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DOCUMENTOS APROBADOS EN EL
XVI CONGRESO DEL
PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA
Madrid 1, 2 y 3 de marzo de 2002
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6. Nuestra apuesta por el socialismo
El término crisis ha tenido
históricamente diversas connotaciones en la historia de la izquierda
y de los comunistas. Crisis en su acepcion más honda ha significado
enfrentamiento entre continuidad y ruptura, tradición y proyecto,
cambio y transformación de una teoría, de una práctica política,
de un modo de organizarse y de intervenir en lo público.
Nosotros, como comunistas tenemos
una ineludible obligación con la verdad y con nosotros mismos. Por
eso no nos asustamos por reconocer que el comunismo como movimiento
histórico y como forma política se encuentra en crisis; en este
sentido y después de la durísima experiencia de estos últimos años
tenemos que subrayar el lado positivo de la misma reencontrando
en la realidad conflictual de las relaciones sociales y en la capacidad
de los de abajo para rebelarse frente a las injusticias, las vías
para superarlo.
El marxismo se pensó a sí mismo
como una ruptura con las viejas tradiciones del movimiento obrero.
El añadido de "científico" al socialismo pretendía fundamentar la
posibilidad del comunismo a partir de las contradicciones reales
generadas por el capitalismo en su evolución histórica. El comunismo,
en este sentido, no solamente era deseable sino posible a partir
del marco civilizatorio creado por el modo de producir capitalista.
La tradición comunista siempre
ha sido plural. Ha reivindicado un programa (el comunismo) y ha
pretendido basarlo en la lucha de clases concreta guiada por una
teoría (el marxismo). La III Internacional fue en sus inicios plural
y solo se transformó en un aparato dogmático y autoritario después
de una dura lucha en la que una de sus opciones terminó por imponerse
a las demás, en condiciones históricas, justo es decirlo, dramáticas
para el movimiento obrero. El estalinismo no solo fue un fenomeno
ruso: afectó directamente a la Internacional y a todos y cada uno
de los Partidos que la componían.
Partimos de aquí no por un
deseo de autoflagelarnos sino para tomar nota de que ese mundo empezó
a disolverse en los años sesenta y terminó, de una u otra forma,
con la caída de la URSS. El resultado de esa situación y de los
diferentes debates que atravesaron nuestra cultura desde entonces
han dado como resultado una pluralidad real en muchos de los Partidos
comunistas. Desde luego en el nuestro. Esto resulta evidente hasta
tal punto que la definición comunista hay que explicitarla, explicarla;
ya no es como lo fue en otra época, algo evidente. Autodenominarnos
comunistas significa algo muy importante: compartir un patrimonio
histórico y una cultura de resistencia y lucha por la transformación
social, pero necesitamos, ahora, en la actual situación llenar eso
de contenidos y propuestas.
Nosotros queremos hacer explicito
nuestro comunismo. A la vez que apostamos por un proyecto unitario
de reconstrucción plural de la izquierda transformadora que llamamos
IU, lo hacemos por un PCE que recoja autocríticamente lo mejor de
su tradición y sea a la vez capaz de abrirse a los nuevos movimientos
sociales que se han confrontado tanto con las viejas como las nuevas
contradicciones del capitalismo tardío. Todo ello en el marco de
una reflexión rigurosa, radical, y por tanto, no oportunista de
lo que fue la experiencia del socialismo realmente existente que
nos obliga a reformular nuestra apuesta por el socialismo.
Nuestra apuesta por el socialismo
no es una apuesta estática. En los orígenes del marxismo, concretamente
en La ideología alemana, Marx y Engels concebían el comunismo de
la siguiente forma: "Para nosotros, el comunismo no es un estado
que debe implantarse, un ideal al que haya que sujetarse la realidad.
Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera
el estado de cosas actual." Más adelante, en El Manifiesto, ambos
autores señalarían la especificidad de los comunistas en el conjunto
del movimiento obrero, indicando su disposición a superar la inmediatez
temporal o local de las luchas concretas. Para los comunistas el
socialismo es por tanto un proceso. Su forma concreta futura no
está escrita, será la práctica colectiva de la sociedad, los trabajadores
y los pueblos confrontados a las contradicciones que el capitalismo
genera, quien lo dicte, de acuerdo con algunos rasgos generales
que exponemos más adelante.
Esta definición del comunismo,
que inspiró, por otro lado, las reflexiones sobre el tipo de organización
inicial de los trabajadores y las trabajadoras frente al sistema,
contiene el sentido fuerte de la propuesta comunista, al hacer de
ella una finalidad de supresión y superación del capitalismo y al
plantear su relación abierta al conjunto de opciones que se propusieran
enfrentarse al orden social existente. Es decir, que nos orientan
aún de forma decisiva al desplazar la centralidad de nuestro carácter
del espacio fundamentalmente organizativo al campo de la estrategia,
de los objetivos del movimiento y, subordinado a ello, la forma
concreta en que los comunistas organizan sus fuerzas.
La visión del Socialismo y
el Comunismo que el PCE defiende es heredera de su propia historia.
El PCE luchó y defendió, unitariamente con otras fuerzas democráticas,
la II República durante la Guerra Civil. Pero ya antes había dado
muestras inequívocas de su talante democrático. En Octubre de 1934
da prueba de su madurez y se distingue en la lucha contra los intentos
de introducir en el Estado esparñol el fascismo, madurez revalidada
con posterioridad, haciendo el análisis de aquella Revolución y
elaborando una política unitaria que se expresó en el Frente Popular.
Con la derrota de la República el PCE continuó defendiendo la causa
de la Libertad y la Democracia alentando a las guerrillas que se
constituyeron. Pero seguidamente llegó a la conclusión de que ciertos
métodos de lucha política armada no se correspondían con la situación
que había en nuestro Estado y varió de estrategia, pasando a defender
la política de la Reconciliación Nacional. El PCE contribuyó poderosamente
al desarrollo del nuevo movimiento obrero, que posteriormente se
concretó en las CC.OO. Asimismo, fue un decidido impulso del movimiento
estudiantil e intelectual. Por ello podemos afirmar que sin la existencia
de nuestro Partido no hubiera sido posible el desarrollo de una
conciencia democrática en el Estado español. Y esa concepción profundamente
democrática está presente tanto en el Manifiesto Programa de 1975
como en el Manifiesto del PCE para la Izquierda de los últimos Congresos.
Por ello el PCE plantea que el Socialismo equivale a la profundización
de la Democracia. Hoy en día, la democracia participativa es la
vía para avanzar en esa radicalidad democrática.
Desde la caída de la URSS la
ofensiva ideológica contra las ideas del socialismo ha arreciado,
penetrando en las filas del movimiento obrero y sus organizaciones.
Como comunistas tenemos la obligación de comprender desde un punto
de vista marxista la naturaleza de estos acontecimientos, sacando
las lecciones políticas de esta derrota con el objetivo de rearmar
políticamente al conjunto del movimiento obrero para las futuras
luchas. Para cumplir con esta tarea, este XVI Congreso del PCE acuerda
la celebración de una conferencia extrarodinaria del partido en
el plazo de dos años para abordar el debate sobre la crisis de los
países del denominado "socialismo real", sus causas materiales e
ideológicas y la posición de los comunistas.
Esta concepción permitió al
PCE mantener posiciones críticas respecto al denominado "socialismo
real" y, en el plano internacional, defender el derecho de cada
pueblo a elegir la manera propia de construir el socialismo. Los
cambios en la Europa del Este y la caída de la Unión Soviética en
cierta medida vinieron a corroborar las críticas del PCE así como
a poner de manifiesto las deficiencias de un modelo económico excesivamente
centralizado y productivista, entre otras.
La reflexión sobre la alternativa
socialista debe ser implacable con experiencias de "socialismo real"
que mostraron, en su funcionamiento interno autoritario, en los
fallos de la planificación, en los problemas para generar bienestar
y desarrollo sostenible, algo más que pequeños errores achacables
a las condiciones de cerco asfixiante por parte de las potencias
imperialistas. Una propuesta socialista creíble debe considerar
los factores de lógica de explotación que se encontraban en el núcleo
mismo de aquellos regímenes, en grados muy diversos, con tradiciones
políticas muy distintas. Pero que propiciaron su lenta erosión,
su rápida caída y las dificultades para la reconstrucción de un
movimiento anticapitalista en los mismos países en que durante tantos
años se gobernó en nombre del anticapitalismo.
Pero mucho mayores y más graves
fueron las consecuencias de estos cambios para los pueblos de esos
países, para la situación de las trabajadoras y trabajadores de
los países capitalistas y, en general para todos los pueblos del
mundo. La realidad tras la caída de la Unión Soviética ha sido el
empobrecimiento brutal de las sociedades donde antes se intentaba
construir el socialismo, el empeoramiento de las condiciones de
vida y trabajo de las trabajadoras y trabajadores de los países
avanzados, la generalización de las guerras y los conflictos de
todo tipo y la agudización de las desigualdades a escala mundial.
La sociedad socialista que
defiende el Partido Comunista de España parte, por consiguiente,
de una experiencia real y de una experiencia crítica. Y propone
los perfiles de su propuesta de futuro de acuerdo con ambos factores
y en consonancia con el ideario fundamental del marxismo.
Para el PCE la apropiación
privada del producto social, el capital entendido como relación
social, en suma, sigue siendo la clave que sostiene esta estructura
injusta. Por tanto, el socialismo y el comunismo son la única solución.
Ello nos obliga a rehabilitar la causa socialista ante las trabajadoras
y trabajadores y ante los pueblos, asumiendo críticamente los errores
pasados pero sin aceptar que la barbarie actual no tiene alternativa.
Como punto de partida, señalamos
que en estos tiempos, más que nunca, el socialismo es posible. Nunca
el desarrollo de las fuerzas productivas ha sido como en la actualidad.
La práctica de las multinacionales nos revela que hoy, más que nunca
antes lo ha sido, es posible combinar planificación con flexibilidad
y autonomía. La inmensa capacidad de producción existente, el conocimiento
acumulado, permitirían organizar la atención a las necesidades básicas
de todas las personas de la tierra.
La sociedad socialista para
el PCE es una sociedad democrática. Lo cual no implica sólo la existencia
del pluralismo como el reconocimiento natural de la diversidad de
opiniones, sino la potenciación del debate para avanzar mejor en
un terreno desconocido. Es una sociedad democrática porque quiere
cohesionar a una mayoría social de progreso y debe actuar en coherencia
perpetua con esa base.
Una de las enseñanzas más claras
de la historia pasada es que la democracia en el socialismo para
ser tal debe extenderse a las decisiones de producción y distribución.
No puede quedar a la puerta de las fábricas y de los ministerios.
La propiedad social de los medios de producción sólo es efectiva
si es la sociedad la que decide. Por ello, esta propiedad social
debe ser ejercida directamente por los trabajadores, sin intermediarios.
La propiedad de las fábricas por parte del Estado y su gestión centralizada
en el socialismo real condujo al nacimiento de una casta de burócratas
que asfixiaron al sistema y que tras la caída de este, muchos de
ellos se han convertido en los propietarios de los medios de producción.
Eso no niega el papel del Estado en el socialismo, el cual actuará
como planificador democrático y legislador de la economía, así como
copropietario, junto con los trabajadores, de aquellas empresas
cuyo tamaño o importancia para la economía así lo aconsejen.
Esta mayoría social se configura
a través de la nueva clase trabajadora, con todos sus estratos,
que sumandoles otros sectores populares, que formarán una nueva
masa de explotados, marginados, desposeídos, que sufrirán las condiciones
de la revolución capitalista en expresiones distintas a las que
hoy se conocen plenamente y que, en cambio, pueden contemplarse
en forma de tendencia. Analizar este ritmo de fondo que produce
mutaciones sustanciales en las relaciones sociales capitalistas
y crea, por tanto, sujetos diferentes de cambio, corresponde al
análisis que debe realizar el Partido de los Comunistas.
La sociedad socialista implica
la planificación de la economía, su control social, la toma de las
decisiones, la asignación de recursos y los criterios de eficiencia
de acuerdo con lo que opina esa mayoría social que encarna el proyecto.
La sociedad socialista implica la existencia de un ámbito decisivo
de sector público y el respeto a formas de propiedad individual
basada en la cooperación y en la posesión colectiva de la tierra
y de los medios de producción producidos por el propio trabajo,
después de un periodo de democracia política y social con economía
mixta, en el junto a la propiedad social de los sectores estratégicos
habrá formas de propiedad privada.
La sociedad socialista es una
sociedad comprometida con la lucha contra la discriminación de género,
que reconoce la diversidad y establece la igualdad del hombre y
la mujer, como una zona específica de lo que se entiende por sociedad
democrática.
La sociedad socialista no es
una sociedad sin conflictos, sino la que tolera que éstos se desenvuelvan
en libertad, como factores de confrontación de maneras diversas
de construir el proyecto.
La sociedad socialista es una
sociedad que se plantea el fin de la alienación. Que promueve la
realización de los seres humanos plena, que los dota de instrumentos
para conocer, para ser dueños de su percepción del mundo, que no
los instrumentaliza al servicio de un interés u otro de facción
de poder.
La sociedad socialista en una
sociedad multicultural, que inicia la universalización práctica
del género humano respetando los rasgos culturales de cada comunidad
pero sin verlos como elementos identificadores inmutables, sino
como sentimientos de grupo abiertos al contacto con otras realidades,
y que van construyendo una sociedad de mestizaje, de intercambio,
de mutuo reconocimiento como partes de una sola identidad esencial.
La sociedad socialista es una
sociedad que desea perpetuar la vida de la especie en la Tierra,
que quiere mantener la biodiversidad y evitar la degradación del
planeta. El factor ecológico no es un elemento añadido a un programa
de emancipación, sino la base material profunda sobre la que se
levantan las relaciones sociales.
La sociedad socialista es una
sociedad superadora del trabajo asalariado que camina hacia un estadio
superior, comunista, superador de la enajenación política o ideológica.
Una sociedad que se reconcilia consigo misma y en que la libertad
de cada uno se desarrolla en la libertad de todos. Por esa alternativa
lucha el Partido Comunista de España. Esa es su razón de ser, el
motivo de la creación del movimiento comunista. Y, en las condiciones
reales de su actuación, habrá de adaptar sus métodos a los principios
básicos que lo inspiran.
El capitalismo moderno ha convertido
a la ideología en una industria. La producción de ideología para
justificar el negocio es, en si misma, un negocio. La lucha ideológica
es inseparable de la lucha política y social.
El PCE conoce su historia,
con sus luces y sus sombras, y desde ella proclama su voluntad de
contribuir a construir la alternativa al capitalismo. En pié de
igualdad con otros, pero sin renunciar a su propia identidad, experiencia
e ideología. El socialismo sigue siendo necesario.
Esta concepción permitió al
PCE mantener posiciones críticas respecto a determinadas prácticas
llevadas a cabo en los países del Este europeo, defendiendo el derecho
de cada pueblo a elegir la manera propia de construir el socialismo.
Los cambios en la Europa del
Este y la caída de la Unión Soviética en cierta medida vinieron
a corroborar las críticas del PCE así como a poner de manifiesto
las deficiencias en un modelo económico excesivamente centralizado
y poco flexible en la adecuada aplicación de los recursos disponibles
para cubrir las necesidades latentes.
La alternativa que proponemos
los comunistas debe ser ante todo valiente. Valiente para acabar
con la sensación de fracaso en la que se halla todo el movimiento
de izquierdas desde la caída de los regímenes de la Europa del Este.
Valiente para superar nuestro aparente complejo izquierdista, que
nos viene llevando paulatinamente a alejarnos de planteamientos
que siempre formaron parte de nuestras señas de identidad. Valiente
para hacer llegar a la calle nuestra alternativa claramente revolucionaria
y profundamente beligerante con el orden establecido.
La reflexión sobre esta alternativa
debe ser profundamente autocrítica (otro de nuestros principios
marxistas fundamentales) con determinadas etapas de la historia
del movimiento obrero de la que formamos parte los comunistas españoles,
condenando y denunciando experiencias del "socialismo del Este"
que mostraron en su autoritarismo, en sus serios errores de redistribución
y en su incapacidad para generar bienestar y desarrollo sostenible,
algo más que pequeños errores de planificación, es decir, pusieron
de manifiesto la indisolubilidad del comunismo con el desarrollo
profundo de la democracia social y económica. Una propuesta socialista
creíble debe ante todo ser imparcial en su análisis, considerando
tanto los aspectos negativos como los positivos y sin olvidar (en
el tema concreto que nos ocupa) las terribles condiciones de cerco
asfixiante por parte de las potencias imperialistas a las que fueron
sometidos estos países, el importantísimo papel que jugaron como
contenedores de las prácticas más salvajes del capitalismo imperialista
y la esperanza (aún con todas las deficiencias anteriormente apuntadas)
que representaron para millones de seres humanos en la posibilidad
de otra forma diferente de vida, que no les condenase inexorablemente
a la pobreza y el sometimiento. No sería pues justo ignorar el importante
papel de concienciación de clase a nivel mundial jugado por esos
países.
La realidad, tras la caída
de la Unión Soviética y una vez aceptado a escala mundial "el fin
de la Historia" y un único modelo económico y social (el capitalismo),
ha sido el empobrecimiento brutal de las sociedades donde antes
se intentaba construir el socialismo, el empeoramiento de las condiciones
de vida y trabajo de las trabajadoras y trabajadores de los países
avanzados, la generalización de las guerras y los conflictos de
todo tipo y la agudización de las desigualdades a escala mundial.
Para el PCE la apropiación
privada del producto social, el capital entendido como relación
social, en suma, sigue siendo la clave que sostiene esta estructura
injusta. Por tanto, el socialismo y el comunismo son la única solución
posible. Ello nos obliga a rehabilitar la causa socialista ante
las trabajadoras y trabajadores y ante los pueblos, asumiendo críticamente
los errores pasados pero sin aceptar que la barbarie actual no tiene
alternativa.
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