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“Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro la voces de los ecos,
Y escucho solamente, entre las voces, una.
Retrato, Antonio Machado

Opinión

Democracia

Ricardo Rodríguez | Mundo Obrero / 09 feb 11

A lo largo de los meses que ha durado el debate sobre la reforma de nuestro sistema público de pensiones, en todas las televisiones públicas y privadas se han organizado numerosos coloquios al respecto en los que, salvo extrañísimas excepciones, todos los contertulios han defendido la necesidad de retrasar la edad de jubilación, aumentar el periodo de cálculo y los años a cotizar para cobrar el 100% de la pensión.

Eso es lo que al cabo han acordado el gobierno, la patronal y los sindicatos, y lo que respalda la abrumadora mayoría de los grupos del parlamento, animados todos ellos por la presión de la burocracia de Bruselas, de las grandes empresas, bancos y gestores de fondos privados.

Sin embargo, una reciente encuesta prueba que más del 70% de los ciudadanos están en contra de esta reforma. Opinión ciudadana que no puede calificarse, se comparta o no, de carente de fundamento, dado que numerosos economistas y expertos la respaldan, si bien es verdad que se trata casualmente de los expertos que jamás son llamados a programas de televisión (casos de Juan Fco. Martín Seco, Vicenç Navarro, Miren Etxezarreta, Juan Torres López, Pedro Montes y muchos otros que, salvo prueba en contrario, son tan economistas como los que defienden el retraso de edad de jubilación, a lo que se añade que en sus trabajos de estos últimos años, a diferencia de los otros, predijeron la crisis que se nos avecinaba, o sea que además suelen acertar en sus predicciones).

Bien, pues, si los llamados “agentes sociales”, las instituciones parlamentarias y partidos y grandes medios de comunicación articulan una democracia moderna y no han dejado, en cambio, ni el más mínimo espacio de expresión a la opinión mayoritaria de la ciudadanía en un asunto trascendental para nuestras vidas, ¿a quién demonios representan? ¿Y en qué se ha convertido nuestro país? En donde controlan el poder los ricos por encima de su representatividad social real se dice que hay una plutocracia; en donde las élites políticas y sociales deciden al margen de la opinión ciudadana, una oligarquía. Ni plutocracia ni oligarquía son compatibles con la democracia. Tampoco puede decirse que exista libertad de expresión allí donde, aunque no se aplaste policialmente la opinión discrepante, ésta sí sea, sin embargo, ignorada en los espacios de representación y discusión públicas.

¿Habrá llegado el momento, quizá, de mirar a los egipcios con algo más que simpatía?

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