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Comunista ante el micrófono


En memoria de mi tío Eusebio Cimorra



Patxi Andión / 29 ene 07

La sociedad civil se pregunta, de vez en cuando, por la suerte de aquellos que lucharon por ella. Aquellos como Eusebio Cimorra, ejemplo de tantos, que se alistaron en la bandería del antifascismo y entregaron su vida en el campo de batalla o en el exilio, condenados de antemano, ya lo sabían, a terminar casi olvidados en un pequeño piso sobreviviendo con una exigua e injusta pensión y sobre todo, al olvido y la indiferencia. Lo he visto tantas veces que ya no me da rabia recordarlo, sino pena. No por ellos, que ganaron su vida defendiendo la de los demás y con eso tuvieron bastante, sino por los civiles que dejan medio vacíos los tanatorios y los entierros.

Ayer enterramos al tío Eusebio y fuimos una verdadera multitud, aunque cupiéramos en cuatro o cinco coches, porque junto a nosotros, su familia, latía tanta vida, que las lápidas desvencijadas no lograron entristecernos.

Eusebio Cimorra fue muchas cosas en su vida, y todas por los otros. Se unió al Partido Comunista de España y participó con lo que pudo ante el levantamiento fascista de 1936. En aquellos años revueltos y urgentes, donde el roce en la trinchera sabía a vida, el fue director de Mundo Obrero, y desde allí urgió la defensa de las libertades, las de todos, incluidos la de los falangistas que le insultaban desde sus medios de comunicación. Después, desvanecida la esperanza de un Gobierno popular, laico, republicano y socialista, se exiló en la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, donde se casó con la tía Eva, tuvo su tercer hijo, Boris, y emprendió de nuevo la vida, apretando la pipa entre los dientes. Allí fundó Radio Moscú, en español, y desde allí siguió defendiendo a los demás, a todos cada vez más. Tuvo un programa que se llamó como el título de este responso y fue conocido entre todos los que sintonizábamos la radio prohibida donde fuera que pudiéramos. La ironía personal y la tremenda cultura enciclopédica que guardó no pudieron con el hombre sarcástico, gracioso y peculiar como su vida. Es verdad que perteneció al Komitern y que fue secretario de José Díaz, secretario del PCE, además de escribir los discursos de Dolores Ibarruri, “Pasionaria”, su gran apoyo. Y sobre la que después escribiría una biografía apasionante: Un mito llamado Pasionaria.

El tío Eusebio y la tía Eva llegaron a España en 1977 buscando el tiempo perdido por los rincones, los restos de un país ya olvidado por la memoria colectiva de los españoles, que junto a la guerra y el franquismo se desentendió a la par de los que lucharon contra ello. Pero si una condición cuidaba él, era la de superviviente, así es que se acomodó con rapidez a la vida de Madrid, aunque siguiera bebiendo vodka para dormir.

Con Eusebio Cimorra se nos han ido muchas cosas que otras que aún quedan añorarán para siempre, aunque el aliento de los hombres grandes de verdad no expira, queda la sombra de su cabeza prodigiosa hasta los 98 años, su lucidez política, su sagacidad de periodista, su talante bebedor y su mirada pícara de mujeriego, aquella mirada que parecía perdida y que de pronto te encontrabas abrochada a las niñas de tus ojos.

Ayer le dimos tierra y, en la torpeza de los que no saben, nos quedamos allí frente a su tumba sin saber qué decir, mirándonos y compadeciéndonos todos a todos. Éramos pocos, ya lo he dicho, pero no dejamos de ser todos por los que el vivió, luchó y murió. Prácticamente todos los parias de la tierra. Descanse en Paz.

Soñamos con no olvidar, pero siempre llueve en los entierros. Enero

 
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