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XVII Congreso PCE


Balance y papel jugado por la Secretaría de la Mujer en el XVII Congreso del PCE


Maite Mola / 28 jun 05

Algo está cambiando en el PCE, pero de forma insuficiente: los puestos de influencia desde donde podríamos cambiar los métodos y erradicar las formas impositivas de llevar a cabo la política y sus propuestas, están todavía muy lejos de nosotras.

Reflejando nuestra experiencia en el XVII Congreso, podemos decir que muchos camaradas nos siguen viendo como competidoras de segunda clase, que pretendemos quitar su puesto en la dirección a “hombres de demostrada valía”, tratándonos como a auténticos floreros. Es, además, un hecho que la perspectiva de género, en nuestra organización y en nuestro discurso, está fuertemente mediatizada (o contaminada) por las pugnas de poder, que dan al traste, Congreso tras Congreso, con los avances trabajosamente conseguidos en los periodos intermedios.

Las direcciones, tanto federal como de las diferentes federaciones, en su mayoría, no han ayudado gran cosa a incorporar en el conjunto de los documento pero especialmente en los estatutos enmiendas que abran camino a un cambio cualitativo; no sólo por no aceptarlas, sino por crear un clima de sector peligroso que nos apartamos del interés común.

Trabajo en las federaciones.

Es cierto que la existencia de la Secretaría de la Mujer en las diferentes federaciones y provincias ha sido muy irregular. Desde aquellos casos en que se ha trabajado a fondo, con el apoyo de la dirección de la federación, hasta donde nunca ha existido, pasando por situaciones donde la Secretaría se ha tratado como mercancía a repartir por las diferentes “familias”, adjudicándose a mujeres que luego no han hecho nada, impidiendo de facto su funcionamiento.

La responsabilidad de la Secretaría federal en este caso es clara, pero hay que añadir que no es fácil para nosotras, que tan poca autoridad tenemos reconocida en el partido, conseguir que una federación acepte nuestra interlocución para discutir y superar este tipo de cuestiones, en beneficio de toda la organización.

Consideramos, sin embargo, que eso está en nuestro debe, y que en el próximo período habrá que abordar el problema con firmeza, moleste o no a los camaradas la “ingerencia”, que es de lo que nos suelen acusar.

No participación en la comisión de candidaturas.

Sin lugar a dudas, fue un error de la dirección no contar con la participación de la Secretaría de la Mujer en la Comisión de Candidaturas, teniendo en cuenta el carácter conflictivo de la elaboración de listas en nuestra tradición, donde el principio de igualdad resulta siempre la víctima propiciatoria frente a los “acuerdos entre partes”.

Pienso que podríamos haber hecho un buen trabajo en la Comisión, sobre todo hablando con las federaciones que no cumplían el requisito de igualdad, ya que las camaradas de esas federaciones podrían haber trabajado con nosotras en el mismo sentido. Lo cierto es que, cuando nos enteramos de cómo iban las cosas, en la candidatura avalada por la dirección saliente, intentamos remediarlo en lo posible, pero no hubo forma de que se aceptara nada de lo que proponíamos, sólo alguna migaja y con mentiras (se nos hizo creer que aceptaban la inclusión de algunas mujeres que propusimos, cuando ya estaban en la lista desde la reunión anterior, a la que no fuimos convocadas).

Por tanto, el sábado por la noche nos encontrábamos con la lista de la que formábamos parte, con apenas un 35% de mujeres, alguna de las cuales quedarían fuera al entrar los camaradas de la otra lista. Decir de esta última que era totalmente impresentable en el materia de igualdad (entre los primeros 14 nombres –que fue lo que obtuvieron- hay solo 3 mujeres un 21,4%).

Difícil papeleta. Nos reunimos y lo que se planteó fue hablar con Paco Frutos y Felipe Alcaraz, proponiéndoles dos alternativas para salir medianamente airosos de la situación, e intentamos que se votara la que ellos eligieran en el plenario.

Lo cierto es que la actitud de ambos fue positiva, aunque no lo suficiente, ya que no se comprometieron en la exigencia de que se votara en el plenario. El compromiso fue, y así lo expresaron en sus discursos ante el pleno del Congreso, que las federaciones cumplieran compensando en sus cupos el porcentaje de mujeres para que en el total de miembros en el Comité Federal ninguno de los sexos supere el 60%.

Creo que nuestras intervenciones en el plenario fueron correctas, nuestra actuación como Secretaría cohesionada impecable y que hicimos todo desde la firmeza pero también desde la más absoluta responsabilidad; responsabilidad de la que sin duda deberían de aprender el conjunto de la organización y especialmente los miembros de la Comisión de Candidaturas, para no volver a poner a nuestro partido en tan injustificable situación.

A partir de ahora, con la dosis de autocrítica que corresponda, tenemos que plantearnos en la Secretaría el trabajo hacia el futuro, valorar nuevas alternativas en cuanto a contenidos y organización, para orientar nuestra práctica política, rectificar cuando sea preciso, y a la vez seguir luchando por incorporar la conciencia feminista al PCE, con la seguridad de que sin ella no podemos trabajar con las mujeres y sus inquietudes.

Queremos insistir en la idea de que un proyecto mixto revolucionario significa que todas las partes que lo componen comparten igualitariamente –en participación y representación- su desarrollo, organizativa y políticamente.

Las tareas de la secretaría del PCE, tales como transversalizar la problemática de la mujer al conjunto de valoraciones, elaboraciones, etc., del partido, impulsar estrategias de participación y promoción de mujeres en el PCE, formar en el feminismo al conjunto de la militancia, como método para asumir un compromiso real, rechazar las listas que no cumplan la cuota o ahondar en el diálogo entre hombres y mujeres en el seno del Partido y avanzar conjuntamente hacia una democracia paritaria dentro del PCE, siguen demandando un enorme esfuerzo.

Diríamos que el objetivo primigenio de que exista una conciencia en la mayoría de la necesidad de configurar un Partido de hombres y mujeres, pero en igualdad, está lejos de ser conseguido. A esto hay que añadir que algunas personas (hombres y mujeres) todavía consideran que las mujeres “nos lo tenemos que ganar”, mientras en los hombres la valía se da por supuesta.

La potenciación real de las Secretarías de la mujer federales, participar en las publicaciones y sus consejos de redacción, así como en formación, …todo esto contribuiría poco a poco a hacer un PCE feminista que diera ejemplo de otra forma de hacer política: vernos (o sentirnos) como enemigas o competidoras nos envilece y divide como Partido. Más aún, es contrarrevolucionario.

El trabajo es complicado, pero que no quede duda que por nuestra parte el objetivo es conseguir un PCE fuerte en el que también se cuente con nosotras con naturalidad, como con cualquier otro camarada. Todo esto debe ser puesto en orden y debatido en una Conferencia de Mujer, que deberíamos preparar y definir con el máximo rigor, exigiéndonos conseguir la más amplia participación y, por supuesto, la implicación y el compromiso de la dirección del Partido.

No somos un lobby, ni queremos serlo, sólo queremos que en el PCE se aclare si entendemos que la lucha por la igualdad es un objetivo insoslayable, que además hay que practicar a nivel interno, o es pura fachada.

Maite Mola, 28 de Junio 2005

 
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