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23 Septiembre, Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres y Menores


La abolición de la prostitución es la solución


PCE / 23 sep 18

Este 23 de septiembre, Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres y Menores, desde el PCE denunciamos la falta de políticas efectivas para acabar en España con la explotación sexual y el tráfico de Mujeres y Menores y exigimos políticas reales para abolir esta lacra.

España es uno de los principales destinos de trata de mujeres para la explotación sexual. Desde la izquierda defensora de los derechos humanos por encima de cualquier otra consideración, no podemos seguir tolerando la situación de indefensión de las miles y miles de mujeres y menores víctimas de esta forma tan extrema de violencia machista. Según datos de distintas organizaciones, entre el 80 y el 90 % de las mujeres prostituidas lo son mediante la trata y la fuerza.

Hablar de “trabajadoras del sexo” con estos datos es un insulto a la inteligencia. Son seres humanos esclavizadas y forzadas a realizar actos en contra de su voluntad. En este contexto, ha surgido estos días la polémica acerca de la constitución de un autodenominado sindicato de “las trabajadoras del sexo”. En realidad es un sindicato de proxenetas, como se desprende de la trayectoria de varias de las personas que lo promueven. Nos encontramos, pues, ante otra estratagema de los dueños de club de alternes y prostíbulos para mejorar sus tasas de ganancia.

Saludamos la rápida reacción del Ministerio de Trabajo en revertir la autorización de dicho “sindicato”, aunque creemos que las instituciones públicas suspenden en la lucha contra esta lacra desde hace décadas, bien por su complacencia, bien por decir una cosa y hacer la contraria.

Es necesario abordar con valentía este problema desde una doble perspectiva, la primera y más urgente es poner en marcha políticas que persigan y castiguen duramente a los proxenetas y traficantes de mujeres. La segunda es la toma de una serie de medidas de apoyo social, psicológico y laboral para las mujeres prostituidas, así como la penalización de los consumidores de prostitución y de aquellos locales que vulneren la integridad de las mujeres.

No debemos obviar que hay trata porque hay prostitución, del mismo modo que había tráfico de esclavos porque había esclavitud. La actitud democrática ante la esclavitud se basa en el rechazo a un estatuto degradante para la dignidad humana, no en la percepción que cada esclavo pueda tener acerca de su condición. Por ello, conforme a la Convención de los Derechos Humanos, defendemos la abolición de cualquier forma de explotación sexual, como ha hecho el gobierno sueco, erradicando la demanda sin penalizar a las mujeres prostituidas y persiguiendo a los responsables de traficar o participar en esta forma de violencia.

La prostitución es la explotación, la esclavitud y la violencia más antigua inventada por el patriarcado para controlar y someter a las mujeres. Por eso nos oponemos rotundamente a cualquier intento de regular la prostitución, como se pretende con la legalización del sindicato de las “trabajadoras del sexo”. No podemos ignorar como los "empresarios/as" de los prostíbulos financian generosamente "corrientes de opinión” con el fin de enmascarar esta tipología de violencia machista. El hecho de que se pague una cantidad de dinero por acceder sistemáticamente al cuerpo de las mujeres no puede transformar ese tipo de comercio sexual en un «empleo» al que se le quiere nombrar con el eufemismo de "trabajo sexual comercial". Reglamentar la prostitución, integrándola en la economía de mercado, como quieren los y las proxenetas, supone asumir que es una alternativa “laboral” aceptable para las mujeres pobres y que no es necesario remover las causas, ni las condiciones sociales que posibilitan y determinan que las mujeres sean prostituidas.

Desde el PCE compartimos y defendemos claramente la ambiciosa postura del movimiento abolicionista, que sitúa la raíz del problema en la vulneración de los derechos humanos. Derechos que, en tanto que esenciales, están fuera de discusión: los de toda persona a no ser abusada ni utilizada sexualmente, ni de forma gratuita, ni a cambio de ninguna compensación económica. Al mismo tiempo, tenemos el convencimiento de la necesidad de que las mujeres víctimas y supervivientes de esta situación de explotación se organicen para abolir esta forma de violencia machista tan extrema.

 
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