DOCUMENTOS APROBADOS EN EL
XVI CONGRESO DEL
PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA

Madrid 1, 2 y 3 de marzo de 2002


1. La Globalización Neoliberal:
Qué alternativas impulsar desde la izquierda

En el XV Congreso del PCE iniciamos un análisis, bajo el título "El fin del Mundo bipolar", que consideramos que conserva su validez en los momentos actuales. La globalización neoliberal económica se expresa como un salto cualitativo del capitalismo que, insertándose en el proceso objetivo de avance científico y tecnológico, favorece políticas de maximización del beneficio y de mayor concentración de la riqueza. La globalización neoliberal es un proceso que imprime una nueva forma al imperialismo, se desarrolla dentro de un marco con dimensiones ideológicas -como instrumento justificatorio del capitalismo salvaje y elemento subjetivo del proceso de mundialización y políticas -redistribución y subordinación del poder, en particular con graves retrocesos en los mecanismos de la democracia representativa de la estructura tradicional del Estado-nación y sustituyendo la concepción de ciudadano por la de consumidor-, que tiene carácter transitorio y reversible, y que exige la confrontación social.

La degradación y hundimiento de los países del antiguo bloque soviético junto con la debilidad de las fuerzas progresistas europeas, dan lugar a un escenario de predominio y reforzamiento del "núcleo duro neoliberal" con incremento de los flujos libres del capital que junto a la desestructuración de la clase trabajadora, da lugar al desmantelamiento progresivo del Estado del Bienestar, reducción del gasto público y de los salarios, y nivel máximo de precariedad en el mercado de trabajo y a la creación de un pensamiento único debido a la falta de información y formación crítica.

La aceleración de la subordinación del poder político a los centros reales de decisión, cada vez más concentrados, favorece e impulsa una desigualdad creciente, la aparición de una geografía de lo inútil (abandonos gigantescos a la pobreza, deterioro sanitario y brutalidad bélica en amplias zonas, en especial, de Africa) y la ruptura con cualquier tipo de barrera ética que pudiera servir como límite para la elección de aquellos instrumentos que se estiman como más idóneos para la explotación, que van desde la explotación infantil y el incremento espectacular del fenómeno migratorio -que supone un claro fracaso de las deslocalizaciones industriales como aprovechamiento de mano de obra barata- a la destruccción del medio ambiente, con el boicoteo e incumplimiento de acuerdos como el de Kioto.

La vertiente bélica de la globalización neoliberal liderada por los EEUU y que cuenta con la complicidad servil de la Unión Europea, la propia Rusia y los países del Este y Centro de Europa, ha encontrado como herramienta óptima a la OTAN, la articulación de un selectivo e hipócrita derecho de injerencia por "motivos humanitarios" y la marginación y, en su caso, manipulación de la ONU, cuya escasa eficacia queda al descubierto cuando incluso las decisiones adoptadas contravienen la propia Carta Atlántica que requiere el permiso del Consejo de Seguridad. Tras el 11 de septiembre se produce un reforzamiento de esta vertiente militarista como muestran la guerra en Afganistán, la revitalización del Plan Colombia, las amenazas a Irak, etc.

La globalización neoliberal económica capitalista se presenta como el nuevo totalitarismo mundial, las políticas económicas que emanan del FMI, el BM, la OMC y demás instituciones del capitalismo globalizado, marcan la pauta del desarrollo hacia un modelo de sociedad donde los intereses generales se ven sometidos al interés de la sociedad de mercado basada en la hegemonía de los poderes financieros y las transnacionales. La creación y proliferación de estructuras internacionales como son la UE, MERCOSUR, la Unión del Magreb Árabe, NAFTA, etc, están siendo utilizadas por el capitalismo como medio para desestructurar el mercado nacional. Todo ello acompañado de un paulatino empobrecimiento cultural y una disgregación de las fuerzas de izquierda y progresistas así como por la implantación de sistemas represivos que se traducen en pobreza, hambruna y miseria en el mundo, éxodos y migraciones y situaciones desesperadas que fomentan la violencia.

El reconocimiento de la escala de grandes espacios como escenario inexorable de la actuación política, junto al presente marco estatal, favorece la aparición de nuevos sujetos políticos que implican nuevas formas de participación orientadas por el descontento global que inspiran las políticas neoliberales y que desbordan, no sólo los límites territo-riales sino también el tradicional marco participativo de partidos y sindicatos. Estos nue-vos sujetos que han ido surgiendo durante la última década, tras una fuerte ofensiva ideológica contra los valores y organizaciones de izquierdas, en especial comunistas, se ha expresado en respuestas transformadoras como el movimiento zapatista en Méjico, el MST brasileño, las luchas por las 35 horas y contra el paro en los países occidentales, la defensa de las conquistas revolucionarias en Cuba, etc.

Entre estos destaca el incipiente movimiento de resistencia y alternativa a la globalización neoliberal que protagoniza las primeras respuestas contundentes al modo de articu-larse hoy las contradicciones entre capital y trabajo a escala mundial. Este movimiento, que es la suma de un conjunto de fuerzas políticas, culturales y sociales de las distintas tradiciones de la izquierda que tienen como punto de convergencia la crítica al modo de vivir y producir del capitalismo y una apuesta radical por los pueblos y los trabajadores, ha sido capaz de condicionar la agenda de los gobiernos y las instituciones internaciona-les tanto en la movilización (Seattle, Praga, Niza, Barcelona, Génova, ...) como en el encuentro del Foro Social Mundial en Porto Alegre que habrá celebrado su segunda reunión cuando este Congreso comience.

Este nuevo movimiento es visto como un peligro por las fuerzas políticas que apoyan el neoliberalismo: las dos fuerzas mayoritarias en nuestro ámbito, la derecha popular, conservadora, y la socialdcemocracia instalada en la "tercera vía". De ahí el creciente interés por parte del poder estatal, mediático y económico de criminalizar el movimiento, desestabilizarlo y mermar sus apoyos sociales como atestiguan los casos de Gotemburgo, Barcelona y Génova. La aparición de una alternativa política global opositora de carácter emancipador es una necesidad y, cada vez más, una posibilidad a través de la confluencia de plataformas plurales de izquierda transformadora en las diversas regiones del mundo. Todo ello supone la necesidad de superar el nivel del diagnóstico y articular espacios de diálogo, debate, con carácter amplio y plural sobre la acción contra el neoliberalismo articulando alternativas, desde una presencia propia, sin olvidar que el ámbito de las posiciones comunistas no coinciden con los límites orgánicos, entre otras cosas porque muchas personas que comparten nuestros objetivos están actualmente fuera de los mismos. Nuestra contribución debe esforzarse por impregnar de política programática y organizada las reivindicaciones del propio movimiento, como vía para superar el peligro de un movimientismo estéril cuando no de un apoliticismo no por renovado e insólito menos reaccionario, en el fondo. De ahí que el PCE deba esforzarse en hacer confluir al máximo de fuerzas que se reclamen del marxismo y anticapitalistas en un foro no sólo deliberativo sino también de acción política.

Los acontecimientos del 11 de septiembre, con el brutal ataque terrorista a diversas ciudades de los EEUU -cuya actitud de permanente agresión a cualquier régimen o pueblo que no comulgue con sus postulados no debe olvidarse-, el desprecio flagrante a una solución conforme al Derecho Internacional, la constitución de hecho de una coalición internacional, la redifinición apresurada y coyuntural de alianzas, la repudiable respuesta bélica, la inoperancia de los organismos internacionales, la constitución de seudotribunales sin ninguna garantía, el tratamiento dado a los prisioneros, ha acelerado dramáticamente la puesta en escena del nuevo escenario internacional, provocando incertidumbre e impulsando al primer plano la necesidad imperiosa de democratizar el orden internacional. A la condena, sin paliativos, de cualquier forma de terrorismo, incluido el de Estado, es preciso añadir que la guerra como respuesta hegemónica y derivada de la venganza nunca podrá ser instrumento válido. Todo ello sin perder de vista que más allá de la retórica están los intereses de los EEUU por controlar fuentes estratégicas de energía y sus vías de transporte.

La amenaza más grave deviene, en una espiral acción-reacción, de una militarización creciente de las relaciones internacionales y la limitación de las libertades públicas en contextos de una crisis económica de incierto resultado y con procesos de involución social y civilizatorio de una parte nada desdeñable del planeta como muestra el hecho de que los EEUU y sus aliados se arroguen el derecho de calificar como "terroristas" a cualquier régimen, organización o movimiento, alguno de los cuales fue directamente promo-vido por ellos mismos durante la guerra fría o alentado por la OTAN en los Balcanes, o el que Israel esté aprovechando la histeria generalizada para desencadenar una represeión sin precedentes sobre el pueblo palestino.

El desafío está ahí: la seguridad del Norte está irremediablemente unida, en todas las cuestiones decisivas, a medio y largo plazo, a la seguridad de las masas hambrientas y desarraigadas del Sur. Por ello, la necesidad ineludible de recomponer, desde la advertencia de lo ocurrido un mundo sobre bases nuevas, democráticas e igualitarias. Para lo cual, en nuestro caso concreto, se hace más necesario que nunca la salida de la OTAN y el desmantelamiento de las bases americanas en suelo español.

Diez componentes para impulsar una alternativa desde la izquierda a la mundialización capitalista

1) Reconocer que este proceso es fruto de la confrontación social y que por tanto es posible intervenir frente a él.

2) Esta intervención no conoce fronteras, desde lo local tiene que alcanzar un carácter mundial, cohesionada con los movimientos existentes o que vayan constituyendose en los distintos países.

3) El objetivo central es la conquista democrática del socialismo.

4) Necesidad de aglutinar un amplio abanico de fuerzas de izquierdas dado el carácter plural del sujeto revolucionario.

5) Reconocer la necesidad de alianzas programáticas con todos aquellos que se sitúen frente a las contradicciones generadas por el capitalismo aunque no pretendan la superación del mismo.

6) Necesidad de elaborar alternativas globales y locales concretas adaptadas a las circunstancias de cada pueblo.

7) Crear las condiciones para combinar y coordinar las luchas globales con las locales semejantes aunque adaptadas a lo concreto de cada país, región y localidad.

8) Necesidad de crear una legalidad democrática internacional basada en la defensa activa de los derechos humanos, el respeto al derecho de autodeterminación y a las libertades democráticas, políticas y sociales.

9) Una nueva forma de hacer política que implique a los ciudadanos y ciudadanas en la construcción de un mundo mejor.

10) Construcción de una referencia ética diferente a los valores dominantes, al consumismo actual, a la explotación del trabajo, a la opresión de género y a la esquilmación de la naturaleza, basada en la dignidad humana y la realización personal y colectiva en su necesario contexto social y solidario.

11) El comercio justo como elemento básico y prioritario en la cooperación internacional.


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