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DOCUMENTOS APROBADOS EN EL
XVI CONGRESO DEL
PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA
Madrid 1, 2 y 3 de marzo de 2002
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7. El mundo del trabajo, el movimiento
obrero y la política del Partido Comunista
La globalización de la economía
ha tenido efectos importantes en el mundo del trabajo, superando
obstáculos políticos y sociales que, en los distintos estados, limitaban
la dominación del capital. Ha debilitado la capacidad de poder que
el movimiento obrero había conseguido tanto en los centros de trabajo
como en importantes capas de la sociedad. Las fuertes mutaciones
sufridas en la propia estructura de la clase trabajadora la han
segmentado aún más, con una acusada diversificación de colectivos,
condiciones y formas de relación laboral. Las políticas de "más
mercado y menos estado" se han abierto camino en intensos procesos
de privatizaciones de empresas y servicios, acompañadas de paulatinas
modificaciones legales que han ido cercenando derechos laborales
y sociales, y limitando la capacidad de intervención colectiva de
los trabajadores en las decisiones dentro de los centros de trabajo,
consiguiendo con amplios colectivos que se incorporan al mercado
de trabajo, los hagan huérfanos de derechos conquistados históricamente
por el movimiento obrero.
Se puede afirmar que se van
consiguiendo los grandes objetivos que se plantean desde las políticas
neoliberales. De un lado la prioridad macroeconómica dada a los
mercados internos del Estado-nación han sido en gran parte sustituidos
por la libre circulación de capitales y la producción para el mercado
externo. De otro lado la reconversión de las anteriores estructuras
industriales y la formación de un nuevo tipo de empresas y sobre
todo, nuevas formas de gestión de la fuerza del trabajo, han debilitado
sustancialmente el poder contractual de los trabajadores, su autonomía
cultural y su capacidad de intervenir como sujeto en la política.
De todos modos, el fracaso de estas políticas también es tangible.
Países que las han aplicado a rajatabla se ven hoy inmersos en graves
crisis sociales y, en algunos casos, incluso al borde de la bancarrota.
La situación hoy del movimiento
obrero organizado y sus sindicatos, comparada con la etapa anterior,
es extremadamente difícil porque en la realidad confluyen los cambios
operados tanto en relación al modelo de producción, como al marco
político, en un contexto de derrota y crisis de la izquierda política
y social. La ofensiva neoliberal en el campo del "mercado del trabajo"
y en unas relaciones laborales que han utilizado el concepto de
"flexibilidad" para la desregulación y la eliminación de derechos
sociales y de los trabajadores; la subordinación de la producción
a los mercados; la descentralización empresarial; los cambios ciertamente
revolucionarios en los medios de producción y en la organización
del trabajo, donde el uso dado por el capital a la innovación tecnológica
pone en crisis al empleo, la función y especialización de los trabajadores,
junto a otros factores ya expresados, sitúan al movimiento obrero
y sindical en una encrucijada.
Parte de los errores cometidos
por el movimiento obrero organizado y los Sindicatos, se deben a
la actitud excesivamente independiente de muchos dirigentes del
PCE, que lejos de trabajar y trasladar la cohesión política del
Partido, lo han hecho al margen de los criterios y filosofía comunistas,
cometiendo errores importantes que han originado retrocesos para
la clase trabajadora. El PCE continuará corrigiendo a través de
una intensificación de nuestra tarea.
Como una nueva vuelta de tuerca,
dentro de la línea de derechización de todo el sistema económico
del país, no sólo se han producido procesos de privatizaciones,
sino que estos, y la apertura del mercado a las grandes empresas,
han venido justificándose por el método de dejar obsoleto todo el
ámbito de lo público, se va vaciando poco a poco de contenido, no
se suplen las carencias en este entorno, ni favorecen sistemas de
trabajo racional. De esta manera no sólo se empujan al ciudadano
a preferir el entorno de los privado como supuestamente menos malo,
sino que se justifica la precariedad del sistema público de contratación.
Así pues, debemos ver la realidad
de un Estado, ya sea desgobernado, o intencionadamente mal dirigido
en sus Administraciones Públicas, que se salta en muchos casos los
sistemas de contratación establecidos, que los manipula, que apuesta
por la precariedad en sus trabajadores, que incumple sistemáticamente
con las medidas de seguridad y salud en el trabajo, y que no sufre
el control preciso, ya que las medidas establecidas son lentas y
tardías a tales efectos, tanto en el control social, jurídico, político
o social, por lo que pocas veces se aplican o se alcanzan a tiempo
los fines deseables.
Es obvio que, además de lo antes
expuesto, ya sea primordialmente o en un plano secundario, tiene
estas situaciones un efecto perverso, que es el de servir de ejemplo
a las grandes empresas, que ven como una llamada en campo abierto
a seguir el ejemplo, poniendo gabinetes jurídicos y a sus responsables
de recursos humanos en estas y otras líneas, con los consiguientes
efectos negativos para los trabajadores. A medida que se implantan
y generalizan estas prácticas, se van consolidando, y como ya hemos
visto de forma demasiado habitual, se establece el silogismo del
absurdo: "la medida funciona bien, luego es buena para todos, por
tanto debe generalizarse"; en consecuencia, se establecen nuevas
medidas de desregularización del mercado laboral.
Desde nuestro Partido, y como
tradicional apuesta por lo público, no podemos permitir el avance
de esta situación como un gusano que se come las Administraciones
Públicas desde dentro, por lo que deben exigirse y aplicarse las
medidas oportunas comenzando desde el ámbito político y el ámbito
social, exigiendo que se evite toda connivencia ya sea desde la
oposición política de la izquierda de este país, ya sea desde los
sindicatos de clase, ya sea desde los trabajadores, ya por acción,
ya por omisión, porque se está allanando el camino para la parcelación
del Estado, y de los bienes públicos, facilitando una vuelta encubierta
a un nuevo estado feudal, con los bienes económicos y productivos
en manos de unos pocos, y los trabajadores como vasallos que esperan
la limosna de reconocimiento laboral.
El Partido Comunista, desde
las Secretarías del Movimiento Obrero, pero con una implicación
real del conjunto de Agrupaciones y de órganos de dirección, debe
ser capaz de analizar y profundizar en los cambios que se producen
en el mundo del trabajo, teniendo propuestas e iniciativas que contribuyan
positivamente y unitariamente a una dinámica sindical activa y con
capacidad de respuesta y movilización, basada en la participación
e implicación del máximo de trabajadores y trabajadoras. Para ello
se requiere que todos los camaradas y en particular aquellos con
responsabilidades en el Sindicato de CC.OO., participen activamente
integrándose en las Secretarías del Mundo del Trabajo.
Es necesario articular todo
esto en un proyecto fuertemente reivindicativo y solidario, capaz
de afrontar nuevos retos y nuevas e históricas reivindicaciones,
defendiendo derechos conquistados y reconstruyendo el poder de los
trabajadores y sus sindicatos fuera y dentro de las empresas.
Las dificultades para este proyecto
son evidentes. La penetración entre los trabajadores de la cultura
y el lenguaje del contrario es una realidad. Y todo en nombre de
la "modernidad", en nombre de la cultura "de lo posible" y de la
aceptación de la realidad y de las salidas individuales y la desvertebración
social. Los postulados neoliberales basados en la primacía del mercado
(por supuesto libre y sin control democrático) en torno al que gira
la organización social; la idea de que el objetivo de toda economía
es su expansión, por lo que ante todo debe ser competitiva; responsabilizar
a los salarios y la rigidez laboral, han pasado al acervo político
cotidiano, produciendo vendaval ideológico. Pues con la aceptación
de los valores y lenguaje del contrario se termina haciendo la política
no querida, quedándonos en el papel de corregir con medidas asistenciales
los efectos más graves de las políticas estructurales del capital.
Es por ello necesario que el movimiento sindical recobre su pulso
movilizador. Mantener una estrategia de "pasividad" o lo que Gramsci
denominaba "la ley del mínimo esfuerzo", supondría abrirle el paso
a mayores avances de la derecha y de los valores conservadores entre
las clases populares y con efectos devastadores entre los trabajadores
y trabajadoras que verán mermada, hasta hacerlas casi desaparecer,
su capacidad de respuesta a las agresiones socio-económicas que
les inflige la patronal y el Gobierno del P.P.
Pero el movimiento contra la
globalización capitalista ha inducido una crisis de legitimidad
del neoliberalismo, a la que ha respondido con una ofensiva militarista.
Aunque el momento sea difícil para la izquierda política y social,
nosotros sí creemos que es posible otro mundo, otra política, a
condición de ir tejiendo la alternativa con el máximo de participación
teniendo muy en cuenta al conjunto del movimiento social existente
y especialmente a los sindicatos, pues aún no estando de acuerdo
con algunas de las decisiones que han adoptado, o puedan adoptar,
y partiendo de que los comunistas no debemos nunca abdicar de nuestra
propias condiciones, los sindicatos son piezas fundamentales para
todo proyecto de cambio, tanto a favor como en contra.
Los comunistas hemos sido, somos
y seremos parte del movimiento obrero. Nuestra actividad fundamental
la venimos realizando en torno al trabajo sindical y al fortalecimiento
de la unidad de los trabajadores y trabajadoras y de sus organizaciones
sindicales, con el objetivo de dotar al conjunto de la clase trabajadora
de instrumentos eficaces capaces de modificar la desfavorable correlación
de fuerzas existente hoy. En este sentido somos y seremos los máximos
defensores de una autonomía sindical que propicie agregación social,
autonomía cultural y proyecto, en la línea de devolver protagonismo
a la clase trabajadora en nuestra sociedad. Analizando escrupulosamente
la incidencia de los inmigrantes en el Mundo del Trabajo, (para
evitar crear más división), ya que existe una situación compleja,
de exclusión, abuso, racismo, etc.
La convergencia del conjunto
del movimiento obrero y la autonomía e independencia del movimiento
sindical es una necesidad que el PCE ha tenido claro a lo largo
de su historia más reciente. Como ya se ha dicho en numerosas ocasiones,
el movimiento obrero tiene su propia política; política que emana
de su propia entidad y ligada a ella de la influencia política de
l@s participantes en él. No hay nada neutral en la vida socio-política.
El PCE actúa para influir positivamente con sus conclusiones y decisiones
colectivas a través de sus militantes en el movimiento obrero y,
por lo tanto, en el movimiento sindical.
Los comunistas apostamos por
un modelo sindical social y de clase, activo y fuertemente comprometido
con todas las realidades del mundo del trabajo y el movimiento obrero.
Pegado a la realidad de las nuevas relaciones laborales y la sistemática
pérdida de derechos históricos en colectivos cada vez más amplios
y de forma creciente. Un sindicalismo basado en la lucha y la movilización,
en la mejor cultura de la movilización como motor histórico de los
avances del movimiento obrero, como principal precursor de avances
y conquistas de nuevos derechos.Un modelo sindical articulado en
la participación desde la máxima información y desarrollo de la
cultura de la solidaridad obrera, inspirado en el clásico binomio
movilización-negociación. Un modelo sindical, sociopolítico, articulado
en la máxima participación de la clase trabajadora, en la transformación
de la sociedad haciendo que ésta sea más solidaria, más justa y
sin clases.
Un modelo sindical ágil, capaz
de catalizar con nuevas formas de participación e información dinámicas
movilizadoras de carácter intersectorial. Con capacidad para incorporar
a los nuevos colectivos laborales más desprotegidos y con menos
derechos. Garante de la cultura de la igualdad de oportunidades
entre mujeres y hombres. Con una visión global que permite unir
las nuevas luchas con las más clásicas, donde la movilización social
es concebida como herramienta colectiva para el avance cultural,
social y laboral, que a la vez suponga la incorporación al mundo
laboral de los trabajadores y trabajadoras inmigrantes, con plenos
derechos laborales.
Pretendemos influir desde la
izquierda para la movilización y la respuesta a las políticas neoliberales,
garantizando nuestra presencia en el movimiento obrero más clásico,
y en los nuevos movimientos de contestación anticapitalista, nos
aboca a intentar unir y conjugar éstas dos realidades, para favorecer
dinámicas de movilización.
Nuestro principal aval es la
presencia de nuestros camaradas en el movimiento obrero desde la
constatación de la diversidad de opciones, impulsando un debate
de análisis de la realidad que permita la aportación del colectivo
comunista a la realidad sindical existente.
Sindicalismo de servicio
Muchas son las voces en la actualidad
que catalogan a los sindicatos mayoritarios como sindicatos de servicios.
Ello es debido, a que hay en algunos sectores de los trabajadores
una apreciación en el sentido de ver al sindicato más volcado en
conseguir "servicios" para sus afiliados (vacaciones, vivienda,
ocio etc) que en dar respuesta al conjunto de la problemática reivindicativa
o de ésta de forma concreta.
Al margen de la apreciación
que cada uno tenga, lo cierto es que el sindicalismo mayoritario
actual sí tiene un componente de "servicio" ya que así está definido
en sus estatutos.
¿Es malo el sindicalismo que aborda
la faceta de servicios?
Para el PCE el trabajo fundamental
para un sindicato de clase, tiene que ir encaminado a la defensa
de los intereses de la clase trabajadora, en contraposición de los
intereses de la clase empresarial ya sea de forma global o en lo
concreto, teniendo en cuenta que los trabajadores como tales no
solo tenemos intereses como clase en los centros de trabajo, sino
también fuera de ellos.
Es cierto que los trabajadores
como personas que somos, tenemos necesidades de todos aquellos servicios
que la sociedad pueda brindar. Ahora bien, para el sindicato lo
fundamental es la defensa de los intereses de los trabajadores y
no tanto hacer frente a las necesidades de éstos. Bienvenidos aquellos
servicios que puedan acercar a los trabajadores a los sindicatos
que los dota de cultura etc,. pero nunca hipotecar ni hacer dejación
de su tarea fundamental como sindicato de clase.
La normalización
Que duda cabe que para la izquierda
en su conjunto estos últimos años no han sido nada fáciles. Las
políticas neoliberales, el conservadurismo, la desideologización
etc, han hecho mella en el conjunto de la sociedad y cómo no, también
en los sindicatos de forma general y en concreto en CC.OO.
Como consecuencia de ello en
los últimos años, existen en el seno de este sindicato diversas
opiniones, diversos puntos de vista a la hora de definir la estrategia
sindical que mejor defienda los intereses de los trabajadores.
Esta situación que es normal
en un sindicato plural y que debe basar parte de su fuerza en dicha
pluralidad, no lo es tanto cuando las posiciones que no coinciden
con la mayoría son perseguidas, anuladas incluso con la expulsión
o alejadas del qué hacer sindical diario, aunque forman parte de
los máximos órganos de dirección sindical.
El PCE que entiende que esto
es una situación anormal, apuesta por la normalización donde nadie
pueda ser perseguido o alejado de responsabilidades en el trabajo
sindical por su forma de pensar.
Es cierto que después del VII
Congreso del sindicato de CC.OO., la normalización entendida así
se está abriendo camino, de lo que el PCE se congratula. No obstante
existen todavía varias organizaciones (empezando por su máximo órgano
de dirección), donde la anormalidad que precedió a su VII Congreso
no ha sido superada. Se hace imprescindible la superación de tal
situación. Ello redundaría en mejorar las condiciones para fortalecer
un sindicalismo de clase, democrático, de masas, plural e independiente
como el PCE defiende en coincidencia con los que luchan en el seno
del movimiento sindical por un giro a la izquierda desde valores
como la firmeza, la participación, la unidad, como factores decisivos
en el conflicto contra el neoliberalismo.
Si estos años difíciles para
la izquierda trajeron anormalidades dentro del seno del sindicato,
hay que decir que esta situación se trasladó también a las relaciones
con el PCE y con IU y viceversa.
Nadie pone en duda ni se plantea
nada en contra de que tanto el PCE, IU y los sindicatos, son organizaciones
políticas y sindicales independientes con autonomía propia para
elaborar sus políticas y llevarlas a la práctica de la mejor manera
que cada una de ellas considera oportuno o conveniente.
Son instituciones democráticas
que actúan en un mismo país, en un mismo continente etc. Siendo
esto así lo normal, es que como instituciones que son, mantengan
unas relaciones, de respeto, pero relaciones. Estas relaciones que
abarcarían al conjunto de las instituciones democráticas ¿cómo no
van a poder ser viables tratándose de organizaciones obreras que
se mueven en el terreno de la izquierda?.Siendo esto posible y necesario,
habría que establecer el cómo llevarlas a efecto.
Si antes se decía que son organizaciones
independientes, esto no significa que seamos indiferentes.
El PCE debe de elaborar su propia
política, la tiene que defender en todos los lugares a través de
sus militantes, la tiene que contrastar con otras donde dé lugar,
siempre buscando la coincidencia, si ello fuese posible en base
a sus propuestas.
Si esto no fuese posible, sin
satanizar a nadie, el PCE tiene el derecho y la obligación de dar
su punto de vista sobre todo lo que concierne a los trabajadores
y a la sociedad. Lejos de significar enfrentamientos, si los puntos
de vista se exponen con el respeto que merecen las organizaciones
democráticas, éstos servirán para enriquecer los debates que redundarán
en un reforzamiento del conjunto del movimiento obrero.
Las corrientes sindicales
Cuando en el movimiento sindical
existen problemas y no hay unanimidad de criterios a la hora de
establecer estrategias, marcar caminos por donde deslizar al sindicato,
o puntos de vista diferente a los que mantiene la parte mayoritaria
del sindicato, es frecuente que en su interior aparezcan posturas
o criterios que ante una situación de estas características, y para
defender mejor las posiciones sindicales que no coinciden con la
mayoría sindical de ese momento, habría que establecer corrientes
sindicales en el sindicato de CC.OO, que es donde la mayoría de
los afiliados al PCE desarrollamos nuestra actividad sindical. Corrientes
sindicales cuya constitución están reglamentadas en los estatutos
de dicho sindicato.
Esta opinión no sólo se da entre
los comunistas que desarrollamos nuestro trabajo sindical en CC.OO.,
sino que también es una idea que anida en otros afiliados al sindicato
que no pertenecen al PCE. Otros por el contrario ya sean militantes
del PCE o no, opinan que no es necesaria la creación de corrientes
sindicales.
Ante una situación de estas
características, donde afecta al trabajo sindical no solo de muchos
trabajadores sino que también a los militantes del Partido, es necesario
que éste establezca su posición de cara a las corrientes sindicales
dentro de CC.OO.
El objetivo principal para el
PCE es influir en el movimiento sindical con su política. No como
cosa acabada y excluyente, sino con la humildad de confrontarla
con otros planteamientos.
Si esto es así ¿Es necesario
crear corrientes sindicales para llevar a efecto nuestros objetivos?.
No
Los comunistas somos parte (y
muy importante) del movimiento obrero y en concreto de CC.OO. Nadie
nos impide llevar nuestra política al sindicato. No necesitamos
por tanto que esa mayoría sindical (con la cual discrepamos) nos
autorice a crear corrientes sindicales como prevén sus estatutos,
ya que en el mejor de los casos dicha autorización conduciría a
nuestros planteamientos a un gueto, que lejos de facilitar nuestra
influencia los ahormarían de tal forma, que en la práctica sería
difícil que tuvieran efectividad.
Si hoy nuestras propuestas tienen
dificultades dentro del sindicato, no es debido a la falta de una
corriente sindical, sino que provienen en lo fundamental, de que
el conjunto de los militantes del Partido, en vez de actuar de forma
global y cohesionada, actuamos con los criterios que cada uno tiene
en cada caso y en cada lugar.
Somos parte de CC.OO., con voluntad
de que nuestros planteamientos sean hegemónicos. Ello solo será
posible si además de tener una política, esta se lleva al sindicato
por el conjunto de los militantes del PCE.
La unidad sindical
Para el PCE el tema de la unidad
sindical siempre ha sido fundamental en su política, siendo uno
de los puntos estratégicos de la misma.
Si esto fue así ayer hoy tenemos
que seguir apostando por ello, si cabe con más fuerza, ya que en
los últimos tiempos la unidad alcanzada entre los sindicatos mayoritarios
han sufrido un retroceso importante, y que si no se logra recomponer,
va ha ser más problemático frenar al Gobierno del PP en sus políticas
conservadoras.
Es cierto que entre los dos
sindicatos mayoritarios, existen de siempre diferentes formas de
hacer sindicalismo y de cómo abordar los problemas de los trabajadores.
También es cierto que CC.OO. fue el sindicato que más apostó por
la unidad y no cejó en ese empeño pese a los momentos difíciles
que se produjeron para la unidad durante el periodo de la Reconversión
Industrial en nuestro país.
Si fue posible después de todo
aquello recomponer la unidad, fue en lo fundamental debido a que
dentro del sindicato de CC.OO. había una posición unánime, de que
pese a las dificultades, no había otro camino que no fuese el de
la unidad sindical que abordase con garantías de éxito los problemas
del conjunto de los trabajadores.
Hoy como consecuencia de las
dificultades cada vez más complejas a las que nos empujan la patronal
y el gobierno, han hecho que las posiciones tradicionales de los
dos sindicatos (por lo menos ante la percepción de la mayoría de
los trabajadores) hayan cambiado.
Esa posición unánime de ayer,
no está tan clara que se mantenga en la actualidad.
Puede haber sectores del sindicato
de CC.OO. (también de UGT) que ante las dificultades se instalen
en la ruptura sindical con la falsa idea de que ya no es imprescindible
la unidad sindical, y que en todo caso el equivocado es el contrario,
y por lo tanto es este el que tiene que rectificar. Cierto que la
unidad es cosa de dos y cuando se rompe o resquebraja, nunca la
responsabilidad puede ser de uno.
Para el Partido la unidad sindical
sigue formando parte de su política estratégica. El PCE tiene que
hacer los esfuerzos necesarios para que nadie se instale en el resquebrajamiento
actual y salir lo antes posible de esta situación. Para ello será
necesario que actuemos, en cada momento y en cada lugar analizando
la situación, los puntos de vista de cada parte, sin posiciones
preconcebidas. La única posición preconcebida que los militantes
del PCE tenemos que llevar es la de defender la unidad sindical
allá donde estemos.
Siendo nuestra apuesta estratégica
CC.OO., ello no nos puede hacer perder de vista que en el movimiento
sindical existen otras fuerzas sindicales de clase en muchos casos
con planteamientos coincidentes con los nuestros.
De hecho en las huelgas generales
convocadas por los dos sindicatos mayoritarios participaron por
los mismos objetivos. Con ocasión de la campaña de la Iniciativa
Legislativa Popular por la consecución de las 35 horas semanales
de trabajo, propiciada por IU también participaron. Por tanto nuestra
posición no puede ser cerrada a estos sindicatos y por el contrario
influir desde CC.OO. para que no cristalicen posiciones enfrentadas
que siempre serían perjudiciales para los trabajadores.
Defensa de los público
Durante los gobiernos socialistas
del PSOE se inició una ofensiva contra lo público, que como era
de esperar con los gobiernos conservadores del PP se ha visto incrementada.
Deslizándose por el camino marcado
por el PSOE hoy son pocos los sectores o empresas que no han sido
o están en fase de privatización con el Gobierno del PP. Privatizaciones
que en su primer momento se argumentaban por la necesidad de tener
empresas y sectores más eficientes.
Lo cierto es que, como se puso
de manifiesto muy pronto, las privatizaciones no obedecían ni obedecen
a tal necesidad, sino que es una exigencia del poder económico para
así ampliar su tasa de beneficio. Así el estado abandona su papel
como elemento de redistribución de la riqueza, quedándose en lo
fundamental como garante y defensor de la llamada "economía de mercado"
dispuesto en todo momento a ayudar con dinero público a las empresas
privatizadas al menor contratiempo o dificultad que éstas tengan,
como se ha puesto de manifiesto con el caso de las líneas aéreas
de Iberia después de los actos terroristas del 11 de septiembre.
Los trabajadores de los sectores o empresas privatizadas no han
visto mejoradas sus condiciones de trabajo o de empleo, al contrario.
Por ello el Partido defenderá el carácter de lo público como elemento
de redistribución de riqueza y se opondrá al empeoramiento de las
condiciones laborales de los trabajadores.
Coordinación del PCE con los comunistas
europeos
En un mundo donde la economía
capitalista no tiene fronteras, y sus efectos negativos para los
trabajadores tampoco, es necesario que el PCE establezca algún tipo
de coordinación o encuentros, con los partidos comunistas europeos
a fin de poder intercambiar criterios, experiencias o trabajos,
que redunden en una mejor defensa de los intereses de los trabajadores.
Nuestra apuesta estratégica,
en la orientación de ir a la máxima unidad sindical posible, es
CC.OO. que para el PCE es una aliada fundamental que representa
una parte muy importante de la izquierda de nuestro País y una organización
que continúa aglutinando a realidades sindicales avanzadas y fuerte
implantación en el conjunto del mundo del trabajo. CC.OO. sigue
representando de forma mayoritaria desde las mismas bases sindicales
lo mejor del sindicalismo de clase y confederal, que alentó a los
Comisiones Obreras desde su etapa de movimiento socio-político.
En el Congreso anterior, el Partido Comunista de España adoptó el
acuerdo de que Comisiones Obreras era nuestra opción estratégica
en el terreno sindical. Ello se hacía pese a no compartir el fondo
de muchas de sus decisiones. El PCE defiende unos valores y un modelo
sindical que dé respuesta a los nuevos y complejos problemas que
tiene un mundo del trabajo en permanente transformación y cambio,
que exige nuevos enfoques, nuevas políticas y alternativas sindicales.
Consideramos que ello se puede hacer desde los valores que siempre
hemos defendido y que no han caducado: un sindicalismo de clase,
reivindicativo, democrático, pluralista y participativo, de transformación
y de cambio social. Un sindicalismo que sea sujeto del conflicto
social y laboral desde el equilibrio entre la movilización y la
negociación, que ha sido el motor de todas las conquistas, las pequeñas
y las grandes, porque no se regala nada, ni antes ni ahora.
Por ello, desde estos valores
y desde la independencia y respeto mutuo, el PCE desde una posición
propia y autónoma, nuestras propuestas políticas encuentran acomodo
de forma natural en las que hoy se defienden desde el sector crítico
de CC.OO. No obstante el PCE debe tener capacidad política para
generar opiniones de mayor calado sobre la base de un profundo debate
donde se puedan sumar nuevos sectores en la perspectiva de una nueva
mayoría más plural, fuerte, dinámica y capaz de disputar mejor al
capital y a los poderes públicos los intereses de la clase trabajadora.
Hay muchos camaradas que militando en el Partido, abandonaron CC.OO,
error que cometieron y deben rectificar, volviendo de nuevo al sindicato.
Los Comunistas defenderemos
en el movimiento obrero una estrategia político sindical que nos
saque de falsos dilemas entre maximalismo abstracto y minimalismo
supuestamente realista. Por todo ello proponemos: 1º La necesidad
de una plataforma unitaria de los sindicatos de clase y progresistas
y de los trabajadores en torno a las reivindicacaciones económicas,
sociales y normativas fundamentales hoy en el mundo del trabajo.
2º) Elemento esencial de dicha plataforma serán aquellas políticas
que superen las divisiones sociales existentes en el seno de los
trabajadores y que recompongan un tejido social unitario de la clase
trabajadora, ocupando un lugar esencial la creación y el reparto
del empleo mediante la reducción de la jornada laboral, como mínimo
a las 35h semanales y las medidas contra la precariedad en el trabajo.
3º) Vertebrar en torno a los trabajadores un acuerdo social y político
para construir una auténtica ciudadanía social que garantice efectivamente
derechos sociales para todos y para todas. 4º) Recuperar el debate
político cultural en el seno del movimiento obrero en torno a una
crítica del capitalismo realmente existente y la necesaria apuesta
por la emancipación de la clase trabajadora que desarrolle la democracia
política, económica y social en la perspectiva del socialismo.
El PCE trabaja en el horizonte
de una sociedad de pleno empleo estable y con derechos, donde la
mujer, los jóvenes y los trabajadores inmigrantes no sean objeto
sistemático de abusos e indefensiones laborales. En el mejor concepto
de la redistribución de la riqueza, con la racionalización de la
jornada laboral semanal de 35 horas, sin reducción salarial, donde
los avances de la ciencia y de la tecnológica aplicados al mundo
del trabajo sirven para la mejora de la calidad de vida laboral
del conjunto de la ciudadanía y en particular de la población laboral.
En el mismo sentido, y en nuestra lucha contra la precarización
exigimos el derecho de l@s trabajador@s a elegir el reingreso en
la empresa o la indemnización en los despidos declarados improcedentes.
Atajar los accidentes laborales
en su raíz (según el último informe de CCOO, los accidentes de trabajo
han subido un 3% en el año 2001. Según este informe en el año 2001
hubo 1432 muertos en accidentes laborales), en una sociedad donde
cada día mueren 5 trabajadores como promedio, con una acción inspectora
real, con una modificación legal exhaustiva de las subcontrataciones
e incremento de la acción legal y la participación de las organizaciones
sindicales en las políticas de prevención de riesgos. Políticas
de formación a las empresas, con duras sanciones penales para aquellas
que incumplan una normativa de prevención adaptada a las formas
reales de relación laboral, con control veraz de los excesos de
jornada y los abusos laborales. Exigimos una Fiscalía Especial,
y un incremento de la Inspección de Trabajo. En nuestro país hay
un Inspector de trabajo por cada 27.000 trabajadores, mientras la
media de la UE es de 7.000 trabajadores por Inspector. Y todo ello
con el complemento imprescindible de medidas que favorezcan la estabilidad
en el empleo, habida cuenta que la precariedad laboral se ha demostrado
como el principal inductor de la siniestralidad. Proseguir el control
y la denuncia de las ETT's, en la perspectiva de su eliminación
total.
Denunciamos la transferencia
de rentas del trabajo al capital debido a la utilización por parte
del Gobierno actual de los excedentes de la Seguridad Social para
financiar al capital a través de las llamadas "políticas activas
de empleo". Reivindicamos una cobertura total del desempleo. Políticas
de empleo integral con implicación pública. Combatir a fondo la
estrategia del PP de reforma a la baja de las prestaciones por desempleo.
Combatiremos el empleo en precario y de poca calidad, lucharemos
contra la expansión de las ETTs y las diversas formas de subempleo,
como pueden ser las empresas de servicios, ya que no suponen reducción
del paro y con ellas aumenta el índice de accidentalidad.
Es preciso impulsar en los sindicatos
y desde otros movimientos sociales una mayor atención a los parados
y las paradas. Hay que apostar por su organización, coordinación
e incorporación a la lucha sindical y sus derechos.
Somos conscientes de las amenazas
del sistema público de pensiones con reformas acometidas por los
gobiernos del PSOE y PP con el apoyo de los sectores económicos
conservadores. Su privatización en planes de capitalización individual
constituyen un objetivo prioritario en las políticas neoliberales
del PP y son un bocado muy apetecible para la banca y grupos financieros
que pretenden administrar la gestión económica de decenas de millones
de euros que suponen las actuales cotizaciones a la Seguridad Social
destinadas a la futura pensión de los cotizantes.
La tendencia marcada desde la
reforma que el Gobierno de Felipe González realizó en el año 1985,
pasando por el más reciente Pacto de Toledo y los diferentes acuerdos
en materia de pensiones firmados en el año 1996 y en menor medida
éste mismo año, van en la dirección de ir estrechando el valor de
la pensión del sistema público, y ensanchando la opción de la privatización
a través de planes individuales, en la tendencia de ir hacia la
capitalización que favorece a las rentas más altas en detrimento
del sistema de reparto que favorecen a las de menor poder adquisitivo.
Si bien en el último acuerdo
de pensiones firmado por CC.OO., la CEOE y el Gobierno, tienen lugar
avances en cuanto a la jubilación anticipada, así como un ligero
incremento en las pensiones de viudedad y orfandad; consolida el
fondo de reserva, elimina igualmente la obligatoriedad de la jubilación
anticipada en caso de percepción de prestaciones de empleo; igualmente
también contiene aspectos que no podemos compartir, como la posible
ampliación del periodo de cálculo a toda la vida laboral a partir
del año 2003, los incrementos no alcanzan la totalidad de las pensiones,
dilata la separación de fuentes y la jubilación anticipada es cercada
por condicionamientos que reduce el universo posible de beneficiarios
y no tiene un carácter voluntario, además de continuar con las injustas
penalizaciones establecidas por año a las personas que se acogen
a las jubilaciones anticipadas.Tampoco podemos compartir aquellos
aspectos que suponen una incentivación al retraso de la jubilación
más allá de los 65 años, y se muestra muy generosa con las empresas
con bonificaciones en la cuota para los trabajadores mayores de
55 años. De la misma forma no compartimos el hecho de situar al
mismo plano un futuro incremento de las pensiones más modestas,
con la histórica reivindicación patronal de rebajar las cotizaciones
patronales.
El elemento central que debemos
analizar y empezar a combatir desde ahora, pasa por las pretensión
de ampliación del periodo para cálculo de las futuras pensiones,
el cual ya pasó de 8 a 15 años en el anterior acuerdo, lo que ya
supuso un menoscabo evidente para un importante número de futuras
pensiones. Debemos hacer toda una campaña desde el PCE, con datos
concretos y supuestos prácticos sobre las consecuencias de una ampliación
del periodo de cálculo.
Con esta situación, podemos
afirmar, que la juventud de hoy va a tener muy difícil obtener una
pensión digna de ese nombre. Por ello tenemos que trasladar esa
reivindicación, también, a las nuevas generaciones.
Apostamos por un sistema público
de pensiones digno, con una mejora paulatina de las pensiones más
bajas. Ante la apuesta de la derecha de alargar más allá de los
65 años la vida laboral, nuestra apuesta se sitúa en el adelanto
de la edad de jubilación a los 60 años, de forma prioritaria en
aquellos sectores de la producción donde se padecen condiciones
de trabajo particularmente penosas. El Partido debe trasladar a
los órganos de decisión que correspondan la reivindicación de que
las pensiones de viudedad sean el 100% de la cuantía, así como la
igualación de las pensiones mínimas al Salario Mínimo Interprofesional.
Mujer trabajadora
La incorporación de la mujer
al trabajo cotidiano de la empresa, tanto pública como privada,
va lentamente incrementando el número de ellas.
La problemática laboral es bien
diferente, siendo la principal la inferioridad en cuanto a salarios
y derechos. Su implicación en las estructuras sociales, tanto de
movimiento asociativo como sindical es escasa, ya que a su participación
en los trabajos productivos remunerados, se suma el ser en muchos
casos indispensables en el trabajo productivo doméstico no remunerado.
Siguen, por otro lado siendo
discriminadas en determinados sectores, sobre todo industriales,
donde su presencia es de menor representatividad.
Al contrario, en determinados
sectores como limpieza o cuidado de ancianos (trabajo asistencial),
por adaptarse al rol femenino de mujer-limpieza, mujer-cuidadora,
mujer.-cocina, en ellos están contratadas en mayor porcentaje, pero
en su contra existe una mayor economía sumergida y, cómo no, convenios
más bajos.
Nuevos retos para el mundo del
trabajo
La globalización económica,
auspiciada por el capitalismo, viene a trastocar por completo el
equilibrio económico y político entre los pueblos, así como el papel
de sus estados, convirtiéndolos en meros instrumentos al servicio
del capital en detrimento de sus administrados, trastocando las
relaciones laborales y el concepto que, hasta ahora, se tenía del
trabajo...
En este complejo proceso de
globalización el capital se sustenta en cuatro ejes fundamentales
y estrechamente interrelacionados: La fragmentación del conocimiento,
la fragmentación del proceso productivo, la libre circulación de
capitales y la privatización del sector público en el seno de los
estados, proceso que ha sido facilitado por el avance de las nuevas
tecnologías y la revolución de las comunicaciones en manos del capital.
El movimiento obrero está viviendo
una profunda crisis de identidad, al igual que la izquierda en general,
que vertiginosamente ha ido plasmándose con el paso de una sociedad
material, basada en la producción pesada y la satisfacción de las
necesidades primarias y el esfuerzo en el trabajo, a una sociedad
más inmaterial sustentada en la revolución de las comunicaciones,
en la fragmentación del conocimiento y en la translocalización fraccionada
del proceso productivo, que está dando lugar a la desmaterialización,
a pasos agigantados, del trabajo.
Marx decía, que para comprender
los fenómenos estructurales hay que ir hasta las estructuras económicas
de las cosas, la izquierda está pasando por una profunda crisis
y no precisamente porque carezcamos de un buen método de análisis,
sino, más bien, porque este método lo aplicamos a estructuras que
ya han desaparecido o están a punto de desaparecer, por lo que es
necesario aplicar nuestro método de análisis hacia el estudio de
las nuevas realidades que se están afirmando a gran velocidad, luego
es imprescindible reconocer, en primer termino, que la verdadera
crisis de la izquierda empezó cuando se derrumbó el pilar sobre
el que se identificaba su análisis social y, podríamos decir su
identidad: El trabajo.
Marx decía, también, que no
eran las tierras o las riquezas el pilar de la producción del valor,
sino el trabajo humano, demostrando científicamente el mecanismo
de la explotación y diferenciando el trabajo realmente producido
y el tiempo de trabajo realmente necesario a mantener por el trabajador.
Hizo de la clase trabajadora, el proletariado, el motor de la sociedad
y le atribuyo el rol de ser la última clase social destinada con
su emancipación a liberar a la sociedad del mecanismo de clase.
Hoy asistimos a una paulatina
desaparición del trabajo, el paro creciente en el planeta no representa
un fenómeno coyuntural momentáneo, sino que se encuentra íntimamente
relacionado con las mutaciones estructurales en el tiempo y en el
espacio, este fenómeno se justifica con los nuevos avances científicos
y tecnológicos, pero no es de la misma naturaleza que hace años,
ya que antes existían mecanismos donde la mano de obra podía resituarse,
aunque el paro seguía existiendo, pero no con la intensidad de hoy.
Los avances científicos y tecnológicos no son, en sí, los culpables,
pero sí son los utilizados por el capital para ocultar la crisis
en que se halla inmerso.
Esta nueva redefinición del
proceso productivo deja al descubierto una crisis larvada del capital
que viene de lejos y la única salida para éste a corto plazo es,
la globalización económica basada en una sola regla, la regla del
mercado.
Empleados públicos y privados,
cuadros intermedios están destinados a desaparecer, el trabajador,
como hoy lo conocemos, corre el fatal riesgo de transformarse en
una clase rara, se anuncian escenarios para el futuro donde sólo
una elite accederá al conocimiento y tendrá trabajo, mientras el
resto, la masa asalariada estará en precario o inactiva gran parte
del tiempo. Por tanto, la masa expoliada del trabajo pierde su valor,
pierde su identidad, surge un nuevo concepto de trabajo, surge el
trabajo inmaterial y sus nuevos sujetos, que es el que produce el
contenido cultural e informativo del mercado en cuanto al proceso
de producción de mercancías, transporte, movimiento de capitales,
corrientes culturales.
La naturaleza de este nuevo
concepto del trabajo nos lleva a cuestionar las definiciones clásicas
del trabajo y lo que se entendía hasta ahora como fuerza de trabajo,
tanto en cuanto sintetiza diferentes tipos de conocimientos relacionados
con las actividades intelectuales en lo que respecta al contenido
cultural informativo y los relacionados con las actividades manuales,
por la capacidad de conjugar creatividad-imaginación-trabajo técnico
y manual y su relación con las actividades empresariales, donde
la organización de un ciclo de producción no es visible inmediatamente,
ya que no se encuentra limitada por las paredes de la empresa, porque
el marco de su acción es el territorio y donde pequeñísimas unidades
productivas se emplean para un tiempo concreto y tipo de trabajo
concreto. El ciclo de trabajo emerge sólo cuando es solicitado por
la empresa matriz y conlleva precariedad, explotación, movilidad
y jerarquía, constantes que caracterizan al trabajo inmaterial metropolitano.
Este panorama que se presenta,
de forma genérica, encubre el trabajo realizado a domicilio, donde
el trabajador sólo mantiene contacto con la empresa a través de
la red informática, dando lugar a la incorporeidad del trabajador
como ser humano, al no darse las relaciones trabajador-empresa,
trabajador-trabajador y trabajador-hombre, al mismo tiempo que permite
ahorrar a la empresa matriz los costes estructurales, como maquinaria,
instalaciones, servicios energéticos, costos sociales, costos en
las telecomunicaciones y costos fiscales y, por añadidura, controla,
además, los suministros de materiales, la energía y las telecomunicaciones.
Este fenómeno representa para
el movimiento obrero, la desintegración de las formas colectivas
de organización de los trabajadores, la precariedad en el trabajo
y la exclusión de amplísimos sectores de trabajadores y conlleva
serios problemas estratégicos para la izquierda y su acción e influencia
en el movimiento obrero.
Si las fuerzas políticas y sindicales,
que han mantenido y aún mantienen como sujeto de relación al trabajador
de la industria y al trabajador público, no reflexionan y actúan
rápido en el control de este fenómeno o no buscan métodos nuevos
de organización, verán que estos trabajadores estarán amenazados
por la misma causa.
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