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Izquierda Unida tributó un homenaje a Gertrudis García Collado


Más de doscientas personas abarrotaron el centro cultural ‘Infanta Elena’ de Alcantarilla, para un acto muy emotivo de recuerdo a Gertrudis García Collado


Diego Jiménez | enciezadigital.com / 10 mar 07

“su ausencia es su presencia”, dijo José Antonio Pujante en el cálido homenaje tributado el pasado martes a esta mujer ejemplar.

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Es difícil para quien, como el que estas líneas suscribe, está relativamente acostumbrado a relatar los hechos de la vida cotidiana, a analizar las situaciones más variopintas que nos depara la actualidad económica, social y política, transmitir en unas pocas líneas toda la emoción, nada contenida, que se palpaba en el ambiente la noche del pasado martes en la sala del Centro Cultural ‘Infanta Elena’ de Alcantarilla, en donde, con ocasión de los actos del 8 de Marzo, Izquierda Unida tributó un homenaje a Gertrudis García Collado.

Gertrudis nos dejó hace unos meses, víctima de una cruel enfermedad, pero, con seguridad, sigue con nosotras y nosotros. Sus cenizas descansan junto a la costa lorquina, en contacto íntimo con esa Naturaleza a la que tanto amó y respetó. Como amó y respetó a todas las personas con quienes se relacionó. Gertrudis era, ante todo, una persona extrovertida, bromista y alegre. Y esa alegría contagiosa la acompañó hasta los últimos momentos de su existencia. Pedro Marset, que, con la seguridad que le caracteriza, presentó el acto de homenaje con un verbo fluido y cálido, pero entrecortado en todo momento por la inevitable emoción, se encargó de recordárnoslo. Nos habló de la infancia de Gertrudis y de su dedicación temprana, sin duda vocacional, a los demás, en el antiguo Hospital de la Arrixaca.

Nos contó su dedicación posterior al Magisterio, y su paso por colegios varios de la Región y de la vecina Comunidad Valenciana. De cuando conoció a Cayetano Salas. Y de cómo, juntos, establecieron un proyecto de vida en común, de lucha por los demás. Gertrudis fue una militante, en su más amplio sentido de la palabra. En la escuela, en su localidad de Alcantarilla, en la federación de enseñanza de CC OO –de lo que nos habló Charo, anunciándonos un próximo homenaje también del sindicato-, en el PCE, en Izquierda Unida… Un vídeo sobre su aportación personal a la campaña a las elecciones municipales de 1999, en la que, junto a Cayetano, encabezaba la candidatura por Alcantarilla, permitió ver a esta mujer pasar repaso a todos los temas candentes del momento. Con una suave voz, no exenta de energía en la denuncia. Pero, a la vez, con esa amabilidad y candor, con esa sonrisa a flor de piel que siempre exhibía a los demás, algo consustancial a su ser.

Gertrudis fue, ante todo, una persona buena, amante de los demás, y, como el ilustrado Rousseau, de la Naturaleza. De ahí sus escapadas al campo, de acampada con su familia, y su querencia por el senderismo, como se encargaron de recordárnoslo Santi y Tere, sus amigas de la ‘Asociación senderista Naturarrixaca”, a la que perteneció. La muerte nos iguala a todos, como dijo Concha, amiga común del matrimonio y presentadora del acto, al evocar uno de los poemas más conocidos de Jorque Manrique. Y la vida es breve. Por eso Gertrudis intentó vivirla intensamente. Por eso, con seguridad, próximo el momento de su fatal desenlace, se aferraría a esa vida que tanto amaba en la medida que entendió que la existencia humana merecía la pena si iba acompañada de un proyecto existencial volcado hacia el semejante. Y por eso, porque quienes la conocimos sabíamos de su entrega a sus compromisos más próximos (siempre la recordaré acudir, solícita, a las reuniones del Área Regional de Educación, en el tiempo en que coordiné la misma para IU), su vocación de servicio y de ayuda a los niños y niñas de su escuela, a sus vecinos y vecinas, a sus compañeros y compañeras de militancia…, esa noche del martes no quisimos dejarla sola. No quisimos que su espíritu deambulara en solitario por la sala, abrazando el ramo de flores que adornaba el escenario con el fondo de unas luces tenues que en todo momento transmitían una atmósfera de paz y sosiego.

“Su cariño, su entusiasmo, su alegría… Con eso nos tenemos que quedar”. Esas palabras de José Antonio Pujante reflejan el sentir de quienes quisieron, con las suyas propias, tributar un homenaje póstumo a la memoria de Gertrudis. Como lo hizo el director de su colegio de siempre, Paco García; como lo hizo Toñi, amiga del Club de Lectura de El Palmar (que nos recordó, de paso, su eterno sentido del humor, como el día en que presentara un artículo sobre las bondades de la cerveza para cumplir el compromiso literario a que estaba obligado cada contertulio del club con motivo de una celebración informal); como lo hizo también Raúl Puerta… Como lo hicieron, con una emoción nada contenida, Manoli Sevilla y Beatriz López, con una improvisación teatral basada en textos de Isabel Allende, Jorge Luis Borges, Alfonsina Storne, Edmundo Chacour y Juana de Ibarburu. Cayetano, su compañero de siempre, se había mantenido en todo momento serio, con una solemnidad que sólo el paso de los años y su larga experiencia docente y vital transmiten a quien ha cruzado el umbral de la madurez. Pero, llegado el momento de subir al escenario, a recoger los regalos de la concejala Salud Hernández, y de Pedro y de Elvira, personas muy próximas a él, no pudo evitar que unas lágrimas que exhalaban cariño, ternura y amor hacia quien fue su amor, y madre, inundaran sus mejillas. Pude verlo porque quise inmortalizar ese momento, el más tierno del homenaje, con mi cámara. Las imágenes serán capaces de testimoniar cuanto digo. Pero he querido que, como mi pequeña contribución personal hacia Cayetano y Gertrudis, el verbo, la palabra –siquiera escrita- afluyera en estas páginas, como testimonio de mi mayor respeto, consideración y cariño hacia unas personas, Gertrudis y Cayetano, que, aun desde la distancia –ésa que media entre Alcantarilla y Murcia-, han constituido, también para mí, estímulos para intentar aprender a ser buena persona. Modelos de vida, en suma.

 
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