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Izquierda Unida


El momento de la ruptura democrática



Enrique Centella / 17 abr 08

La consecuencia objetiva de los resultados electorales es que ha cerrado una etapa para la izquierda política de este país y nos sitúa en otra absolutamente abierta donde nos toca inventar, crear lo nuevo. La representación parlamentaria de Izquierda Unida es el resultado de una estrategia que han desarrollado los dirigentes de IU Federal en los últimos diez años. Por lo tanto es un error, a la vez que una trampa, analizarlos en función de una foto cambiante pero fija como ha sido la coyuntura política de estos últimos años. El bipartidismo, el voto útil o nuestras estructurales disputas no explican por si solas la ridícula representación de la izquierda transformadora en el arco político parlamentario español. Expresándolo con claridad, la etapa que la propia realidad nos ha cerrado se podría resumir en que aquellos planteamientos que en la IV Asamblea Planteaban la conversión de IU en otra cosa distinta han triunfado aún perdiendo entonces 60 a 40%. Mantengo la tesis de que llevamos, al menos, 8 años en la IU del 40%. Y estos son sus resultados. No esperen que lleve flores caras a ese funeral. A pesar de haber sido gobernados así no podemos afirmar que ese discurso y esa praxis política haya sido, ni es, mayoritaria en el seno de IU. Todo lo contrario. A pesar de las expulsiones y la generación de políticas fraccionales impulsadas desde el Federal sigue siendo una mayoría natural clara la que defiende una IU roja, no subalterna y alternativa.

Existía y existe esa mayoría natural amplia que no ha sido capaz de gobernar el proyecto por sus propias divisiones y por el miedo escénicos de los dirigentes a una nueva travesía del desierto que era inevitable. Al final la realidad nos obliga a atravesarlo ¡y menos mal que la decisión de atravesarlo no es ya nuestra! La realidad la ha tomado por nosotros aunque ciertamente lo que ocurre es que llevábamos tiempo en el desierto y no lo queríamos ver.

Hay que moverse, el inmovilismo ya no es posible. Hay que ir a una gran Asamblea de unidad. En principio hay que reconstruir lo que la ultima etapa ha derruido. Se trata de construir la unidad de aquí a la Asamblea para que esta abra el proceso de gestación de la nueva IU. Así, lo urgente es recuperar la IU originaria para que esta lance una nueva convocatoria a las españolas y españoles a construir lo distinto.

La IX Asamblea Federal va a ser una Asamblea de unidad, de unidad con nosotros mismos, con lo que siempre hemos sido, con lo que nunca debimos dejar de ser. Unidad con un discurso, el alternativo, y una praxis basada en el valor del ejemplo. Los resultados electorales son la cosecha de la liquidación de la IU originaria.

No fue casual aquella Asamblea que comenzó con la proyección de un video que resumía la historia de IU donde no aparecía Julio Anguita. En primera fila del auditorio Gaspar Llamazares y Rosa Aguilar acogían al invitado Santiago Carrillo. Todo un capitulo del NODO de IU como regodeo de la victoria. Y cierto, habían vencido, pero hasta aquí han llegado y me alegro realmente de que la estrategia personal de algunos se ha derrumbado antes de alcanzar su objetivo final. Entregarnos con armas y bagaje al PSOE. Patéticas imágenes nos ha deparado esta campaña hablando de ministerios y que decir de aquellos, mejor dicho de aquella que en lugar de trabajar para que IU consiguiera los mejores resultados se ha dedicado a opositar para ministra. Patético.

Urgencia en recuperar un discurso y una praxis política para lanzar lo nuevo. Esta es la clave de cara afrontar la Asamblea Federal y su posterior gestión. Se puede decir desde el más absoluto laicismo, urge recuperar la IU de Julio Anguita. La IU que se creía capaz de generar la hegemonía política, la que confiaba en si misma y sabía seguro donde quería ir, la IU valiente que no se cansa de plantar cara a todos porque en ese momento dejaría de ser distinta. La IU que no solo no se avergüenza de lo que es sino que plantea su proyecto con claridad, para que se nos entienda. Va siendo urgente que se empiece a entendérsenos, somos rojos, alternativos y queremos construir lo nuevo.

La estrategia de la Izquierda alternativa europea desde la II Guerra mundial hasta aquí ha fracasado, ha dado todo lo que podía dar de sí. Y no ha ocurrido ahora sino hace muchos años. Los ordenamientos jurídicos que regulan las democracias denominadas occidentales imposibilitan de forma objetiva la Libertad, la Igualdad y la Justicia Social. Los textos constitucionales que han servido en algunos momentos históricos para significativos avances, en este contexto de la globalización y la dominación sociocultural son instrumentos de retroceso e involución. Imposibilitan, en este capitalismo realmente existente, los objetivos que los mismos textos dicen perseguir. La experiencia histórica de la que hay que aprender es que no es suficiente sino todo lo contrario que se recoja el derecho al trabajo, a la vivienda, la sanidad o la educación. No es suficiente que se recoja el derecho a una pensión digna para evitar la pobreza en los últimos años de nuestras vidas ni que figure que todos somos iguales ante la Ley. No tiene ningún valor que se proclame el derecho a la vivienda o la subordinación de la riqueza del país al interés general. Nada de esto ni de otras cuestiones sirven para nada si tras estos planteamientos expresados en artículos no figuran otros que garanticen constitucionalmente su ejecución.

Cuando renunciamos en la transición a la ruptura democrática lo hicimos desde la creencia, los que lo hicieron con honestidad, de creer que con ese marco jurídico podían llegar al gobierno las fuerzas alternativas y entonces llenar de contenido lo que no son mas que palabras que enuncian declaraciones de intenciones. La transición extendió el concepto de que el marco jurídico debía ser el necesario para que cualquier ideología pudiera gobernar legítimamente, de derechas o de izquierdas, revolucionarias o involucionistas. Y en teoría es así, pero la praxis que es el instrumento para adquirir el conocimiento nos dice todo lo contrario. En primer lugar ese planteamiento tiene una primera contradicción que nace desde la base del humanismo socialista, ¿cómo es eso que la propia constitución prevea como posible el que los enunciados que expresa no se respeten? ¿Cómo podemos considerar justo un ordenamiento que en si mismo no ve a su contrario como algo imposible? ¿Cómo es eso que el máximo marco jurídico pueda contemplar que sea posible que no se cumpla? No, el propio texto debe asegurar los derechos básicos de los ciudadanos, de las personas. ¿Una constitución que no garantice, por ejemplo, el derecho a la vivienda que sentido tiene? Aún existen más debilidades de las razones para no haber provocado la ruptura democrática. El mismo texto jurídico se sustenta en que unas partes son ejecutivas y otras no. Juego de agudeza mental ¿Cuáles son aquellas ejecutivas? ¿Las que supusieron una cesión de la involución o las que fueron cedidas por la revolución? En lo que cedimos todo se está ejecutando a sangre y fuego, en lo que cedieron ellos no se cumple nada. Para asegurar el dominio, los que tienen que dirimir los conflictos del ordenamiento son hijos de clase al servicio de los intereses de la involución. Esta es una debilidad importante del razonamiento. Si la resolución de los conflictos de intereses, la judicatura, está en manos de los poderosos y se les posibilita decidir en sentido contrario de lo que la Constitución plantea, lo van a hacer en el sentido natural y mercantil además de los intereses de los que son como ellos.

La Constitución Española de 1978 sirvió para el avance de algunos elementos de convivencia importantes pero no era lo que creíamos aunque en las últimas décadas pudiera haberlo parecido a ciertos sectores sociales. La crisis económica global en la que estamos envueltos nos va a hacer ver con más claridad que no hay tanta libertad, ni tanta vivienda, ni tantos derechos como la Constitución proclama. El pacto Constitucional lo ha roto la propia realidad, la propia manera con la que se han impuesto y por el resultado en la vida concreta de las españolas y los españoles.

Julio Anguita en la Fiesta del PCE del año 96, lanzó en nuestro nombre un ultimátum para salvar el pacto constitucional. Julio expresó con claridad que si el Estado Social y Democrático y de Derecho se seguía vaciándose de contenido nos sentiríamos libre de consensos. Doce años después va siendo muy urgente pasar de la amenaza a la acción.

La nueva Izquierda política alternativa está armada de razones morales además de las ideológicas para plantear la ruptura, la ruptura democrática. IU nació de la convocatoria a organizar la alternativa desde la no ruptura, la nueva IU convoca para organizar la ruptura democrática que posibilite el desarrollo de la alternativa al modelo de Estado, de gobierno y, por supuesto, de sociedad. La experiencia de las prácticas revolucionarias, de todas, es el bagaje más importante de un revolucionario en el momento de inventar nuevos caminos revolucionarios. Ninguna experiencia se parece a otra, las condiciones son diferentes y las respuestas deben serlo también. Diferentes momentos históricos precisan medidas diferentes, diferentes marcos político-geográficos igualmente. Pero de todas ellas se pueden y deben sacar ejemplos que sirvan. Los que permanente dicen que esto o aquello no vale en otro momento o en otro lugar normalmente lo hacen para descalificar la propuesta revolucionaria, suele ocurrir que cualquier propuesta es descalificada. Esto tiene elementos objetivos para que cale. Uno de ellos es el eurocentrismo, creer que Europa es el centro del mundo y así despreciar las experiencias que ocurren en otros lugares del mundo. Por ejemplo en América. Con Cuba lo tenían fácil pero con la irrupción de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua lo tienen más complicado pues resulta que están construyendo la revolución desde una democracia burguesa, planteando rupturas democráticas desde sistemas llamados democráticos. Claro que existen diferencias objetivas entre unas realidades y otras, pero eso no impide que se puedan sacar conclusiones que nos permitan avanzar.

La Izquierda Alternativa europea debe mirar las revoluciones de corte ”boliviariano” como experiencias en las que aprender para practicar. Claro que lo que está ocurriendo hoy en latino-centro América es resultado de un proceso de acumulación de contradicciones y fuerzas concretas en espacios concretos, pero también con muchas semejanzas con otros espacios y otras contradicciones. Cada vez más espacios y más contradicciones cuanto más se expande y fortalece la globalización. Venezuela y otros van marcando un camino, conseguir el apoyo popular suficiente como para cambiar los sistemas legislativos, tan sencillo como complejo. Tan espaciado en el tiempo como sea suficiente. Dirán que son los sueños de locura de una fuerza que teniendo 2 diputados de 350 aspira a tener la suficiente fuerza como para poder modificar el sustento de derecho de esta forma de estado. Dirán eso y más. Cuanto más digan más estaremos cabalgando.

La próxima asamblea es el comienzo de algo. La apuesta de la izquierda alternativa política por inventar un camino de vía ancha donde todos podemos confluir desde el método de la síntesis y el consenso mayoritario. La IX Asamblea Federal de IU debe parir el documento de convergencia del izquierda política alternativa de la primera mitad del siglo XXI. El principal mandato de la Dirección saliente debe ser la convocatoria de un proceso asambleario para definir la “propuesta de convergencia para la ruptura democrática en España.” A partir de ahí a inventar y confluir pensando. Realizar una nueva convocatoria para articular el bloque social de progreso, esa puede ser la apuesta de la IX Asamblea Federal.

Quien piense que se está proponiendo que nos tiremos al monte o que imitemos a la izquierda marginal se equivoca. La ruptura democrática no es incompatible con las respuestas que hay que dar día a día. A nosotros pocas lecciones nos pueden dar de esto con la de ayuntamientos que gobernamos. Todo lo contrario. La respuesta concreta es la columna vertebral del nuevo proyecto, pero eso sí, la respuesta coherente. Quien piense que la propuesta de la ruptura democrática nos impide generar o participar en mayorías políticas que deciden políticas reales está en un error. Llegar a acuerdos para progresos mas o menos importantes es imprescindible para el avance. El problema no es pactar, acordar, el problema es entregarse, desdibujarse en el acuerdo. Convocar a la ruptura democrática, construirla. Ese es el reto. Quien nos tache de ingenuos por creer que la Constitución del 78 traería justicia social y pluralismo cultural habrá que responderle que bendita ingenuidad que nos permite ahora tener las mochilas y, lo que es más importante, las cantimploras llenitas de razón. ¿Qué puede ser más poderoso que eso? ¿Con esas vituallas quién teme al desierto?

 
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