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Marcos Ana


Aplazado el acto de homenaje a Marcos Ana



Secretaría de Movimiento Republicano y Memoria Histórica / 14 nov 11

Estimados Camaradas y amigos:

Un fuerte catarro impide a Marcos asistir al acto que teníamos previsto celebrar el jueves 17 de noviembre en los locales del CAUM. Esperaremos a que ese maldito catarro abandone la vida privada de Marcos Ana para que celebremos con él, en un acto sencillo y alegre, sus 50 años de vida.

Por lo tanto, no nos reuniremos el 17 de noviembre sino más adelante, ya no importa qué día, sino que Marcos esté sano.

Y es que este 17 de noviembre de 2011 se cumplen 50 años de la libertad de nuestro querido y admirado camarada Marcos Ana.

Aquel 17 de noviembre de 1961, volvió a nacer… fue como su resurrección… y es que su libertad sólo fue posible gracias a la torpeza e ignorancia de los policías franquistas que no sabían que Sebastián Fernando Macarro Castillo y Marcos Ana eran la misma persona y por suerte lo descubrieron demasiado tarde cuando ya Marcos Ana estaba en París.

De no haber sido así, y en el mejor de los casos, Marcos Ana tendría que haber permanecido en la Prisión Central de Burgos hasta bien entrado 1976…

Aquel día, ya lejano, Marcos lo describe al comienzo de su obra “Decidme como es un árbol”:

FUE EL 17 DE NOVIEMBRE DE 1961. No recuerdo la sensación de calor o frío, de oscuridad o luz que tuve al salir de la prisión.

Iba en una nube, inadaptado y feliz.

…Sin embargo, en la mañana de aquel 17 de noviembre me llamaron a Jefatura:

—Prepárese para salir en libertad; después de comer, cuando se arreglen los papeles, podrá usted marcharse.
Después de comer los altavoces me llamaron: «Fernando Macarro, a Jefatura con todo lo que tenga». Me fui con lo puesto. Sólo me llevé conmigo el Canto general, de Pablo Neruda, camuflado tras las tapas y las primeras páginas de un libro de versificación religiosa.

Me despedí una vez más de los amigos y camaradas de mi galería.

Se había corrido la voz y cuando bajé, en la puerta del patio, que daba a los rastrillos de salida, ya se habían congregado otros muchos compañeros para despedirme.

«No nos olvides, no nos olvides», me decían algunos al abrazarme. Les dije adiós con un nudo en la garganta, bajo la mirada atenta y sorprendida de los guardianes…


Y en la página 38 del mismo libro nos recuerda:

…En efecto, en el bar de enfrente de la casa de mi hermano, en la calle Monederos, había siempre una pareja de policías de paisano, a los que algunas veces encontraba en mis paseos.

Pero mi vida era tan sencilla y tan calculadamente solitaria que dejaron de seguirme y se pasaban el día jugando al dominó en el café. Al regresar a casa, tras cualquiera de mis salidas, procuraba dejarme ver o pasaba por el bar, como si hubiera un acuerdo tácito entre nosotros.

Curiosamente, unos días después de que el aparato clandestino me sacara de España, según le contó el inspector a mi hermano, los policías fueron llamados para un informe rutinario sobre mis actividades y dijeron que yo seguía haciendo una vida completamente normal.

—Sí, tan normal —les interrumpió el inspector— que anoche ha hablado por Radio París desde la capital francesa. Y además es Marcos Ana.


Celebraremos pues, en fecha no muy lejana, el feliz aniversario, no obstante te pedimos que le envíes un saludo y lo hagas a través de este correo. Nosotros se los enviaremos.

Un saludo y gracias por vuestra comprensión,
Gloria Aguilar Reina
Responsable de Memoria Histórica del PCE

 
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