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“Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro la voces de los ecos,
Y escucho solamente, entre las voces, una.
Retrato, Antonio Machado

Opinión

Mujeres que escriben

Ana Moreno Soriano | ideal.es / 23 ene 12

Encontré, en un libro de Fanny Rubio, una cita de Tillie Olsen y, naturalmente, me interesé por la autora, una escritora norteamericana de origen ruso que nació el catorce de enero de mil novecientos doce y que fue una mujer comprometida con su tiempo, activista política y sindical de ideología comunista y una referencia imprescindible en la lucha por la igualdad, pues no sólo vierte en sus libros las experiencias de muchas mujeres, sino que reflexionó y denunció las limitaciones que éstas tienen para poder escribir; de ahí, la cita que me llamó la atención: “toda mujer que escribe es una superviviente”.

Continuaba así Tillie Olsen la tesis de otra escritora feminista nacida treinta años antes, también en el mes de enero, en la ciudad de Londres. Hablamos de Virginia Wolf, protagonista de una vida y una obra apasionantes, intelectual comprometida con los nuevos aires literarios y en la lucha contra el fascismo, la autora que, sin duda, puso con más lucidez el dedo en la llaga de la discriminación al situarla en la dependencia económica y social. Su ensayo, Una habitación propia, es una de las obras más clarificadoras para entender la falta de igualdad que han sufrido las mujeres: en ella expresa la humillación que siente cuando le impiden entrar a la biblioteca de la universidad por su condición de mujer; la perplejidad, cuando comprueba que los temas femeninos en los libros están traspasados por la frivolidad y la misoginia y, en muchas ocasiones, su objetivo es demostrar la inferioridad intelectual, física y moral de las mujeres; la indignación ante la falta de recursos de las mujeres; la comprensión hacia aquellas que escribían disimulando, ocultas y calladas en la sala familiar; algunas, con furia contenida; otras, enfermas y locas... sin más horizonte que el que veían desde el tejado de la casa ni más realidad que la que le permitían conocer las convenciones sociales. La alternativa que ofrece Virginia Wolf para reparar esta injusticia es que las mujeres tengan independencia económica, un espacio propio y libertad para crear: “Démosle una habitación propia y quinientas libras al año, dejémosle decir lo que quiera y omitir la mitad de lo que ahora pone en su libro, y el día menos pensado escribirá un libro mejor”.

Pienso que tanto Tillie Olsen como Virginia Wolf se sentían, de alguna forma, prisioneras de su condición femenina cuando se sentaban a escribir. Otra escritora inglesa, Doris Lessing, la autora de “El cuaderno dorado” que es una de las obras más interesantes para comprender cómo viven y piensan las mujeres sometidas a una discriminación de siglos, expresaba su solidaridad con Virginia Wolf y compartía su deseo de escribir en libertad, sin arrastrar ningún peso, en las mismas condiciones en las que escribía Shakespeare, por ejemplo, pero que nunca tuvo su hermana…

Bastantes años después, la poeta nicaragüense Gioconda Belli expresa en su poesía la conquista de escribir en libertad, consciente de que es el fruto de una larga lucha por la igualdad y, desde la afirmación de su identidad, recuerda a otras mujeres que tuvieron menos fortuna, mujeres que invoca para expresarles su solidaridad y ofrecerles el triunfo de “un cuarto propio, una máquina de escribir, los estantes de libros...” los tesoros que hubieran querido Jane Austen, Virginia Wolf, George Sand y tantas otras que tomaron la pluma a escondidas, encerradas en una sociedad dominada por los hombres y que, en muchos casos, pagaron con la soledad, con su salud e incluso con su vida, la osadía de querer salir de este encierro físico e ideológico, donde a la mujer se le negaba la autoría y la autoridad.

Las mujeres han pasado de ser objetos literarios a ser sujetos que escriben, y que escriben sobre sí mismas y sobre su forma de concebir el mundo, para explicarlo y para transformarlo: son sencillamente escritoras, pero no pueden olvidar que son parte de la lucha y de la historia de las mujeres que escriben.

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