modelos de vida”. Estos modelos de vida nos hacen consumir de manera irresponsable y sin pensar cuales son las consecuencias reales del consumo al que la economía neoliberal nos somete.

Para luchar contra este consumo se están fomentando en distintas partes del Estado redes de consumo responsable a las que nuestra ideología comunista tiene mucho que aportar, por este motivo y además para tener más posibilidades de relacionarnos con otros movimientos sociales, desde el PCE tenemos que hacer todo lo posible para:
· Participar o fomentar la creación en y de estas redes de consumo responsable.
· Sensibilizar a la sociedad y a nuestra militancia de cara a consumo responsable haciéndoles ver las consecuencias del mismo.

Los retos del PCE pasarían hoy día por:

1. Realizar un impulso programático centrándonos prioritariamente en:
-Políticas a favor de la reducción del consumo energético y de la sustitución de la producción a partir de combustibles fósiles y energía nuclear por una producción limpia a partir de energías renovables, priorizando en energía solar térmica y fotovoltaica.

-Planificar democráticamente, desde los poderes públicos, el aprovechamiento y gestión integral del ciclo del agua, sustituyendo el insostenible paradigma capitalista que, basado en la quimera de la oferta ilimitada del recurso, sólo busca la rentabilidad económica cortoplacista, por un modelo de gestión eficiente y racional de la demanda (Nueva Cultura del Agua) que, incorporando medidas de ahorro, reutilización y mejora de la calidad del agua, alcance rentabilidades sociales, demográficas, medioambientales y económicas, vertebrando el territorio de forma sostenible.

- La defensa de los espacios naturales y la biodiversidad, las masas forestales y la reforestación con árboles autóctonos, regulando el desarrollo urbanístico y de infraestructuras mediante una ordenación del territorio racional y socialmente reequilibradora que atienda a las necesidades reales y no a intereses especulativos.

- La gestión de los residuos urbanos e industriales, favoreciendo que se produzcan lo menos posible (minimización) y con la aplicación de la reducción, reutilización y reciclaje.
- Denuncia de los peligros alimentarios debidos a la producción agraria basada en el uso masivo de insumos químicos o pesticidas, a la ganadería con uso inadecuado de piensos, y al caso de los productos transgénicos.

- Reivindicar el derecho a la soberanía alimentaria frente a la agricultura industrial capitalista orientada a los mercados internacionales que condenan al hambre y la miseria a la mayoría de las poblaciones campesinas del planeta.

- Impulsar la elaboración de una crítica radical, a partir de criterios ecológicos y sociales, de los procesos productivos completos, proponiendo alternativas igualmente precisas y concretas, abriendo camino al desarrollo sostenible real, no sólo declarativo o retórico, sino eficiente y riguroso.

- Apostar por una política sólida de inversión en I+D desde el sector público como manera de buscar alternativas a las tecnologías destructivas con la naturaleza, y no dejar en la industria privada esta búsqueda, pues es la rentabilidad y no la sostenibilidad su objetivo.

- Apoyar los modelos de desarrollo basados en una soberanía agrícola y alimenticia, como medio de mantener y planificar localmente economías rentables en resultados y en mantenimiento del medio.

- Apostar por el comercio justo, frente al desequilibrio natural de las grandes producciones de las transnacionales, y el social de países enteros produciendo lo que no pueden comprar por el monopolio que las empresas imponen sobre los precios.

- Desarrollar, independientemente de las alternativas futuras, planes de reducción del consumo del petróleo, cuya escasez nos llevará, además de a un desastre natural por su combustión, a un colapso del sistema financiero».

- Promover una red de municipios ecológicos en toda España, en Europa y en todo el mundo, y a partir de nuestra influencia incorporar a la misma el mayor número posible de municipios.

- Favorecer la realización de Pactos Sociales por un mundo alternativo y a favor de otro modelo económico que no sea degradante ni despilfarrador sino de austeridad y solidaridad.

- Promover el Comercio justo como alternativa a las normas competitivas del actual orden económico internacional que mantiene la OMC.

- Desarrollo de un modelo socioeconómico alternativo al modelo capitalista, que contemple en materia social, laboral, ecológica y natural nuestra identidad socialista.

2. Fomentar el conocimiento de la realidad ambiental dentro del PCE, impulsando, además su participación en organizaciones del ecologismo social y organizando las confluencias posibles con estas organizaciones

3. Desarrollar el diálogo del marxismo con la ecología política, para profundizar en la crítica ecológica del capitalismo y en la renovación del internacionalismo, tal y como nos legó Manuel Sacristán.

Lo aquí expuesto, en lo posible, debe articularse en la convergencia con los movimientos ecologistas dentro de las luchas concretas, orientadas a una transformación ecológica de la economía, basada en modelos no productivistas ni destructivos y derrochadores de recursos, sin perder nunca de vista su sostenibilidad social, que tienen contenido anticapitalista y transformador. Debe, igualmente, alimentar la prefiguración de una sociedad nueva, socialista y solidaria con las generaciones futuras.

Todo ello nos conduce a la necesidad de cambiar la mentalidad, las propuestas y la practica individual y colectiva, tanto en la vida cotidiana como en la sociedad, en las instituciones y en las organizaciones en las que de una u otra forma participamos.

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