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90 Aniversario Gran Revolución Socialista de Octubre


Qué hacer con las cenizas de Octubre



Joan Tafalla / 07 nov 07

Publicado en Mundo Obrero Nº 194-Noviembre 2007

Octubre y su impulso revolucionario aparecen hoy ante los ojos de la mayoría como las cenizas de algo irremediablemente superado. Esta realidad habla por sí sola, pero está lejos de decirlo todo(1). Suponiendo que mi opinión tenga algún valor empezaré con una afirmación: no me parece prudente lanzar el niño, con el agua sucia. La mayoría de las personas que van a leer este artículo, como el autor, son "muchachos del siglo pasado"(2). Hemos visto lanzar repetidas veces el niño con el agua sucia. El resultado, solo ha servido para repetidas operaciones liquidadoras de toda una cultura política. Lancemos, pues el agua sucia, y dejemos vivir al niño.

¿Podemos estar orgullosos?
La aportación del comunismo a la historia del siglo veinte es una aportación muy positiva, de la que los comunistas podemos y debemos sentirnos orgullosos. Debemos estar orgullosos de habernos opuesto, a la carnicería de la primera guerra mundial. Casi en solitario en 1914, con las más amplias masas en 1917-1918. Debemos estar orgullosos de haber contribuido a la conquista de la paz, del pan y de la tierra por parte de los campesinos rusos, en 1917. Debemos estar orgullosos de las virtudes republicanas (sencillez, austeridad, honestidad y capacidad dirigente) de personas tan diversas como Lenin, Bujarin, Gramsci, Artur London, Henry Alleg, Ho-Chi-Minh, Antonio Díaz Lourenço, Josep Serradell, Manuel López, Che(3)... Debemos estar orgullosos del heroísmo de las Brigadas Internacionales y de la aportación decisiva de los comunistas a la Resistencia antifascista. Debemos estar orgullosos de nuestra propuesta de Frente Popular. Debemos estar orgullosos de Stalingrado, de Kurks y de Berlín. Debemos estar orgullosos de nuestra aportación a la lucha contra el imperialismo y el colonialismo. Debemos estar orgullosos a la consecución del estado del bienestar en Europa occidental. Debemos estar orgullosos de los avances en la liberación de la mujer en Polonia o en Afganistán, por muchos peros que puedan ponerse a esta afirmación. En España, debemos estar orgullosos de nuestro Quinto regimiento y de nuestra aportación a la defensa de la república. Debemos estar orgullosos de nuestra aportación casi solitaria durante largos años, a la lucha anti-franquista. Así se podría seguir ...

Ese orgullo, justo y necesario, no puede significar complacencia, complicidad o ignorancia con los errores y crímenes que en nombre del comunismo se han cometido. No es la primera vez, ni (¡Ay!) la última que una ideología justiciera es transformada por sus clérigos en exactamente lo contrario de aquello para lo que fue creada. Compárese si no, el sermón de la Montaña, con cualquier texto de Woytila o Ratzinger.

Mantener y reivindicar nuestra propia memoria histórica es imprescindible. Pero es preciso ( y prudente) hacer balances históricos con visión global y, sobre todo, desplazando los focos de los debates, o luchas entre dirigentes, a las causas y consecuencias sociales de las opciones tomadas. Es decir se trata de aplicar la metodología de la historia social a la historia del comunismo(4). Esa tarea aún está en el abc, en nuestro país, debido a las características particulares de la transición y a la sempiterna crisis de la movida comunista. El primer congreso de Historia del PCE, así como el segundo a celebrar durante este mismo mes de noviembre aportan ya importantes datos al respecto(5).

¿Sobrevivirá el comunismo a la crisis de los partidos comunistas?
No sirve para nada responder esta cuestión desde el voluntarismo, o la nostalgia. No se trata de profetizar, ni de formular deseos. El futuro no está garantizado por ninguna filosofía "infalible y científica" de la historia. La respuesta a esa pregunta será conocida, quizás, cuando los lectores y el abajo firmante ya no estemos en este mundo. Sabemos, sin embargo, que nuestra actividad puede determinar cosas. Sabemos también que no es bueno tropezar con las mismas piedras.

Tras haber sido la peor amenaza que tuviera nunca el capitalismo, el comunismo entró en gravísima crisis. Si no queremos que la crisis sea terminal, será preciso examinar por qué y, al menos, deberemos tratar de no repetir los mismos errores. Hay evitar que "...la tradición de todas las generaciones muertas oprima como una pesadilla el cerebro de los vivos"(6). Quizá sea esta una buena precaución metodológica, para volver empezar.

¿Comunismo hoy? ¿Comunismo en el futuro?
Depende de lo que entendamos como comunismo. Si entendemos como comunismo un conjunto de estados o de partidos que aspiran a ser estado, eso, salvo contadas excepciones de evolución imprevisible, ya no existirá en el presente siglo. Una de las trampas en las que cayó el comunismo del siglo XX fue confundir la res publica con el estado. Esa fue una de la herencias envenenadas que recibió del marxismo de segunda generación (kautskysmo), el cual a su vez, había roto con la tradición democrática y revolucionaria que transita desde Robespierre, y pasa por Babeuf y Bounarroti para llegar a Marx y Engels.

El comunismo del siglo XX cayó en la trampa de regalar la idea de la democracia al enemigo. Le regaló la propiedad intelectual de los derechos del hombre y del ciudadano. Democracia y derechos humanos eran en origen patrimonio de niveladores y de desorganizadores, y producían el terror a esclavistas, colonialistas y capitalistas(7).

Si hablamos de la base social del comunismo, también nos confrontamos con otra herencia envenenada del marxismo de segunda generación. Entendemos el comunismo como los potentes partidos de masas del siglo XX, nacidos en plena fase fordista de la evolución del capitalismo que otorgaban del título de proletariado a la clase obrera industrial, con exclusión del campesinado y de otras capas de trabajadores (entendidos como "masa reaccionaria"). Otra característica del comunismo del siglo XX fue la rígida división del trabajo entre partido ( política) y sindicato (movimiento social). Hoy sabemos que las condiciones de posibilidad de ese modelo ya no existen en Europa. Cambiaron los modos de producción, cambió la cultura del trabajo y se produjo una ruptura generacional. Esa ruptura generacional se produjo seguramente en algún momento de los años setenta-ochenta en cada uno de los diversos países europeos(8).

Por el contrario, recordamos que para la tradición democrática y revolucionaria, el proletariado era el conjunto de las capas y clases explotadas y oprimidas, y que su proceso de constitución en clase era permanente y con avances y retrocesos. Las actuales fragmentación, precariedad, pobreza creciente y contradicciones entre las fracciones emigradas y las asentadas de la clase obrera, o entre fuerza de trabajo femenina y masculina, fueron la constante de toda la historia del proletariado contemporáneo. Tras el paréntesis fordista, esas son algunas de las características del proletariado metropolitano actual.

Según ese esquema, el comunismo tendría un brillante porvenir. Siempre, claro, que sepa priorizar su trabajo: la construcción del sujeto del cambio social, la construcción de nuevas formas de socialización de la experiencia, la construcción de nuevo tejido social, y la presencia capilar, en todos los intersticios del mismo. Siempre que se priorice la construcción de puente entre la experiencia del siglo XX y de las nuevas generaciones. No existen atajos institucionales o electorales para esta tarea.

Un tercer tema, también herencia y lastre del marxismo de segunda generación fue el colectivismo(9). La identificación del socialismo únicamente con las formas de propiedad colectiva y éstas a su vez únicamente con las formas de propiedad estatal y con la anulación total del mercado ha mostrado claramente sus límites durante el siglo XX. Frente a esta concepción quizás sea oportuno explorar y profundizar en la idea marxiana del socialismo como "libre asociación de productores", o bien en las reflexiones de Lenin, Gramsci o Bujarin sobre la NEP(10). Superar la concepción reductiva del socialismo nos permitiría quizás, articular nuevas formas de acceso de todos a la propiedad, y de socialización de la misma.

Seguimos queriendo la luna
¿Qué hacer con las cenizas de Octubre? Simple y difícil al mismo tiempo: esparcirlas por la sociedad. Fertilizar con ellas el terreno para futuras y provechosas aventuras. Algo más fácil de decir que de hacer. Pietro Ingrao, el conocido dirigente del PCI, tituló sus apasionantes memorias con un adagio italiano: "Quería la luna"(11). A mi no me gusta conjugar el verbo querer en pasado. Prefiero conjugar el amor en presente y en futuro: seguimos y seguiremos queriendo la Luna.

(*) Historiador,
miembro de Espai Marx.

Notas

(1) En este artículo identificaré el comunismo del siglo XX con el impulso de la revolución de Octubre. Es un planteamiento necesariamente reductivo obligado por el espacio disponible. Hablaré también de comunismo, refiriéndome al comunismo en Europa occidental, aunque con más espacio lo correcto sería hablar de comunismos (en plural).
(2) Rosana Rossanda, La ragazza del secolo scorso, Einaudi, Torino, 2005
(3) Mezclo intencionada y provocadoramente personajes mayores y "menores" en mi particular lista de héroes del siglo XX. Los olvidos, como el lector habrá adivinado, tampoco son casuales.
(4) Véanse, por ejemplo los libros de Moshe Lewin, Le siècle Sovietique, Fayard, Paris, 2003; AAVV, Cultures communistes au XX siècle, Sous la direction de Jean Vigreux et Serge Wolikow, La dispute, Paris, 2003, y AAVV, Le siècle des communismes, Editions de l'Atelier; Paris, 2000. Salvo el primero, todos ellos aún sin traducir en España.
(5) El autor de este artículo ha dedicado un cierto esfuerzo a esa tarea, en su vertiente global y se reconoce en determinadas iniciativas tanto españolas como internacionales Véase por ejemplo mi aportación junto con Joaquin Miras a la jornada "Comunismos. Un balance del siglo XX" en:
http://www.moviments.net/espaimarx/
(6) Karl Marx, El 18 brumario de Luis Bonaparte, Ed. Ariel, Barcelona, 1971, pp. 11 y 13.
(7) Esta problemática ha sido tratada por Joaquín Miras, en Repensar la política, refundar la izquierda, Ed. El Viejo Topo, Barcelona, 2002.
(8) Gerard Noiriel ha datado esta ruptura generacional a finales de los años setenta para el caso francés. Véase su Les ouvriers dans la société française. XIX et XX Siècles. Ed. Seuil, Paris 1986.
(9) El surgimiento del colectivismo en ruptura con la tradición republicana de Marx, ha sido examinado por Marc Angenot, L'utopie collectiviste. El grand récit sous la Deuxième Internationale, PUF, Pratiques théoriques, Paris, 1993.
(10) Junto a Joaquín Miras hice mi particular aportación a este debate con la edición y presentación de un libro que recoge un debate entre marxistas franceses: Lucien Sève, Jacques Texier, Catherine Samary, Socialización, democracia, autogestión, Ed. El Viejo Topo, Barcelona, 2004.
(11) Pietro Ingrao, Volevo la luna, Einaudi, Torino, 2006. Este adagio italiano tiene su correspondencia con un refrán catalán: "Vol la lluna en un cove". Ignoro si existe correspondencia en español.

 
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