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Contra la especulación inmobiliaria


Ante la muerte de la huertana Violante Pardo



Esther Herguedas Aparicio, Concejala en el Ayuntamiento de Murcia / Secretaría de Comunicación del PCE / 26 nov 08

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Hace poco más de un año, nuestro compañero Ginés Fernández recogía en la contraportada de Mundo Obrero (Disponible esta contraportada en pdf abajo al final del artículo) la historia de la resistencia de Pedro y Violante, dos ancianos huertanos “de toda la vida” a los que el avance del llamado progreso pretendía privar de su vivienda y con ella de sus animales, su trocito de tierra que aún cultivaban, sus vecinos, su entorno y en definitiva de su modo de vida.

Pero el avance imparable de la “civilización no entiende ni de apegos, ni de sentimientos ni de tradiciones. Pedro y Violante no se oponían a la expropiación, simplemente pedían lo mismo que tenían, una casa en su entorno que les permitiera seguir siendo lo que siempre habían sido “huertanos”.

Pero hace mucho tiempo que los huertanos en Murcia son una especie en peligro de extinción, y Pedro y Violante no iban a ser menos. El pasado mes de julio, en un acto en el que contaron el apoyo de su familia y numerosos colectivos sociales, el Ayuntamiento de Murcia acabó con la casa.

Aquel día nosotros también estuvimos allí, y tuvimos la oportunidad de hablar con la pareja y sus familiares y pudimos comprobar la profundidad de los sentimientos de arraigo a ese pedacito de tierra que era su vida. Nos impresionó especialmente Violante, que nos manifestó con angustia sus dudas sobre cómo podría sobrellevar la vida que le esperaba a partir de ese momento.

Lamentablemente, los peores presagios se han cumplido. Desde el traslado, el ánimo y la salud de Violante -que no sufría ninguna enfermedad - cayeron en picado hasta su muerte en la noche del pasado 24 de noviembre. Violante no pudo superar la situación ni adaptarse, a su edad, a una vida extraña en un lugar que no era el suyo. Ayer sus hijas nos comentaban el sufrimiento de estos meses viendo cómo poco a poco su madre “se dejaba morir”.

La historia de Pedro y Violante no es la única de esta huerta murciana acosada diariamente por el afán depredador de promotoras que buscan su beneficio apoyadas por un Ayuntamiento que favorece los intereses del fuerte y liquida al débil.

La muerte de Violante, nos recuerda hoy que la huerta también se muere.

Esther Herguedas Aparicio, Concejala de IU-LV en el Ayuntamiento de Murcia

 
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