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DOCUMENTOS APROBADOS EN EL
XVI CONGRESO DEL
PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA
Madrid 1, 2 y 3 de marzo de 2002
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8. Mujer
LA CUESTIÓN DE GÉNERO
La política globalizadora de la economía, se
ha implantado de manera consistente con el beneplácito de los gobiernos
y de las multinacionales, acentuando todas las desigualdades, incluidas
las ligadas al sexo. La macroeconomía arrasa mundialmente a base
de conciertos internacionales que dejan al margen la opinión libre
de las personas y de los grupos sociales.
Por otro lado, la globalización ha generado
a nivel individual, el espejismo de poder alcanzar metas de bienestar,
antes impensables. La economía de subsistencia ha resurgido ante
la crisis estructural del sistema globalizador, neoliberal y capitalista.
En este contexto, la discriminación de género, existe de manera
más o menos formal y directa, en todos los lugares del mundo. Tal
discriminación se extiende desde la más cruenta exclusión social
hasta la violencia sistemática y se traduce en un desigual reparto
de recursos, ya de por sí acumulados en pocas manos. Constatamos
que el paro femenino sigue siendo muy superior al masculino y sin
autonomía económica es difícil plantearse otras metas.
La discriminación de género en nuestra cultura
occidental, se ampara en que todo Gobierno planifica la economía,
la cultura, la educación, el trabajo...sin distingos, sin diferencias
formales, lo que trae consigo una apariencia igualitaria entre hombres
y mujeres.
La discriminación de género se asienta en el
modelo tradicional de familia, que conlleva una determinación apriorística
de roles y de opción sexual.
Las partes que componen esta institución, tienen
repartidas las tareas en relación a su sexo, edad y poder económico.
Las diferentes obligaciones, tareas y actividades impuestas socialmente,
configuran un núcleo ejemplarizador mantenido por el patriarcado.
Hoy sigue siendo imprescindible educar en los valores de la igualdad
a niños y niñas, para que posteriormente hombres y mujeres puedan
repartirse tareas en plano de igualdad.
LA IRRUPCIÓN DEL FEMINISMO EN LA POLÍTICA
El feminismo surge como método de creación de
conciencia. Sus primeros pasos alertan de que no todas las personas
son iguales, de que la base argumental en que se sostiene esta diferenciación
discriminatoria no tiene un fundamento antropológico y filosófico
que lo justifique en el tiempo.
Las mujeres en el inicio del feminismo, formaron
grupos de presión que en su origen surgen por la conciencia de la
situación social y laboral; esta conciencia les condujo a conclusiones
sobre una existencia opresiva que se hacía intolerable.
Poco a poco el feminismo va descubriendo que
el sexismo está omnipresente en todas las facetas de la vida, de
tal manera, que es difícil distinguirlo. Las cualidades "femeninas"
no son más que el deseo y la exigencia de un rol asignado. Este
moldeado de feminidad modélica es más una forma de crear verdades
axiológicas, puras invenciones patriarcales, generadas por el interés
político en dominar a las mujeres.
En este estadio, grupos políticos, sindicales
e intelectuales mixtos hacen suya la lucha de las mujeres, la argumentan
y la defienden, pero con la objeción de que el sexo no es el punto
de partida de la discriminación, sino la clase social. Desde este
punto de vista, la burguesía y el capitalismo al ser exterminados
y anulados como formas de gobierno y de imposición económica, conduciría
a que todos los seres, hombres y mujeres, podrían gozar de la igualdad
que conllevaría la abolición de las clases.
Pero la experiencia posterior y los datos objetivos
documentan las dificultades y desigualdades que se dan también entre
las mujeres en el seno de las clases pudientes. Estas mujeres también
están oprimidas y cosificadas, pero ello no obvia la tiranía que
estas mujeres puedan ejercer sobre otras o sobre otros hombres según
su estatus social de influencia y poder.
Igual que el marxismo, el feminismo es una forma
de percibir las condiciones sociales a través del contraste de la
realidad con las ideas. De esta manera ambas filosofías y proposiciones
políticas se reconocen y relacionan exigiendo la equivalencia social.
No es posible, partir de que se conoce la realidad sin pretender
que sea distinta: también para las mujeres.
De aquí que desde el feminismo la clave se haya
puesto en la discriminación por razón de género, ya que las mujeres
están sometidas por la supremacía masculina, independientemente
de su posición social.
El futuro para el marxismo debe ser una realidad
cierta y aprehensible para que nuestro modelo implique una auténtica
transformación: desafiar las actuales relaciones de poder entre
ambos géneros es tarea de nuestro partido. Sólo si el PCE e IU incorporan
totalmente la variable de género en sus propuestas, políticas y
programas y fundamentalmente en sus prácticas, ofreceremos una alternativa
roja, verde y VIOLETA, a las mujeres y los hombres del estado español.
PODER POLÍTICO
Una de las piedras angulares del concepto materialista
de la historia es, como dijo el propio Marx, la asunción de que
"no es la conciencia de los hombres la que determina su existencia,
sino su existencia social la que determina su conciencia", de ahí
que el desarrollo histórico del patriarcado, nos haya conducido
a hombres y mujeres a percibir el mundo y su entorno de manera diferente.
Aún siendo ideológicamente concurrentes, pueden surgirnos contradicciones
en la idea global de transformación.
Conviene empezar diciendo esto, porque cuando
exigimos desde los ámbitos políticos en que nos desenvolvemos, mayor
participación, la respuesta común es la de que el propio inconveniente
radica en el interno de las mujeres y que la realidad ya no se opone
a nuestras aspiraciones.
Pero ello no es así, los métodos y análisis
empleados internamente para componer, organizar y decidir interna
y externamente los partidos y sindicatos, tienen en común obviar
las condiciones objetivas en que nos encontramos las mujeres.
Las cuotas obligatorias, que en un principio
sirvieron para alarmar sobre el grado ínfimo de participación, han
tenido resultados contradictorios. No obstante, sigue existiendo
la necesidad de seguir manteniendo las cuotas por razón de género,
como forma de mantener un mínimo de sensibilidad en esta exigencia.
La igualdad de derechos descansa en una reclamación
de similitud, y cuando nos relacionamos creando diferencias, creamos
a la vez jerarquías que colocan a las personas y a los grupos en
niveles diferentes.No podemos seguir defendiendo hipócritamente
equivalencias que no existen, debemos esforzarnos en alcanzar las
condiciones necesarias, para que la participación de las mujeres
sea una opción personal y no una batalla por el reconocimiento.
No debemos acabar este apartado, para no llamar
a equívocos, sin decir que aunque nuestra sociedad está dominada
por los hombres en todos los terrenos, ello no significa que las
mujeres no tengamos ninguna influencia: de lo que carecemos es de
autoridad, entendida ésta como el reconocimiento manifiesto, esto
es, poder legítimo.
PRODUCCIÓN Y REPRODUCCIÓN
La Historia se ha escrito en base a la definición
de la actividad económica, entendida como actividad productiva o
servicio. Por lo general, los economistas utilizan la definición
"mano de obra" para designar solamente a aquellas actividades que
producen un valor añadido (beneficio del mercado); como consecuencia,
la mano de obra o el trabajo que no produce beneficios no es considerado
como producción.
Así es como el sistema económico construye la
realidad, excluyendo el volumen de trabajo femenino, en todas sus
formas. Este presupuesto conlleva la afirmación categórica de que
las mujeres son empujadas hacia el empobrecimiento. Una exclusión
que proviene del convencimiento patriarcal de que las mujeres somos
seres para otros, como un deber designado por nuestra propia naturaleza
biológica, que ni puede ni debe ser tenido en cuenta. El trabajo
de las mujeres sólo es apreciado por ser indispensables para que
otros se desarrollen y vivan.
Las relaciones familiares, nos sitúan no sólo
como seres dependientes, en la que los demás ocupan el centro de
nuestras vidas (afectos, pensamientos, actividades...), sino que
además lo ocupan con superioridad, ya que ejercen sobre nosotras
unas formas de dominio y de control que va configurando nuestra
propia identidad.
Es por ello que cuando nos incorporamos al trabajo
remunerado, se nos plantean unos conflictos vitales marcados internamente
por grandes contradicciones (¿qué hago con mis hijos?, ¿cómo trato
a mi marido?...).
Este sentimiento devastador nos lleva a una
situación agotadora para nuestro propio yo: doblamos el tiempo de
trabajo, nos cargamos de culpabilidad, nadie nos reconoce si no
es en exclusividad... Cuando las mujeres trabajamos fuera, seguimos
siendo esposas, madres, hijas, hermanas, compañeras...
Ya para Marx, la participación de todos los
miembros de la familia en el trabajo de la fábrica significó el
deterioro de la mujer y ello le llevó a preguntarse qué iba a ocurrir
con el sostenimiento de la casa. El perjuicio que el capitalismo
proporciona a los trabajadores no se ha medido jamás por la distorsión
que éste supone en su vida familiar, aunque es de agradecer a Lenin
sus afirmaciones: "a pesar de las leyes liberadoras ...la mujer
sigue siendo esclava doméstica, porque el trabajo de la casa la
aplasta, la ahoga, la anula y la degrada, la encadena a la cocina
y a los niños y desperdicia su trabajo en tareas monótonas..."
La separación entre el hogar y el trabajo se
define por una separación entre la esfera dominada por los hombres
y la dominada por las mujeres, y el poder social para las mujeres
no se calcula en relación con la producción, sino con el sexo.
Para acallar esta situación nada mejor que considerar
al hogar como un ámbito de privacidad en el que no debe entrar ningún
elemento externo y ajeno al mismo. Privatizando el hogar se privatiza
la opresión de las mujeres y convierte la situación en un problema
de relaciones interpersonales.
La mayor parte de las mujeres vivimos, por tanto,
en la invisibilidad más completa haciéndonos creer que ser "reina
de la casa" es una situación deseable y deseada, aunque cabría preguntarse
por qué tan pocos hombres se dedican a ello.
Cabría plantearse, pues, dos cuestiones de trascendental
importancia: primera, que trabajar fuera del ámbito doméstico debe
significar para las mujeres un hecho dignificador si comporta autonomía
personal, extendida ésta a todos los aspectos vitales y no sólo
económicos, y, segunda, que todos los aspectos derivados de la reproducción
(crianza, educación, trabajo doméstico) deben ser debatidos políticamente
para alcanzar el consenso social del reparto equitativo.
VIOLENCIA
La violencia contra las mujeres se presenta
cotidianamente, aunque sólo en algunos casos la califiquemos como
tal (violencia doméstica). Esto ocurre porque la violencia estructural
en nuestro sistema está en muchos casos legitimada desde el poder
político y las concepciones sociales. En los sistemas democráticos
está prohibido hablar de esta violencia, porque niega la igualdad
y la libertad que proclaman. Parte de la violencia se invisibiliza
o se hace imperceptible cuando adquiere características de normalidad.
La estrategia patriarcal consiste en dominar y perpetuarse creando
y fomentando desigualdades que violentan y oprimen. La violencia
estructural no está ligada sólo a los bienes materiales o al cuerpo,
sino al propio ser.
Así nos encontramos con una estructura social
que ejerce violencia sobre aquellas mujeres:
- que son cabezas de familia monoparentales al no recibir la ayuda
necesaria por parte de las entidades correspondientes.
- que no responden a su asignación de papeles, considerados deseables
y adecuados. Aquí se encuentran las mujeres que se apartan de los
patrones establecidos y que pretenden, sin permiso superior, llevar
a cabo una vida amparada en otros valores. En este caso, la sociedad
en general, y los hombres en particular, nos clasificarán y nos
excluirán de los ámbitos de decisión, y pelearán para convencernos
que no entendemos el contenido de la feminidad.
- que no se pliegan a los deseos androcéntricos de fidelidad y sumisión,
y pretenden desarrollarse autónoma e individualmente.
- que expresan su posición reivindicativa radicando el origen de
la opresión en el sexismo y en el androcentrismo.
- que luchan por la igualdad abiertamente, equiparándose por sí
mismas con las cuotas máximas de dignidad y bienestar alcanzables.
- que se oponen a los estereotipos establecidos, bien por su opción
sexual, bien por sus aspiraciones profesionales, bien por no pretender
dependencia afectiva alguna.
- que intentan tener su propia historia, reivindicando desde su
propio ámbito, lo aprendido, lo transmitido, lo enseñado, por otras
mujeres.
La violencia incide en la propia seguridad física
de las mujeres, limitando su movilidad y la ocupación de espacios
por miedo a ser atacadas, violadas, agredidas. Se ejerce violencia
cuando se considera a las mujeres como seres para la reproducción,
como cuerpos para ser enseñados, cuando no se informa de las aportaciones
de las mujeres a la realidad social. Se ejerce violencia cuando
a las mujeres se nos excluye de la política, de la economía y de
la cultura. Cuando nos dan un salario inadecuado a nuestras funciones,
cuando se nos exige un determinado físico para trabajar, se nos
expone en los medios de comunicación para anuncios sexistas y concursos
de belleza...
Hay violencia cuando se nos pega, maltrata,
castiga; cuando se nos expropia, empobrece; cuando se nos secuestra,
prostituye, vende; cuando se nos obliga sexualmente, se nos practica
la ablación, se nos mutila, se nos recluye...
La ruptura planteada por el feminismo entre
lo público y lo privado, entre lo formal y lo real, con el cuestionamiento
del orden establecido, y con la crítica a toda clase de dominación,
persigue unas mayores garantías para las mujeres, que deben traducirse
en la participación activa en todos los ámbitos de influencia y
poder, para con la denuncia y la puesta en práctica de medidas resocializadoras
en la igualdad, se dé por zanjada esta lacra.
¿DE QUÉ FEMINISMO HABLAMOS?: ALTERNATIVAS FEMINISTAS
A NUESTRA POLÍTICA.
Para cambiar este orden patriarcal, brevemente
descrito, se requieren medidas estructurales de tipo económico,
social, educativo, cultural, político y jurídico, dirigidas a desarrollar
la democracia desde una perspectiva de género.
Hay que innovar los valores e interpretaciones
para comprender el mundo, así como las actitudes y formas de comportamiento.
Hay que impregnar de ética feminista el pensamiento,
las ideas y la cultura, en contraposición al orden opresivo y discriminatorio.
Comenzar a completar censos y estadísticas sobre
la contribución del trabajo remunerado y no remunerado, para que
se reflejaran en la contabilidad nacional, en las estadísticas económicas
y en el producto nacional bruto.
Redefinir conceptos como productividad, trabajo,
empleo, valor, reorientando la investigación económica.
Cambiar los supuestos y definiciones establecidas
en las políticas convencionales, contemplando la discriminación
de género y sus consecuencias.
Obligar a los gobiernos a que consideren la
educación y la cultura como formas de cooperación entre hombres
y mujeres, para alcanzar metas comunes que nos dignifiquen a todos
los seres humanos. El reparto del trabajo y del tiempo debe generar
nuevas fuentes de empleo en aquellos trabajos que tradicionalmente
ha asumido la mujer.
Alcanzar el rigor histórico con una investigación
que incluya las aportaciones de las mujeres, y difundirlas plasmándolas
en los medios educativos.
Reformar la política monetaria para facilitar
los recursos a las mujeres.
Construir espacios de confluencia del pensamiento
y de búsqueda de alternativas.
Analizar y criticar severamente los modelos
y estereotipos de género desde nuestro ámbito personal de desarrollo,
profesional y político.
Realizar a través de los medios formales de
que disponemos, las críticas oportunas a las representaciones sexistas,
que nos exponen objetualizándonos, promoviendo en su contra la visibilización
positiva de nuestra imagen.
Transformar las relaciones de género para desmontar
la legitimidad en que se ampara la violencia estructural.
Generar las condiciones educacionales, sociales
y legales para la que la participación de las mujeres sea un hecho
comprometido desde todas las instancias.
LOS RETOS DEL PCE EN LO INMEDIATO PASARÍAN POR:
Crear foros internos de debate mixto que posibiliten
el intercambio y enriquecimiento. Además, en las agrupaciones locales,
comarcales, y en otros niveles de base, las mujeres expresaremos
abiertamente y con ejemplos situaciones de discriminación en la
cotidianeidad, tanto dentro como fuera del partido para conseguir
la complicidad de tod@s y buscar asimismo las medidas necesarias
para paliar y/o suprimir las discriminaciones.
Romper el monopolio del poder masculino, superar
el carácter patriarcal y paternalista del partido asumiendo la contradicción
de genero como centralidad política y estratégica. En este sentido
es necesario comprometer al partido a un cambio real en su trayectoria
y en su practica política.
Afirmamos que nuestra credibilidad estratégica
se juega en la capacidad efectiva de autoreforma del partido, en
su apertura al debate con las experiencias y las culturas del movimiento
de las mujeres y en su disposición a asumir consecuentemente el
desafío de un cambio, tanto teórico como politico-programatico.
Una meta concreta, la definición de una nueva y más rica identidad
de las mujeres comunistas. Un sujeto, una subjetividad, hoy solo
latentes, a pesar del meritorio y precioso trabajo teórico y político
construido en estos años. Un sujeto, una subjetividad, que queremos
construir juntas, a pesar de las diferencias, las distancias, quizás
las indiferencias mutuas, que caracterizan la realidad de las compañeras
del Partido.
Este congreso marca el inicio de nuestro programa.
Acontecimientos como Seattle, Génova, la Marcha Mundial de las Mujeres
contra la pobreza y la violencia, centran una nueva posibilidad
política alternativa, fundada en la transformación radical de las
relaciones sociales del trabajo y la economía, de las relaciones
interpersonales y de genero, de la cultura jurídica, de la idea
misma de soberanía política: donde la libertad femenina no es una
"aportación" o un adorno, sino un impulso positivo que marca profundamente
el sentido, el curso, los objetivos mismos de éste proceso de transformación
y autotransformación del partido.
La libertad femenina es hoy para nosotras la
única respuesta razonable, a la regresión que incorpora la revolución
capitalista en curso que amenaza fuertemente todas las conquistas
de la larga lucha emancipatoria y que expulsa a las mujeres del
trabajo reproduciendo los dilemas dramáticos entre "realización"
social y profesional y maternidad e impulsando de nuevo la relación
entre mujeres y política en la dimensión del extrañamiento.
Nuestro trabajo como mujeres comunistas se desarrolla
en las temáticas, definidas, de desafiar a la globalización, poner
especialmente la guerra fuera de la historia, poner en marcha interlocuciones
con las emigrantes del mundo, por las nuevas necesidades y los nuevos
derechos y la batalla contra toda mercantilización del cuerpo femenino.
Temáticas atravesadas por la relación producción/reproducción
y por la cuestión crucial de la representación política; temáticas
en las cuales él vinculo entre contradicción de genero y contradicción
de clase se sitúa en un permanente análisis teórico.
Para llevar hacia delante estas elaboraciones,
no existen atajos organizativos: se necesitan nuevos instrumentos
y procedimientos, respetuosos del camino realizado hasta ahora y
se necesita diversidad: debemos ser capaces a la vez de poner a
disposición de todas las compañeras y de todo el partido experiencias,
capacidades, conquistas y potencialidades.
Y también tenemos que:
· Incorporar el feminismo en el partido, lo
que nos permitirá realizar un análisis integral y unas alternativas
globales para la sociedad
· Transversalizar la problemática de la mujer
al conjunto de valoraciones, elaboraciones, etc. del partido, esto
es, al conjunto de toda nuestra política.
· Impulsar estrategias feministas de participación
y promoción de mujeres en el PCE.
· Formar en el feminismo al conjunto de la militancia,
como método para asumir un compromiso real.
· Se debe fomentar la participación de los hombres
en los foros de debate sobre la problemática de la mujer.
· Ahondar en el diálogo entre hombres y mujeres
en el seno del Partido. Necesitamos un compromiso mixto, hay que
avanzar conjuntamente hacia democracias paritarias.
· Facilitar su acceso a puestos de influencia
desde donde cambiar los métodos y las formas de hacer política.
Los órganos de dirección deben ser paritarios.
· Adecuar la frecuencia y los horarios de las
reuniones para facilitar la participación de las mujeres y donde
sea posible ofrecer servicios de guardería para posibilitar la participación
de aquellos compañeros y compañeras que tengan que atender a niños
pequeños.
· Dar prioridad al trabajo con la sociedad (barrios,
pueblos, asociaciones...) y potenciar las estructuras de base.
· Potenciar las secretarías de la mujer para
que el feminismo vaya penetrando y calando en el partido.
· Difundir nuestras ideas en nuestras publicaciones
y hacia el exterior. Revisar a fondo lo que hacemos hacia el exterior:
¿Cuándo, cómo y cuánto nos dirigimos hacia el 52% de la población?
· Contribuir desde el feminismo a otra forma
de hacer política.
· Trabajar en las instituciones y en IU, llevando
nuestras propuestas a debate.
· Crear medidas que favorezcan la participación
de la mujer en la organización.
· Llevar campañas de afiliación dirigida a las
mujeres.
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