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Luchas Obreras


"En La Camocha se venció al miedo y vimos que se podía plantar cara a la dictadura"



Secretaría de Comunicación del PCE/La Nueva España / 25 feb 07

Entrevista a Casimiro Bayón, militante del PCE

Casimiro Bayón resta relevancia a su rotagonismo personal en la comisión de La Camocha y la cede toda «al Partido», como denomina al PCE. «Teníamos experiencias previas, pero en La Camocha la estrategia del Partido funcionó a la perfección e inauguró un modelo clave para articular una oposición sindical a la dictadura, se convirtió en un referente para el movimiento obrero».

El veterano militante facilita las claves del éxito del conflicto del pozo gijonés: «Aceptaron la comisión, las reivindicaciones y no hubo detenciones, se terminó con la apatía que existía frente al régimen, se venció al miedo y vimos que se podía plantar cara a la dictadura».

Y tuvo consecuencias directas en la representación de los mineros del pozo gijonés. El falangista Antonio Pastrana, enlace sindical (denominación franquista de los representantes laborales), fue destituido y relevado por el comunista Casimiro Bayón, que se hace con la presidencia de la Junta Sindical del Combustible.

Aquí se produce un cambio. Hasta la fecha, los sindicatos UGT y CNT habían optado por el boicot a las elecciones controladas por el sindicalismo vertical. Después de La Camocha, la apuesta fue el entrismo en la organización sindical, aprovechar la legalidad. «Hasta ese momento, y más a los mineros, no nos entraba en la cabeza participar en el sindicalismo franquista», puntualiza Casimiro Bayón, «después todo cambió y se convirtió en una estrategia de lucha».

La oposición a concurrir en las elecciones sindicales del franquismo fue una seña de identidad de la UGT y la CNT, mientras que los sindicalistas comunistas y católicos realizaron una firme apuesta por esta fórmula e impulsó el nacimiento de nuevas centrales, caso de CC OO y USO.

El mito de La Camocha fue sólidamente alimentado por la cúpula del PCE. Santiago Carrillo y Víctor Claudín, dos de las principales figuras del comunismo español en el exilio, citaron en París a Bayón para que les relatara su experiencia. «Me preguntaban lo de la presencia de falangistas en las comisiones y vieron que era una fórmula acertada para evitar represalias y alcanzar los objetivos de los trabajadores».

La mecha de La Camocha rápidamente se prendió en otros pozos de las Cuencas y en las fábricas de las zonas industriales. Se sucedieron los conflictos sindicales en un momento en el que el dictador optó por relevar a algunas «camisas viejas» (en 1957 se produce la salida del Gobierno de José Antonio Girón) e incorporó a los tecnócratas vinculados al Opus Dei, que prepararon el plan de estabilización de 1959 para enterrar la autarquía.

Pero a la vez, el franquismo endureció su respuesta. Casimiro Bayón fue detenido y despedido al desatarse otro conflicto en la Camocha en 1958. De nada le sirvieron las credenciales de enlace sindical. En aquella nueva comisión obrera ya figuraban otros militantes comunistas o socialistas, como Marcelo García, presidente del PSOE gijonés. Todos fueron duramente represaliados. Después vino el estallido de 1962, «la huelgona», una de las mayores respuestas de los trabajadores al franquismo, la consolidación del nuevo movimiento sindical, fruto de La Camocha, una leyenda con mucha historia.

 
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