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Sobre la cumbre de la OTAN


Ni razonable, ni realista: destinar más recursos para la OTAN es el camino equivocado


PCE / 25 jul 18

La cumbre de la OTAN en Bruselas, los pasados 11 y 12 de julio, ha vuelto a tomar decisiones que contradicen su declarada apuesta por la distensión y la paz. Tras recibir las diatribas de Trump, los países miembros de esa alianza militar mostraron su sumisión (tras discretas muestras de disgusto por el trato dispensado por el presidente norteamericano) y volvieron a aceptar las reclamaciones de Washington para destinar más recursos económicos a los ejércitos, una exigencia que solo conduce a una nueva carrera armamentística en el mundo.

La OTAN, cediendo a las presiones norteamericanas, ya había aprobado dedicar el 2% del PIB a gastos militares, objetivo que cada país miembro debe cumplir antes de 2024. En la cita de Bruselas, Trump apremió a sus homólogos europeos a destinar aún más recursos a los ejércitos y al presupuesto de la Alianza: una exigencia acompañada de una hipócrita queja norteamericana por el supuesto desequilibrio en las aportaciones de cada miembro. Trump exigió en Bruselas que los socios de la OTAN dediquen el 4% del PIB al gasto militar: un disparate político, y una señal equivocada para China, Rusia y el conjunto del planeta.

La trifulca belga sirvió a Trump para acusar a Alemania de ser “rehén de Rusia”, y para amonestar a otros países, en un vergonzoso enfrentamiento por el dinero, envuelto en discursos broncos y desaires, que pretendieron cerrar con un comunicado conjunto que sólo muestra la inutilidad de la OTAN para la salvaguarda de la seguridad y la paz. El mundo no ha olvidado las intervenciones militares en Oriente Medio y en Libia, que sólo han llevado a esos territorios muerte y desolación.

Con el pretexto de la amenaza terrorista, Trump y sus homólogos europeos y canadiense decidieron destinar más militares a Iraq, proseguir la financiación de grupos armados y de cuerpos mercenarios, y continuar la intervención militar en Oriente Medio y África. Además, siguiendo su amenazante expansión (que viola acuerdos suscritos con Moscú, llegando hasta las mismas fronteras rusas y enviando buques de guerra al Mar Negro), invitaron a Macedonia a incorporarse a la OTAN. Señalar de nuevo a Rusia, apelando a su supuesta amenaza, como hizo la cumbre de Bruselas, y definiendo la incorporación de Crimea como el origen de las diferencias no solo es una grosera mentira: revela una intoxicación y un espantajo necesarios para justificar la nueva carrera de armamentos. Los miembros de la OTAN adoptaron el compromiso de desplegar en dos años treinta nuevos batallones militares, decenas de escuadrillas aéreas y buques de guerra: nuevas fuerzas de intervención rápida que siguen la lógica del enfrentamiento, el acoso y la incorporación de nuevos territorios a la acción militar de la OTAN. Desmintiendo las palabras de Stoltenberg, malas noticias para la paz.

En Bruselas, la disposición del presidente del gobierno, Pedro Sánchez, de enviar fuerzas al norte de África, de reclamarse como “socio fiable” de Washington, y de aceptar, en la práctica, el incremento del presupuesto militar español, no ayuda a afrontar los problemas de la paz y la seguridad en Europa y en el mundo. De hecho, siguió la senda establecida por los sumisos gobiernos del Partido Popular ante Estados Unidos; porque, pese a las palabras de Sánchez, no es ni razonable ni realista que España, sumida en una grave crisis económica, aumente los gastos militares, y que su aportación a la paz consista en ceder a las imposiciones norteamericanas.

Que Trump se pavonee públicamente de que los miembros europeos de la OTAN “pagarán centenares de miles de millones de dólares más en el futuro” no sólo indica la temeraria política del gobierno norteamericano sino también la debilidad y la escasa dignidad con que los gobiernos europeos responden a una grave situación. “Malo para Rusia”, escribió Trump tras constatar el compromiso de sus aliados de aumentar el gasto militar. Que una alianza como la OTAN, que cuenta con un presupuesto militar combinado de sus países miembros de más de 950.000 millones de dólares, señale a Rusia (cuyo presupuesto de defensa apenas alcanza los 70.000 millones) como una grave amenaza, sería simplemente ridículo sino fuera, además, un alarmante y peligroso indicio de la irresponsable política exterior norteamericana y de la sumisión europea.

El Partido Comunista de España cree que es urgente elaborar una nueva política de defensa, en España y en la Unión Europea; una apuesta sincera por el desarme progresivo y la paz, que sólo puede llegar exigiendo la disolución de la OTAN, y contribuyendo desde Europa a crear un nuevo marco de colaboración y de estabilidad en el continente y en el conjunto del planeta. La “Europa de la defensa”, tantas veces esgrimida en Bruselas, es apenas un hipócrita recurso para ocultar la falta de determinación, la soberanía limitada y el servilismo ante Washington de los dirigentes europeos, porque la defensa de la seguridad y la paz necesitan otra política y otros gestos. Pese a las vacías palabras del secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, sobre la “contribución de la OTAN a la libertad”, Europa y el mundo no demandan mayores presupuestos militares, sino una activa defensa de la paz y una decidida contribución al desarme, porque destinar más recursos para la OTAN no es ni razonable, ni realista: es el camino equivocado.

 
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