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“Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro la voces de los ecos,
Y escucho solamente, entre las voces, una.
Retrato, Antonio Machado

Sobre la reforma de la negociación colectiva

A los caballos de Arturo Fernández

Pedro Luna Antúnez | tercerainformacion.es / 12 jun 11

Una vez más el dócil gobierno central ha claudicado ante los caballos del gran capital. La comparecencia del ministro de trabajo Valeriano Gómez el pasado viernes se realizó sin estridencias y en un clima de resignación. A Valeriano Gómez, otrora economista en el gabinete técnico de la ejecutiva confederal de la UGT, se le vio incómodo, posiblemente porque él jamás se hubiera imaginado verse en una situación comparable, es decir, justificando una nefasta reforma de la negociación colectiva sin el aval de los sindicatos mayoritarios. En líneas generales podríamos afirmar que el decreto del gobierno no reforma la negociación colectiva sino que la destroza para hacerla más manejable a los intereses de la patronal. Es más, sienta un grave precedente puesto que retuerce la negociación colectiva hasta debilitarla y en algunos casos hacerla desaparecer.

Como la reforma laboral y la del sistema público de pensiones, la reforma de la negociación colectiva no era necesaria si se trataba de paliar los déficits laborales de la economía española. Los propios sindicatos han reiterado hasta la saciedad que la actual crisis no tenía su origen en el mercado de trabajo. No les faltaba ni un ápice de razón. Sin embargo, se hallaron casi sin quererlo en un diálogo social permanente tendiente a materializar la mayor reforma laboral de los últimos treinta años. Uno de los objetivos, tanto del gobierno como de la clase empresarial, era la negociación colectiva.

El páramo. Con la nueva reforma de la negociación colectiva se pretende flexibilizar las relaciones laborales especialmente en el ámbito de las pequeñas y medianas empresas. Porque serán prácticamente inexistentes las relaciones laborales que se articularán en tales empresas al priorizarse los convenios de empresas por encima de los convenios sectoriales. En una pirueta circense Valeriano Gómez defendió la nueva jerarquía de los convenios de empresa ya que los “sectoriales son convenios que hay que ir desterrando porque son un lastre para las empresas”. Él sabe perfectamente que el verdadero lastre será para millones de trabajadores que se quedarán sin interlocución a la hora de negociar sus convenios colectivos al arrancarles de cuajo el colchón de las organizaciones sindicales. ¿Qué capacidad real de negociación se dará en las pymes, que representan más del 90% de empresas de este país?. Millones de trabajadores quedarán en el desamparo más absoluto frente a la voracidad insaciable de las patronales. Para ellos se ha creado un páramo sin derechos laborales.

Los mediadores. A fin de desbloquear los posibles desacuerdos entre sindicatos y patronal la reforma proyecta el arbitraje externo de carácter vinculante. Así se establece para la mayoría de los ámbitos de negociación, detalle que pone de relieve la propia desconfianza del gobierno en la nueva filosofía de relaciones laborales que impone. Por ejemplo, los convenios colectivos quedarán en manos del mediador si una vez transcurrido el plazo máximo de negociación, fijado en 20 meses, las partes no llegan al acuerdo. Asimismo, el arbitraje podrá intervenir en los casos de descuelgue salarial no consensuados. Recordemos que una de las propuestas de la patronal era que las empresas con “dificultades económicas” tuvieran la potestad de no aplicar los incrementos salariales pactados en los convenios sectoriales. En este sentido, el texto permite a las empresas acogerse a los descuelgues salariales mediante el previo acuerdo con las organizaciones sindicales. En el supuesto de que ambas partes no llegaran a un acuerdo, el descuelgue pasaría por una comisión paritaria o en último extremo por el laudo del arbitro externo. Del mismo modo, el arbitraje resolverá la falta de acuerdo respecto a la revisión de la flexibilidad interna en las empresas al margen de los convenios, otra de las demandas de la patronal que la reforma atiende de manera favorable.

La música y la letra. Decía Ignacio Fernández Toxo que el acuerdo no fue posible porque a pesar de que “había buena música faltaba la letra”. La música eran los convenios de empresa, la flexibilidad interna, el descuelgue salarial, la limitación de los plazos de negociación y los laudos externos. Incluso en el borrador que contenía las propuestas sindicales se sentaban las bases para una nueva regulación de las mutuas a fin de contribuir a la “competitividad de las empresas”. De hecho, el acuerdo estuvo a punto de cerrarse pocos días antes de las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo. ¿Y finalmente por qué no se llegó al consenso?. Tanto el gobierno del PSOE como los sindicatos apuntan al nuevo mapa político que surgió de las elecciones del 22 de mayo como el detonante que propició un cambio de estrategia en el núcleo duro de la patronal. Es un argumento bastante plausible. No obstante, el avance electoral de CiU y PP era de esperar. Declaraba Valeriano Gómez, al frustrarse la firma del acuerdo, que la CEOE espera tiempos mejores con la entrada del PP en el gobierno para modelar las reformas laborales a su antojo. ¿Pero acaso la patronal española puede quejarse de las reformas del PSOE?. Pocas reformas más podrá realizar el PP cuando el PSOE ya ha arrasado el terreno de los derechos sociales y laborales. Una vez más el PSOE ha hecho el trabajo sucio de la derecha. Quizás cabría hacerse alguna pregunta más para comprender el porqué el decreto presentado por el gobierno no lleva la firma de las partes.

Los indignados. La prensa los llama “indignados” como si expresar tal estado fuese algo anómalo en los tiempos que corren. Pero cuando el número de desempleados rebasa los cinco millones y la tasa de paro juvenil es del 40% lo más lógico es que los jóvenes se echen a la calle. Lo raro es que tal explosión de indignación no se hubiera produciendo con anterioridad. Ante la lección de dignidad y valores demostrada por el movimiento 15-M a la izquierda política y sindical sólo nos queda aprender y tomar nota. Hace poco un amigo escribía “que en menos de un mes, unos miles de ciudadanos libres, sin experiencia política, lograron lo que tantos partidos y organizaciones sindicales no habían conseguido en treinta años”. Es cierto. Precisamente por ello cabe preguntarse si la eclosión del movimiento 15-M no habría incidido en la ausencia de un acuerdo en la reforma de la negociación colectiva. Dos días antes de la presentación del decreto el movimiento 15-M convocó una concentración frente al congreso de diputados para protestar contra la reforma. Allí deberíamos de haber estado los sindicatos.

Arturo Fernández. A pesar de las apariencias, Arturo Fernández es el gran vencedor del envite. El actual presidente de la patronal madrileña ha desplazado a Joan Rossell al frente de la CEOE, no a nivel orgánico pero si a efectos prácticos. Él es el referente de la clase empresarial española y no tendrá que esperar a la victoria electoral del PP para convertirse en el hombre fuerte de la CEOE puesto que ya lo es. Ni siquiera el gobierno del PSOE discute su liderazgo al concederle, primero, el protagonismo mediático y segundo, una reforma de la negociación colectiva a la carta. Podríamos decir que el gobierno se ha postrado ante los caballos de Arturo Fernández.

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