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Debate sobre el futuro de IU

Intervención Javier Navascues, Director de la FIM en la charla refundar la izquierda, construir la Republica



La democracia participativa es deliberativa. Y deliberar es construir colectivamente un conocimiento nuevo, soluciones nuevas, a partir de la diferencia

Javier Navascues / 26 jun 07

Queridas compañeras, queridos compañeros:

La necesaria brevedad de mi exposición me impedirá matizar algunas de mis afirmaciones por lo que pido excusas por anticipado si alguién resulta molesto. No es mi intención el hacerlo aunque, desde luego, no tengo tampoco la pretensión de ser políticamente correcto. Entendedlo pues como un intento honesto de contribuir a resolver lo que creo que nos preocupa a todos, la mala forma en la que se encuentra la izquierda transformadora en nuestro país.
1.
Considero fuera de discusión a estas alturas la necesidad de que la izquierda se articule a partir del valor de su propia pluralidad, sobre la base del acuerdo programático y mediante instituciones – es decir, organizaciones - y prácticas democráticas e igualitarias. Esta es la definición inicial de IU.

Ahora bien, y aquí es donde encuentro la primera gran carencia de la actualidad, el campo de la lucha contra la explotación y la opresión es amplio y plural, pero la izquierda para ser tal necesita un análisis y una comprensión concreta y práctica de las realidades y tendencias subyacentes al capitalismo globalizado.

El mundo de la vida está poblado por relaciones sociales, valores, intereses de género, culturales, generacionales, ... por la pluralidad de las identidades, en suma. Es más amplio y complejo que el mundo de las relaciones de producción pero en absoluto es ajeno a ellas. En esa complejidad se generan y toman forma los procesos de mercantilización que impulsa el proceso de acumulación capitalista. Y esto es algo que necesitamos desmenuzar más y conocer mejor. De lo contrario el derecho a la vivienda se convierte en una compulsión para enladrillar más, la prostitución se convierte en un problema sindical y la solución al patriarcado en el derecho a casarse de las personas homosexuales.

Para encontrar el hilo rojo del que muchas veces nos reclamamos tenemos que profundizar mucho más en nuestra comprensión de cómo el "capitalismo feo" del que habla Armando Fernández Steinko impacta en los diferentes grupos, territorios, capas.

Haber borrado del mapa el proceso de análisis y elaboración colectiva, las famosas áreas, ha tenido un precio altísimo. Ningún símbolo, ninguna consigna, ninguna república puede llenar ese hueco. La pérdida de autonomía política de IU tiene particularmente su origen en esta pérdida de autonomía intelectual.
2.
El segundo gran problema de la IU actual es un problema de democracia. La volatilización de las áreas no es más que un ejemplo de todas las innovaciones democráticas que han pasado al olvido. La rotación, la búsqueda del consenso, la soberanía de la asamblea, la "adscripción flexible", el protagonismo del colectivo, ... han dejado paso a un autoritarismo creciente del que da fe la epidemia de gestoras y expulsiones que nos afecta.

No es un problema sólo de IU. Otto F. Wolff lo explica en un trabajo reciente al respecto de los Verdes alemanes. Es significativo el correlato entre el abandono de aquellos rasgos alternativos con la evolución de la posición política de Die Grunen.

La pérdida de la democracia interna afecta a toda la organización. No es un problema de dirección sino que es la conversión de un partido-movimiento en una camarilla de profesionales dentro de la cual nos podemos incluir todos, la "oposición" interna, a los "aspirantes".

A partir de ese punto, las categorías sociológicas (empezando por la generacional) se revisten de aparente significación política, las coaliciones mínimas de dirigentes se conforman siguiendo las reglas de la teoría de juegos, el diálogo interno pierde el sentido y aparece la propaganda electoral. Cualquier iniciativa resulta sospechosa de formar parte de un plan de marketing; esta misma sin ir más lejos.

La democracia participativa es deliberativa. Y deliberar es construir colectivamente un conocimiento nuevo, soluciones nuevas, a partir de la diferencia. Las estructuras que hemos desarrollado en IU, la burocratización de las relaciones internas, la divisón entre el trabajo "intelectual" (hablar en El País) y "manual" (pegar carteles), impiden la democracia participativa.

Al final no hay espacio más que para dirigentes-empresas que ofrecen a los cada vez más escasos consumidores de la base, unos productos que cada vez cuesta más trabajo diferenciar y en cuya elaboración no han tenido ninguna participación. La desafección galopante está servida.

3.
¿Es preciso refundar IU? Refundar hace referencia a los fundamentos, los cimientos. No quiero discutir por palabras, pero si por los cimientos entendemos lo primero que se puso, sobre lo que se empezó a construir, creo que no.
Más bien creo que hay que hacer es derribar las entreplantas, azoteas y "soberaos" que hemos ido añadiendo con el tiempo. Asistimos en estos días a un proceso en Italia que se parece mucho a lo que pusimos en marcha hace ya más de veinte años. No creo que esas bases deban cuestionarse.

Pero veinte años es mucho tiempo. De Felipe González a ZP pasando por Aznar. De la reconversión industrial a la decandencia del "boom" del ladrillo. De los euromisiles a la guerra contra el terrorismo. Estos cambios indican una línea de trabajo clara para la reconstrucción de IU: la reconstrucción del análisis, la alternativa y el discurso programático. Algo que sólo se puede hacer de forma colectiva, construyendo en torno a las respuestas que todos los días se dan en los innumerables centros de resistencia al neoliberalismo. Para ello no hay más remedio que darle la palabra a esas personas y grupos. Y no sólo la palabra.

En lo organizativo hemos aprendido cosas: de los zapatistas, del movimiento no global, de la revolución bolivariana, ... Lo que a mi me sugieren esas experiencias apunta más a lo que hay que eliminar que a lo que hay que añadir. En primer lugar, niveles burocráticos internos -secretarías, presidencias, ejecutivas, ...- . En segundo, fronteras, entre direcciones y bases, entre dentro y fuera. En tercer lugar, creo que necesitamos una cura personalizada todos los que nos hemos maleducado políticamente en esta fase. Pero como todos sabemos, que los programas de desintoxicación pueden fallar, no está de más una rigidez extrema - al menos durante los próximos cien años - en los viejos principios de rotación, incompatibilidad de cargos públicos y orgánicos, desprofesionalización, revocabilidad por la asamblea, etc.

Un buen reto a nuestra capacidad de regenerar IU sería, guiados por estas ideas, proponer alternativas de organización y funcionamiento que el "pueblo de izquierdas" pudiera ver como un instrumento propio. Donde se incorporaran sus propuestas, en cuyas decisiones pudiera participar, que rindiera cuentas periódicamente.

Esto se puede hacer allí donde está en nuestra mano poniéndolo en práctica. Hay asambleas locales, incluso federaciones donde puede hacerse. Y esto mismo es lo que hay que reclamar con insistencia allí donde no se cumpla.

Es una cuestión de prioridades: ¿qué está antes? ¿nuestro modelo de IU o ganar la guerra en IU y luego impondremos nuestro modelo de IU?

¿Ingenuidad, quizás? Sí, pero sólo la justa. Como los soldados de Napoleón llevaban todos en la mochila un bastón de marsical, los militantes de izquierdas llevamos en la nuestra un manifiesto (y la posibilidad de una escisión). Cada uno, y cada una, con su manifiesto pero sin vendernos motos, tenemos la oportunidad de escribir uno colectivo. ¿Estamos por la labor?

Javier Navascués



 
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