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Memoria histórica


Recordar para no repetir: el genocidio de la carretera de Almería



Comité Provincial del PCA en Málaga / 14 feb 06

El pasado domingo 5 de febrero, unos 150 supervivientes del genocidio de la Carretera de Almería se reunieron para conmemorar uno de los episodios más sangrientos y censurados de la Guerra Civil española: La matanza masiva de la población civil malagueña que en febrero de 1937 trataba de abandonar la ciudad ante la inminente entrada de las tropas franquistas.

Se calcula que más de 150.000 hombres, mujeres, niños y ancianos desarmados obedecieron la consigna de las autoridades de evacuar la ciudad en dirección a Almería, una plaza segura bajo control del Gobierno republicano. Los refugiados partieron el día 7 de febrero de 1937, la mayoría a pie y cargando con las pocas pertenencias que podían llevar consigo. Se enfrentaban a un viaje al infierno. Las tropas rebeldes, que por vez primera contaban con la ayuda de unidades enviadas por los gobiernos fascistas de Italia y Alemania, persiguieron y dispararon sin tregua contra la columna humana desde aire, tierra y mar. Miles de cadáveres quedaron abandonados junto a las cunetas. Cientos de niños se perdieron de sus padres, a menudo para no encontrarlos nunca. Y, lo que es peor; el genocidio fue negado. Apenas quedaron unos pocos testimonios por escrito: Un folleto de denuncia del médico canadiense y militante comunista Norman Bethune, quien acudió a la zona con su unidad móvil de transfusión de sangre para tratar de socorrer a los innumerables heridos, y un indignado relato del entonces joven poeta Adolfo Sánchez Vázquez que recogió la revista La hora de España.

Pero, a pesar del tiempo transcurrido y el silencio oficial, varias de las víctimas de aquel genocidio se rebelaron contra el olvido, exigiendo a las autoridades el reconocimiento del crimen y la realización de un estudio historiográfico sobre la caída de Málaga. Izquierda Unida recogió este guante presentando, el 19 de enero de 2004, una moción al pleno de la Diputación de Málaga, institución donde gobiernan junto al PSOE. Esta moción suponía un compromiso público con las víctimas para iniciar un proceso de búsqueda de testigos vivos, elaboración de un censo general de víctimas y creación de un monumento en su memoria.

El diputado provincial de IU y vicesecretario del PCA en la provincia de Málaga Antonio Blanco ha sido el promotor de dicha iniciativa política, que a lo largo del tiempo ha fructificado en varias reuniones de testigos (en las que han participado más de 350 supervivientes), en la elaboración del primer estudio historiográfico sobre el episodio, a cargo de las profesoras de la Universidad de Málaga Encarnación Barranquero y Lucía Prieto, y en un proceso colectivo de recuperación de la memoria liderado por el Rogelio López Cuenca, uno de los más prestigiosos ‘activistas del arte’ actuales. López Cuenca (Málaga, 1959) ideó el Jardín de la Memoria donde actualmente tienen lugar las conmemoraciones anuales del genocidio. Asimismo, ha diseñado la web www.malaga1937.es como espacio para la participación de la ciudadanía en el proceso de reconstrucción histórica. El proceso iniciado por este artista bajo el auspicio de los socios de gobierno de IU en la Diputación culminará en 2007, con la conmemoración del 70 aniversario del genocidio, ya que, según explica el propio López Cuenca, “los procesos iniciados desde las instituciones no tienen sentido si la ciudadanía no se involucra en ellos”.

En este caso, a lo largo de los dos años que lleva abierto el proceso, decenas de supervivientes han aportado escritos autobiográficos sobre el episodio, listados de víctimas y objetos relacionados con la terrible experiencia vivida en la carretera. Un gesto curioso ha sido el del corredor de fondo argentino Miguel Garrido, hijo de un miliciano que participó en el éxodo cuando tenía 17 años, que ha realizado a pie el trayecto entre Almería y Málaga (en sentido inverso al éxodo real), simbolizando “el retorno de los expulsados”, en palabras del propio deportista.

 
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