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“Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro la voces de los ecos,
Y escucho solamente, entre las voces, una.
Retrato, Antonio Machado

Da miedo asomarse a los periódicos, pero más miedo daría no saber lo que pasa

Primero de Mayo, en la calle

Ana Moreno Soriano | el ideal / 30 abr 12

Me lo decía un amigo hace unos días: da miedo asomarse a los periódicos, pero más miedo daría no saber lo que pasa, asistir impasibles e ignorantes al desmantelamiento programado e implacable de lo que alguna vez consideramos el estado del bienestar. Quienes entendimos que la Constitución Española era la expresión de un estado social y democrático de derecho, no imaginábamos que, treinta y tres años más tarde, cambiaría su naturaleza para satisfacer al capital, y quienes tratábamos de ampliar y extender los derechos y los servicios públicos, nos encontramos con una agresión permanente en forma de recortes, privatizaciones, desempleo y precariedad en las condiciones laborales. Todas las reformas y todos los ajustes que venimos sufriendo desde que se inició eso que hemos llamado la crisis del sistema capitalista, y que se han incrementado en los últimos meses, sólo han servido para agravar la situación de miles de personas que aspiran a vivir de su trabajo y a disfrutar de un salario social en forma de unos servicios públicos de calidad que les garanticen el bienestar y la dignidad que recoge el artículo diez de la Constitución Española.

Nadie se cree los argumentos del Gobierno cada vez que acomete nuevos recortes diciendo que son la medicina necesaria para nuestra salud, pero muchos años de desmovilización han inoculado en amplias capas de la población el virus de la resignación y el conformismo y hay una generación de jóvenes, y menos jóvenes, que han crecido entre el desencanto de sus padres, la aceptación de un trabajo precario como posible salida y las múltiples evasiones entre los espectáculos de masas y la reclusión en su ámbito privado, siempre conectados, sí, por las nuevas tecnologías pero no siempre comunicados con el mundo real. Afortunadamente, no son pocos quienes responden con contundencia a las medidas del Gobierno y preparan y llevan a cabo la huelga general del veintinueve de marzo; quienes resisten en la trinchera ideológica y tratan de explicarse el mundo desde la explotación y organizar la respuesta con los de abajo; quienes buscan otras formas de democracia representativa y participativa y tratan de poner freno al bipartidismo; quienes se atreven a leer, a pensar y a debatir sus ideas sin prejuicios y sin astucia, desde la ingenuidad y la nobleza.

Por todo esto, cuando los titulares de los periódicos alarman sobre el crecimiento del paro y sitúan a la provincia de Jaén con más del treinta y uno por ciento; cuando le ponemos a esa cifra el rostro y el nombre de un familiar, de un amigo o un vecino y hasta el nuestro propio cuando termine ese contrato indefinido que no es definitivo, sabemos que es necesario seguir cultivando nuestra conciencia de clase y seguir luchando por nuestros derechos. El capital, que no deja nada a la improvisación, pondrá de nuevo el dinero en circulación cuando considere que ha ajustado su tasa de ganancia y conseguirá la jugada perfecta si, cuando llegue ese momento, los trabajadores no sólo han sufrido en sus carnes la tragedia de perder su empleo o su vivienda o de malvivir con una pensión de miseria, sino que han dejado por el camino los derechos laborales duramente conquistados.

Y, por todo esto, estaremos en la manifestación del domingo, veintinueve de abril, contra los recortes en Educación y Sanidad y quedaremos para vernos de nuevo, el Primero de Mayo. Sacaremos nuestras banderas rojas y tomaremos el testigo de tantos luchadores por la libertad desde aquellos mártires de Chicago de hace ciento veintiséis años que reivindicaban la jornada laboral de ocho horas. Saldremos una vez más a la calle, porque no es bueno quedarse en la orilla como el malecón o como el molusco que quiere calcáreamente imitar a la roca; nos encontraremos en la plaza, para formar parte de un mismo corazón resistente y reivindicativo. Estaremos, como en el poema de Vicente Aleixandre, en la calle, porque ése es el lugar que nos corresponde cada Primero de Mayo.

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