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“Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro la voces de los ecos,
Y escucho solamente, entre las voces, una.
Retrato, Antonio Machado

Huelga en la Enseñanza

Mayo de los estudiantes

Ana Moreno Soriano | ideal.es / 31 may 12

Había que estar en la calle. La Plataforma Estatal por la Escuela Pública había convocado una jornada de huelga en la enseñanza para el pasado martes, veintidós de mayo, y una manifestación por la tarde que, en la provincia de Jaén, recorrió las calles de la capital desde la plaza de las Batallas hasta la Plaza de Santa María. Había razones más que suficientes para la huelga ante las medidas adoptadas e impuestas por el Decreto Ley del Gobierno, una agresión más al derecho a la Educación que establece la Constitución Española. Por eso, miles de personas, desde la educación infantil hasta la enseñanza universitaria, abandonamos ese día el aula y la casa y quedamos para vernos a las siete de la tarde: queríamos mostrar nuestra indignación por los recortes que no cesan y hacer oír nuestra voz contra un gobierno que sólo atiende las razones del capital, y nos encontramos en un grupo heterogéneo y reivindicativo, una marea verde que recorría la ciudad no sólo por el color de las camisetas que exigían escuela pública de todos y para todos, sino por la esperanza que significa mucha gente, y mucha gente joven, con ganas de pelear por sus derechos.

Hace muchos años oí a Lolo Rico, creadora y directora de programas como La bola de cristal que marcaron época en la televisión pública, citar a Karen Blixen y sus Memorias de África; la escritora danesa, más conocida por su seudónimo Isak Dinesen, cuando llegó a Kenia, pensó que ése era el lugar en el que ella quería estar y África le dio los mejores momentos, el amor de su vida, la luz que había soñado… Pues bien, creo que todas las personas que estábamos el pasado martes en la manifestación de Jaén estábamos donde queríamos estar, donde era justo que estuviéramos, donde era necesario un saludo o un gesto de complicidad para saber que somos muchos y que no van a conseguir ni callarnos, ni cansarnos.

Allí estábamos todos: dirigentes políticos y sindicales, militantes de la izquierda política y social, enseñantes, personal de la administración y servicios, padres y madres que exigen para sus hijos una educación pública y de calidad y muchos jóvenes, estudiantes de Bachiller, de Formación Profesional, universitarios que empiezan y universitarios con la vista puesta en un máster, para seguir estudiando mientras llega el momento largamente acariciado del primer empleo. Estábamos allí, como otras veces, pero eran los más jóvenes quienes más gritaban y recordaban consignas que siguen en la mente de muchos y que aludían a la unión de la fuerza del trabajo y la cultura, a la conciencia de clase porque “somos estudiantes hijos de obreros”, a la democracia participativa porque “estamos creando poder popular”, a la unidad del pueblo como requisito imprescindible para ganar la batalla… Yo pensé que muchas ideas se han gestado en asambleas de estudiantes, en reuniones que terminaban con un manifiesto que circulaba de mano en mano; el Mayo del 68 francés empezó con una protesta estudiantil pero llegó a paralizar el país, congregó en una huelga general a diez millones de trabajadores, puso al gobierno francés contra las cuerdas y el Presidente De Gaulle tuvo que disolver la Asamblea Francesa y adelantar la convocatoria de elecciones. Las ideas que expresaban los jóvenes en la manifestación del martes pasado eran ideas jóvenes, porque concretaban lo nuevo, la alternativa al modelo caduco y viejo de la sociedad capitalista pero también porque provenían de gargantas y mentes jóvenes, con la frescura y el entusiasmo de quienes tienen toda la vida por delante y han decidido luchar por sus derechos, por la educación, por el empleo, por el futuro… Quizás ha llegado el momento de oírles gritar, con el eco del mayo francés, “Lo queremos todo” y ese grito puede ser, en el año dos mil doce, un grito de rebeldía contra el sistema capitalista que les expolia, y un proceso de revolución personal contra el aburrimiento y la desidia. Pueden seguir creyendo en el poder de la imaginación, pueden seguir pensando que, debajo de los adoquines, está la playa y, sobre todo, pueden sorprendernos con mil ideas y mil propuestas. Ellos tienen la palabra.

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