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Comunicado del PCE sobre la crisis en Líbano


Tras su derrota en Siria, Arabia Saudí e Israel tratan de desestabilizar el Líbano


PCE / 13 nov 17

El pasado 18 de diciembre de 2016, y tras más de dos años sin gobierno, Saad Hariri, multimillonario, miembro de la burguesía libanesa y hombre de confianza de Arabia Saudí, fue elegido primer ministro de Líbano como dirigente del partido sunita “La Corriente del Futuro”. Saad había aceptado un acuerdo de gobierno de unidad nacional que incluía a sus enemigos del partido nacionalista y chiita, Hezbollah.

Su dimisión, el pasado sábado 4 de noviembre, fue anunciada (la realidad siempre supera a la ficción) no en Beirut, sino en Riad y a través de la cadena oficial Al-Arabiya, lo que ha llevado a suponer que Saad, o está secuestrado en Arabia, o lo que es más probable, chantajeado por el monarca absolutista de facto en Arabia, el príncipe heredero de la corona, Mohamed Ben Salman; para entender esa capacidad de chantaje hay que saber que el padre de Saad Hariri, Rafic Hariri que también fue primer ministro de Líbano, se enriqueció, contando con el apoyo y la financiación de Arabia Saudí, comprando las parcelas y los edificios destruidos por la guerra civil en Líbano; Rafic Hariri primer ministro, era también Rafic Hariri hombre de negocios, que compraba baratos terrenos agrícolas o devastados por la guerra, los recalificaba y construía como suelo urbano; Saad que nació en Arabia, heredó el negocio inmobiliario de su padre y Preside la Saudi Oger, una de las principales constructoras de Arabia. Rumores muy extendidos dicen que, a pesar de ser una de las grandes fortunas de Líbano, Saad está bastante endeudado y son los saudíes los que pueden o no ejecutar esa deuda. Pero el trasfondo político de la presión saudí hacia Saad Hariri tiene que ver con el desarrollo de la guerra infinita que atraviesa todo el cercano oriente. Arabia Saudí ha apoyado, financiado y armado a los distintos grupos salafistas que han sumido a Siria en una guerra de caos y destrucción; esta guerra la están perdiendo esos grupos, y con ellos la está perdiendo Arabia Saudí. Uno de los apoyos fundamentales de las fuerzas armadas del estado sirio han sido los destacamentos de guardianes de la revolución iraní y las milicias libanesas de Hezbollah. Al mismo tiempo, la guerra que libra Arabia Saudí contra Yemen lleva más de dos años empantanada sin que las tropas sauditas puedan doblegar la resistencia del movimiento Houti, a su vez también aliados de Hezbollah y de Irán. En el tablero de la guerra del Oriente Próximo, donde Arabia Saudí y los países árabes del Golfo Pérsico se alinean con Israel, Turquía y la OTAN, mientras que Rusia y China respaldan a Irán, Siria, y milicias como Hezbollah, la familia Saud no considera tolerable que sus aliados en el gobierno de Líbano, compartan gobierno y toleren o apoyen el esfuerzo militar que Hezbollah está haciendo en Siria contra los mercenarios de Arabia Saudí, o el papel de control que juega frente al intervencionismo de las fuerzas sionistas de Israel a las que Hezbollah ya obligó a retirarse de Líbano en el verano de 2006 y mantiene a raya desde entonces. De hecho, en su discurso en Al-Arabiya, Saad Hariri ha culpado de su dimisión a Hezbollah, brazo ejecutor de los “persas” contra los árabes, manifestando que temía ser asesinado igual que lo fue su padre en 2005.

Pero la presión saudí hacia Saad Hariri, coincide con dos acontecimientos muy importantes en la propia Arabia Saudí:

- El primero, el golpe de estado efectuado el pasado 4 de noviembre (por supuesto la prensa internacional al servicio de la OTAN no lo denomina así) con la detención sorpresiva de más de 500 personas, entre las cuales habían ministros, exministros, numerosos príncipes, dirigentes de los cuerpos de seguridad y de las finanzas… El golpe de estado ha cambiado un régimen absolutista basado en el reinado de un clan familiar, por el reinado de una dinastía sucesoria de padre a hijo. Efectivamente el reino saudita, es una construcción, relativamente reciente (1932) del imperialismo inglés, que después del fin de la primera guerra mundial apoyó al sector árabe más reaccionario y retrógrado, que no eran panarabista ni cuestionaban la creación del estado sionista de Israel, frente a otros sectores árabes que defendían la unidad de la nación árabe y rechazaban la creación del ente sionista. Desde la creación del estado, cuyo primer rey absolutista fue Abdulaziz Inb Saud, han gobernado 6 de sus 10 hijos, ya que la transmisión de la corona no se hace de padre a hijo, sino de hermano a hermano. Existe o existía, porque ya no se reúne, un consejo familiar que era quien decidía los nombramientos sucesorios. Una vez agotado la línea de hermanos, el actual rey Salman Ibn Abdulaziz, de 81 años de edad, se vio obligado por el consejo familiar a nombrar como príncipe heredero a su sobrino Mohamed Inb Nayef; sin embargo, cambiando ese acuerdo, el pasado 21 de Junio el rey Salman, nombró como sucesor heredero a su hijo Salman, era un nombramiento sobre el papel; la purga del 4 de noviembre, de todos los primos y tíos que podían discutirle la sucesión al trono ha hecho efectivo su próxima asunción del poder absoluto que da la corona saudita, poder que en la práctica ya detenta. Ministro de defensa desde 2015, dirigente del monopolio petrolero estatal, de la compañía de inversiones públicas, del reino y de la política económica, dirige ahora además la Comisión de lucha contra la corrupción, que ha sido la excusa y el instrumento para hacer la purga de rivales familiares que podían discutir la nueva línea sucesoria de la monarquía. El historial del príncipe Salman en sus dos años de actividad política no puede ser más desastroso: inicio de la guerra con Yemen que se suponía que iba a ser un paseo militar, ejecución pública del principal dirigente de la oposición (el clérigo chiíta Nimr Baqr al-Nimr), agravamiento del enfrentamiento con Irán, ruptura de relaciones con Qatar (por sus relaciones amistosas con Irán) y el golpe de estado desde la Comisión Anticorrupción. Sus tíos y sus primos no son angelitos precisamente, ya que de común acuerdo en el consejo familiar han subvencionado a todos los grupos terroristas salafistas (al-Qaeda, Estado Islámico…) han promocionado y financiando por todo el mundo, en madrazas y universidades islámicas, su concepción de un Islam profundamente reaccionario, el wahabismo; en su gobierno no toleran ningún tipo de democracia, oposición ni disidencia, ni partidos, ni constitución; la fuente del poder es el rey que gobierna iluminado por Dios, aunque eso sí, son fieles vasallos convencidos de EEUU y del bloque imperialista de la OTAN y de las leyes del capitalismo.

- El otro acontecimiento que sucede justamente la misma noche del 4 de Noviembre, es el lanzamiento de un misil de los resistentes Houtis de Yemen al aeropuerto de Riad. El misil fue interceptado por el sistema antimisiles Patriot, instalado por EEUU, pero el hecho supone un salto cualitativo en la guerra y una acusación directa a Irán de estar armando a los rebeldes Houtis.

En este contexto cobra sentido que el príncipe Salman, quiera romper la unidad del gobierno del Líbano, con el objetivo de paralizar la acción de ese gobierno y atizar los enfrentamiento étnicos y religiosos en este pequeño estado, neutralizando así a un adversario temido como es Hezbollah; en realidad se trata de una fuga hacia adelante en una política que ha venido cosechando fracasos y derrotas en los dos últimos años. El avance de las fuerzas populares en Siria, con el Ejército Árabe Sirio al frente, es la derrota de Arabia Saudí, y es la ruptura del frente antisirio en el Oriente Próximo (Turquía, Qatar, Israel, Jordania y los países del golfo). Cabría preguntarse si la tensión puede llegar a una nueva agresión de Israel a Líbano apoyada por Arabia Saudí. La respuesta nos la da el principal dirigente de Hezbollah, Sayyed Nasralá; él llega a la conclusión de que los rumores de agresión a Líbano por parte de Israel o Arabia son infundados; en el caso de Arabia porque: “El rumor que se refiere al príncipe heredero saudí afirma que presuntamente habría organizado una reunión con los jefes de Estado Mayor de la coalición saudí para preparar un ataque contra Líbano. Este rumor no tiene fundamento. Contra Yemen entiendo que Arabia sea capaz de enviar sus fuerzas, porque es un país vecino. Pero con el Líbano, ¿de dónde vendría esta fuerza? ¿Desde Siria, donde fueron derrotados? ¿Desde la Palestina ocupada? ¿Desde el mar? Sin ser un gran estratega, cualquier militar os diría que tal especulación es ilógica”. En el caso de Israel, porque: “Israel tiene cálculos precisos y solo se lanzará a una guerra contra el Líbano si cree que ésta será rápida y sin costos humanos, económicos o morales. Sin duda, sabe que toda guerra contra el Líbano tendrá consecuencias estratégicas para la propia existencia de la entidad sionista. Desde 2006, los israelíes no cesan de decir que si Hezbollah ataca, si Hezbollah hace esto o lo otro, nosotros responderemos. De este modo, sus amenazas son siempre en condicional”.

Es por ello que frente a la dimisión de Saad Hariri, el llamamiento de Hezbollah es a “mantener la calma y la paciencia y a esperar que la situación se clarifique y no atender a análisis o rumores interesados, y a proteger la estabilidad y la paz civil en el Líbano y, por lo tanto, a no inquietarse, al menos por nuestro lado. No vamos a tomar ninguna medida contra tales declaraciones. Vamos a actuar de manera responsable a fin de preservar la estabilidad y la seguridad del Líbano en una región que sufre constantes conflictos”.

En resumen, el príncipe árabe saudí Salman, al que la prensa otanista celebra como un joven reformador, puede acelerar el proceso histórico por el que la movilización popular acabe con la hidra de la reacción en el Medio Oriente. Hariri por su parte, como buen especulador y burgués, hará mutis por el foro y esperará que llegue el momento propicio para seguir haciendo negocios, utilizando si puede sus cargos políticos, aunque también es probable que las cosas en Líbano no vuelvan a ser como eran.

 
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