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A distinguir me paro la voces de los ecos,
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Retrato, Antonio Machado

Ley de Economía Sostenible

Análisis de la Ley de Economía Sostenible

Ecologistas en Acción / 04 ene 10

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Empecemos por el principio: la finalidad de la ley, porque sino nos
podemos perder entre la maraña de artículos y medidas que contiene este
anteproyecto.

La futura Ley de Economía Sostenible (LES) tiene como objetivo
fundamental garantizar el crecimiento de la economía española mediante
el incremento de su competitividad. Nuevamente el Gobierno plantea una
medida que considera que vivimos en un planeta de recursos y sumideros
(basureros) infinitos, en el que el crecimiento continuado es posible.
Nuevamente el Gobierno hace política-ficción.

El mejor ejemplo de esto es la multitud de medidas que incluye el
anteproyecto cuya finalidad es reanimar la economía e incrementar la
competitividad, es decir, crecer: agilización de los trámites para crear
empresas, fomento a la creación de patentes, garantizar las frecuencias
necesarias para la telefonía móvil, mejorar los organismos regulatorios…

En el anteproyecto se echan en falta cambios importantes a nivel
económico. Por ejemplo, ni siquiera se intenta poner freno a que la
economía especulativa siga siendo la preponderante. No se proponen
trabas reales a la misma y ni siquiera se ponen límites a los salarios
de los altos directivos.

En materia energética se reafirman los compromisos de la UE, el triple
20 (reducir las emisiones un 20%, que las renovables aporten el 20% del
mix energético, 10% en el transporte, y reducir el consumo de energía en
las administraciones un 20% en 2020). Para ello el Gobierno deberá
aprobar un Plan Nacional de Ahorro y Eficiencia. Todos ellos son
compromisos tremendamente insuficientes en la lucha contra el cambio
climático. Por ejemplo la rebaja del 20% a nivel de la UE significa que
nuestro estado incrementará sus emisiones un 30% respecto a 1990, es
decir, que tendrá más derecho a emitir que lo contemplado en el
Protocolo de Kioto. El 20% de renovables es un objetivo tremendamente
conservador, con el desarrollo actual de las renovables en nuestro
contexto. Y el 10% de renovables en el transporte sólo podrá llevarse a
cabo mediante una importación masiva de agrocarburantes que, además de
no resolver el problema del cambio climático, agravarán otros como la
pérdida de biodiversidad o las afecciones a la población local.

Además estas políticas tendrán que convivir con que el Gobierno continúe
apoyando el carbón y ponga techo al desarrollo de las renovables.

Uno de los elementos fundamentales de la futura ley será el tema del
transporte. Se habla de movilidad sostenible, de cheques-transporte para
incentivar el uso del transporte público o de un mayor peso del
transporte de mercancías por ferrocarril. Sin embargo esto es coherente,
a juicio del Gobierno, con el Plan Estratégico de Infraestructuras de
Transporte (PEIT), que está suponiendo un importante incremento de las
emisiones de gases de efecto invernadero (el sector del transporte es el
que más las ha aumentado desde 1990), y un mayor troceamiento del
territorio, lo que contribuirá a que sigamos perdiendo biodiversidad. El
PEIT incluye 6000 nuevos kilómetros de autovías y 9000 de AVE.

Para el impulso a este exigente plan de infraestructuras, la LES pondrá
en marcha un mecanismo de financiación publico-privado que permitirá
continuar el derroche de recursos actual en carreteras y trenes de alta
velocidad. Un derroche que crea menos y peores puestos de trabajo que la
apuesta por el transporte público, que está detrás de la mala calidad
del aire de nuestras ciudades, y que, por supuesto, es corresponsable de
que el Estado español vaya a emitir muy por encima de lo permitido según
el Protocolo de Kioto.

En el apartado de movilidad, la promoción del coche eléctrico es una de
las medidas estrella. Es cierto que los vehículos eléctricos podrían
generar menor contaminación acústica, de gases y de partículas en las
ciudades. Pero los coches originan otra serie de problemas, como los
relacionados con el modelo urbanístico y de transporte: expansión
urbana, construcción de grandes infraestructuras, gran ocupación de
espacio público, limitaciones a la movilidad de otros medios más
sostenibles, siniestralidad en conductores y peatones… y eso sin
garantizar una menor emisión de gases de efecto invernadero que los de
combustión.

El automóvil eléctrico avanza un paso más en mantener una situación de
insostenibilidad, simulando todo lo contrario. Mantener y potenciar los
desplazamientos privados en los entornos metropolitanos favorece el
modelo disperso de urbanismo e impulsa la creación de más
infraestructuras de transporte. Crea la ilusión de que es posible un
sistema de transporte “ecológico” al margen del transporte público y de
la reorganización urbanística.

Las medidas contempladas para internacionalizar más la economía española
significan un mayor trasiego de mercancías, lo que implica
inevitablemente más consumo energético y cambio climático. Pero no sólo
eso, sino que suponen un apoyo al espolio que están realizando las
transnacionales españolas en el extranjero. Así el fortalecimiento de la
Compañía Española de Seguros de Créditos a la Exportación (CESCE),
contemplado el anteproyecto, es un muy mala noticia.

Dicho esto, la Ley apunta realmente a que la lucha contra el cambio
climático se centre en falsas soluciones tecnológicas y en el mercado de
carbono (que será potenciado según el texto). Es decir, usar los mismos
mecanismos que nos han llevado a la crisis actual. ¿Qué tipo de cambio
de modelo es este?

Esto no debe impedir valorar positivamente algunos de los aspectos de
esta legislación. Entre ellos cabe destacar la limitación a 40 años de
la vida de las centrales nucleares. Eso sí, teniendo en cuenta que lo
que debería contener la ley es un calendario de cierre escalonado, y que
el Gobierno ha demostrado su falta de credibilidad en este asunto en la
central de Garoña. En todo caso este anuncio es un avance respecto a lo
que había antes.

Otros elementos a destacar son el anuncio del final de la deducción por
la compra de vivienda a las rentas mayores de 24.000 euros, la
equiparación de las desgravaciones con el alquiler y las ayudas para la
rehabilitación de viviendas para incrementar su eficiencia energética.
Estas no son medidas suficientes para salir del agujero inmobiliario en
el que nos encontramos pero, al menos, apuntan en esa dirección. En todo
caso hay que señalar que estas medidas se ven acompañadas de una
prórroga en la Ley del Suelo que beneficia a los especuladores que han
visto como el valor del mismo ha caído a causa de la crisis.

También merece la pena señalar las deducciones a empresas por
inversiones e investigaciones medioambientales. La apuesta por centrar
la economía más en la innovación (con medidas como la reducción de
impuestos para las inversiones en I+D+i), sin duda será un avance hacia
la sostenibilidad, suponiendo que este desarrollo técnico se centre en
mejorar la eficiencia. Sin embargo, esta no es una condición suficiente
para avanzar hacia la sostenibilidad. El parque automovilístico español
ha ido reduciendo su consumo y sus emisiones progresivamente, sin
embargo, a día de hoy, las emisiones totales de gases de efecto
invernadero de dicho parque son mayores que las de 10 años atrás, ya que
el número de vehículos y los kilómetros recorridos se han incrementado
notablemente.

La apuesta por la eficiencia energética es importante sin embargo lo
verdaderamente fundamental es que vaya acompañada de un decrecimiento
drástico en el consumo energético y la movilidad motorizada. Todo ello
acompañado por una reconversión hacia las fuentes energéticas renovables
que vaya mucho más allá del tímido objetivo del 20% para 2020 de este
Gobierno.

En resumen, para Ecologistas en Acción lo que presenta el Gobierno tiene
poco que ver con la sostenibilidad y mucho más con conseguir un
crecimiento sostenido, por ello ha rebautizado la ley como Ley de
Crecimiento Sostenido.

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