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“Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro la voces de los ecos,
Y escucho solamente, entre las voces, una.
Retrato, Antonio Machado

Entrevista Felipe Alcaraz

Conversación con Felipe Alcaraz (Sobre Javier Egea y otros particulares)

http://socialismoeslibertad.blogspot.com/ / 18 nov 09

Luis Felipe Alcaraz Masats, granadino de 1943, comunista de la hornada del franquismo tardío, homónimo a contracorriente de Luis Felipe Igualdad, el rey burgués de la Francia entrenapoleónica, topó con la literatura en una ciudad hervidero de literatos. Doctor en Filología Románica, profesor de Crítica Literaria en el Colegio Universitario de Jaén, poeta y novelista publicado antes de entrar de lleno en la arena partidaria, luego secretario general del Partido Comunista de Andalucía (1981-2002), presidente ejecutivo del Partido Comunista de España (2005-2009), parlamentario autonómico, diputado nacional.

Un Felipe Alcaraz al que descubrí como escritor en una librería de lance, años ha. Informe para una toma de partido en literatura (Akal, 1977) me situó por vez primera en el debate marxista de las letras, cuestión en la que seguimos, a pesar de los pesares, en tiempos pésimos para la lírica y la revolución.

Este mayo florido, Felipe me empujó de repente hacia Javier Egea. De aquellos polvos vienen estos lodos, si me permiten ustedes el manoseado adagio español.

P.- Tu última novela, La muerte imposible (RD Editores, 2009), contiene un personaje de esos que seducen al lector desde la primera línea, Jesús Búrdalo, trasunto nada presunto de Javier Egea, se apodera del texto a través de una trama secundaria que va creciendo en intensidad, en paralelo al desenlace de la trama principal. Sabemos también que tu próxima obra será una especie de biografía novelada del poeta. ¿Qué tuvo de especial Javier Egea, qué significado sigue teniendo su poesía para que le hayas dedicado dos libros, con lo que ello conlleva?

R.- Me alegro que me hagas esta pregunta (risas). La verdad es que “sigo” a Quisquete desde casi siempre. Un dato: vivíamos en el mismo barrio, aunque el primer recuerdo que tengo de él hay que situarlo en el Bimbela (bar, tugurio), junto a Enrique Vázquez de Sola, entre otros. Entonces Javier hacía otro tipo de poesía, con Góngora como bandera. Y así aparece, como gongorino (grasiento) en mi primera novela, Sobre la autodestrucción y otros efectos, que escribí entre el 72 y el 74. La última vez que nos encontramos fue en Sevilla, debajo del cielo protector de una gran bandera roja, surcando el Guadalquivir mientras celebrábamos el 150 aniversario del Manifiesto Comunista (1998). Pero fundamentalmente (recuerdos y vecindades aparte) hablamos de un poeta y un poeta materialista, por más señas, quizás el único que llega a conseguir en la poesía esa estructura profunda: la lógica de la explotación, quiero decir. Y digo que quizás sea el único porque no hablo de un poeta militante, de partido, aunque también lo fue: sino de un militante del materialismo, del discurso materialista en poesía, y ahí estriba su “originalidad”, o su radical novedad, como se encargó Juan Carlos Rodríguez de decir un día de finales de 1980 en La Madraza. Es decir, su poesía pasa del mitin, del sentimiento o de la experiencia, al discurso poético “otro”.

Quisquete tiene su etapa más “feliz” entre 1980 y 1982, con una cierta prolongación hasta 1.984, frontera en la que se le empiezan a derrumbar muchas cosas, sobre todo a raíz del fin de los encuentros en La Tertulia. En ese espacio escribe y publica sus dos grandes libros, impagables, incomparables: Troppo mare y Paseo de los Tristes. El primero que escribe, aunque lo publica después, lo hace a partir de su estancia en la Isleta del Moro, donde realmente sólo escribe el poema que le da título al libro; pero allí salta de la poesía ahistórica a la histórica. Realmente, a partir de entonces todo en su vida está pensado (con sufrimiento salomónico, como diría Lorca) desde ese salto: desde la Isleta y aquel mar interminable.

Se ha dicho, incluso se ha escrito, que a partir de entonces se descolocó, y se alude a problemas con el alcohol, incluso se ha afirmado que era un enfermo, o, también se ha publicado, que no quiso acceder a esa especie de pacto social de la popularidad, como hicieron otros, que cambiaron a tiempo de domicilio y se situaron en la modernidad. En todo caso, Quisquete no quiso “normalizar” ni su discurso ni su vida, no insertándose en una poesía de la experiencia que, a la vez, en función de una batalla teórica y comercial determinada, se convirtió en la norma poética. Proceso que vivió de cerca, hasta 1999 Quisquete. Precisamente en su último libro, Raro de Luna, intenta, a la vez, no volver a sus dos grandes libros (era una de sus chulerías; siempre se apostaba entero) y, de paso, vulnerar la norma a través de un surrealismo muy “controlado” y un encaramiento final con la muerte y el lado oscuro e irredimible de las cosas. En el fondo supone echarle el cierre a su escritura y, algunos años después, a su vida. Pues bien, todo esto, que aparece apuntado en La Muerte Imposible, es lo que se desarrolla en esa biografía novelada que estoy terminando, en un momento, además, en que, a mi juicio, se intenta digerir-fijar-reinterpretar a Quisquete sin tener en cuenta la estructura de fondo de sus dos grandes libros.

P.- En alguno de tus escritos, particularmente en Javier Egea y el desprestigio de la realidad, contrapones el discurso poético radicalmente materialista de Egea frente al discurso socialdemócrata de sus compañeros de generación Álvaro Salvador o Luis García Montero. ¿Podrías pautar las diferencias entre uno y otro discurso?

R.- Es algo que hay que desbrozar. Hay que empeñarse en desbrozarlo, porque se quiere hacer ver que es igual la llamada Otra sentimentalidad que la poesía de la experiencia, o que ésta es un afluente de aquélla; operando, pues, en la misma problemática. Y no es así, no es exactamente así. Es una batalla que se empezó a dar casi desde el principio en el terreno de la teoría y la crítica, en términos muy explícitos, que ayudan a delimitar los terrenos. Al mismo tiempo se produjo un apagón, un punto ciego, como si otros no se hubiesen atrevido a diferenciar las cosas ni en el terreno de la teoría ni en el del análisis de los textos diferenciales que se producen, por así decirlo, antes de las fechas señaladas y después de ellas, aunque esto de las fechas sea siempre un terreno resbaladizo (aunque ahora después daré algunas menos resbaladizas). El caso es que sí existió la poesía “otra”, la poesía de clase. Aunque la poesía siempre es de clase, lo que pasa es que esta vez se hacía desde el punto de vista de la explotación y además a través de un discurso enterizo, existente realmente, es decir, históricamente no burgués, que además convertía el tiempo, el espacio y el yo en historia concreta (lo que dijo J.C.R. en aquella sesión de la Madraza: ese inconsciente que nos trabaja y nos produce como explotación y como muerte)

Y hablando de historia concreta: hay dos fechas en torno a las cuales se producen transformaciones pertinentes a la hora de explicar las cosas. Me refiero a 1982, en que el triunfo apabullante de la socialdemocracia parece enterrar el proyecto transformador, y 1989, en que cae el Muro de Berlín, cerrando presuntamente toda esperanza, si es que en algunas posiciones experienciales quedaba alguna. Y hay otra fecha, 1996, en que uno de los actores de esta situación dice que la poesía de los últimos 15 años ha sido la poesía de la socialdemocracia, es decir, una poesía media, digerible, correspondiente a las nuevas capas medias emergentes a partir del triunfo socialista de 1982. Bueno, quedan dichas las fechas y no hace falta mayor comentario. En todo caso es preciso aclarar la alternativa que se elabora para poder existir, siendo de izquierdas, en el seno del sistema. Y no es otra que la teoría de la modernidad: recuperar las huellas de la ilustración (se empieza a perfilar el imaginario del “ilustrado romántico”) allá donde se dejaron aparcadas, al otro lado del paréntesis rojo, que se cierra en el 82-89. Y todo lo que no sea la modernidad, o es dogmatismo o ancianidad o estalinismo, etc. Y sobre esas bases se crea esa norma poética de la que no quiso participar Quisquete, ese Quisquete que escribió en uno de sus cuadernos que los solitarios son esos que le dicen a su amada: me quedo solo pero no me vendo.

Por todo ello la necesidad de que nadie “fije” la poesía de Quisquete en términos inaceptables, por mucho que se haga desde una supuesta amistad íntima, que no puede ni debe convertirse en una apropiación, por mucho que se haga en nombre de peritos y entendidos. Es decir, Quisquete fue un gran poeta, pero no sólo eso; en todo caso fue un gran poeta de una poesía “otra”, y eso no cabe en la norma posterior, que, como corresponde en estos casos, o intenta sepultarla o reinterpretarla o digerirla.

A pesar de que se ha dicho que un comunista nunca está solo, quizás, cuando publique la biografía novelada, me encuentre con un panorama diferente, dada la confusión académica reinante y cierto síndrome de “Puerto Urraco” al que se ha llegado en algunos ambientes. Después de la caída del Muro da la impresión de que algunos no tenemos derecho a existir.

P.- Conociendo la innegable predilección que sientes hacia la figura y el ejemplo de Juan Carlos Rodríguez, ¿te atreverías a explicar a los profanos en la materia el porqué de la importancia de este hombre para la construcción de una poética marxista?

R.-Uno de los “dramas” de J.C.R. puede estribar, supongo, en que todo el mundo le pregunte por la Otra sentimentalidad, o por los nombres consabidos, y se desconozca su inmensa obra en defensa de (y produciendo) un marxismo, a la vez, con Marx y sin Marx, es decir, un marxismo que sabe pensar solo. Ese marxismo que sabe diferenciar, en abstracto y en concreto, el objeto real y el del conocimiento (como dijo Spinoza: el concepto de perro no ladra). Al final, necesariamente, el texto que estoy a punto de terminar es también, en parte, la biografía novelada de J.C.R., quizás porque tengo temor a los reinterpretadores y a veces me gusta jugar el papel de padre del padre. Lo que ocurre es que entonces, sin duda, le estamos exigiendo demasiado: prácticamente le exigimos que para que nadie lo convierta en una gárgola del sistema tiene que quedarse absolutamente sólo. En realidad, yo no le pido tanto. Sólo le pediría que no “abjurara” de lo dicho y escrito sobre Javier Egea, en un momento peligroso, en que la modernidad se ha convertido en una máquina de picar carne. Aunque hay cosas que él ya no puede (ni quiere, lo demuestra día a día con sus presencias y ausencias) cambiar, entre otras cosas porque él, con su “Teoría e historia…” fue el causante, el referente, el motor de todo en aquel retiro de la Isleta… Mientras Quisquete, a la vez, oía “La creación” de Haydn y rompía con metafísicas y consejas y fetichismos. Incluso estoy dispuesto a perdonarle a Juan Carlos el punto ciego a la hora de diferenciar los textos de Quisquete de la poesía experiencial. Pero todos los sabemos, y sabemos su “culpa” de profesor y amigo, de “teórico”: aquello existió, existió realmente. Es decir, existe, debe seguir existiendo, y eso va a suponer una cierta batalla, en la que no va descaminado Pío Alcántara con su insistencia y atrevimiento (el cartero siempre llama dos veces).

P.- ¿No consideras que tu condición de político profesional, de tan larga trayectoria en el PCE y en IU, ha perjudicado tu propia carrera como poeta y como novelista?

R.- Yo no me he podido negar nunca ni a un vino viejo ni a la primacía de la política. Primacía de la política para un marxista que leyó a Marx, en un principio, a través de Lenin. Por tanto, no podía hacer otra cosa, máxime cuando no creí nunca (tampoco a la postre Althusser) en el tema de la práctica teórica como un espacio alternativo a la política. Althusser hasta 1980, en que tuvo lugar el no-ha-lugar, debatió en su distrito, repartió panfletos e hizo el puerta-a-puerta. Eso sí, tampoco he podido dejar de escribir literatura, esa gran mentira que dice toda la verdad, a pesar de ella misma. Y el único cambio que podría haberse dado me hubiera convertido en otra persona: ese pacto con el mercado que tan habilidosamente disfrazan unos y otros, o una cierta neutralidad disfrazada de asco por los políticos. He dedicado más de 35 años a esa lucha, y ya está. Es decir: la lucha continúa. Y yo con ella, dedicando ahora más tiempo a la literatura y a mi perra.

P.- ¿En qué fallamos o acertamos en la Transición de marras?

R.- A Quisquete, a partir de 1982, no sólo empiezan a fallarle las reuniones en la Tertulia, sino su propia partido, que también está, de forma cada vez más clara, en un proceso de “normalización” en el nuevo panorama pactado, cuando la lucha por las libertades se convierte para muchos en una lucha por una democracia donde, como dios existe entre las perolas, el capitalismo se hace dueño y respira y conspira con la gente y los partidos de izquierda, que empiezan a transformar las estrategias revolucionarias en hojas de ruta para la gestión. Como verás yo soy también responsable, en la parte que corresponda, de una etapa que es preciso abrir de nuevo, ya lo hemos hecho, precisamente en el momento en que la gente se atreve de nuevo a pensar que el problema se llama capitalismo. En fin, lo dicho más arriba: la lucha continúa.

Colofón.

El que suscribe realizó un par de cuestiones más al camarada Alcaraz, relacionadas con el affaire Fortes-García Montero y la reacción de IU Granada ante el mismo. Decidió responderlas conjuntamente de la manera que sigue:

Sobre las otras dos preguntas: Yo estoy entrando en ese debate, en ese Puerto Urraco, pero no quiero someterme a simplificaciones. Mi posición la voy a dar por escrito en un texto de 300 folios, si alguien quiere publicarlo (y si no empeñaré el piso y distribuiré la novela en mano, una por una). Un texto donde los tiempos (históricos) aparecen revueltos y se enfrentan, al margen de cualquier cronología (Como en Memoria de la melancolía o El porvenir es largo). Eso sí, volviendo a tus preguntas en algún sentido: hay un abuso de poder a la hora de situar las cosas por una de las partes. Te pondré un ejemplo: el Ayuntamiento de Sevilla, donde gobernamos, no cedió una de sus salas para la celebración de un homenaje al Conde de Foxá, ya que no se solicitaba explícitamente para el tema literario, y, por tanto, como “homenaje” a un dirigente fascista podría suponer una exaltación del franquismo, teniendo en cuenta la asociación que solicitaba el acto). Pues bien, uno de los actores contenidos en tu pregunta hizo unas declaraciones que venían a decir que los concejales de IU tenían que “arrepentirse” (sic) de lo que habían hecho, porque además el escritor en cuestión (no llamó este actor a la fuerza política de la que es miembro, no para recibir consignas, sino información) era un autor admirado y nunca se podía actuar de manera que pareciera una especie de censura. Pues bien, sin entrar en el tema del político franquista y autor de “Madrid, de corte a checa”, ¿con qué autoridad, desde qué ética se pronunciaba este actor que, sin duda, semanas antes, había sido uno de los responsables a la hora de suspender un homenaje a Javier Egea en un salón de la Universidad de Granada? ¿Cuáles fueron los motivos en este caso, que aún se desconocen? Dicho esto, y notificada mi posición sobre Luis, te aclaro igualmente que no coincido con muchas posiciones del otro actor, y lo digo desde el respeto no prohibicionista, incluso cuando descalifica al PCE y a IU.

NOTA: Parece ser que alguien cercano a la asociación falangista que pidió el local para el homenaje a Foxá ha comentado –según se dice en Sevilla, que es siempre un gran mentidero- que en caso de juicio, puesto que han registrado una denuncia por delito de prevaricación, llamarán a Luis como testigo contra los concejales de IU.

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