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Abogados de Atocha


Discurso del Presidente del Gobierno en su reunión con la Fundación Abogados de Atocha



Presidencia del Gobierno / 23 ene 07

Muy buenos días a todos. Quiero, en primer lugar, expresar que para mí éste es un acto cargado de emoción y de honor; de honor por poder recibir a gente de bien, a ciudadanos libres, comprometidos, que en torno a la Fundación Abogados de Atocha han sembrado una vida con los valores de la libertad, de la esperanza y de la defensa de los más débiles, de los trabajadores.

Mañana hace treinta años, en un día frío y doloroso, cuatro abogados laboralistas y un sindicalista fueron vilmente asesinados en un acto de barbarie, como es siempre la violencia, como siempre se expresan aquellos que son incapaces de usar la palabra y las ideas.

España salía de un túnel oscuro, largo, duro; tocaba con las manos esa poderosísima esperanza que representan la libertad y la democracia, y los asesinatos de Atocha representaron un momento, no sólo de dolor y de angustia, sino también de incertidumbre. Era la incertidumbre sobre el futuro que merecían los españoles, en tantas ocasiones negado por la fuerza. Era la incertidumbre sobre una democracia que empezaba a ser la única forma política por la que los españoles podían y debían apostar.

Treinta años después es justo que el pueblo español y que las instituciones del Estado (el Gobierno, las Cortes Generales) rindan homenaje, como seguramente les hubiera gustado a ellos que fuera el homenaje, a sus familiares y a los que afortunadamente permanecen aún hoy con nosotros; un homenaje sencillo, pero desde el corazón y desde los valores.

Hace treinta años, no sólo sufrimos, sino también muchos españoles pudimos comprobar como los trabajadores y como Comisiones Obreras y el Partido Comunista de España daban una gran lección de democracia y hacían una aportación definitiva a la transición y a la consolidación de nuestras libertades.

Treinta años después tiene que haber reconocimiento, memoria y justicia. Y la mejor justicia que el pueblo español y que el Gobierno de España pueden hacer a través de los representantes de la Fundación Abogados de Atocha es una afirmación que siento muy profunda, que siento desde los diecisiete años que tenía cuando viví lo que representaron los asesinatos de Atocha, que conservo en mi memoria, y en la aportación que debo hacer a este país desde la responsabilidad de Presidente del Gobierno: lo mejor de España han sido siempre sus ciudadanos; lo mejor de la transición, gente, trabajadores, que dejaron ilusiones y que reaccionaron con altitud de miras y con sentido histórico.

Quiero, por tanto, reconocer a Comisiones Obreras su contribución y su trayectoria en estos treinta años; al Partido Comunista, su aportación imprescindible, determinante, a la transición; a los familiares; a los que aún están con nosotros –hace sólo dos días se nos ha ido Miguel Saravia; a la Fundación en su conjunto; a esta familia de demócratas defensores de los trabajadores, les quiero rendir hoy este pequeño homenaje y que sepan que para este Gobierno, para este Presidente de Gobierno, esa memoria permanece. Es un estímulo, un compromiso, una obligación, desde el cariño, desde el reconocimiento.

Un país se reconoce a sí mismo, un país se siente orgulloso de sí mismo y puede levantar la cabeza ante la Historia cuando es capaz de reconocer a gente que nunca va a protagonizar la Historia, con mayúsculas, pero es la gente que de verdad hace la historia. Abogados laboralistas, sindicalistas, trabajadores, gracias por estos treinta años desde la memoria, desde el dolor y desde el reconocimiento a tanta lucha.

Gracias.

Madrid, martes, 23 de enero de 2007

 
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