XVII Congreso PCE - 24, 25 y 26 de Junio de 2005
XVII Congreso PCE >
 

Tesis Políticas - XVII Congreso PCE


5. Los comunistas y el mundo del trabajo

Partido Comunista de España / 24, 25 y 26 de Junio de 2005

Documento definitivo

El PCE debe redefinir y elaborar un nuevo marco de actuación sindical que posibilite retomar el pulso en la lucha del movimiento obrero. De este modo se podrán generar las suficientes perspectivas de transformar el actual panorama en el movimiento sindical. La izquierda política obligatoriamente debe pasar a la ofensiva para recuperar la credibilidad.

1. El PCE en la lucha contra el capitalismo globalizado

La globalización capitalista en su avance sin límites en el mundo, favorece el desarrollo agresivo de las políticas económicas neoliberales y de las empresas transnacionales, por lo que exige de las y los comunistas, en primer término, una denodada lucha en los planos teórico, ideológico y político práctico, partiendo de la firme defensa de la teoría marxista del valor trabajo. Hoy, más que antes si cabe, hay que impulsar nuestro trabajo político en la línea de desenmascarar y contrarrestar las mentiras y agresiones que comportan para los trabajadores y trabajadoras las tácticas y estrategias del capitalismo neoliberal.

La globalización de la economía capitalista, hegemonizada por estas políticas, intenta hacer creer que el capitalismo es eterno o el único modo de producción y organización social válidos para el mundo actual y futuro, pero sabemos que son mentiras y engaños a los que necesita apelar para legitimar el sistema opresor establecido; es más, a cada paso que dan las contradicciones histórico-actuales del capitalismo, están surgiendo gérmenes nuevos de superación del capitalismo por una nueva sociedad socialista, situaciones que a las y los comunistas nos corresponde desvelar y desarrollar. Por ejemplo, es fundamental la importancia estratégica que reviste la lucha contra las privatizaciones y explica por qué es uno de los ejes principales de confrontación contra el neoliberalismo imperialista en todo el mundo.

El neoliberalismo ha pretendido debilitar o difuminar la contradicción principal entre capital y trabajo y el carácter antagónico de este conflicto, en la búsqueda del máximo beneficio y poder para la clase capitalista. Frente a ello, las y los comunistas sostenemos que son las y los trabajadores con su trabajo los creadores de los valores de los bienes y servicios, lo que no tiene valor es aquello que no es obra del trabajo humano.

La internacionalización de los procesos productivos ha ido de la mano de la precariedad y el desempleo de millones de trabajadores en todo el mundo, significando todo ello un enorme incremento del ejército de reserva industrial o laboral. Por otro lado, la desindustrialización, derivada del declive del fordismo, ha coexistido con un desarrollo industrial afectado por los procesos de innovación tecnológica, que se han traducido en el aumento de la productividad del trabajo. Una consecuencia cada vez más grave del modelo productivista y depredador de este capitalismo global es la crisis ecológica que amenaza con poner en cuestión la viabilidad futura del planeta.

Pero bajo el capitalismo, el ahorro de trabajo, o sea el hecho de que el trabajo humano sea cada vez más productivo, significa no sólo que los productos cuesten menos trabajo a la sociedad, sino la reducción de puestos de trabajo y la pérdida de oportunidades ocupacionales. Por el contrario, para los capitalistas, que se apropian de la elevación de la productividad del trabajo, esto redunda en los vertiginosos aumentos de los beneficios y el enriquecimiento a base de trabajo precario y sin derechos, bajos salarios, el alargamiento de la jornada legal de trabajo, ..., trasvasando las rentas del trabajo a rentas del capital. Para esto, se utilizan estrategias para la descomposición de la clase obrera “tradicional” recrudeciendo la desregulación, las deslocalizaciones y utilizando un chantaje neoliberal sobre los trabajadores y los Estados que intentan priorizar políticas económicas más sociales.

Otra clara manifestación de las agresiones neoliberales es la estrategia de privatizaciones de los servicios públicos, pretendiendo que todos éstos sean tratados como mercancías, y sean liberalizados, privatizados y desregulados. Así, servicios que tienen la función de asegurar una vida mejor a los ciudadanos, se convierten también en un inmenso negocio para las multinacionales.

En el ámbito europeo, el texto de la llamada “Constitución Europea” consagra el modelo neoliberal de Maastricht, para imponernos una Europa en la que los derechos laborales y los puestos de trabajo están en entredicho. Los comunistas nos oponemos a dicho tratado porque entendemos que consolidaría una Europa menos social, menos democrática y menos solidaria. Por ello seguiremos impulsando el debate entre los trabajadoras/as y los ciudadanos para que rechacen esa Europa del capital, como han hecho ya el pueblo francés y holandés, y para construir una Europa de los ciudadanos y de los pueblos, basada en los valores del progreso social, la paz y la democracia. En este importante asunto hemos discrepado de la dirección de la Confederación Sindical de CC.OO y de UGT.

En España, las agresiones de la clase capitalista han ido estratégicamente dirigidas a la vida laboral en su conjunto, a través de sus distintas fases: el acceso, la permanencia y la salida parcial o definitiva. En cada una de ellas se han ido efectuando modificaciones normativas que han conllevado recortes de derechos y, así, se ha ido redefiniendo el mercado de trabajo y, con ello, la propia estructura de la clase obrera. El nivel de respuesta sindical ha sido insuficiente para evitar los ataques a los derechos sociales, como lo demuestra el grado de degradación al que se ha llegado en el terreno de la precariedad, los accidentes laborales, el desmantelamiento del sector público y la erosión a los salarios. En el último periodo, sólo la huelga general del 20 de junio de 2001 demostró el valor de la movilización para defender los intereses de clase.

2. La evolución de las relaciones laborales en España y su regulación

La evolución histórica y jurídica del Sistema Español de Relaciones Laborales en los últimos años, ha significado una recuperación al alza de todos los valores del mercado, y como consecuencia la clase trabajadora ha sido la gran derrotada.

La transición laboral (1976-1984) en un contexto de fuerte crisis económica y política, tuvo que hacer frente a las transformaciones tanto al modelo paternalista de relaciones laborales heredado del franquismo, así como a un modelo empresarial fuertemente autoritario. No obstante el conflictivo panorama laboral que rodeo estos años, con unos sindicatos fuertes y organizados, especialmente en el caso de CCOO, permitieron la elaboración de un modelo constitucional en donde se recogieron muchas de las demandas que históricamente habían sido reclamadas por el movimiento obrero. Las numerosas y constantes reformas del Estatuto de los Trabajadores han conducido a un auténtico expolio de los derechos laborales conquistados en aquel entonces. Dos han sido los cauces principales para este proceso: primero a través de la flexibilización de los mecanismos de entrada en el mercado de trabajo (Reforma del Estatuto de los Trabajadores de 1984) y posteriormente a través de la flexibilización del despido con las reformas de 1994 y 1997.

La constatación más palpable de sus resultados ha sido la aparición y extensión de la llamada cultura de la precariedad que afecta a día de hoy a más de siete millones de trabajadores. Sus perversos efectos han incidido en diferentes fenómenos en el seno del movimiento obrero que han ido desde el proceso de dualización y segmentación de la clase trabajadora, a la transformación del concepto de trabajo/ parado y empleo/desempleo o en el mismo aumento de la sinestrabilidad laboral. Todas estas reformas emprendidas no han sido capaces ni de reducir el desempleo –convertido en elemento estructural del mercado de trabajo español- ni han buscado reducir la excesiva temporalidad. Veamos.

El paro sigue afectando actualmente a dos millones de personas, con una tasa del 11 por ciento, la más elevada de la Europa de los 15, sin existencia práctica de protección o prestaciones en el periodo previo a la entrada en el primer puesto de trabajo y con prestaciones por desempleo que afectan a menos de la mitad de los trabajadores en paro. Este panorama se agrava especialmente para los colectivos más desfavorecidos, muy en particular para mujeres, jóvenes, mayores de 50 años, parados de larga duración, inmigrantes, sumergidos y otros en situación de exclusión. Por su parte, la temporalidad se cifra en el orden de 4´2 millones de trabajadores, lo que supone un 30´6 % frente al 12´8 por ciento de la UE.

Sobre la base del empeoramiento de las condiciones de trabajo se ha instalado la siniestralidad laboral, en la que también aventajamos a buena parte de los países europeos, y que arrojó en el pasado año 2004 un total de 871.000 trabajadores accidentados, 946 trabajadores muertos en sus puestos de trabajo y más de 500 perdieron la vida en el camino. En este sentido, hay que recordar que la última Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo del INSTH señala la insatisfacción existente y creciente sobre las condiciones laboral, al caer la satisfacción desde 1999 del 63 al 59 % y admitir que tres de cada cuatro trabajadores teme sufrir un accidente laboral.

Todo ello modifica la estrategia de los comunistas en el mundo del trabajo, y especialmente con la ruptura generacional producida entre dos generaciones de trabajadores –como consecuencia querida y deseada de las mencionadas reformas- que ha modificado las trayectorias laborales y ciclo biográficos de los jóvenes trabajadores. Se plantea pues la necesidad de elaborar un análisis que tenga en cuenta las nuevas formas de empleo –que no de trabajo- y que posibiliten llegar a los amplios sectores – representados especialmente por los jóvenes, las mujeres y los inmigrantes- que se encuentran sumergidos en la precariedad.

Todo ello desde la comprensión de que la actual extensión de la precariedad laboral no es el resultado lógico e inevitable de la nueva configuración de las relaciones capital-trabajo. La actual situación se ha conformado en base a las estrategias empleadas tanto por legisladores como por empleadores que se han promovido desde finales de la década de los ochenta De hecho, se puede considerar que esta política ha cumplido sobradamente con los objetivos que la ofensiva del capital se marcó.

3. La reforma laboral que se pretende realizar

La filosofía de la reforma laboral que se avecina pretende plantear a estas alturas un falso e imposible equilibrio entre el mantenimiento de la seguridad de las condiciones laborales y una nueva ampliación de la flexibilidad tanto para los nuevos contratos como para las causas que rigen el despido.

De hecho, se pretende consagrar la actual situación de discrecionalidad empresarial al plantear la imposibilidad real de erradicar el fraude empresarial generalizado en las contrataciones por tiempo indefinido en lo relativo a las subvenciones y desgravaciones a la Seguridad Social. Los derechos adquiridos por los trabajadores fijos se terminan presentando como elementos insolidarios y responsables mismos del proceso de segmentación del mercado. La Negociación Colectiva se pretende consagrar como el mecanismo negociador por excelencia relegando a un plano secundario el papel regulador del Estado. Se hace una valoración positiva del proceso de flexibilización de las relaciones laborales alcanzado hasta ahora, manteniéndolo como inevitable y planteado la necesidad de seguir profundizando en la flexibilización del despido (el despido objetivo por causas económicas y la aplicación de las causas de los despidos colectivos por las razones organizativas y productivas), y que a juicio de los legisladores servirá de elemento equiparador de los contratos fijos y temporales. Se apuesta por reforzar jurídicamente las Empresas de Trabajo Temporal (ETT) descargándolas en lo posible de las culpas de las altas tasas de temporalidad, a la vez que se pretende eliminar su negativa percepción social.

En resumen, poco cabe esperar de la futura reforma laboral que se avecina si por tal pretende reducir la temporalidad y la precariedad Más allá del conjunto de buenas intenciones, la recuperación en la calidad y estabilidad del trabajo del mercado de trabajo pasa hoy por cuestionarse las propias bases económicas y jurídicas sobre las que se ha sustentado este modelo de crecimiento, y en este sentido los comunistas deberían tener en cuenta las importantes modificaciones que se produzcan en el mercado de trabajo para adaptar el discurso y la acción a los nuevos frentes de lucha.

Un instrumento para ello sería una plataforma en torno a la que converjan todos los colectivos afectados, con especial atención a los precarios, recogiendo una serie de propuestas claras, como se hizo en el 88, para explicarlas coherentemente y reivindicarlas. Entre esas propuestas podemos indicar las siguientes:

· Suprimir las ETT´s y de las “empresas de servicios integrales”
· Regular la subcontratación: cambios en la legislación para un solo modelo de contratación temporal;
· Defensa del trabajador en el despido, causalizando los despidos para todos los trabajadores afectados y en todos los colectivos;
· Apostar por reforzar la democracia en la empresa. Tender a una verdadera Democracia Económica
· Opción de readmisión al trabajador en caso de despido improcedente.
· En caso de despido disciplinario, no será éste efectivo sin sentencia judicial previa. Igual caso de falta grave. Idem en caso de despido por causas objetivas, donde la indemnización del trabajador debería ser 45 días por año trabajado.
· Recuperar la causalidad en la contratación. Reducción drástica de modalidades de contratación.
· Establecer un trámite con los representantes sindicales de información y consulta previas a cualquier forma de contratación o subcontratación en las empresas.
· Excedencias: garantía efectiva de reincorporación al puesto de trabajo.
· Expedientes de Regulación de Empleo: poner condicionamientos claros en los casos de empresas con beneficios. En todos, establecer mecanismos que no permitan la ejecución inmediata de los despidos, sino que se pauten plazos de ejecución largos que permitan recolocaciones en la misma empresa o grupo, o bien recolocaciones en otras empresas sin tener que pasar por el desempleo.
· Modificaciones sustanciales de condiciones de trabajo. Si hay desacuerdo, la posibilidad de un arbitraje independiente.
· Participación con voz en los consejos de administración de los representantes de los trabajadores.

Estas y otras propuestas deben nacer de la mayor pluralidad y representatividad, con personas del mundo sindical, político, movimientos sociales, instituciones académicas... Con un método participativo. Hace falta una reforma para que la democracia entre en los centros de trabajo. No esperemos que otros promuevan reformas positivas si nosotros no somos capaces de hacerlo.

4. El papel de la negociación colectiva

El actual modelo de negociación colectiva se encuentra en crisis. Los procesos de liberalización del ordenamiento jurídico-laboral han ido eliminando paulatinamente la red de derechos mínimos que protejan a todos los trabajadores., ya sean fijos o temporales.

Se hace necesario reestructurar jurídicamente el actual modelo y unificar los criterios de base que hacen que haya hasta veinte tipos de acuerdos para las empresas. En este contexto tan solo el interés empresarial está siendo el gran vencedor, ya que con la actual doctrina y jurisprudencia en el tema no hay un equilibro real ni posible entre las dos partes de la negociación. Sin duda la individualización progresiva de las relaciones laborales se ha llevado a cabo a través de las constantes modificaciones del artículo III del Estatuto de los Trabajadores. De este modo, la negociación colectiva ha dejado de ser un instrumento para el reparto de poder entre trabajadores y empresarios como en su momento se defendió.

Las consecuencias de este fenómeno son claras: se ha producido por parte de los sindicatos en las negociaciones sectoriales y empresariales un triunfo de la adaptabilidad que tiende a negociaciones de mínimos. De hecho el actual modelo tiene entre sus déficits el no poder dar respuesta a los cambios en la organización del trabajo, a la nueva estructura empresarial, a lo que se suma una estrategia sindical, que lleva a firmar los Acuerdos Interconfederales entre los años 2001 y 2005 con los resultados claramente negativos. Sólo han servido para imponer fundamentalmente la moderación de los salarios y la implantación de las cláusulas de descuelgue en el sector privado, con la consiguiente pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores, cuando más crece la economía y los beneficios de las empresas. Además, en el contenido concreto del AINC de 2005 y prorrogable para 2006, no se pierde ocasión para darle más impulso a los contratos a tiempo parcial y los fijos discontinuos, e introducir otra vuelta de tuerca patronal referida al “absentismo laboral injustificado”. Por ello, no se deberían repetir los AINC, unos acuerdos que nacieron para evitar el intento del gobierno del PP de legislar una reforma de la negociación colectiva (Estatuto de los Trabajadores) por su carácter oneroso para los trabajadores. Tampoco se debería pactar la moderación de las retribuciones de los empleados públicos, como ha sucedido en los PGE de 2005 y que no ha incluido reivindicaciones estratégicas (cláusula de revisión, pago de la deuda salarial, descongelación del empleo público), a pesar de ser los primeros presupuestos del Gobierno del PSOE

La negociación colectiva en la actualidad deja a una gran parte de l@s trabajador@s, sobre todo l@s más jóvenes, fuera de la misma, incluso aquellos que están incluidos bajo un convenio se encuentran muchas veces que no pueden hacerlo valer. Es por ello que se necesita una estrategia en la negociación colectiva que de cobertura a l@s trabajador@s que no tienen derechos, fundamentalmente jóvenes que trabajan en PYMES, ETTs, empresas de servicios y que están contratados bajo contratos temporales.

La idea central en este punto es la necesidad de corregir la correlación de fuerzas, e incidir en todo caso que sin ser el mejor tiempo para la negociación colectiva, el planteamiento de los sindicatos en el mismo debe girar en torno a los contenidos a negociar. En este sentido no son tiempos para los acuerdos interconfederales, se precisa recuperar a través de los convenios colectivos la mejora de los derechos laborales y las condiciones de trabajo. Tan sólo de esta manera se podrá avanzar en una estrategia que permita conseguir estos objetivos.

Esto exige una acción diferenciada en lo externo y en lo interno del movimiento sindical. En lo externo, explicando bien a la ciudadanía las razones de la negociación y en lo interno se hace imprescindible relanzar el papel del sindicalismo de base, así como insuflar un comportamiento democrático a la dirección en referencia a los colectivos que representan.

5. Un nuevo asalto a las pensiones

El Pacto de Toledo de 1995, ratificado por todas las fuerzas políticas más CC OO y UGT, parece no servir, como si el pago de las pensiones actuara en contra de la productividad de la economía. En otras palabras, a los que hablan en nombre del ‘capital’ les molesta el Estado de Bienestar (no es sólo las pensiones, es también la sanidad, la educación, la asistencia a personas dependientes...) porque arguyen obstaculiza la competitividad de nuestra economía. Por el contrario, callan sus verdaderos fines, que no son otros que echarles el diente al porcentaje del PIB manejado por el Estado por estos conceptos.

Los detentadores del poder económico no se resignan a que no se puedan lucrar con el sistema de pensiones y es por eso que han vuelto a la ofensiva: presionan a los sindicatos para que reconozcan la inviabilidad de lo acordado en Toledo, a la vez que lo disfrazan con argumentos como que la mayor longevidad implica más gastos sociales.

El Pacto de Toledo es un acuerdo con 15 recomendaciones, firmado también por Izquierda Unida. Las modificaciones más importantes llegaron luego con la ley 24/1997 o de “consolidación y racionalización del Sistema de Seguridad Social”: aumento de 8 a 15 años la base contributiva, criterio de ‘contributividad’ en detrimento de solidaridad y reparto... Lo que proponen ciertos sectores es un retroceso del sistema de pensiones al considerar toda la vida laboral como periodo de cálculo y la separación de las fuentes de financiación. Lo primero pretende justificarse diciendo que protege a los trabajadores que pierden su empleo a los 50 años; pero se obvia la situación de los colectivos de trabajadores más precarios, inmigrantes, .... Lo segundo se complementa con el "derecho de asistencia a las personas dependientes" (mayores, niños, incapacitados en general), pero desde la concertación con la empresa privada. Tal ofensiva ha de ser contrarrestada rechazando los recortes de derechos, con la mejora de todas las pensiones, la atención pública a las personas dependientes, la reforma del mercado de trabajo para una mayor estabilidad y la reforma del modelo económico.

6. La opción sindical del PCE: un sindicalismo de clase democrático y combativo

Las relaciones entre clase, partido y sindicato en el marco del movimiento obrero siempre han sido complejas, y han requerido siempre un considerable esfuerzo de análisis político y de lucha ideológica. Nuestro partido es un partido obrero que defiende los intereses y reivindicaciones de los trabajadores y trabajadoras en sus lugares de trabajo y residencia, y sus militantes han de ser ejemplo en esta tarea. Históricamente los comunistas hemos mantenido una línea de organización de masas, encabezada por la acción y organización sindical, en razón de la cual el PCE contribuyó al desarrollo de las nacientes Comisiones Obreras durante la Dictadura Franquista.

Desde entonces la política sindical del PCE ha seguido manteniendo, en líneas generales, una identificación con el sindicalismo de CC.OO. No obstante, desde hace una década han aparecido importantes desacuerdos ante decisiones adoptadas por las direcciones de las organizaciones sindicales, lo que ha producido abandonos de la militancia sindical, en especial de CC.OO. Todo este debilitamiento de la estrategia y de los planteamientos sindicales que hemos analizado hasta aquí tiene que ver con la política de las direcciones sindicales, incluida la de nuestra opción sindical.

La independencia sindical y la independencia política del PCE respecto a los sindicatos no es contradictoria con la concepción que el partido tiene de la actividad de un sindicato de clase, tanto en su labor en las instituciones, como a través de su participación activa en los centros de trabajo y en las movilizaciones laborales y sociales. Pero nuestra actividad tiene que estar dirigida -desde la exigencia a la participación en los debates y toma de decisiones- a elaborar y proponer alternativas que hagan válidas las herramientas de las que se dota el sindicalismo, como son el Diálogo Social y la Negociación Colectiva. Instrumentos que deben de servir para que se produzcan avances en materia de empleo, protección social, salarios y capacidad de control de los trabajadores y trabajadoras en las empresas.

Nuestra posición no está exenta de la capacidad de analizar y criticar aquellos aspectos con los que no estamos de acuerdo. En este sentido nuestra posición coincide ampliamente con la que expresan las compañeras y compañeros del Sector Crítico de CC.OO. Defendemos al sindicato y sus mecanismos democráticos de formación de su opinión y sus decisiones, pero defendemos dentro de él una recuperación de las señas de identidad que se dio al nacer. Un sindicalismo unitario, asambleario, sociopolítico y con vocación de transformación social. Un sindicato donde se respete la pluralidad y no se excluya a los que tienen posiciones diferentes. Democráticamente trabajaremos en el seno del sindicato para hacerlo posible.

Destacamos la necesidad de trabajar porque el sindicato dé respuestas a las necesidades de los nuevos segmentos de la clase obrera más desprotegidos. En particular los jóvenes pero también los inmigrantes y todos los colectivos sometidos a la precariedad. En esta perspectiva, los comunistas del PCE y de la UJCE tenemos que trabajar para hacer entrar la realidad de una parte creciente del mundo del trabajo en el sindicato y hacer que sea una organización de resistencia al capital y una palanca de emancipación social. En otras palabras, para que el sindicato sea una parte activa de la izquierda social alternativa, es necesario el giro a la izquierda, en el que reine la pluralidad, la participación, sobre la base de un modelo organizativo vinculado a los centros de trabajo y a la afiliación.

Las y los comunistas no podemos renunciar a ser una parte avanzada del movimiento obrero en el terreno teórico y práctico. Luchamos por la unidad del movimiento sindical sobre la base de los intereses del sindicalismo de clase, democrático y combativo, pues lo contrario sería condenar a los trabajadores a la impotencia. Para ello es de sumo interés elevar el nivel de conciencia y organización sindical y comprometerse en la afiliación masiva que requiere la defensa de los trabajadores en los centros de trabajo, priorizando los sectores más sometidos a las adversas condiciones de la precariedad laboral. Un encuadramiento organizativo en el que las y los comunistas tenemos que de estar en primera línea, y que el sindicato de CC.OO. necesita para revalidar su posición de primer sindicato de España, que abogamos también lo sea en la resistencia a las políticas neoliberales y a las agresiones patronales.

El trabajo del Partido, tanto en lo que se refiere a la difusión y defensa de los conceptos y valores marxistas del trabajo, como en cuanto a la elaboración y aportación de propuestas y a las prácticas en la acción sindical, tiene que contar con la estructura organizativa que lo haga posible. Para ello es necesaria la vuelta a las agrupaciones de centro de trabajo o sector, los responsables de movimiento obrero en todas las agrupaciones y las comisiones de movimiento obrero en todas las estructuras.

------------------

Documento en pdf ( 87 KB):

http://www.pce.es/descarga/20050626_xviicongresopce_05tesis_definitivo.pdf

Recomienda esta web
Correo-e

 

PCE
Inicio | Favoritos | Contacto | Mapa | Ayuda | Afiliaciones | Lta Correo |
Optimizado a 800 x 600 pixeles