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La Secretaría de la Mujer del PCE, ante el 75 aniversario del voto femenino


Cómo una República democrática favorece, en este caso, la igualdad de hombres y mujeres


Secretaria de la Mujer del PCE / 30 sep 06

LA SECRETARÍA DE LA MUJER DEL PCE, ANTE EL 75 ANIVERSARIO DEL VOTO FEMENINO

Cuando se instaura la II ª República en abril de 1931, la corriente de pensamiento democrático que en ella participaba, llevaba incluido en su bagaje un cierto número de reinvindicaciones a favor de los derechos de la mujer, como el derecho al voto.

La coherencia de l@s polític@s que se proclamaban democráticos obligó a una revisión de las leyes discriminatorias y a la concesión del sufragio femenino, siendo el proceso bastante complejo y paradójico. Era opinión general, tanto en los partidos de izquierda como de derecha, que la mayoría de las mujeres, fuertemente influenciadas por la Iglesia Católica, eran profundamente conservadoras, por lo que su participación electoral devendría inevitablemente en un fortalecimiento de las fuerzas de derecha.
Este planteamiento llevó a que importantes feministas como la socialista Margarita Nelken (1898-1968) y la radical-socialista Victoria Kent (1897-1987), que habían sido elegidas diputadas a las Cortes Constituyentes de 1931, rechazaran la concesión del sufragio femenino: en su opinión, las mujeres todavía no estaban preparadas para asumir el derecho de voto, y su ejercicio siempre sería en beneficio de las fuerzas más conservadoras. Clara Campoamor (1888-1972), también diputada y miembro del Partido Radical, asumió una apasionada defensa del derecho de sufragio femenino. Argumentó en las Cortes Constituyentes que los derechos del individuo exigían un tratamiento legal igualitario para hombres y mujeres y que, por ello, los principios democráticos debían garantizar la redacción de una Constitución republicana basada en la igualdad y en la eliminación de cualquier discriminación por razón de sexo.

Al final triunfaron las tesis sufragistas por 161 votos a favor y 121 en contra. En los votos favorables se mezclaron diputados de todos los orígenes, movidos por muy distintos objetivos.

La campaña electoral de 1933 fue utilizada tanto por la derecha como por la izquierda en un claro intento de manipular a las mujeres. Los lemas: “Que no pese sobre la mujer la derrota de la derecha” o “Madres, que vuestros hijos no piensen que su falta de libertad se debe a que sus madres no consiguieron liberarlos” eran un claro chantaje hacia las mujeres de uno u otro bando. Feministas y republicanas se negaron a dar consignas de voto: el derecho al sufragio era una victoria, y se interesaron por la política interior con tareas a largo plazo, tales como salud, enseñanza o la paz internacional. A estas mujeres se deben las primeras denuncias contra el nazismo y los campos de concentración. El Komitern ese mismo año reorganiza el Partido Comunista de España, con Pepe Díaz a la cabeza, y aparece arrolladora Dolores Ibarruri, participando con las comunistas españolas en agosto en París en el Congreso antifascista, y organizándose en septiembre las primeras manifestaciones en España.

Aquí tenemos hoy, en 2006, un buen ejemplo y muy actual, de cómo una República democrática favorece, en este caso, la igualdad de hombres y mujeres. Para las feministas del PCE, la república fue un hito histórico en nuestra lucha por la igualdad que implica el apoyo sin fisuras al advenimiento de la 3ª.

MAITE MOLA
RESPONSABLE DE MUJER DEL PCE

 
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