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Fiesta PCE 2011


Coloquio: Economía crítica y marxista, una explicación a la crisis y una forma de superarla



Secretaría de Comunicación del PCE / 17 sep 11

Los profesores de Economía Juan Pablo Mateo Tomé y Juan Manuel Ramírez Cendrero presentan el libro «Globalización, dependencia y crisis económica. Hacia un análisis marxistas para la crisis»

Aunque existe un enfoque dominante –por mayoritario- entre los profesores de Economía que deriva hacia la mercantilización, en nuestras universidades se mantiene la presencia también de una economía crítica y marxista. Desde ese enfoque han organizado varios congresos, resultado del celebrado en Málaga con el nombre de II Congreso de Economía del Desarrollo y las ponencias allí desarrolladas surge el libro «Globalización, dependencia y crisis económica. Hacia un análisis marxista para la crisis» que edita la Fundación de Investigaciones Marxistas.

Juan Pablo Mateo Tomé, profesor de Economía Mundial en la Universidad de Comillas, defiende la pertinencia del enfoque marxista para entender la crisis actual, ya que es capaz de proporcionarnos las herramientas con las que entender la realidad: el proceso de crecimiento capitalista necesita de las crisis, pues son momentos necesarios en la acumulación del capital y en su dinámica, no son factores externos al sistema capitalista los que producen las crisis. Dicen los ortodoxos (neoliberales y keynesianos) que la crisis se ha producido por los especuladores que han sido demasiado avariciosos, porque hemos tenido unos tipos de interés demasiado bajos que ha facilitado el endeudamiento y que ha producido un auge bursátil desmedido donde encontrar mayores beneficios y finalmente por los estados que siguen siendo una cortapisa al libre mercado absoluto.

Sin embargo las crisis se repiten y nos hacen pensar que su origen no es algo extraño al capitalismo, sino que forma parte del propio sistema como defiende la economía marxista. No todo estaba contemplado en estas teorías, ya que el capitalismo no estaba totalmente desarrollado en el XIX, sin embargo no son elementos que no se puedan estudiar desde esta óptica. Con este enfoque deberemos analizar el cambio tecnológico que proporciona la mecanización y expulsa la mano de obra; explicar que no se ha cumplido la dinámica de crecimiento, es decir que no ha habido un constante incremento de los salarios porque se han creado bolsas de desempleados que tiran de los salarios hacia abajo, a la vez que se ha reducido la dinámica de inversión; revisar el porqué se han aumentado las dinámicas especulativas con un importante auge bursátil, financiero e inmobiliario.

Juan Manuel Ramírez Cendrero es profesor de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid. Explica que la realidad económica, tal como existe, genera desequilibrios. Nos pregunta por qué existe el subdesarrollo. No es el resultado de las casualidades, sino de un funcionamiento concreto. La Economía del Desarrollo Emancipativo es un compromiso de superación, que nace de una vocación transformadora que primero quiere comprender la realidad para identificar los factores que indican el subdesarrollo y conseguir desbordarlos. Las teorías económicas ortodoxas y las críticas no se ponen de acuerdo ni siquiera en la definición del término economía. Los ortodoxos o convencionales señalan el valor de la Economía en maximizar de una manera eficiente los recursos que son escasos, marcando como importante el crecimiento y olvidándose de la distribución. Son técnicos que buscan que lo intolerable parezca necesario, lo suyo es reparar defendiendo ciertos intereses, pero no hay detrás ningún análisis científico ni planteamiento de alternativas. Los heterodoxos o críticos buscan en la Economía la ciencia de la abundancia, se preguntan cómo generar más recursos y de qué forma distribuirlos para mejorar las condiciones de vida de todo el planeta por igual.

El subdesarrollo es una espina clavada en el sistema capitalista, algo que desde el modelo convencional tiene difícil encaje, pues muestra las incapacidades que presenta. Así que los convencionalistas se ven obligados a explicarlo como causa del fatalismo, de que hay pueblos que culturalmente son incapaces de crecer y también porque tienen dirigentes corruptos. La economía mundial no ha existido desde siempre, al contrario, resulta algo reciente, de menos de trescientos años y surge como el modo natural de extender un capitalismo en función de intereses, de necesidad de nuevos mercados, de controlar las fuentes de materia prima y mano de obra para su beneficio. Las grandes compañías son las que han impuesto qué tiene que producir cada país, llevando a muchos de ellos hacia monocultivos que deja expuesta su economía a los caprichos del mercado. Los monocultivos no forman parte de la cultura de estos países y tampoco es un resultado de sus necesidades alimenticias. Así encontramos países con déficit alimenticio que sin embargo son exportadores de alimentos, la producción la orientan al exterior porque se obtienen mejores precios. Las compañías que allí se instalan para producirlos son de fuera, sólo miran por su rentabilidad. Así ocurrió por ejemplo en Haití, para modernizarse y competir debían abrir su mercado, la producción de azúcar se convierte en monocultivo y el mercado interno de azúcar lo ocupa una compañía de Arkansas. El resultado es que se destruye el tejido productivo e industrial, aumenta el desempleo y la pobreza, surgen poblados cuyas condiciones de vida están muy por debajo de los mínimos. Hay consecuencias de las catástrofes naturales que se amplifican por el sistema.

Los neoliberales están vampirizando la Economía del Desarrollo Emancipativo, su dios del crecimiento impone que sólo la empresa privada es capaz de garantizarlo de una forma eficiente. Fuera los Estados que legislan protegiendo unos servicios públicos que alejan la inversión. Nada que cuestione el hacer de las empresas. Estas corrientes neoliberales cuando se enfrentan al subdesarrollo lo abordan como un asunto de excluidos y lo hacen sobre una vía humana: el desarrollismo es algo a aplicar de forma individual, a unas pocas personas que puedan mejorar sus capacidades y sus oportunidades, así que se crean programas sociales de políticas asistenciales para grupos de damnificados estadísticamente significativos.

Sin embargo del Desarrollo Emancipativo busca las causas en el funcionamiento capitalista, donde el objetivo único es el beneficio. El mercado no decide los precios, lo hacen unos agentes negociadores que miran exclusivamente por los intereses de las compañías que representan. Que los precios garanticen la renta de los productores supone cuestionar la forma en que se exporta, la lógica del mercado y todos los aspectos consustanciales de la economía capitalista. El marxismo ha sabido identificar las claves del sistema capitalista, nos ha enseñado que la rentabilidad agudiza el subdesarrollo, que las salidas individuales no suponen la superación del desarrollo mundial.

La pobreza y la extrema pobreza son la expresión del subdesarrollo, el salario en condiciones de subsistencia es el peaje que sirve para conseguir el abaratamiento de un producto. No cuestionar la rentabilidad y todas estas reglas del juego no sirve para cambiar las condiciones de vida. «Globalización, dependencia y crisis económica. Hacia un análisis marxista para la crisis» es el resultado de esta perspectiva emancipadora explicando por qué resulta posible.

Javier Alvarez

 
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