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Cuba-1º de mayo


Alegría en Cuba



Felipe Alcaraz / 06 may 10

Después de 20 años he visitado de nuevo Cuba y vuelvo a España con lo que en medicina se conoce como “corazón de soldado”. Se trata del corazón palpitante del soldado antes de entrar en combate. Corazón palpitante por la emoción y por las ganas de hacer algo más frente a los que intentan acabar con la revolución. Y al mismo tiempo regreso con la convicción confirmada de que si los cubanos aguantan, y la isla ha mejorada de forma sustancial en todos los aspectos, los demás no debemos descansar en esta batalla en la que nos jugamos un referente histórico irrepetible, que galvaniza a los revolucionarios de todo el mundo.

Y ellos, sin duda, aguantarán. De eso estoy más seguro que nunca después de asistir a la movilización del primero de Mayo en la plaza de la Revolución en La Habana. En mi vida política, ya larga, he visto nada parecido, nada tan alegre y que transmitiera tanta fuerza y convencimiento político, tanta combatividad en marcha. En mi vida he visto tanta alegría organizada.

Ha sido, el que ha pasado ante nuestros ojos, un bloque inmenso, ágil, trabado, inolvidable. Juan Carlos Marsán, que nos acompañaba en la tribuna en representación del PCC (más arriba Centella departía largamente con Raúl Castro, que después lo invitaría a comer), me pidió que lo acompañara a la orilla de aquel río de gente. Desde luego no era una manifestación por encargo, de gente obligada. ¿Quién puede escenificar el orgullo y el ansia de combate de setecientas mil personas? ¿Quién puede organizar su alegría, la alegría de familias enteras? ¿Cómo se consigue ese gesto multitudinario y en cada rostro?

Está claro: se consigue desde la misma gente, consciente de su fuerza y unidad en torno a la necesidad política de lanzar una gran advertencia de paz preventiva. Lo mismo que hay guerras preventivas, injustas, existe su réplica justa: la que se daba desde aquel río-océano de gente que desde La Habana, y desde todos los rincones de Cuba, mandaba el mensaje de un gesto decidido y potente de paz, independencia y revolución. Los ataques a Cuba, por tierra, mar o cielo, tienen en esa unidad alegre una respuesta que no es posible obviar, desconocer.

Esa alegría masiva y organizada, junto a los argumentos de los dirigentes con los que nos hemos entrevistado, explican la fortaleza de la revolución y su lucha exitosa contra la soledad. Cuba no está sola, a pesar de los esfuerzos del capitalismo y de la última campaña montada por los aparatos institucionales de EE.UU. y la Unión Europea.

El sistema neoliberal se dedica a identificar capitalismo y democracia, convirtiendo el capitalismo en vida cotidiana. En este orden de cosas donde no hay capitalismo, no hay democracia; donde no hay “libertad” de mercado, no hay libertad. Ese mercado libre que lo es, para ellos, porque a través de leyes y guerras amplían constantemente la libertad de explotación de trabajadores y pueblos. Por tanto, desde este planteamiento los defensores de la libertad de explotación no pueden aceptar una democracia, la cubana, que no es de mercado, y que para serlo, y serlo en profundidad, no se identifica con el capitalismo ni tiene en la explotación el santo y seña de su filosofía. Por eso, a la hora de defender la democracia cubana hay que ponerse a la ofensiva: no se trata de comparar los distintos grados de libertad con democracias de mercado. Es una democracia real frente a esas democracias de consumo y de mercado que cada vez se basan más en una especie de sociedad del espectáculo, donde el ciudadano se convierte en cliente y la participación política es una simple parodia mediática.

Por eso, ante el nuevo ataque, muy virulento, y dirigido a intentar erosionar las líneas de apoyo solidario y de unidad interna de la revolución, es preciso responder con fuerza y contundencia. Sobran argumentos. Sólo es preciso añadir la decisión de exponerlos, y exponerlos ahora.

El primero de mayo en Cuba ha sido un inmenso, incontable argumento que hablaba por sí solo. Un gran argumento de alegría y combatividad por la independencia y la revolución. Somos muchos y somos capaces de todo en defensa de nuestra dignidad, se transmitía. Cuba, a quien quiera ver y oír, se explica con nitidez y total firmeza. Por eso existe. Por eso no está sola.

 
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