XVII Congreso PCE - 24, 25 y 26 de Junio de 2005
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Tesis Políticas - XVII Congreso PCE


3. Construir una Europa alternativa, construir la izquierda para la alternativa

Partido Comunista de España / 24, 25 y 26 de Junio de 2005

Documento definitivo

El reciente "plebiscito" en torno a la mal llamada constitución europea ha puesto de manifiesto varios problemas, en primer lugar, y el más importante, el profundo desconocimiento por parte de la sociedad de la forma de trabajar y decidir de la Unión Europea y las consecuencias que dichas decisiones tienen sobre la ciudadanía. En segundo lugar que los problemas de Europa no son problemas de política internacional sino que son "internos", cada vez existen menos fronteras entre lo interno y externo en todas las cuestiones referidas a Europa y a su integración. En tercer lugar el Tratado Constitucional señala nítidamente la hegemonía del modelo neoliberal en el proceso de integración, íntimamente relacionado con las políticas que los poderes económicos están diseñando y aplicando en lo que se ha venido denominando globalización. Esto significa que la integración, tal y como se está realizando, es parte estructural de la ofensiva general contra el Estado Social, favorece la desregulación y la privatización de los servicios públicos, desestabiliza aún más el mercado laboral y limita sustancialmente los poderes de la democracia convirtiendo a la Política en un apéndice del mercado, es decir, de los oligopolios empresariales y financieros.

En cuarto lugar, el Tratado institucionaliza las políticas neoliberales como los fundamentos centrales del modelo de integración y legitima la asimetría existente entre la ampliación y desarrollo de un mercado cada vez más desregulado y las políticas de regulación fiscal, social y ecológica (las primeras sometidas a las reglas de la mayoría y las segundas a las de la unanimidad). En el centro, "el príncipe" de la trama político-institucional de la Unión: el Banco Central Europeo y sus conexiones públicas y privadas. Todo ello, en un contexto de ampliación al Este y en un debate presupuestario marcado por el intento francoalemán de reducir el raquítico presupuesto de la UE hasta el 1% del PIB (por ley el presupuesto comunitario no puede superar el 1,27 del PIB) Es la primera vez que una ampliación de estas dimensiones se hace reduciendo el presupuesto en vez de aumentándolo.

En quinto lugar la Constitución europea es retrógrada para la mujer, ya que en vez de ser un elemento de avance para países como Malta, Portugal o Irlanda, donde aún no tiene derecho al aborto o avanzar en este mismo derecho y conseguir otros en otros países de la UE, supone un retroceso a nuestras conquistas y un freno a las futuras; no aparece por ningún lado el derecho al divorcio, se utilizan los conceptos trabajo y empleo como idénticos, lo que oculta el trabajo reproductivo, no remunerado, ni lo que concierne a la paridad en la política, las mujeres inmigrantes que realizan los trabajos de mayor explotación, es uno de los colectivos que más perjudicados quedarán. En lo que concierne a la violencia de género, la reivindicación de incluir una disposición en el tratado tampoco ha sido satisfecha.

En sexto lugar se confirma la orientación de una Europa potencia político-militar vinculada a los EE.UU. La doble relación de cooperación y conflicto se evidencia en el diseño de una estrategia internacional donde se definen intereses propios en el marco de una opción de fondo que coincide con los EE.UU. La presencia de contradicciones entre lo que se ha venido a llamar el eje francoalemán y los EE.UU. tiene que ver con intereses contrapuestos a su vez relacionados con opciones geopolíticas diferenciadas. Francia compite directamente con la Administración norteamericana en África y en Oriente Próximo donde es capaz de aplicar políticas militares preventivas o simplemente reactivas. Alemania define su orientación hacia el Este en una operación estratégica que, en muchos sentidos, tiene un sesgo neocolonial y extremadamente marcada por las tradicionales políticas que históricamente ha venido manteniendo. Otros estados menores de la UE, como el español en Latinoamérica, Magreb o Guinea Ecuatorial, mantienen también políticas imperialistas y neocoloniales con intereses propios en determinadas zonas del sur, de forma autónoma o subalterna de las potencias principales. La orientación de éstas políticas viene determinada por los intereses económicos del capital de estos países, y sus interrelaciones con el capital norteamericano, lo que genera importantes diferencias y contradicciones. El debate entre la "vieja" y "nueva" Europa tiene que ver mucho con esta realidad así como la intervención de EE.UU. en la misma. No es ajeno a esta estrategia política-militar la existencia de una potente industrial de armamento, que da grandes beneficios y que necesita una espiral de conflictos para vender sus mercancías. Detrás de esa estrategia militar de EEUU y Europa se esconde una vez más intereses comerciales, que provocan y alimentan conflictos localizados o guerras como en Yugoslavia, Afganistán o Irak. Los “daños colaterales” son la población civil, incluidos niños, lo cuál no les importa a los “demócratas”: Solana, Blair, Aznar, Bush, y al mismo Zapatero, que apoyan dicha industria y comparten esos mismos “dignos” objetivos

No es casual que el vínculo que mantienen la UE y EE.UU. sea precisamente la OTAN. Una organización refundada ya en sus objetivos estratégicos en 1999 y que definía como prioridades el rearme, la creación de fuerzas de intervención inmediata dispuestas a actuar en cualquier parte del globo y que ponía las bases para instaurar lo que después se llamó la guerra preventiva. El documento Solana (Estrategia de Seguridad Europea 2003), lejos de ser una alternativa a la política exterior norteamericana es el modo "europeo" (un discurso más blando, refinado y políticamente más correcto) de integrarse a la estrategia definida por el Pentágono y el Departamento de Estado.

Parece evidente que lo que efectivamente se está poniendo en marcha en Europa es un proceso de norteamericanización de la vida pública europea, es decir el cambio radical de un modelo social y político marcado por la lucha del movimiento obrero, la resistencia antifascista y las políticas de una izquierda crítica al capitalismo. Un capitalismo keynesiano cuyas recetas económicas y sociales que llevaron tras la guerra mundial al llamado Estado del Bienestar fueron aplicadas en Europa occidental, durante el periodo de “guerra fría” para frenar la que creyeron posible influencia de la URSS en la clase obrera occidental y sus organizaciones sindicales y políticas. La tendencia es al bipartidismo como forma de organización del dominio político. Como en parte ya ocurre en EE.UU., asistimos a la presencia de una nueva derecha, cada vez más autoritaria y neoliberal y de una socialdemocracia culturalmente débil, subalterna al neoliberalismo y cada vez más desconectada de la clase trabajadora. En definitiva, lo fundamental, es la tendencia a la homogeneidad de las fuerzas políticas mayoritarias en torno al neoliberalismo y a la exclusión de aquellas organizaciones que siguen teniendo un proyecto alternativo al capitalismo realmente existente. Asistimos también al desmantelamiento de la participación democrática, con la sustitución de las instituciones representativas, como los parlamentos, en las decisiones importantes, por órganos ejecutivos tecnocráticos. Existe una creciente desconexión entre las élites políticas y tecnocráticas europeas y la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas, a la vez que se acrecienta el poder y la influencia sobre éstos de los representantes del capital. Esta elitización de la política europea amenaza los fundamentos mismos de democracia representativa

El reconocimiento por Durao Barroso del estrepitoso fracaso de la estrategia de Lisboa (convertir a la UE, antes del 2010 en la economía del conocimiento más competitiva y dinámica del mundo) pone en evidencia la profunda incompatibilidad existente entre las políticas neoliberales, expresadas dogmáticamente en el Plan de Estabilidad, y el desarrollo de la Unión. La orientación no va a ser cuestionar las líneas básicas de unas políticas que se reconoce que han fracasado, sino aplicarlas con mayor energía y determinación. Es decir, profundizar en la desregulación, en la liberalización y en la subordinación de los derechos de los asalariados a los intereses supremos de las empresas oligopólicas que hoy controlan los mercados. Expresamente se ha reconocido las contradicciones existentes entre la competitividad y los derechos sociales y la preservación de los equilibrios ecológico-sociales de nuestros países.

Hay que destacar que la desregulación social en un mercado unificado tiende a fomentar la homogeneización a la baja de los derechos sociales, del mismo modo que la desregulación ambiental favorecería las prácticas menos respetuosas con el medio ambiente en aras del lucro a corto plazo del capital. Y tanto más cuanto que las manos libres al capital se acompañan con medidas coercitivas a los Estados para incapacitarlos para la protección de los derechos sociales y de los servicios públicos e incluso para una intervención activa en el sistema productivo, como hemos visto en el caso de los Astilleros Públicos de Izar.

Somos conscientes de que no son viables alternativas aislacionistas alzando barreras en las fronteras estatales. La realidad de la lucha de clases la sitúa en el ámbito de la Unión Europea, ya no específicamente en cada país y estado. Además el proceso de construcción política en ciernes concede al parlamento Europeo poderes decisorios crecientes, en donde la soberanía popular se expresa a través de la confrontación partidaria. De ahí la urgencia y necesidad de disponer de un instrumento de intervención política, el Partido de la Izquierda Europea que defienda los intereses de los trabajadores y las capas populares. Nuestra opción es luchar por un nuevo impulso democrático y social de la construcción europea que rompa con los corsés neoliberales que se pretenden amarrar con el Tratado Constitucional. Ello requiere un Parlamento con plena capacidad legislativa para avanzar en la homogeneización al alza de los derechos laborales y sociales, de la fiscalidad y de las normas medioambientales. Y todo ello desde el pleno respeto a la voluntad de los pueblos, tanto los europeos como los del resto del mundo: éste es el camino para reforzar Europa y su papel internacional como un factor de paz, no su conversión en una nueva potencia imperialista más o menos vinculada al imperialismo norteamericano.

En esta perspectiva debemos continuar combatiendo, en el marco de Izquierda Europea y del movimiento altermundialista, contra el proyecto neoliberal y militarista de Tratado Constitucional Europeo, subrayando que en el Estado Español el ocultamiento de sus contenidos, el silenciamiento de las posiciones contrarias y en última instancia la mayoritaria abstención en el Referéndum cuestionan la legitimidad democrática de su ratificación. En este contexto, impulsaremos la movilización social y la insumisión democrática de los poderes públicos contra sus contenidos antisociales y militaristas, defendiendo los servicios públicos, oponiéndonos a los gastos militares y propugnando la desvinculación de los compromisos con la OTAN, en el marco de la lucha por una verdadera Constitución Europea, resultado de una amplia participación democrática y que abra el camino para una Europa de los pueblos pacífica, democrática y social. Por ello resulta contradictorio que la CES y los sindicatos mayoritarios de nuestro país hayan dado su apoyo mayoritario a este Tratado Constitucional.

Si algo hemos podido aprender en la campaña del referéndum, tan dura y desigual, es que tenemos que superar una contradicción que ha marcado nuestro trabajo como izquierda y como comunistas: las cuestiones de la UE son cada vez más decisivas y sin embargo están fuera de la agenda real de nuestras prioridades políticas. Esta contradicción expresa un déficit político que tenemos que superar creando sujetos sociales, políticos y culturales capaces de afrontar una alternativa de izquierdas a esta Europa neoliberal que se está construyendo. En este sentido, los foros sociales en general y el Foro Social Europeo en particular hay que verlos como una tendencia de la realidad en el sentido de que se articulan y coordinan movimientos sociales con el objetivo de crear una esfera pública europea capaz de ser un marco de relación, de liberación y de acción alternativo a un modo de concebir y construir Europa profundamente antidemocrático, socialmente desigual y culturalmente conservador. Debemos trabajar por desarrollarlos buscando por un lado reforzar su coherencia política, propositiva y movilizadora, apoyando a sus componentes más consecuentemente anticapitalistas, y por otro desarrollar su implantación social en red y autoorganizada, con el funcionamiento horizontal y sin jerarquías que los ha venido caracterizando y posibilitando su carácter unitario y plural."

La constitución del Partido de la Izquierda Europea en mayo de 2004, del cual el PCE es partido fundador, expresa esta orientación de fondo que intenta superar déficits existentes en la propia izquierda europea y la necesidad de construir un referente político, un polo político alternativo capaz de disputar la hegemonía a las fuerzas neoliberales hoy dominantes y a una socialdemocracia cada vez más subalterna e incapaz de definir un proyecto autónomo. Izquierda Europea es un embrión del mismo que debemos esforzarnos por desarrollar y ampliar. En primer lugar, trabajando por la plena incorporación de las fuerzas políticas que actualmente están como observadoras, y su extensión a las demás fuerzas con las que compartimos grupo parlamentario europeo: el desarrollo de IE como referente político requiere que se presente como tal a las elecciones al Parlamento Europeo. Pero además deberemos trabajar por la convergencia con otras fuerzas de izquierdas con las que coincidimos frente al proyecto de Tratado Constitucional Europeo. Debemos señalar que, a diferencia de la coherencia por el No dentro de Izquierda Europea, en otros grupos europeos se han sostenido posiciones divergentes, que expresan diferencias políticas de fondo entre sus miembros, lo que justificaría un realineamiento de sus componentes de izquierdas en una formación en la que podamos convivir las izquierdas comunistas, alternativas, verdes, nacionalistas y otras respetando la identidad de cada una, como en nuestro caso mantenemos la identidad y el papel del PCE, junto a IU, dentro de Izquierda Europea. Propiciar una alianza de fondo entre movimientos y foros y las fuerzas de la izquierda alternativa en torno a la idea de que otra Europa es posible se convierte en una tarea cotidiana, directa y prioritaria de todas y cada una de las organizaciones que componemos este archipiélago alternativo que desesperadamente busca concretar una propuesta solvente al neoliberalismo y a sus políticas. Asimismo cualquier opción de alianzas que el PCE desarrolle en Europa, mediante su identidad propia o mediante IU, debe ir encaminada a fortalecer este polo alternativo organizado en el PIE y nunca, por activa o pasiva, a favorecer a otros grupos como a sucedido en las últimas elecciones europeas. El Partido de la Izquierda europea celebrará su primer Congreso en Atenas, en Octubre de 2005. Las mujeres del PIE, tenemos mucho que decir en él, con el objetivo de lograr que en el centro del debate congresual y de las alternativas que se planteen, esté incluida la cuestión de género, cómo se aborda y qué soluciones damos, en lo que se refiere a la igualdad en el terreno laboral, social, político y jurídico. Tenemos que combatir también el patriarcado desde este frente. Para ello, tenemos que conseguir poner en estos foros en tela de juicio los principios, valores y actitudes aprendidos e interiorizados desde la infancia, y a partir de ahí pasar a la acción, como camino para poner fin a la doble reproducción del sistema patriarcal. Así podremos ir rompiendo la implacable dinámica de refuerzo mutuo que se da entre las prácticas de la vida cotidiana y las macro estructuras económicas, políticas e ideológicas. En el nuevo marco de la ampliación de la Unión Europea, se hace el trabajo del Partido con los partidos afines de los nuevos estados miembros y de los que próximamente se incorporen para el coordinar luchas y actuaciones en línea de defensa de los intereses de una Europa social.

La alternativa que proponemos parte de la crítica al actual modelo neoliberal europeo y alumbra el modelo de sociedad al que aspiramos, encaminado hacia el socialismo democrático. En primer lugar afirma la imperiosa necesidad de situar la democracia por encima del mercado. En esa dirección proponemos el protagonismo de la intervención pública y el fin del Pacto de Estabilidad. Este protagonismo de la intervención pública ha de ser decidido en los parlamentos y gobiernos con mayoría de progreso, a través de la planificación democrática, regulando e incidiendo en el funcionamiento socioeconómico, en dos sentidos: la primacía de la inversión pública dinamizadora del conjunto de la economía, y la responsabilidad de la actuación pública para garantizar la satisfacción de las necesidades de los colectivos más necesitados por diferentes razones, tanto a través de los servicios públicos, universales y de calidad, como de las coberturas para los supuestos clásicos, desde las pensiones públicas, hasta los subsidios de desempleo.Las mujeres del PIE, junto al movimiento feminista, y a partir de la defensa de los derechos humanos, debemos exigir en el marco de la Europa que queremos, una protección social fuerte en manos del Estado y dinero público para el bienestar individual y colectivo, financiado con fondos públicos, una política económica que rompa con el orden patriarcal del poder, el derecho sobre nuestros cuerpos y una política de seguridad que parta de la seguridad humana y de la resolución pacífica de los conflictos, contrario al complejo militar cada vez más influyente. Un segundo aspecto del modelo alternativo va dirigido a la necesidad de que las plusvalías tengan una responsabilidad en la construcción del nuevo Estado del Bienestar, para ello la fiscalidad general europea es imprescindible, con recargos a la deslocalización del capital. Un elemento esencial es poner freno a la deslocalización de empresas que unas veces es real y otras se usa como chantaje a los trabajadores para que acepten la reducción de sus derechos. La exigencia de igualar las condiciones laborales en Europa y las exigencias de devolución de Ayudas Públicas a las empresas, pueden ser algunos de los frenos para impedirlo. Un tercer componente remite a la esencia del actual modelo neoliberal, la competitividad y la desarticulación de la clase trabajadora. Para ello es imprescindible el fortalecimiento y la defensa de los derechos de los trabajadores, con empleo estable y remuneración digna, reducción de la jornada de trabajo, eliminación de la discriminación de todo tipo, ya de género o por procedencia, con el establecimiento de salarios mínimos europeos de referencia para terminar con el dumping social, así como impulsando la negociación colectiva europea. Es básico conseguir un desarrollo armonizado de las políticas fiscales europeas, que grave el movimiento especulativo del capital. En este sentido, debe profundizarse y mejorarse la propuesta de la denominada “Tasa Tobin”. No es posible tampoco la defensa de los intereses de los trabajadores si no se frenan los insistentes intentos de desregulación del sector servicios; la izquierda europea debe articular un amplio movimiento que explique a los ciudadanos sus consecuencias y los movilice frente a los cambios normativos propuestos en la Directiva Bolkestein o cualquier otra que se intente acordar en esta dirección. En la dirección de recuperar protagonismo el trabajo frente al capital es también necesario establecer los mecanismos para que la democracia penetre en los recintos de trabajo y se participe en las decisiones vitales para el conjunto de la actividad laboral y en las que tienen como objetivo decidir los fines de la plusvalía. El cuarto aspecto se refiere a la imposibilidad de continuar con el modelo de despilfarro y destrucción de la naturaleza que esquilma todos los recursos. El establecimiento de un modelo de desarrollo sostenible respetuoso con la naturaleza impone toda una nueva forma de participar en la sociedad, que no sea a través del consumismo desaforado, sino con las pautas de responsabilidad, austeridad y solidaridad. El quinto componente del modelo alternativo hace referencia al papel que deben desempeñar la ciencia y la tecnología. De estar comprometidas exclusivamente con el incremento de la productividad de la hora trabajada, como está ahora, ha de incidir, según nuestra visión del mundo, en la mejora de las condiciones de vida de toda la población, a la vez que actúe sobre los aspectos tecnológicos de la producción de mercancías. Un sexto componente se refiere al establecimiento de una PAC solidaria y coherente, no renacionalizada, respetuosa con la naturaleza y que se proponga conseguir la soberanía alimentaria basada en un modelo de agricultura con agricultores.

En nuestra propuesta desempeña un papel importante el protagonismo responsable y negociado de las corporaciones locales y regionales, así como de las instituciones públicas con la implantación del modelo alternativo. Por otro lado, dentro de la actuación del PCE en el ámbito europeo también se ha de añadir a partir de ahora una línea de trabajo de búsqueda de la coordinación entre el mayor número posible de partidos comunistas europeos de cara a ir consolidando la unidad de los comunistas europeos. En fin hay que defender una UE de la integración de todos sus ciudadanos independientemente de su origen, situación personal o social. Una Europa en los emigrantes sean tratado como personas con todos sus derechos. Una Europa en la que los valores humanos a defender sean los universales, de la solidaridad y cooperación, de la convivencia, con su expresión cultural y ética diferenciada de la del individualismo, competitividad y agresividad que promueve la norteamericana. Una Europa defensora de la paz, de los derechos humanos, de la cooperación entre los pueblos, de la legalidad internacional.

Pero esto no debe quedar solo ahí, sino que debemos seguir configurando una Internacional Alternativa a nivel mundial, dentro de la cual debe conformarse un frente comunista y revolucionario, donde tengan cabida los Partidos Comunistas con experiencia de gobierno y que posibilite la lucha internacional, planteando alternativas reales al neoliberalismo y no la alternancia sumisa que plantea la Internacional Socialista.

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