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“Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro la voces de los ecos,
Y escucho solamente, entre las voces, una.
Retrato, Antonio Machado

En el 25 aniversario de la muerte de Maria Teresa León

Maria Teresa León

Ana Moreno Soriano | El ideal de Jaén / 10 dic 13

La semana que viene, exactamente el trece de diciembre, se cumple el veinticinco aniversario de la muerte de María Teresa León, a quien debemos la mejor prosa de la Generación del 27 como escritora y toda una vida de lucha y de compromiso como militante del Partido Comunista de España. Después de formar parte del grupo de intelectuales que defendieron que la República era pan y libros para los hombres y las mujeres; después de asumir con gran dignidad y valentía su responsabilidad en la Alianza de Intelectuales para la defensa de la cultura durante la guerra civil; después de sufrir en Madrid -capital de la gloria-, el hambre y los bombardeos de la legión Cóndor; después de la victoria del fascismo y de un largo exilio por Europa y América, María Teresa León volvió a España en abril de mil novecientos setenta y siete; volvió con su esposo, Rafael Alberti, compañero en el amor y en la lucha, que se incorporó con entusiasmo al trabajo de su Partido y no sólo fue elegido diputado en las Elecciones Generales de mil novecientos setenta y siete sino que su voz en las Coplas de Juan Panadero, recorrió Andalucía pidiendo el Sí en el referéndum de autonomía de mil novecientos ochenta y uno… Pero María Teresa volvió con su hermosa cabeza sin memoria; su corazón había extraviado las claves que lo habían mantenido en la distancia y siguió viviendo en la agonía del alzheimer, hasta que se fue en silencio unas horas antes de que empezara la Huelga General del catorce de diciembre de mil novecientos ochenta y ocho, aquella huelga que dejó vacías las fábricas y los medios de transporte, en la que miles de personas salieron a la calle en todas las ciudades de España, en la que quisimos que pararan –y pararon- hasta los relojes y que, para algunos, siempre estará unida al último adiós a una gran mujer.

Volver a la obra de María Teresa León es releer una de las prosas más bellas que se han escrito en lengua española y sentir la emoción de saber que esas páginas fueron escritas no sólo con tinta sino con la pasión y la urgencia de una mujer que no distinguía entre vivir y escribir, porque su vida y su obra son la expresión de su conciencia, de su lucha por la libertad. Todo eso está en sus libros y está también en La memoria dispersa, un libro editado por el Partido Comunista y la Editorial Atrapasueños con textos seleccionados por su hija Aitana Alberti León que es también autora del prólogo. Este libro, que hemos llevado a muchas ciudades españolas durante el mes de noviembre de la mano cariñosa de Aitana, recoge varios escritos de María Teresa León publicados durante la guerra civil, otros posteriores e inéditos y unos guiones radiofónicos que ven la luz por primera vez y en los que la autora pone de manifiesto su amor por el teatro por lo que para ella tiene de conocimiento, de elevación moral y de alegría.

Dice María Teresa León en este libro que un poeta no necesita morirse para saber lo que es la muerte. Lo decía también en Memoria de la melancolía, recordando a Carlo Levi, pintor y escritor italiano perseguido por el fascismo; de él decía que era “la voz del hombre hablando por los que no pueden hacerlo, la transmisión perfecta del perseguido que al huir advierte que hay otras persecuciones que no sospechaba más que a medias y de las que, de pronto, se convierte en testigo… y en voz. En esa persecución despiadada del hambre y la miseria hunde la suya propia y la libera y la transforma y nos la da, nos la entrega, la hace nuestra. Hace suyo –y nuestro- todo lo que le va filtrando por la sangre”.

María Teresa León supo lo que era el dolor y la explotación de su pueblo y tomó partido y sufrió muchas muertes, muchas pérdidas, antes de irse definitivamente hace ya veinticinco años… Nos dejó, siempre viva, su palabra y la memoria de una mujer fuerte, esperanzada y alegre, “una luchadora resueltamente contemporánea”, como señala Aitana Alberti León en el Prólogo de La memoria dispersa, una mujer que nos sigue animando en nuestra rebeldía al tiempo que nos recuerda que “es un oficio antiguo el rebelarse, lo moderno es el saber por qué”.

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