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Conferencia Político-Organizativa del PCE. Madrid 3 y 4 julio de 2004

Conferencia política sobre organización

I.

A los 27 años de las primeras elecciones democráticas (15-J/1977) y a los casi 26 de la aprobación de la Constitución es necesario hacer un sucinto balance de estado de la democracia, en general, en los partidos y organizaciones y en el PCE, partiendo de los hechos políticos, de las diferencias entre deseos y realidades de las actitudes colectivas y personales.

Para enmarcar una propuesta organizativa en las necesidades políticas, debe tenerse en cuenta la situación en su conjunto. Los comunistas no somos algo aparte de la sociedad, sino que nacimos para contribuir a la emancipación social, cultural y política de la humanidad.

Veamos algunos elementos:

  1. El imperialismo impone (todavía), aunque no convence a sectores cada vez más amplios.
  2. Hay contestación a sus políticas porque éstas generan caos, miserias y enfrentamientos violentos.
  3. Hay una incipiente pero ya notable articulación de esfuerzos contra sus políticas más dañinas (diversos movimientos de raíz nacional, movimientos contra la globalización neoliberal, movimientos pacifistas...).
  4. El imperialismo guerrea pero se desautoriza moral y políticamente (lo que ocurre en Irak y sus repercusiones es lo más significativo).
  5. El neoliberalismo (sinónimo de capitalismo e imperialismo) impulsó y desarrolló un capitalismo sin topes. Ha sido un fracaso incluso desde el punto de vista de “globalizar” el mercado ya que éste no existe en muchas zonas del planeta y en zonas donde existe ha producido estancamiento económico, social y más pobreza (repasar uno por uno los países latinoamericanos).
    La igualdad es una conquista que todavía tenemos que hacer; ni siquiera el desarrollo económico y de los sistemas democráticos, el acceso de las mujeres a la educación y su mayor presencia en el mundo profesional, son elementos suficientes para vencer las enormes trabas que hoy por hoy nos encontramos en el camino hacia la igualdad real entre hombres y mujeres.
  6. No es solución. No crea un consenso ni entre sus defensores, aunque sí impone su hegemonía y su complicidad en torno a una línea de intereses comunes. El neoliberalismo no puede asumir programas de igualdad, desarrollo, comercio justo, política de paz..., porque iría en contra de sus intereses fundacionales o básicos.

II.

El PCE constata todo esto, de acuerdo con otros partidos y organizaciones sociales de carácter transformador y alternativo pero no lo hacemos desde un voluntarismo y triunfalismo retórico e inútil:
  • Constatamos que el neoliberalismo no es solución a ninguno de los problemas. Se trata de construir pacientemente y con la lucha continua una alternativa posible por lejana que pueda parecernos, con alternativas de carácter democrático y tendencia socialista en torno a los principales medios de producción para que la economía esté al servicio de la mayoría.
  • Estamos avanzando en una dialéctica: no nos arrugamos ni nos inventamos realidades quiméricas.
  • Mantenemos el impulso moral y político para la organización de las ideas y para la movilización.

III.

Sólo la política puede cambiar la realidad en un sentido alternativo al neoliberalismo:
  • En cada país y en el mundo.
  • Entendiendo la política como un instrumento para decidir sobre todas las cuestiones y para imponerse a una globalización que no es tal y a un mercado libre, que es el de los grandes poderes económicos y financieros, sustentados en el poder militar y mediático.
  • Hay crisis política en la izquierda por dos factores: por las derrotas propias y por los vicios y deformaciones en las organizaciones, que afectan gravemente a la participación y a la democracia.
  • Hay crisis cuando descuidamos cualquiera de las dos vertientes: la social (como movilización y fuerza social organizada), y la política (incidir en el gobierno). La lucha social y cultural por objetivos concretos y para abrir el espacio de conciencia crítica en la sociedad, es el antídoto para evitar que las responsabilidades de gobierno, cuando las haya, se conviertan en una subordinación a la política del socio mayoritario, o a una aceptación acrítica del pragmatismo conservador. Pero gobernar no tiene sentido, si además de mejorar aspectos concretos de la vida ciudadana diaria, no logramos cambios estructurales que permitan avanzar en la transformación de la sociedad.

IV.

Debemos rescatar plenamente el debate sobre el poder, sobre su conquista, en que condiciones. No sólo hacer la política de las reformas “posibles” sin ningún horizonte más amplio y perspectiva estratégica.
  • Poder y reformas son complementarios: Las reformas serias y con perspectivas sólo vienen de la lucha, el gobierno y las leyes.
  • Las gentes deben ver en nuestras propuestas: rigor, compromiso, corresponsabilidad, claridad.
  • Gobernar o incidir en el gobierno es optar por unas políticas y otras.
  • Comprender la esencia y realidad del capitalismo actual ya es mucho pero es insuficiente.
  • La denuncia, la movilización y el progresivo avance de una conciencia crítica deben culminar en una propuesta política: un programa político, un mensaje claro, la imagen de que lo necesario es posible. Incluso un sentido moral.
  • Derrotar el neoliberalismo no es un acto supremo, es un largo proceso.
  • Nuestras propuestas no son sólo para demostrar la perversidad moral y humana del capitalismo sino para informar, confrontar, convencer, organizar y cambiar.
  • Ello exige mantener la tensión moral y política en el marco de la realidad actual, con propuestas concretas en cada país, en Europa, en el mundo. Las propuestas básicas del Foro de Porto Alegre y del Foro Social Europeo son uno de los mejores caminos para converger y asumir en torno a objetivos concretos y alcanzables.
  • España es un marco. Europa es un marco ya de política interna y de nada sirve denunciar su complicidad con los EE.UU., su sentido neoliberal, su sumisión política, si, paralelamente, no juntamos fuerzas para transformarla. Un primer reto es, en el marco de las elecciones europeas, y posteriormente, denunciar el actual proyecto de “Constitución” europea por conservador y avalador de las políticas neoliberales, elaborado sin ningún proceso constituyente, y defender otra Constitución posible, fundamentada en los derechos sociales y laborales, en el bien público, en la democracia plena y en los valores de la paz.
  • Por lo expuesto nació en Florencia el Foro Social Europeo, encuentro de debate y de decisión política: sin los acuerdos de Florencia no se hubiese realizado el 15-F contra la guerra y por la paz.
  • Ahora acaba de nacer el Partido Europeo de la Izquierda (IE), en un congreso constituyente, que ha tenido poco debate colectivo en el interior de los partidos implicados. Debe superarse esta situación y convertir el PEI en una base política y organizativa de trabajo en el conjunto de Europa. En Europa existe la masa crítica de izquierdas suficiente para intervenir y contribuir a un proceso de cambios globales. Para ello deberán superarse, entre todos los componentes de la izquierda transformadora europea, actitudes aislacionistas o unilateralmente ancladas en las situaciones nacionales.

V.

Hasta aquí, un breve resumen de la realidad. Analicemos ahora nuestra realidad a la luz de lo anterior:
  • El partido, los partidos, no son algo acabado que son sustituidos por los movimientos, si tenemos en cuenta la movilización social y el poder, expresado éste en diversas instituciones.
  • No hay alternativa a los partidos en el momento actual, entendiendo la lucha y movilización social y política como un todo. Hay la necesidad de complementar y de trabajar en un mismo sentido.
  • Hay diversas formas de enfocar la acción partidaria y social: la que sólo contemple al partido como un instrumento para la acción institucional, subordinado a ésta, y la que se fundamenta en la participación y en la democracia como métodos para la defensa y organización de las ideas y de los programas políticos.
  • El movimiento asambleario, los movimientos plurales, el pronunciamiento y la acción directa, tienen pleno sentido en el marco de una unidad de acción frente a la unidad de acción del capital.
  • La sociedad es algo complejo pero no virgen ya que sufre las mismas contradicciones que existen en los partidos y sindicatos. La relación de la sociedad con los partidos es conflictiva, distanciada, escéptica. Debemos encontrar formas de relación fluidas y de confianza mutua. Esto sólo es posible si el partido funciona democráticamente con la más alta participación posible de sus miembros. Si eso funciona medianamente bien, la relación con la sociedad se establecerá también de forma natural, creativa, respetuosa y constructiva. No se puede hacer en la sociedad lo que no se es capaz de hacer en el Partido.

VI.

La lucha por el poder:
  • En la sociedad debe ser clara en los contenidos y formas, como algo inseparable. No pretender que los fines justifican los medios sino actuar con medios que presupongan el fin.
  • En el partido, el pragmatismo de lo posible, el juego de intereses conspirativos por el poder, el sedentarismo de nuestro papel histórico deben ser erradicados por un sentido ético y democrático que descarte cualquier atisbo de corrupción en la prostitución de las ideas, de los métodos democráticos y de la lucha por intereses particulares vinculados a un puesto de dirección, de representación, o de trabajo. Además del sentido ético hay que establecer reglas que dificulten que los intereses particulares primen sobre los colectivos.

VII.

El papel del PCE:
  • Reflexión y debate. Formación de la militancia en el conocimiento de la realidad.
  • Impulso hacia la sociedad de las alternativas y proyectos del PCE (en IU, en los sindicatos y movimientos sociales, feministas y culturales...).
  • Organización de la participación en las movilizaciones.
  • Sentido democrático de toda la militancia, especialmente de los dirigentes: si el partido debate y decide algo, es la política del partido y de cada uno y una de sus militantes.
  • Reducir y laminar progresivamente las contradicciones que hacen defender en un sitio unas posiciones, o no polemizar incluso con otras diferentes, y cambiar en otros sitios de posición sin mediar para ello ningún cambio en la cuestión debatida. Esto es, simplemente, doble moral, o bien desprecio o desconsideración al colectivo del partido, considerando que éste es sólo un elemento instrumental al servicio de otra realidad organizativa.
  • Por mucho que uno se santigüe con la hoz y el martillo, esta forma de actuar es la progresiva eliminación del partido como instrumento político y organizativo, aceptando en la práctica la filosofía externa de la inutilidad de su existencia. En esto y en otras cuestiones es necesario aclararse ya que la militancia en el PCE es voluntaria y que nadie está obligado a tener una actitud esquizoide según el lugar en que se encuentre.

VIII.

Relación de los órganos del partido con la militancia:
  1. No funciona.
  2. El partido tiene una base, órganos intermedios y dirección federal. Si no hay fluidez en los dos sentidos: relación de abajo-arriba y viceversa, no hay fuerza organizada operativa, tanto para las tareas cotidianas de relación con la sociedad, como para la preparación de movilizaciones y eventos.
  3. El Comité Federal debe tener capacidad para llegar hasta el último militante de forma directa, las veces que sea necesario, para informar directamente de decisiones importantes coyunturales y para informar resumidamente de su trabajo y decisiones regulares. Asimismo, este contacto debe servir para activar e impulsar la participación de cada militante de base, o de niveles más amplios, potenciando el papel de los órganos intermedios.
  4. La comunicación: dirección de abajo-arriba y viceversa se potenciará a través de la relación fluida entre el Comité Federal y los diversos comités de nacionalidad y región y de todos con el conjunto de la militancia. MO, NB y los demás instrumentos de comunicación jugarán un papel clave de inmediato, superando formas y métodos escasamente eficaces.

IX.

El PCE e IU. Algunas propuestas para el debate de la Conferencia de Organización.

El XVI Congreso en su tesis sobre el PCE e IU afirma: "Después de 15 años de experiencia podemos decir que subestimamos las dificultades que para nuestro Partido iba a suponer la construcción de un movimiento político social como IU. Ciertamente, las motivaciones electorales, la gran expectativa social suscitada y la confluencia política y social alcanzada nos hizo pensar que encontraríamos, sin demasiadas dificultades, los caminos para superar las contradicciones que el proyecto conllevaba."

¿Cuáles son esas contradicciones? Siguiendo el orden expositivo de la tesis podemos señalar que se manifiestan en todos los rasgos con los que describimos el proyecto:
  • La identidad de IU.
  • Las relaciones con el movimiento obrero clásico y los nuevos movimientos que convergen en la movilización por otro mundo posible.
  • La democracia y la formación de la voluntad colectiva.
  • El programa y la elaboración colectiva.
  • Las nuevas formas de participación y acción política.

La contradicción más llamativa en la actualidad se da en torno a la identidad: ¿"izquierda verde-izquierda roja", "izquierda plural-izquierda revolucionaria", "federalista-confederal", ...? Pero abordar este debate sin abordar los contenidos es hacerlo de forma nominalista. Además exige resolver una serie de cuestiones previas en torno al discurso y al modo de organizarlo.

Las relaciones con el movimiento obrero y otros movimientos clásicos están condicionadas por los cambios que se han producido en los mismos, cambios que normalmente han ido en el sentido contrario a una propuesta de movilización en un sentido anticapitalista y transformador. Al contrario que influir e ellos, ellos han influido en nosotros. Genéricamente estamos alineados con los "sectores críticos" de estos movimientos pero la práctica es mucho más compleja.

En cuanto al movimiento alter mundialista, el problema radica en que este movimiento es plural, complejo y de desarrollo aún muy incipiente. Los debates que hemos mantenido al respecto en el PCE contienen orientaciones interesantes sobre cómo deberíamos enfocar nuestro trabajo en el movimiento y como posicionarnos en sus debates organizativos y políticos. En la práctica, la posición - individual - de las personas de IU que trabajan en el movimiento no se corresponden con esas orientaciones. Como colectivo, IU aparece en muchos casos ligada a las tendencias menos alternativas y críticas en el mismo.

El problema de la democracia interna en IU es el más llamativo en los momentos actuales. La participación está bajo mínimos y, desde luego, cada vez se articula menos a través de los mecanismos formales de la organización de IU. Consecuentemente, la formación de la voluntad del colectivo se hace de forma cupular o a través de corrientes, pero no, como afirmamos en el Congreso, en la Asamblea.

El programa y la elaboración colectiva han desaparecido prácticamente del mapa. Ello se debe a dos razones. Una primera es organizativa e implica, por una parte falta de medios y recursos para soportar el proceso de elaboración colectiva y, por otra, no haber resuelto bien el problema del poder político de las Áreas. La otra es más de fondo; del mismo modo que la primera época de IU había un discurso globalizador que daba sentido a la elaboración programática, el discurso de la "sociedad de pleno empleo" que respondía correctamente a las contradicciones de la época del felipismo, hoy carecemos de una propuesta que pueda jugar ese papel. Disponemos de muchas alternativas concretas pero no hay una formulación explícita que responda a la coyuntura de hoy.

Las nuevas formas de participación y acción política han quedado, en la mayoría de los casos, como mera formulación de deseos bienintencionados. No hemos sido capaces de funcionar, en el mejor de los casos, de otra manera que no sea la de un partido clásico cuyo trabajo prioritario es el institucional. De ahí las tensiones en torno a los cargos públicos que son constantes en la organización. Los mecanismos de renovación, limitación de mandatos, discriminación positiva, control periódico.., están casi desaparecidos. La participación difusa, la apertura a sectores no organizados, el control externo de nuestra acción política..., prácticamente no existen.

Todos estos problemas se entremezclan y se retroalimentan unos a otros. Una parte nada despreciable es debida a una crisis amplia de la izquierda tradicional, de la que formamos parte, por lo que la búsqueda de culpables no conduce más que a recrudecerlos. Pero podemos intentar resolverlos. Para ello es necesario actuar con voluntarismo, determinación, inteligencia y perseverancia.

Algunas líneas que deberíamos discutir para ello son las siguientes:

Como problema urgente se sitúa la recuperación de la democracia interna en la organización. El último periodo ha sido especialmente dañino para la participación interna. Como PCE debemos aportar la insistencia constante, y la contribución efectiva donde tengamos responsabilidades, a que esto se produzca. Debemos reunir a las Asambleas o pedir que se reúnan. Aprobar resoluciones, transmitirlas y defenderlas. Exigir en todos los niveles de IU que se respeten los procedimientos. Para ello, lo primero es que fluya la información de abajo a arriba y de arriba a abajo. Dónde se detecten "tapones" hay que sortearlos e intentar removerlos haciendo un esfuerzo por suprimir todos los conflictos gratuitos e innecesarios.

Hay dos cuestiones donde la recuperación de la participación interna es fundamental: la constitución del Partido Europeo de la Izquierda y la conferencia de organización de IU.

Los determinantes que han condicionado la constitución del PEI y nuestra propia situación justifican que los pasos dados hasta ahora hayan sido poco conocidos y discutidos. Pero corremos el riesgo de que el PEI se acabe pareciendo a la famosa Constitución Europea, que afecta a todo el mundo pero nadie la conoce ni la ha discutido.

De cara a la próxima conferencia de organización de IU podemos plantear estas líneas de trabajo:
  • Defender todas las formulaciones que hemos ido acumulando en el sentido de reformas políticas internas (papel de las áreas, rotación, carácter colectivo, equilibrio de género...), y exigir que se cumplan.
  • Discutir y revisar las estructuras tan pesadas que se han ido consolidando en el modelo organizativo de IU, que no se corresponden ni con los medios que realmente tenemos ni, menos aún, con un movimiento político y social como pretendemos proclamarnos. Relanzamiento de las áreas de elaboración.
  • Explorar y discutir formas de control y participación abiertas a la militancia difusa y, en general, a los sectores sociales que quieran discutir y acordar la política con IU; una especie de "democracia participativa" que abra las decisiones concretas de IU - y especialmente su capacidad institucional - a los sectores que queremos dirigirnos.
  • En línea con lo anterior, es necesario redefinir la forma de funcionar de las áreas de elaboración de manera que sean, junto con las asambleas abiertas, el vínculo que garantice que las alianzas sociales por la base son reales.

La recuperación de la elaboración colectiva y del papel del programa como vínculo real de IU requiere, además del trabajo organizativo citado, un discurso global ajustado al momento y a los problemas reales y actuales de la sociedad. El Manifiesto Programa del PCE, discutido y elaborado de forma amplia es la mejor contribución que podemos hacer en estos momentos a que IU tenga una identidad "roja" definida, que sepa situar un discurso de clase en el centro de su propuesta política.

Por último el PCE debe fortalecer y poner en práctica su política de trabajo en y con los movimientos sociales, tanto los clásicos como los nuevos. En este punto más que inventar es necesario tomar las medidas organizativas necesarias para aplicar lo acordado, que sustancialmente es correcto. Sólo así podremos poner a prueba las tesis que sostenemos sobre la convergencia de los sectores críticos y alternativos con IU.

Todo lo anterior requiere un funcionamiento del PCE bastante más cohesionado y de mayor alcance. En el último periodo, la proliferación de señales de alarma ha hecho que mejoremos ese funcionamiento pero es bastante posible que esa mejoría sea limitada. Por un lado no es seguro que esté llegando el debate a toda la organización. Por otra parte las salidas individuales o de "grupo" o "corriente" dificultan la unidad que es necesaria para resolver esta situación tan compleja. Por último, las dificultades financieras, la falta de recursos y la acumulación de responsabilidades hace que no se pueda hacer lo que se querría.

Priorizar el propio debate de la Conferencia de Organización del PCE debería servir para empezar a superar estas limitaciones. Tan importante o más que los acuerdos que la Conferencia alcance es haber conseguido que sean los acuerdos de todo el Partido, que no quedan zonas "blancas" o gente sin participar. Diagnosticar hasta qué punto esto se ha conseguido y por donde hay que seguir mejorando es una tarea fundamental para la recuperación del PCE y, por ende, del proyecto de IU que defendemos.

 
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