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Sobre la situación en Nicaragua


Con la Revolución Sandinista: no al intento de "golpe blando" de la derecha y EEUU


PCE / 30 abr 18

Los acontecimientos sucedidos en Nicaragua en las últimas semanas han sido presentados por los medios de comunicación del capital y del estado como una simple protesta ciudadana por el aumento de las contribuciones a la seguridad social por parte de trabajadores, pensionistas y empleadores, que desembocó a partir de la semana pasada en una ola de violencia que está dejando muertos, saqueos masivos y ataques contra ambulancias, hospitales, clínicas, comercios, autos, instituciones gubernamentales e incluso viviendas familiares.

La "excusa" fue una reforma del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) que preveía subir del 6,25 % al 7 % el aporte de los trabajadores, mientras que los empleadores pasarían de pagar del 19 % al 22,5 % y con el objetivo de corregir el déficit del INSS y hacerlo sostenible a largo plazo.
Ante esto el Gobierno dio marcha atrás a la reforma de la seguridad social y se mostró dispuesto a establecer una mesa de diálogo para encontrar una solución al déficit del INSS. Sin embargo, los cabecillas de las protestas como la presidenta del Frente Amplio por la Democracia (FAD), Violeta Granera, aseguraron que no detendrían sus acciones; porque según ellos quedaban otros temas como
la libertad de expresión, la corrupción, etc... Es decir: la cuestión de la reforma del INSS no es más que un paso en una estrategia de desestabilización tristemente conocida en el continente hermano.

Esta situación vivida en Nicaragua se asimila mucho a la actuación que la oposición venezolana con el apoyo del Gobierno de EEUU viene desarrollando en ese país. A todas luces es un plan de la derecha nicaragüense con el asesoramiento y financiamiento norteamericano, que utiliza delincuentes para realizar esas acciones de vandalismo y crear inestabilidad social y, progresivamente, inestabilidad política y escenarios artificiales de desabastecimiento y escasez de productos básicos. Como dijo el propio Ortega, no fue gente pobre la que irrumpió en los centros comerciales, ni una contribución del 0,75% de su salario al INSS va dejar en situación de pobreza a los trabajadores o pensionistas, para que ellos se vean motivados a protestar.

Los medios de comunicación y las redes sociales de las élites han movido y fermentado esta protesta, creando una realidad ficticia pero útil para sus objetivos de desestabilización del gobierno nicaragüense. Estos, llamados métodos de la Guerra No Convencional (GNC), han sido perfeccionados por Washington para derrocar gobiernos que no son de su agrado y lograr que sea la
propia sociedad la que se enfrente al gobierno con cualquier excusa. Con ello se pretende potenciar el conflicto desde el interior y el exterior para culminar con un cerco a nivel diplomático o una intervención de ¨tipo humanitaria”.

Así se explica que Washington ordenara la salida de los familiares de sus diplomáticos en Managua, la reducción de los servicios en su embajada y la petición a sus ciudadanos de «reconsiderar viajes» a Nicaragua.

Estas acciones contrastan con las estadísticas que muestran a Nicaragua como uno de los países más seguros y pacíficos de Centroamérica, con un creciente número de turistas e inversores extranjeros y con una de las tasas de crecimiento económico más altas de la región, en torno al 5 % del PIB anual.

El objetivo de estas acciones es socavar la imagen de Nicaragua y con ello cuestionar el Gobierno de Ortega para preparar el escenario de "golpe blando".

El PCE y las fuerzas de izquierdas debemos desenmascarar estas acciones antidemocráticas por parte de la derecha nicaragüense con la complicidad y ayuda del Gobierno de EEUU y reivindicar los logros de la Revolución y Gobierno Sandinista en Nicaragua y en el mundo.

 
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