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Prostitución


"Comprando una prostituta no se demanda sexo, sino humillación"


Gerardo Elorriaga / 25 may 07

Juana M. Santana explica la postura de Médicos del Mundo, contraria a su legalización

«Se ha educado al hombre en el convencimiento de que el mundo es suyo, de que puede destruir impunemente un bosque, extinguir especies o comprar mujeres», lamenta Juana María Santana, vocal responsable de género en Médicos del Mundo. El pasado año, esta abogada canaria participó en una comisión parlamentaria creada para debatir la conveniencia de legalizar la prostitución que desembocó en la edición de una ponencia contraria a tal regulación.

La ONG sanitaria ha organizado en su sede bilbaína una jornada en la que se ha analizado la relación entre el comercio sexual y los derechos humanos. Según su representante, la organización adoptó una postura abolicionista después de numerosos debates y contactos con afectadas. «En la trastienda de este negocio hay mucha miseria, sufrimiento y necesidad. No podemos legitimar una forma de subsistencia, sino un trabajo digno».

Asegura que la experiencia le ha demostrado que existen intereses ocultos detrás de quienes reivindican una normativa favorable y recrimina a CC OO su postura prolegalización. «Es un sindicato patriarcal y machista, que aún mantiene una Secretaría de la Mujer y no de igualdad», alega, y le reprocha su actitud: «Se ha reunido con algunas que viven de la prostitución, pero no son prostitutas, y ha encarado la cuestión con un paternalismo que ellos no quisieran para sus trabajadores».

Santana no confía en que los adalides de su consentimiento sean numerosos y merecedores de credibilidad. «Aun en el caso de que hubiera gente que quisiera trabajar en este oficio, y yo no la conozco, no creo que se puede dictar una ley que va a afectar a toda la población. Según esa tesis, todas seríamos susceptibles de serlo y perderíamos los logros obtenidos en la lucha por la equiparación sexual».

A su juicio, no cabe que una mujer decida voluntariamente vender su cuerpo. «¿Puede un empleado trabajar dieciocho horas diarias por menos del salario mínimo? Las mujeres no hemos de renunciar a nuestra libertad y dignidad».

Tampoco encuentra ninguna función social en esta labor. «¿Que dicen que hay hombres enfermos? Conozco mujeres con afecciones que sobreviven sin relaciones sexuales. ¿Que los hombres no son capaces de reprimir su instinto natural? ¿Y qué ocurre, entonces, con el celibato sacerdotal?».

Humillación

Para esta voluntaria de la entidad sanitaria, el negocio no implica tan sólo la mera satisfacción del instinto sexual. «¿Qué se adquiere? No es sexo, sino algo más: sumisión, irresponsabilidad... Se demanda humillación y los clientes se recomiendan tías como si fueran coches y motos, incluso en foros de Internet».

A su juicio, las medidas profilácticas ha de interpretarse dentro de tal mercadeo. «Mantenerlas limpias para que llegue cualquiera, las infecte y sean luego expulsadas de la calle, con la misma consideración que se trata a los animales de granja. No se puede cronificar esta lacra», argumenta.

Ni siquiera cree que se trate de un problema de minorías marginales. «Es una cuestión que afecta a todos, que tiene mucho que ver con la explotación del Sur», señala. Y anima a la implantación de políticas de cooperación al desarrollo para evitar los flujos humanos que alimentan el tráfico sexual. «Primero los esquilmamos y luego les reservamos un puesto en el burdel. ¿Muy cruel!».

Santana lamenta la pervivencia de una tópica visión de la prostitución, alimentada aún por el recuerdo cinematográfico de una bella meretriz encarnada por Julia Roberts, capaz de seducir a un rico cliente. «Mucha gente cree que todo resulta muy pulcro, justo, y que acaba bien; pero no, en este oficio no se suele acabar bien».

 
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