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Opinión


Aprender a pensar desde la explotación, no desde el mercado o el indicador de crecimiento



Felipe Alcaraz, Presidente Ejecutivo del Comité Federal del PCE / 07 jul 09

La alternativas al uso, es decir desde dentro del sistema y, por tanto, de cara a una refundación del capitalismo, se hacen desde la óptica del mercado y el crecimiento, que es un indicador donde se integra, de manera notable, el proceso de acumulación capitalista. Todo proceso de crecimiento implica un proceso de acumulación. De ahí que, por ejemplo, marcándose las condiciones desde el polo de la burguesía, se diga que hay que ir a un proceso de crecimiento de un 2% para poder crear empleo.

Una salida distinta de la crisis, y de la explicación de cómo funciona el capitalismo desde el punto de vista de clase, implica pensar las cosas desde la explotación. Explotación del trabajo y de otras factores claves, como por ejemplo el medioambiente, etc. A partir de aquí no se trata por tanto de participar sin más en la acumulación, supeditándolo todo a ella: de ahí la supeditación del medioambiente a la especulación o la necesidad de que los obreros sean “responsables” en sus demandas salariales, o la idea de que no se trata de condiciones de trabajo (el trabajo como derecho clave), sino de mercado laboral (el trabajo como mercancía). Otro enfoque explicativo: lo sindicatos clásicos basan su negociación (distribución anual de la riqueza acumulada y también de las condiciones laborales), y es normal, teniendo en cuenta factores “realistas”, a veces tan realistas que no quieren meterle mano a lo de las 35 horas semanales por ley sin reducción salarial, ya que la reducción de beneficios y la reducción de inversión privada (factor clave del crecimiento) afecta al esquema de las relaciones laborales, sobre todo en un marco donde apenas existe protagonismo de lo público y nadie se atreve a corregir, desde posiciones socialistas, la mano invisible del mercado, ya que, además, todas las leyes responden a esta situación de explotación; leyes que marcan esa libertad concreta sin la cual no podría funcionar el capitalismo: la libertad de explotación en las mejores condiciones de acumulación. En suma, una posición verdaderamente anticapitalismo sólo se puede hacer pensando la alternativa desde el punto de vista de la explotación. Otra cosa son los acuerdos concretos que se tengan que hacer en función de las correlaciones de fuerzas sindicales y políticas, que no hay que rehuir, pero que no pueden sustituir al enfoque de clase.

 
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