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Seamos realistas: La Constitución europea no favorece una Política Exterior Europea


Diario de Noticias | Andrés Herrera Feligreras* / 15 feb 05

Jürgen Habermas, uno de los pensadores de la izquierda más destacados de nuestra época, identifica el unilateralismo hegemónico del actual gobierno de Estados Unidos como uno de los desafíos que requieren una mayor integración de Europa. Como Habermas, Toni Negri defiende el Tratado Constitucional y como ellos, un importante número de destacados nombres de la izquierda española. Naturalmente no me estoy refiriendo al “enrollao” Loquillo, sino a Pere Portabella, Antoni Gutiérrez, Nicolás Sartorius o Javier Pérez Royo, por citar algunos. En todos ellos existe un común denominador: reconocen que la Constitución Europea tiene importantes carencias en lo social y en lo democrático pero, sostienen el Tratado Constitucional como único vehículo realista para constituir una Europa garante del derecho internacional y en necesario contrapeso de los EEUU.

En línea con este argumento quienes, desde la izquierda defienden este tratado, afirman que resulta hipócrita protestar contra la “hegemonía de Estados Unidos” y después recurrir a éste país cada vez que estalla una crisis grave (léase el genocidio balcánico) y que por tanto, es necesario reforzar las capacidades militares de Europa para actuar de forma independiente en la escena internacional.

Las personas que, desde posiciones marcadamente progresistas, respaldan la Constitución Europea lo hacen porque, frente al Tratado de Niza, el Tratado que se vota el día 20 de febrero supone un avance, un paso adelante en diversas materias y, entre ellas, en política exterior. Con esta Constitución, argumentan, la Unión Europea tendrá un Ministro de Exteriores y un servicio diplomático propio.

Para evitar malos entendidos, quiero aclarar que no hay ironía en mis palabras. Siento un gran respeto tanto por los citados como por otros hombres y mujeres que, comprometidos con el progreso y la justicia social, apoyan este Tratado desde el convencimiento íntimo de que es el único camino para asegurar una paz mundial amenazada por la sombra imperial estadounidense. Sin embargo, y paradójicamente, la vía defendida por éstos como realista, como única alternativa viable, es la más idealista. No responde a una lectura objetiva del Tratado que votaremos el día 20 sino más bien, al deseo de la Europa que todos quisiéramos. No responde a un análisis de los compromisos exteriores de los gobiernos que hoy conforman la UE, sino a la necesidad de una Europa comprometida y garante de los derechos humanos a escala planetaria.

Quienes afirman que la “Constitución vincula a la Unión Europea, el derecho internacional y NN.UU” lo hacen en base a lo que el tratado recoge en sus artículos I-41, III-309 y especialmente en el I-3, donde la promoción de la paz pasa a ser el objetivo número uno de la Unión. Desde luego esto es muy bonito, y agradable de leer, pero ¿Qué pasaría si uno de sus miembros no cumpliese ese objetivo?. Pues sencillamente nada. Si la defensa de la paz hubiera sido un Valor de la Unión, se podría haber procedido a sancionar e incluso expulsar al Estado infractor, pero como en este Tratado solo es un objetivo, uno de los Estados miembro de la Unión puede participar o promocionar un conflicto en cualquier parte del mundo sin que la UE pueda tomar ninguna medida contra él. Esta es la realidad.

Otro apunte, según el articulo I-41 apartado 7: la OTAN “seguirá siendo, para los estados miembros que forman parte de la misma, el fundamento de su defensa colectiva y el organismo de ejecución de ésta”. Sigamos siendo realistas ¿Alguien puede imaginar que EEUU, líder indiscutible de la Alianza Atlántica, va a dejar que Europa elabore una doctrina militar que colisione con sus intereses?.

A este interrogante, los defensores de la Constitución Europea aseguran que la tutela de Washington puede superarse gracias a las “cooperaciones reforzadas” esto es, que un grupo de Estados miembros avancen más deprisa que otros en un campo concreto -como actualmente es el Euro- y por tanto el Tratado permitiría avanzar en materia de política exterior o de defensa. Personalmente, esto me gustaría lo que ocurre es que, quienes argumentan así, parece que no se han leído el Tratado en su totalidad. Veamos:
Para establecer una “cooperación reforzada”, medida que se introduce en los Tratados de Ámsterdam y Niza, es necesario: a) que se pongan de acuerdo un tercio de países miembros para solicitarla; b) que la Comisión recoja la propuesta, pero ojo, no existe un mecanismo que obligue a hacerlo por lo que puede bloquearla por omisión; c) si la Comisión acepta la propuesta es necesario contar con el respaldo del Parlamento Europeo así como que ningún Parlamento nacional se oponga y la recurra a la Corte de Justicia de las Comunidades; d) Si la cooperación reforzada lo es en materia de política exterior y seguridad, requerirá el examen del Ministro de Exteriores de la Unión; f) Finalmente, “la autorización de llevar a cabo una cooperación reforzada se concederá mediante una decisión europea del Consejo, que se pronunciará por unanimidad” (artículo III-419). Sigamos siendo realistas ¿Alguien puede imaginarse, con este complejo mecanismo que requiere la unanimidad final de 25 Estados, la puesta en marcha de una política exterior capaz de hacer frente al unilateralismo hegemónico estadounidense?.

A mí me gustaría que la Unión Europea se constituyese en un intermediario autónomo capaz de intervenir, militarmente al servicio de Naciones Unidas, para evitar la masacre diaria de palestina, los barbarie africana o tutelar un verdadera salida en el conflicto del Sahara. Sin embargo, no creo que sea un problema de capacidad militar. Es verdad que para los neoconservadores estadounidenses Europa es Venus y EEUU es Marte, y también es verdad que a una parte importante de los europeos nos gusta esa impronta de pacifismo venusiano para Europa, pero la realidad es que la UE es la segunda potencia militar del mundo. El gasto militar de los 25 suma 180.000 millones de dólares anuales y 1,3 millones de soldados integrando los diferentes ejércitos europeos. Para ser más explícitos, en términos de porcentaje de gasto total mundial, los gastos militares de la UE representan un 19,52% mientras que los de Rusia y China representan un 1,45% y un 3,97% respectivamente. ¿Acaso no es suficiente ese nivel de gasto para “imponer” la paz?, ¿Para qué aumentar las capacidades militares?¿Es que alguien aspira a una reedición de la “Guerra Fría” pero esta vez Europa-EE.UU, que requiera entrar en una dinámica de rearme continuo?.

Concluyendo. En el escenario teórico donde los afanes de poder de los Estados no se encuentran reflejados, los avances del Tratado Constitucional dominan. Sin embargo, en la historia real los seres humanos luchan por no ser menos que otros y progresar y los Estados por ser más fuertes, ampliar su influencia e imponer sus intereses. Hoy la UE la constituyen 25 Estados, uno de los países medulares en la configuración de una defensa europea, el Reino Unido, se encuentra en materia de política exterior y seguridad -histórica y políticamente- más cerca de Washington que de Bruselas. Por su parte los nuevos socios de Europa Central y Oriental, vienen de cuarenta años de soberanía limitada por Moscú, es lógico que ahora traten de preservar un margen de autonomía lo suficientemente amplio como para estar en la UE sin alejarse de EEUU.

Creo que los europeos tenemos distinta sensibilidad que los estadounidenses en materia de solidaridad, derechos humanos y paz, y creo que el planeta necesita de una Europa pacífica capaz de constituirse en una alternativa civilizatoria a lo que los Estados Unidos representan. Ahora bien, en materia de política exterior y seguridad común, con el Tratado Constitucional que votaremos el 20 de febrero no se produce ningún avance, más bien al contrario blinda la solución acordada en el Tratado de Niza, la misma solución que no pudo evitar la Guerra de Irak.

* Profesor e investigador sobre Europa del Área de Internacional de IPES

 
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