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movilización unitaria del 17 de marzo por el "NO A LA GUERRA"


¡A la calle! Que ya es hora



Ricardo Rodríguez * / 15 mar 07

«Aunque sea sólo por darse el lujo de usar la razón, hay que ser pacifista»
Juan García Hortelano

Las anteriores palabras fueron escritas por el autor de Tormenta de verano en febrero de 1991, en plena guerra del Golfo Pérsico, para mostrar el repudio del sentido común hacia el delirio destructivo del lucro que crece sobre tumbas, sangre y cuerpos talados. O sea, sin circunloquios, el imperialismo. Bien nos vendría volver a leer, o descubrir quien aún no lo haya hecho, los libros de Juan García Hortelano. Por el mero placer de la lectura, que nunca está de más, en primer lugar. Y, en segundo lugar, por ver si nos empapamos de esa tranquila pero insobornable y recta razón que transpira en cada una de sus páginas. Nos haría bien, mucho bien, hoy, mañana y el sábado, por poner un ejemplo.

Es para el sábado que estamos convocados a una nueva manifestación en contra de la guerra, que partirá de la plaza de Neptuno a las seis de la tarde y terminará en Atocha.

Se cumplen ahora cuatro años desde que se inició la sangrienta invasión y posterior ocupación de Iraq por tropas de Estados Unidos, respaldadas por un grupo de gobiernos lacayos, entre los que destacó el español presidido por Aznar en entusiasmo guerrero y obsecuente estupidez. Han sido, para el pueblo de Iraq, cuatro años de demencial destrucción y muerte para engordar los bolsillos de los grandes capitalistas del mundo. Igual que en Afganistán, en donde de manera infame el actual gobierno de nuestro país, no sólo mantiene sino que ha aumentado el número de soldados. Igual que en tantos otros lugares. Y la voraz bestia aún se dispone a lanzar su zarpazo en más ciudades, sobre más ciudadanos inocentes, sobre más países. Irán lleva tiempo estando en el punto de mira.

Así que hay razones de sobra, hoy como entonces, para intentar que la del sábado sea una manifestación multitudinaria, como lo fueron las de febrero de 2003. De entre ellas, no es motivo menor la naturaleza fascista del movimiento de masas que estimula en la actualidad el Partido Popular. Nadie debería desdeñar el inquietante significado que encierra el hecho de que la derecha recurra a las vísceras para agitar a la población. Con la excusa de descabelladas teorías conspirativas para anormales sobre el 11 M o la prisión atenuada concedida a De Juana Chaos o cualquier otra. Regresan los llamamientos histéricos a defender de comunistas y separatistas la Patria en peligro –su patria, naturalmente, la de los banqueros, grandes capitalistas, jerarcas de la Iglesia y parásitos de toda laya. El sábado lo dejó meridianamente claro en su arenga, para quien quisiera oír, y desgraciadamente eran demasiados los que oían, Mariano Rajoy, metido de repente a caudillo, tan grotesco por lo demás como lo fue su paisano, ése que lo era, caudillo, por una gracia de Dios.

Regresemos nosotros, pues, a la calle. Que nuestra patria es otra, es la de los trabajadores y trabajadoras, la de los estudiantes, la de miles y miles de ciudadanos y ciudadanas cargados del sentido común o la razón inmensa por escueta y sencilla de García Hortelano. Regresemos a recordarles por qué les echamos democráticamente del poder, por embusteros, por cómplices de una brutal y absurda masacre, por canallas. Esa es nuestra obligación, ética, cívica... revolucionaria, para quien no le asusten las palabras exactas.

Da pena, por no decir otra cosa, que en estas condiciones haya quien argumente que lo mejor es quedarse en casa y no «caer en las provocaciones» de la derecha. Ni la pusilanimidad ni la pereza ni el miedo a moverse fueron jamás buenos consejeros para frenar la locura. De haberse dejado guiar los pueblos de Europa por los muchos Chamberlain de turno, el nazismo se habría adueñado del planeta hace ya más de medio siglo.

Y es triste que, desde el otro extremo del espectro político, aparentemente, se llame a una manifestación diferente el mismo día 17 en Madrid.

No voy a citar aquello de Lenin del infantilismo izquierdista. Resulta enojoso y hasta causa sonrojo tener que recordarle tales cosas a personas adultas y con muchos años de militancia política. Basta decir que todas y cada una de las organizaciones que convocan esa otra manifestación estuvieron el 15 de febrero de 2003 en la única que hubo en Madrid, en la que reunió a centenares de miles de personas. Y todos los motivos que hoy se aducen para la ruptura, todos, se daban entonces. Ayer igual que hoy la socialdemocracia trataba de manipular la marcha en su mezquino provecho electoral. Hoy igual que ayer quiere que se omita la mención a aquello que desenmascara su inconsecuencia: la guerra del Golfo de 1991 en la que ella participó, el significado de la OTAN, la destrucción de Yugoslavia por esta misma organización militar bajo la dirección de Solana, la presencia militar española en Afganistán –y hoy además en el Líbano-, la relación profunda entre la guerra y el imperialismo... Todos son en el fondo los mismos motivos, justos sin duda y evidentes; la realidad no cambia tanto en cuatro años. Y, a pesar de ello, o incluso por ello con mayor energía, participamos en 2003 en la manifestación unitaria, y allí distribuimos nuestras hojas, llevamos nuestras pancartas, gritamos nuestras consignas e intentamos convencer con nuestros argumentos.

Porque, además, ¿a quién pretendo convencer en una manifestación en la que marcho solamente con quienes piensan lo mismo que yo? Es ingrato, tedioso y a veces desesperante la labor de explicar nuestra visión de las cosas a los miles de ciudadanos que nos podemos encontrar en una gran manifestación y que honestamente no piensan como nosotros, que todavía no han entendido lo que nosotros creemos haber entendido. Pero resulta que es con ellos con quienes estamos obligados a cambiar la sociedad. Así que hay que seguir explicando, principalmente a quien más necesita las explicaciones. Hay que discutir, antes que nadie con quien no comparte nuestros juicios. Para tornar de Marx a Tomás Moro ya no hay tiempo.

Para el sábado, por cierto, hay un manifiesto de un nutrido grupo de organizaciones en el que sí se desvela la siniestra faz del imperialismo y se habla sin remilgos de Afganistán y de Beirut y de Yugoslavia y de cuanto hay que hablar. Ese manifiesto se distribuirá el sábado y sus consignas estarán presentes. Si queremos. Si no, podemos ahogarnos en nuestra propia pureza.

Lo contrario hay que hacer. Con todas nuestras razones, con la razón en marcha que nos mueve, como decía otro gran escritor, Gabriel Celaya, y qué singular hecho que lo dijera en un poema que se titulaba España en marcha: «¡A la calle!, que ya es hora de pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo».

* Ricardo Rodriguez es escritor

 
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