XVII Congreso PCE - 24, 25 y 26 de Junio de 2005
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Tesis Políticas - XVII Congreso PCE


1. Comunismo: Una pasión razonada y organizada

Partido Comunista de España / 24, 25 y 26 de Junio de 2005

Documento definitivo

Cuando Marx y Engels hablaban de que un fantasma recorría Europa, estaban definiendo un aspecto de la realidad y haciendo un pronóstico de futuro. Constataban la emergencia, embrionaria, de un sujeto político-social y lo proyectaban como una tendencia histórica que iba a marcar el devenir de las clases trabajadoras y fundamentar racionalmente la transformación socialista de la sociedad. Este movimiento, en muchos sentidos, ha cambiado el mundo.

Todo esto es lo que el sistema capitalista pretende enterrar ahora con su globalización neoliberal.

Lo que se ha venido denominando neoliberalismo, estrechamente unido a la globalización capitalista, expresa una reacción general de las clases dominantes contra el impulso de un movimiento emancipatorio que ha criticado, en la teoría y en la práctica, al modo de producir y vivir del capitalismo y que ha situado la perspectiva de su superación en la realidad de las luchas cotidianas en casi todas las partes del planeta tierra. Es más, la restauración imperial que hoy dirigen los EE.UU. como sede hegemónica del capital, hay que verla política, cultural y militarmente como una contrarrevolución preventiva: impedir que puedan reconstruirse alternativas democrático-revolucionarias que cuestionen sustancialmente la realidad de un sistema explotador, esquilmador de los recursos no renovables del planeta y culturalmente alienador de las potencialidades del ser humano.

Las clases trabajadoras, como subjetividad organizada, cambiaron profundamente los contextos histórico-sociales en los que tuvieron que desarrollarse y protagonizaron luchas sociales en condiciones dificilísimas, ante la reacción de unas clases dominantes que negaban derechos sociales, libertades políticas y que recurrieron a la represión, cuando no a la guerra civil, para impedir que se garantizasen unas condiciones de vida básicas, que generasen nuevas posibilidades en una larga marcha hacia un mundo liberado de la explotación y del dominio. Lo primero que cambió fue la política en sentido estricto: de instrumento para gobernar y configurar las políticas estatales apareció la política como instrumento para la transformación social, para la puesta en práctica de un conjunto de mecanismos sociales y culturales que convirtieran a las poblaciones en los auténticos protagonistas de la vida pública. Lo fundamental, la gran aportación del movimiento obrero primera en Europa y después diversas zonas del globo fue ésta: convertir a las masas, a los hombres y mujeres comunes, en protagonistas de la historia, de objetos a sujetos que, de modo permanente y organizado, intervenían en la política.

El otro cambio fundamental se dio en la concepción misma de la democracia, mejor dicho, de los procesos de democratización económico-sociales. La conexión Robespierre – Marx, sirvió para engarzar en el movimiento real de la historia el autogobierno de los ciudadanos y las ciudadanas con la transformación social, una democratización material que cambiaba la política y que situaba la crítica al capitalismo y a sus mecanismos de dominación en el centro del debate social y cultural. Ahora como antes, la cuestión decisiva sigue siendo la incompatibilidad profunda entre capitalismo y democratización política y social. La clase trabajadora fue capaz de crear y organizar instituciones que hicieron posible esta presencia permanente de los de abajo en la política. El partido de masas, el sindicalismo de clase, unidos a un conjunto amplio de asociaciones y espacios de relación social configuraron una trama cultural y una economía moral que posibilitaron esta presencia y que crearon las condiciones para transformaciones sociales que hoy están siendo radicalmente cuestionadas.

El comunismo apareció como movimiento real que partía de las contradicciones sociales y como opción política. Una y otra han estado siempre profundamente relacionadas. Un sujeto político-social que se construía y que se organizaba en y para la sociedad y que necesitaba de fundamentos ideales y morales que hiciesen posible que las transformaciones fuesen algo más que mera ilusión o que simples sueños que anticipaban un futuro desde un presente marcado por la opresión y la pobreza. Se trataba de unir impulso moral, memoria histórica y rebeldía social con otra racionalidad, con otras bases teóricas y políticas unidas en la idea de que el capitalismo era una etapa más de la prehistoria de la humanidad y que era necesario, si no queríamos que la barbarie presidiera nuestro futuro, superar en un sentido socialista.

El socialismo, el comunismo y, en su momento, el anarquismo, con sus diferentes variantes ideológicas y expresiones históricas, han sido la expresión ideológica de la lucha de la clase obrera por su emancipación de las condiciones de explotación y opresión por el capital en los últimos dos siglos, lucha compartida con las demás clases subalternas y los pueblos oprimidos y explotados por el imperialismo. La lucha del movimiento obrero, en sus diferentes expresiones históricas, muchas veces contradictorias, ha sido el motor del progreso social y político de la historia durante toda esta época, frente a la resistencia frontal, muchas veces criminal, de las clases dominantes, que nunca cedieron ninguno de sus privilegios voluntariamente.

La necesidad de la acción política llevó a la aparición del movimiento socialista con la segunda internacional, bajo la inspiración del marxismo, rompiendo con las tradiciones anarquistas, libertarias y sindicalistas de la primera internacional. El movimiento comunista surge del impulso de la Revolución Rusa de Octubre de 1917, como expresión organizada y vanguardia del movimiento obrero socialista, hundiendo sus raíces en el rechazo de la política reformista de transformación gradual del capitalismo que había llevado al colapso de la segunda internacional al apoyar sus direcciones nacionales la guerra imperialista de 1914. El comunismo apuesta decididamente por la construcción revolucionaria del socialismo como alternativa radical al modo de producción y de relaciones capitalistas, esfuerzo que con todos los errores y fracasos que se quieran, han marcado de forma decisiva la historia y las sociedades del siglo XX. La reconstrucción de la socialdemocracia tras la experiencia sangrienta y traumática del fascismo y la segunda guerra mundial restauró la ilusión de la posibilidad de una transición gradual y sin resistencia desde el capitalismo a una suerte de sistema de bienestar general, ilusión destruida por la contrarrevolución neoliberal iniciada en los años setenta del pasado siglo y recrudecida tras el colapso de los intentos de construcción de sistemas alternativos de inspiración socialista, colapso que ha arrastrado también a buena parte de las experiencias revolucionarias de liberación nacional de los pueblos y naciones explotadas y oprimidas por el imperialismo y que se desarrollaron durante la misma época.

El inicio del presente siglo viene marcado por la crisis de las diferentes expresiones del movimiento obrero en particular y de los movimientos de emancipación en general, crisis que demos resolver desde la crítica de nuestros errores y fracasos, pero también de nuestros aciertos, que no son pocos, a la luz de nuestra experiencia histórica y nuestro amplísimo bagaje ideológico: no se trata de hacer “tabla rasa” de nuestro pasado, ni de refugiarse en él en busca de seguridades identitarias, sino de asumirlo y utilizarlo para el futuro.

Ciertamente, no podemos ni debemos hacer cantos del pasado ni eludir el hecho fundamental de que este movimiento ha sufrido una derrota de grandes proporciones y de que muchas de las realidades de las que partíamos han cambiado sustancialmente y, en muchos sentidos, a peor. Un comunismo marxista que pretenda organizar el futuro debe, de un lado, ser capaz de analizar con ojos limpios la realidad tal y como es, desde el punto de vista de las clases explotadas y, de otro, partiendo de las contradicciones de la realidad, fundamentar social y políticamente una estrategia alternativa. Todo ello, desde un balance materialista de la experiencia de nuestro movimiento y, específicamente, desde la crítica a los diversos intentos históricos de construcción de sociedades de base no capitalista. Críticas en donde hay que precisar las causas fundamentales del colapso en lo que se dio en llamar el socialismo real, o sea, la grave deformación burocrático-estatalista que se produjo en Rusia al poco de la muerte de Lenin y que, en su desarrollo y su posterior traslación también al bloque de países bajo su influencia, acabo arruinando la primera gran experiencia de construcción de unas sociedades alternativas al capitalismo. Y es muy importante señalarlo en su concreción y su exposición pedagógica, por cuanto, si bien objetivamente puede decirse, sin faltar a la verdad, que no fueron ni el socialismo ni el marxismo los que fracasaron, sino precisamente su ausencia o tergiversación, hay que tener muy presente que en las conciencias menos preparadas de amplios sectores populares, extensa e interesadamente impulsadas por el poder mediático, hoy ha calado la idea de la aceptación fatalista y acrítica del sistema capitalista.

La contradicción fundamental sigue siendo la contradicción Capital-Trabajo; contradicción que se ve agravada por la emigración hacia países desarrollados de gentes que buscan un mejor medio de vida. Esta emigración amplia el ejército de reserva y permite un aumento de la explotación de los trabajadores de toda clase, sexo y condición.

Y también como parte muy importante las tareas en las que la igualdad de roles sociales y vitales de las mujeres y los hombres representa una parte relevante. Por un lado porque las contradicciones de genero que informa las relaciones entre hombres y mujeres, ofrecen claves fundamentales para entender los problemas del mundo contemporáneo y el terreno para verificar hasta donde se quiere o no se quiere llegar en el camino de la ampliación de la democracia y la justicia social y la construcción del socialismo. Por otro, un proyecto que piense, elabore y actúe en clave de transformación de la sociedad, tiene que afrontar necesariamente el debate sobre la relación bastante estrecha entre capitalismo y patriarcado que hoy se expresa de formas nueva, y deben analizarse a la luz de la trasformaciones ocurridas en el mundo impulsados por las propias mujeres. En ese camino hacer de la historia del movimiento de mujeres, de su reflexión teórica, su experiencias de lucha y conquista de la libertad, referente que motiven a las nuevas generaciones y un recurso indispensable de nuestros análisis y nuestra practica política.

Lo que queremos expresar es un convencimiento racionalmente fundamentado: las viejas y nuevas contradicciones, en esta fase de dominio del capitalismo imperialista hacen hoy históricamente urgente la superación de un modo de producir, consumir y vivir cimentado sobre el trabajo invisible de las mujeres incompatible con las necesidades de las personas, la perpetuación de la naturaleza y el futuro de la especie humana en el planeta. La barbarie hace tiempo que ha comenzado y tenemos que situar la cuestión del socialismo, de nuevo, en el imaginario colectivo y, sobre todo, en la política real de los hombres y mujeres que creemos que otro mundo es posible y que esto, como siempre, depende de nosotros y de nosotras. La crisis ecológico-social del planeta plantea un problema inmediato: si no somos capaces de construir el socialismo, el futuro de la especie y de la vida en el conjunto del planeta se encontrará ante catástrofes de grandes dimensiones que hoy ya se comienzan a evidenciar.

Organizar la alternativa, no claudicar ni rendirse y ser capaces de construir un bloque político-social en torno a los valores de libertad, igualdad y justicia. Unir fraternidad y emancipación.

Debemos definir una nueva forma de plantear nuestras alternativas, ya que aunque la situación laboral haya empeorado en los últimos años la mayoría de la población no quiere admitir su pertenencia a la clase obrera y mucho menos movilizarse por problemas que “no son propios” o para cambiar una situación para la que “no hay alternativa”.

EL PCE. QUÉ PARTIDO PARA ESTA NUEVA ETAPA

El PCE en su XI congreso, al abrir un nuevo camino de renovación y autocrítica, puso de manifiesto la necesidad de recomposición del conjunto de la izquierda, sobre la base de articular una alternativa, necesariamente unitaria, donde el PCE se reconocía como pieza imprescindible y a la vez insuficiente para construir en si mismo su referente exclusivo.

El XI Congreso del PCE formuló la política estratégica de convergencia política y social de la izquierda que condujo a la formación de Izquierda Unida, en cuyo marco el PCE emprendió, a partir del XIII Congreso, un proceso de redefinición de sus funciones que ahora debemos completar. El mismo XIII Congreso desarrolló la estrategia democrática, anticapitalista y antiautoritaria del PCE, por la República Federal, el Socialismo y el Comunismo, en el "Manifiesto del PCE para la izquierda", sintetizado y actualizado en el XIV Congreso y ratificado en el XVI.

El PCE basa su análisis y práctica política en el marxismo revolucionario en cuanto teoría que pone al descubierto la estructura del capitalismo y sus efectos perversos sobre la sociedad y al mismo tiempo la capacidad de transformarlo, siempre que se sea capaz de contrastar permanentemente la teoría con al realidad, de ajustar la acción política al movimiento real.

Hoy es más evidente que nunca, o es evidente de otra forma, la naturaleza destructora del capitalismo, su división clasista y sexista de la sociedad, la expansión ilimitada del capital sin controles democráticos, el carácter clasista del Estado, la mercantilización de todas las formas de producción material y espiritual, la alienación moral y política, que produce en todas las expresiones de relación entre las personas a través de la producción, el consumo y los medios de comunicación de masas. El capitalismo continúa persiguiendo el mismo fin porque en ello le va la vida: enajenar las conciencias, desmovilizarlas e impedir que se organicen para así impedir la acción de construir una alternativa social al mismo. Por eso el comunismo, y el marxismo, son declarados enemigo público número uno del capitalismo, incluso después del derrumbe de la URSS. Siempre lo ha sido, pero aún hoy temen, que como contestación a la depredación y barbarie que el capitalismo imperialista pretende imponer en el mundo actual, resurja con fuerza y junto a otros movimientos transformadores, se vuelva a poner en el orden del día la necesidad de transformar el sistema económico y social en el que imponen su dominio y del que obtienen sus beneficios.

La unidad indisoluble entre teoría y práctica, que se resume en el marxismo, continúa siendo para el partido un proyecto real de transformación del mundo, a partir del conocimiento, la crítica, la autocrítica y la unidad de acción.

El PCE tiene todas las competencias propias de un partido, y además debe ejercerlas, menos la electoral y la expresión pública institucional cotidiana, por decisión propia. Debemos ser conscientes de que esto es una contradicción objetiva importante ya que es en la expresión institucional cotidiana y en los procesos electorales donde se desarrollan los acuerdos políticos que una organización toma en cada momento y se contrasta la justeza de éstos, las dificultades para hacerlos avanzar o su sentido erróneo.

El no contraste institucional regular es una dificultad objetiva para conocer el acierto o el desacierto político, pero es una dificultad que aceptamos para proyectar la política del PCE en un movimiento político social que pretende ser un marco de unidad y convergencia y referente político para la izquierda, comunista y no comunista, pero que defiende asimismo cambios sociales de fondo y alternativas al sistema. No obstante son muchos los camaradas que a través de IU están en las instituciones desde el ámbito local al estatal con lo que el Partido tiene una vía para contrastar la idoneidad de sus propuestas.

En consecuencia la contradicción objetiva señalada no debe ser una contradicción negativa, capaz de dificultar la relación y un funcionamiento complementario y creativo entre PCE e IU, sino todo lo contrario. El problema de fondo aparece, o se agrava, cuando IU se va separando progresivamente de su proyecto inicial como formación política que actúa como un movimiento político y social, capaz de superar limitaciones participativas que pueden existir en un partido con una ideología marxista.

En el último periodo IU no ha tenido en la práctica un discurso político adecuado a la nueva situación, desde propuestas de cambiar su propia naturaleza, hasta su perdida de influencia electoral y social. Perdiendo incidencia de forma significativa en los movimientos alternativos, en el movimiento obrero y en el sector de la intelectualidad y la cultura que están de acuerdo con las tesis de cambio que defendemos. Falta de incidencia a la que el PCE no es ajeno y a la que hemos contribuido en la cuota que nos corresponda.

En la pasada Asamblea Extraordinaria se consolidó la naturaleza del proyecto de IU, tal como lo concebimos, y se ha avanzado hacia posiciones más acodes con el proyecto inicial, manteniéndose en la práctica inconcreciones e incoherencias que deben ser corregidas en el futuro inmediato, en beneficio del papel político de IU en la sociedad y en consonancia con el fortalecimiento del PCE, que tiene en IU su proyecto estratégico unitario, defendido históricamente en la teoría y en la práctica. En este sentido el PCE debe situar en la primera línea de nuestro trabajo, la recuperación y el relanzamiento de IU.

El proyecto teórico inicial de IU es el correcto aunque en los últimos años se haya desvirtuado y se vaya convirtiendo en un pequeño partido de corte clásico, con ribete verbales radicales y sin una concreción política y organizativa sólida. No es ni movimiento político social ni un buen partido. Y, aunque en la pasada Asamblea Extraordinaria hayan avanzado, al menos en teoría, posiciones más acordes con el proyecto inicial, no se ha enderezado el rumbo, manteniéndose en la práctica un inconcreción y una incoherencia que deben corregirse en el futuro inmediato discutiendose por las bases, en beneficio del papel político de IU en la sociedad y en consonancia con el fortalecimiento del PCE, que tiene en IU su proyecto unitario, defendido históricamente en la teoría y en la práctica. Sólo la acción unificada del partido podrá llevar a IU a su definición en el proyecto original. Para que IU recupere ese carácter el PCE debe actuaren el seno de IU con una sola voz y una sola posición. Ese es uno de nuestros retos inmediatos.

El PCE tiene pues, todas las competencias de un partido político, salvo las referentes a las elecciones y expresión pública institucional cotidiana. El PCE se propone trabajar en el próximo periodo en los siguientes objetivos: a) Impulsar y fortalecer Izquierda Unida; b) La participación organizada de los comunistas con su política en el movimiento obrero y en los movimientos sociales, aportando sus propuestas y experiencias a estos y teniendo en cuenta las que emanen de su propia reflexión y practica social; c) La formación ideológica, en la que el análisis y el conocimiento de los procesos históricos tenga proyección en el trabajo actual y en la perspectiva futura d) Avanzar en el desarrollo de un partido en el que la mujer, de forma natural, asuma los mismos espacios de responsabilidad que los hombres.

Si a todo ello añadimos que una de las tareas, siempre urgentes y nunca realizadas medianamente bien, es avanzar en el desarrollo de un partido en el que la mujer, las camaradas, tengan, de forma natural, un papel cada vez más destacado en la asunción de responsabilidades y tareas, tendremos una visión completa de las principales decisiones que debe tomar el Congreso.

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