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“Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro la voces de los ecos,
Y escucho solamente, entre las voces, una.
Retrato, Antonio Machado

Sobre la novela de Armando López Salinas "La Mina", publicada en 1960

Un servicio literario perdurable a la verdad

Ramón Pedregal Casanova / 16 sep 08

“Charles De Gaulle, ese valiente rebelde de la Francia antinazi, le preguntaba al gran filósofo Jean Guitton: “¿Qué es la cobardía maestro?” Y ese nido de sabiduría le contestaba: “La cobardía, general, es buscar la aprobación y no la verdad; las condecoraciones y no el honor; el ascenso y no el servicio; el poder y no la salud de la humanidad”. www.voltairenet.org/article120070.html

Armando López Salinas, representante de la corriente literaria que se ha venido a denominar “realismo social”, publicó su novela “La mina” en 1960. Abanderado del compromiso político en el campo intelectual, su último libro, “Crónica de un viaje y otros relatos”, hace honor a la literatura española, y su defensa de la justicia social mediante la muestra literaria despierta lo mejor de los seres humanos. ¿No ha leído “Caminando por las Hurdes”? “Caminando por las Hurdes”, libro de viajes, ha sido considerado por los mejores historiadores y antropólogos como documento histórico y antropológico, debiendo tenerse en cuenta por su aproximación a la realidad y su visión profunda de lo esencial humano en su recorrido por esa parte de Extremadura.

Armando López Salinas ha dispuesto su aparato de observación literaria de la realidad, en contra de la cobardía y al servicio de las gentes laboriosas del campo y la ciudad: en pos de la verdad y no de la aprobación, del honor y no de la condecoración, del servicio y no del ascenso, de la salud de la humanidad y no del poder. Desde la literatura proyecta luz sobre los antagonismos, su raíz de carácter, sus horizontes inmediatos y sus encrucijadas en pos de nuevas metas.

Para escribir “La mina”, Armando, que supo del derrumbe en la planta minera, se fue inmediatamente a Puertollano, pueblo del trágico suceso, que hoy ha dedicado un museo sobre aquellas instalaciones y la dureza del trabajo, para conocer directamente lo acontecido y compartir aquellos momentos con los trabajadores. En “La mina” nos traslada a la búsqueda de la subsistencia de una familia jornalera, época de la publicación misma de la novela, en un pueblo en el que el campo es un latifundio-propiedad privada; bajo ese estatus el cacique impide el desarrollo de los habitantes y entre cotos y cabras los mantiene esclavizados, y “el cura … dice que aunque se tenga hambre no hay que robar nada.” Los pueblos se quedan vacíos. La familia, nuestra familia, emprende el viaje a Los Llanos (Puertollano), donde encontrará nuevas condiciones laborales y sociales; sus deseos inmediatos entrarán de lleno en las manos y las palabras de las nuevas gentes, el pozo del hambre quedará cegado y se abrirán nuevas galerías en sus vidas, la de las amistades, la de la taberna, la del dinero como cebo de nuevas angustias, …, y sus aspiraciones crecerán mientras aparece como un sueño contradictorio, deseo y rechazo, volver o no volver, al lugar aquel que se debió abandonar. El papel solidario y de orientación que la familia y la clase juegan en los recién llegados les abrirá algunos pasos en la vorágine de las necesidades; pero también tendrán delante los antagonismos, los conflictos de conciencia personal y las grietas descubiertas a raíz de los conflictos colectivos; la división hombre – mujer en un ámbito que cerrando los ojos les crea la ilusión de la prosperidad; el carácter de la industria del medio siglo XX engendrada en la división social: la literatura entra en el cuerpo de la contradicción principal de la sociedad capitalista y la muestra explotación industrial de los recursos humanos y minerales de la manera más salvaje en busca del mayor beneficio. La lámpara minera de Armando López Salinas alumbra la conciencia del lector en “La mina”.

En al memoria campesina queda lo que una vez se habló en el gobierno de la República de “repartir las tierras entre los campesinos pobres, era demasiado bueno para ser cierto, tenían buena voluntad para nosotros. Uno vivía ilusionao. Después, todo se lo llevó el demonio”. Aquel presente no se podía alargar, las condiciones de pobreza no permitían ninguna decisión que no fuese marcharse. Buscar trabajo en otra parte, emigrar, emigrar, emigrar para sobrevivir, siempre los trabajadores: “… lo mejor que podéis hacer es marcharos de aquí. Una familia no puede pasar hambre aguardando tiempos mejores, no puede estar aguardando a que al amo o al capataz se le antoje dar trabajo”. ¿Cuánto duele el mundo de uno cuando te obligan a abandonarlo?

Y así salen de Tero y viajan en tren el matrimonio, la niña y el niño de pecho. En las estaciones los niños venden cervezas, gaseosas, café, tortas de aceite, un hombre pregona el diario Lanza. Y Armando López Salinas, con sumo cuidado escoge detalle tras detalle para iluminar el mundo castellano-manchego, la vida a través de unos pocos momentos que ilustran la emigración: “- Pues yo trabajo pa los americanos en Ciudad Real … soy cocinero. Somos cinco hombres pa la bomba del oleoducto de Rota, dos americanos y tres españoles pa servirles, claro”. A Barcelona, a Francia, Marsella, a otro mundo que permita aunque sólo sea comer, a las minas de Los Llanos: “. En “La Minera del Sur” quieren gente joven que dé bien el callo. Si un hombre anda por los cuarenta y tantos, le cuesta Dios y ayuda el que le den tajo”.

Una vez allí la explotación más descarnada y más descarada, los accidentes de trabajo y las muertes, las pensiones míseras que obligan a mal emplearse, “ahora ando de betunero en el café España”, y el recuerdo de aquellos hechos que vivieron en la República, “puso la bandera en el Ayuntamiento, … era un hombre más bueno que el pan de rosca. Siempre estaba dispuesto a echar una mano al primero que llegara. …en el 36 yo casi era un hombre y andaba moceando. ¿Nunca habéis visto a un pueblo gritando en la calle, dando vivas a la libertad? Yo nunca me olvidaré”.

Una multitud de andaluces, manchegos, extremeños, asturianos, … rociada de hollín va y viene en turnos de doce horas a las minas y de las minas: albañiles, horneros, entibadores, escombreros, paleros, mineros de superficie y de fondo, fogoneros y maquinistas, seis pozos: “El Inclinao”, “El Norte”, “El Oeste”, … y un pueblo ennegrecido, apenas algún candil, y deseos de marcharse.

Al otro lado el barrio de los ingenieros con guardias, prohibido el paso, parques de mirtos, de acacias de madreselvas, rosas, … surtidores y piscinas, tenis, baloncesto, edificios de hierro y piedra, criadas, jardineros, “¿ha dónde van ustedes? ¿No saben que esta prohibido pasar por aquí?” El jornalero-campesino convertido en obrero.

La mano de obra, el reclamo contra el hambre, contra la mala vida, va del feudo a la industria, a la mano nueva que roba.

Armando López Salinas, trabaja esa beta realista y social literaria con cartuchos de lenguaje poético que estallan al paso del lector y le impulsan, le conmocionan y hacen que abra los ojos.
Una novela así es una novela valiente, honesta, es un servicio literario perdurable a la verdad.

Título: La mina.
Autor: Armando López Salinas.
Editorial: Destino, o en librerías de viejo e internet.

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