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“Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro la voces de los ecos,
Y escucho solamente, entre las voces, una.
Retrato, Antonio Machado

CC.OO. rinde un merecido homenaje a la inseparable compañera de Marcelino Camacho

Más que un homenaje, un agradecimiento a Josefina Samper

Javier Alvarez | http://islainexistente.javialvarez.es / 19 mar 11

Que gran parte de la fuerza y la entereza de Marcelino Camacho venía del perfecto tándem que hacía con su compañera Josefina Samper es algo que nadie discute. Su sombra es presencia que forjó la mejor forma de entender el sindicalismo, de luchar por la clase obrera con arrojo, de no someterse, de mirar de frente con un orgullo reposado de trabajadora infatigable. Basta escucharla un instante para que uno se quede embelesado, con el tiempo detenido entre los dedos, y no quiera irse de su lado. Son las suyas anécdotas duras en momentos difíciles, rodeadas de hambre, de derrotados, de luchadores por la libertad. Pero también llenas de instantes tiernos cargados de afecto, mostrando con un pequeño sonrojo una vida de entrega y llena de amor, con quebrantos y satisfacciones puestos sobre una balanza que es el vivir.

El acto organizado por CC.OO. no es nostalgia, es un rendido homenaje a quien lo dio todo por los demás. Lo han llamado «Josefina. La rebeldía del rol, la compañera». Lo abre con emoción un vídeo documental que intercala una entrevista con Josefina, imágenes de su vida y a la periodista Juana Ginzo leyendo un texto de Almudena Grandes.

Al final del acto, los ojos de Josefina Samper brillan como los dos luceros despiertos e inteligentes que son. «Es ley de vida. Una pasa. Siempre de pié, siempre adelante. Han dicho más o menos lo que he sido». Siente que su tiempo ha pasado, que son otros más jóvenes los que tienen que tomar sus decisiones y las riendas de una lucha de clases aún sin acabar. Ella cuenta sus recuerdos desde una humildad conmovedora. Habla de su madre que siempre decía que no sabía a quién se parecía esa hija suya, pues sin haber tenido tiempo para enseñarle nada, ya, desde pequeña, se desvivía por ayudar a los demás. Se responde que debía ser la rebeldía de ver lo que su padre había pasado en la mina. Las ausencias también. Recordó su llegada a Orán, el reencuentro con un padre que para los mellizos, tan pequeños cuando se fue, no había sido otra cosa que una fotografía de la que se despedían cada noche al irse a dormir. Y la emoción de lo que va contando flota en el Auditorio Marcelino Camacho que escucha en silencio entregado. Josefina describe como bajan del barco y corren a abrazarse. Habla de aquellos años en Argelia, de la sensación de inmigrantes atosigados que vivieron. No es extraño que pretendiese que todo aquello cambiase porque no podía estar de acuerdo con las injusticias que veía a diario. Recuerda que en su casa se hablaba de política, que por ella pasaban muchos deportados, que algunas cosas de las que decían los mayores las entendía y otras nos, pero que aquellas palabras eran un caldo de cultivo. Así se fue educando, entre emigrados. Cuenta anécdotas, como cuando su tío le dijo que con 14 años ya era mayor para seguir en las juventudes (JSU), que ya tenía edad para pasar al Partido (PCE) y cómo cogió a su padre, republicano declarado, y se afiliaron los dos el mismo día. Trabajó moviendo mermelada sin parar para ganarse unos céntimos más que aportar a casa. Aprendió de todo, de cualquier oficio que pudiera servirle para añadir unos francos más a su jornal. Allí conoció a Marcelino Camacho, cuando se había fugado del campo de concentración. No había tenido tiempo de buscar novio porque siempre estuvo muy liada, confiesa. Pero Marcelino insistió, ella se lo preguntó a su padre y a éste le pareció bien. «Pues si le gusta a usted, nos gusta a todos» cerró el asunto. Así fue haciendo su vida.

Presentó el acto Cristina Bermejo, secretaria de Juventud de CC.OO. Dijo que éste era un discreto homenaje a una gran mujer. Josefina se nos presentó como un icono que responde al ejemplo de lucha, tesón, paciencia y sacrificio. A través de ella, las mujeres de hoy reivindican su sitio en primera línea, visibles. Un camino imposible sin el gran esfuerzo de sus antecesoras que supieron luchar en la sombra. Josefina fue, y es, un pilar sustentador. Aquí Cristina Bermejo miró a Josefina de frente y con un ligero temblor en la voz por la emoción añadió «Tu esfuerzo no ha pasado desapercibido, tienes nuestro eterno reconocimiento».

Le siguió Javier López, secretario de CC.OO. Madrid, que le dio la bienvenida a este su refugio, en un auditorio que lleva el nombre de su compañero, donde se le homenajeó con rendida devoción y que también le sirvió de capilla mortuoria para honrar por última vez su figura. López recordó el valor de Josefina y también el de muchas otras mujeres, hermanadas con el compromiso, señalando que todas juntas podrían haber escrito un libro colectivo que llevase por título: «Confesamos que somos mujeres que luchamos». Su última reflexión fue para decir de este acto que «más que un homenaje es un agradecimiento».

Carmen Bravo, secretaria de la Mujer de CC.OO., señaló que un día como éste, otro 19 de marzo hace ahora cien años, se conmemoró por primera vez el día de las mujeres para reivindicar su visibilidad y la igualdad entre ambos sexos. El sindicato, con este acto y en esta fecha, quiere reconocer la rebeldía del rol que encarna Josefina, quedando sellado el reconocimiento a su persona y a la figura de Marcelino Camacho como símbolos de una pareja en lucha obrera por la libertad y la igualdad. Josefina ha luchado y sigue luchando con coraje para que el trabajo permita vivir con libertad a las personas, allí donde ellas elijan hacerlo. Ha luchado y sigue luchando por una ciudadanía de plenos derechos, que puedan alcanzar el proyecto de vida que desean. Éste es un homenaje a esa Josefina trabajadora que se une a quienes pelean por un empleo digno para la mujer, para que también ellas puedan tener un trabajo en la Perkins como lo tuvo Marcelino. Contó Bravo que la resistencia de ellas sirvió para que ellos no cayeran de rodillas. Josefina explicó siempre que Marcelino y ella no tenían nada extraordinario, que eran una familia normal. Cristina Bravo se volcó en adjetivos para describir a la Josefina emigrante, la que se rebela, la trabajadora que se une a sus compañeros para mejorar las condiciones del trabajo, la mujer que es compañera, la que visita a Marcelino cuando cae preso y une su voz para luchar con ellos en defensa de la libertad. Bravo quiso gradecer la labor de Marcelino y Josefina, hablando de preservar el hueco que siempre han ocupado y compartido los dos, un espacio conjunto donde ninguno va delante ni detrás.

Ignacio Fernández Toxo, secretario general de CC.OO., tomó la palabra con la intención de ser muy breve, simplemente para decir que el acto era un homenaje de su sindicato para rendir el merecido reconocimiento a Josefina Samper. Luego la mira con el ramo de rosas entres las manos y le dice que «está radiante, como un clavel rojo reventón».

Le entregan una placa con el carnet de CC.OO. y Josefina se ilusiona, pues ni ella ni Marcelino tuvieron nunca el nuevo. Al fondo, Paquita, otra mujer incombustible recita un poema para expresar el sentir común de todas ellas y la admiración mutua. Alguien grita «te queremos, Josefina» y espontáneamente se entona la Internacional. Basta verla levantar el puño derecho para saber que la honestidad y la honradez tienen en ella su bandera.

Además de este acto, CC.OO. le ha dedicado un número completo en la revista Trabajadora.

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