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La lucha popular se hace indispensable, y la herramienta de las Marchas es útil


Las Marchas de la Dignidad vuelven a las calles el 28 de mayo



Marchas de la Dignidad / 18 mar 16

Con la convocatoria de movilizaciones en todos los territorios y naciones del estado, las Marchas de la Dignidad vuelven a las calles el 28 de mayo reivindicando Pan, Trabajo, techo y Dignidad contra las políticas de austeridad y el pago de la deuda.

Para las Marchas de la Dignidad, nos encontramos en un contexto de crisis del régimen y de su modelo productivo y ante una situación concreta de gran inestabilidad política, fruto de un parlamento con graves dificultades de gobernabilidad. Ahora bien, en la actual coyuntura se plantea que se puede forzar a una salida favorable para los intereses de la mayoría social de nuestros pueblos. Este contexto de inestabilidad política e institucional (tanto a nivel estatal como a nivel internacional), es el caldo de cultivo ideal para recuperar la movilización, y recuerdan que las Marchas de la Dignidad han contribuido significativamente en la profundización de esta crisis del Régimen.

La regeneración o la recomposición del Régimen es posible, opción que no podemos permitir, manifiestan desde el movimiento 22M, que a la vez plantea que es necesario reflexionar acerca del desplazamiento parcial de las ilusiones a la vía electoral “somos conscientes de las limitaciones de la lucha institucional si no hay lucha popular, que es el auténtico motor de los cambios”. Más allá del escenario político posible en el estado, las necesidades son las mismas, así como la vigencia de nuestras reivindicaciones. La lucha popular se hace indispensable, y la herramienta de las Marchas es útil, para unificar las luchas, para arrastrar sectores hacia posiciones de ruptura, para crear poder popular y canalizar las ansias de cambio, así como para deslegitimar todavía más las estructuras del bipartidismo político.

Para las Marchas de la Dignidad, independientemente de los pactos y de la conformación del nuevo gobierno, así como del calendario electoral, es el momento para plantear desde las Marchas, como espacio de confluencia social, sindical y política, una ofensiva política que avance en la desobediencia y que desemboque en un gran movimiento que incida más que nunca en la ruptura con el Régimen del ’78 y con los gobiernos de la Troika, para lo que realiza un llamamiento al resto de colectivos y organizaciones sociales y políticas que coinciden con el programa de las Marchas a sumarse a estas movilizaciones.

Para ello, en la reunión del 31 de enero, la Coordinadora Estatal de las Marchas de la Dignidad acordó la convocatoria de una fuerte movilización descentralizada para el 28 de mayo, y en otoño convocatoria de forma conjunta una acción centralizada en Madrid sin poner fecha todavía, y planteándose nuevas formas de acción. A la vez la Coordinadora Estatal consideró de plena vigencia el manifiesto estatal ante la persistencia de la situación de recortes de derechos y libertades, compatible con la necesidad de actualizarlo.

Por último, ante un contexto de gobierno en funciones, teniendo en cuenta que el parlamento en estos momentos puede legislar, y que existe una amplia configuración de fuerzas que se podrían calificar de no inmovilistas, esta situación otorga un margen de actuación a la mayoría social y a las MMdD, a la hora de exigir ciertas medidas inmediatas o cuestiones de programa progresista (como la derogación de la Ley Mordaza, amnistía social lo más amplia posible, reformas laborales a favor de la clase obrera, etc.).

En esta línea, el movimiento 22M considera necesario plantear las reivindicaciones con reflexiones de máximos en clave constituyente o elementos políticos centrales, como la relación con el pago de la deuda ilegítima, la soberanía de los pueblos, etc., que posibiliten el desarrollo de los objetivos sociales y de las reivindicaciones populares pisoteados por el régimen del 78; y dotar sus propuestas de discurso, incidiendo en un decálogo de exigencias temáticas (OTAN, derecho a una vida digna, presupuestos militares, represión, Derechos Humanos, reivindicaciones sindicales, derecho a decidir, feminismo, vivienda, etc.), que desarrolle las reivindicaciones del movimiento desde los parámetros de una mayoría social que lucha por trasformar esos espacios, además de sufrir directamente las consecuencias de las políticas de recorte y negación de derechos.

 
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