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XX Aniversario de la muerte de Dolores Ibárruri


Pasionaria, jamás olvidaremos tu ejemplo



David Arrabalí | Mundo Obrero / 12 nov 09

Publicado en Mundo Obrero nº 218. Noviembre 2009

Hace 20 años que murió nuestra presidenta, Dolores, La Pasionaria. Es difícil definir la trayectoria de una mujer de la entidad de Dolores Ibárruri, hija del incipiente movimiento obrero, desde sus comienzos en el foco de la agitación social más importante de aquella época, las cuencas mineras. Esta muchacha pronto se convertiría en la “madre” de todos los comunistas.

Dolores procuró estudiar para adquirir cultura, durante un tiempo acarició el sueño de ser maestra, pero su escuela fue el partido. Enseguida comenzó a escribir panfletos, artículos en los boletines y periódicos de la cuenca minera. En esos primeros años, trabajó como bordadora, como sirvienta, se casó con un minero, conoció la pobreza, las luchas sociales y se convirtió en una militante. Para ella, como para tantos obreros, la revolución de octubre fue un acontecimiento decisivo en su militancia.

La confirmación de Dolores Ibárruri, que durante muchos años fue militante de base, ya en el recién formado partido comunista, llegó tras la dictadura, con el advenimiento de la II República. El 23 de agosto de 1930, el partido comenzó a tener un semanario llamado Mundo Obrero, que se transformó en diario a fines de ese año. La necesidad de disponer de un órgano de prensa, del que entonces carecía el partido, era apremiante, por lo que Mundo Obrero convirtió en el diario central del Partido Comunista de España.

Dolores se traslada a Madrid en 1931 para trabajar en la redacción de Mundo Obrero como compensación a su entrega y fidelidad, poco después accede al Comité Central, el partido la saca de la oscuridad. En la prensa comunista comienza a firmar algunos artículos como “La Pasionaria”, empieza a ser conocida y demuestra también su capacidad como oradora en charlas y mítines ante los obreros.

Eusebio Cimorra, ex director de Mundo Obrero, escribió en su libro “Un mito llamado Pasionaria”, que Dolores se abrió paso, junto a José Díaz, en el transcurso de la batalla contra la concepción sectaria y dogmática del grupo encabezado por Bullejos, que amenazaba con convertir el partido en una secta. Cuando José Díaz asciende a la Secretaría General del PCE, Dolores Ibárruri se consagra como dirigente del partido.

El nuevo equipo de la dirección comunista, encabezado por José Díaz y Dolores Ibárruri, con lo que luego será la política del Frente Popular, convertirá al Partido Comunista de España (PCE) en un partido de masas con cada vez más influencia política y social. En esos años comienza a forjarse la leyenda de “La Pasionaria” entre los trabajadores, con la revolución social de Asturias, de octubre de 1934, como fondo privilegiado. Los períodos de encarcelamiento de Dolores se sucedieron, y su imagen social cobró una fuerza inusitada cuando después de los acontecimientos de 1934 comenzó a encabezar duras manifestaciones.

En las elecciones generales del 16 de febrero de 1936, Dolores Ibárruri se presentó como diputada por Asturias. Su nominación no fue casual ni arbitraria, ya que durante años luchó junto con los mineros en sus batallas por la dignidad laboral y salarial y en favor de las libertades. El Frente Popular venció y Dolores salió elegida, junto con otros 16 camaradas, como diputada de la minoría comunista en la cortes republicanas. En Asturias fue ella quien encabezó, tras vencer la República, la liberación de los presos que estaban en la cárcel de Oviedo tras haber participado en la revolución de Octubre del 34.

El enorme activismo de esta mujer durante la Guerra Civil, y especialmente sus intervenciones como cabeza visible de las Mujeres Antifascistas, la convirtieron en un mito de la revolución.

El prestigio de esta comunista encendió la imaginación de una multitud de poetas, como Rafael Alberti, Antonio Machado o Miguel Hernández. Pero la guerra se perdió y Dolores tuvo que abandonar el país, partiendo al exilio en Francia y posteriormente en Moscú. Tras la muerte de José Díaz, Dolores Ibárruri es elegida Secretaria General del PCE, cargo que ocupa hasta 1960. En esa época, Dolores Ibárruri es ya, sin duda, una de las figuras más importantes del movimiento comunista internacional. En el VI Congreso, Santiago Carrillo es elegido Secretario General del PCE, al tiempo que Dolores Ibárruri es promovida como Presidenta del partido.

¡Sí! ¡Sí! ¡Dolores a Madrid!
Los más veteranos recuerdan aún el mitin que probablemente más gente haya congregado en un acto político, y ella fue la protagonista. En ese mitin miles de españoles se reunieron para homenajear al máximo símbolo del comunismo español, Dolores Ibárruri, y utilizaron al mismo tiempo este vals de aniversario dentro de la danza más amplia y aún entonces problemática de conquistar la legalidad. Manuel Vázquez Montalbán recuerda que el fervor de los aplausos y la emoción de los lagrimales se exteriorizaba con una emotividad colectiva treinta y ocho años contenida, una necesidad de reconocer a Dolores y al reconocerla darnos a nosotros mismos identidad, recuperar lo que durante tanto tiempo habíamos ocultado o proclamado en la soledad de las células y las comisarías.

El PCE había protagonizado un largo e implacable combate contra la dictadura, no el único, pero sí el más constante y el más reprimido por el franquismo. Desde 1939 hasta la semana santa de 1977, transcurrieron treinta y ocho años de clandestinidad, durante los cuales el partido hizo cuanto pudo y supo por crear una esperanza de cambio democrático.

Tras la muerte del general Franco y el final de la dictadura militar, Dolores regresa después de 38 largos años de forzado exilio. El recibimiento es apoteósico, de las endebles escaleras del avión desciende una mujer, Dolores Ibárruri, que cuenta ya con 80 años, pero que aun conserva una energía excepcional. Dolores es un símbolo, es mucho más que un mito.Es elegida de nuevo diputada por Asturias en las primeras elecciones democráticas, presidiendo la primera sesión de las cortes junto a Rafael Alberti, este hecho disgustó a muchos y nos alegró a todos nosotros o a nuestros padres. Las expectativas del PCE, sin embargo, se quedaron lejos de los veinte escaños que finalmente obtuvimos.La Pasionaria nunca abandonó su actividad política, participando por ejemplo en la manifestación de solidaridad con las Madres de la Plaza de Mayo. Dolores, como comunista de profundas convicciones, fue una militante hasta el final de sus días. Nos dejó un 12 de noviembre de 1989 en Madrid, a los 94 años de edad. La enterramos en el recinto civil del Cementerio de La Almudena, junto a Pablo Iglesias.

El entierro de Dolores fue el primer acto político al que asistí en mi vida. Allí, otro grande, Julio Anguita, pronunció las siguientes palabras, dirigiéndose a Pasionaria en segunda persona:

"Dicen, Dolores, que has muerto. Qué tontería. Pervives en cada uno de los que te quieren y ¡son tantos! En cada imagen de la humana nobleza, en cada gesto de llaneza austera, en cada palabra de afirmación en la justicia, en cada voz de rotundidad sonora. Tu imagen, tus gestos, tu palabra, tu voz (...).

Tu has hecho desde tu partido algo extraordinario: trascenderlo, superarlo. Tu comunista ejemplar, eres de todos: de los que han levantado el puño y de los que se han santiguado. Acabas de explicarnos una lección política: se es más comunista en la medida en que se es más para el pueblo. El partido no se organiza para él, sino para los demás. Y este, tu partido, está sobrecogido y alborozado. Sobrecogido por la grandeza de tu lección que nos remueve hasta el fondo. Alborozado porque se siente confirmado en su apuesta (...)

Ante tí, presidenta, recogemos tu último discurso. Con la pasión del corazón que tú, Pasionaria, pusiste en la causa de la emancipación humana. Con la serenidad ordenada del pensamiento y la reflexión. El PCE, tu PCE, se ratifica y apuesta por todo lo que ha dado sentido a tu vida de luchadora. Seremos la fuerza política comunista que estos momentos están demandando. Mujer, cuánto has hecho por tus compañeras. Mujer, qué ejemplo para mujeres y hombres. Mujer, qué roca llena de ternura. Mujer, qué fragancia de firmeza. Dolores, ha sido muy largo y muy duro tu combate. Entorna los ojos y sueña en tu pueblo. Duerme, compañera Ibárruri. Reposa, camarada Pasionaria. Descansa, presidenta. Sueña dulcemente, madre Dolores".

Extracto del prólogo de Manuel Vázquez Montalbán a las "Memorias de Pasionaria 1939-1977"

Dolores Ibárruri, que ha aportado sentido de coexistencia y reconciliación crítica al movimiento obrero, a la expansión del comunismo hacia los cuatro puntos cardinales del mundo, es ante todo lenguaje. La Dolores de sus comienzos combativos era una mujer del pueblo que convertía la realidad de su condición obrera en conciencia de clase y estaba dotada para decirlo con palabras y acciones que fueran entendidas por el pueblo. Así de simple y así de difícil. Dolores siempre ha estado dotada de algo que nos preocupa y fascina especialmente a los escritores y cineastas: la verosimilitud, palabra emparentada con veracidad.

A Dolores te la crees por su simple estar y por eso es ante todo una creencia popular de los que presenciaron su arrojo en las luchas sociales de la preguerra, su papel de símbolo moral durante la guerra civil y su posterior gravitación sobre la dramática historia del Partido Comunista de España. Incluso ahora, en tiempos de división y crisis, Dolores Ibárruri sigue siendo un punto de referencia que no se atreve a atacar ninguna de las partes de lo que fue aquel partido comunista capaz de plantarle cara a la dictadura y de contribuir a la reorganización de la conciencia democrática española, de contribuir a la reconstrucción de la razón. Todavía Dolores podría ser sustancia de amalgama para una cada vez más necesaria reunificación de los comunistas de España.

En ocasiones he empleado palabras como mito o símbolo aplicadas a la persona histórica de Dolores y he encontrado en las filas comunistas cierta resistencia a aceptarlas, porque les parece que son palabras que implican irrealidad. Y no es eso. El mito es una suprarrealidad que siempre se basa en una apoyatura real y el símbolo es una cúpula lingüística que alberga múltiples significados. Sería inexplicable Dolores sin comprender que viene de una clase social condenada a priori a la mudez. El pueblo acepta a sus líderes naturales cuando tienen una visión de conjunto de lo que les pasa y de lo que hay que hacer para que la realidad se transforme, y éste es el caso de aquella hija de minero, esposa de minero, católica y carlista en sus orígenes y que de pronto un buen día descubrió que podía convertirse en la voz natural de esa clase muda y explotada.

Le bastó sufrir la realidad para saber verla y poder explicarla en un ejercicio modélico de formación de una conciencia de clase. Éste es el misterio original del nacimiento de Dolores como símbolo, al que hay que añadir la magia de su voz, una presencia de mujer del pueblo fuerte y alta para su tiempo y una gran capacidad de sentir como los demás, por encima del en ocasiones inevitable grado de cinismo político.

 
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