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“Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro la voces de los ecos,
Y escucho solamente, entre las voces, una.
Retrato, Antonio Machado

Italia

Acerca de las Elecciones en Italia

Pepe Cabo, Miembro del Comité Ejecutivo del PCE / 28 abr 08

El cuadro resultante de las elecciones en Italia es conocido. Se ha producido en el país transalpino un vuelco político de gran alcance y magnitud que, sin duda, trasciende más allá de sus fronteras. El retorno al Gobierno de Berlusconi, encabezando un bloque extremista, neocon, ratzingeriano, es una malísima noticia para Italia y para Europa. Disponiendo ahora de holgadas mayorías en las dos Cámaras (Diputados y Senadores), toda oposición será estéril, y muy poco o casi nada podrá detener su asalto al Estado Republicano y de Derecho, su estrategia de control y de ocupación de todo el espacio de la sociedad. Como señala Vidal-Beneyto, Berlusconi representa “la absoluta privatización de la política” del Estado de la Sociedad. El clientelismo, el populismo, el ultraliberalismo, el perverso discurso securitario y la demagogia de tinte neofascista acaban de imponerse, en una Italia sumida en una profunda crisis económica, social, cultural; una Italia en crisis de identidad, desorientada y desmotivada, altamente decepcionada por la andadura y el balance más que discreto del Gobierno anterior encabezado por R.Prodi de los años 2006 – 2008; por la manifiesta incapacidad de ese Gobierno de coalición de la “Izquierda Plural” a la hora de atender y satisfacer las grandes expectativas y aspiraciones populares en materia de justicia social y de avances democráticos, progresistas. Esto, junto al espectacular crecimiento de la Liga del Norte, de orientación secesionista y ultrareaccionaria, explica en buena medida la victoria arrolladora del bloque derechista; este bloque, integrado por el “Pueblo de la Libertad” – PDL – (formación compuesta por Forza Italia de Berslusconi y por Alianza Nacional de Gianfranco Fini, heredera del fascismo italiano), por la Liga del Norte de Umberto Bossi, y el MPA (Movimiento por la Autonomía de Sicilia), ha pasado de tener 409 parlamentarios en las dos Cámaras en 2006, a tener ahora 508; crece del 43 a 47% de los votos. Esta coalición de derechas se manifiesta especialmente fuerte en la Italia septentrional (en todo el Norte rico y desarrollado del País), al tiempo que domina ampliamente en el Sur, y en las islas.

· Por otra parte, debido a su política, esencialmente centrista, claramente escorada hacia el social-liberalismo, el Partido Demócrata (PD) de Walter Veltroni no podía, desde esos parámetros, ni ilusionar ni suscitar ninguna dinámica popular para una verdadera perspectiva de cambio. Sobre el PD recae sin duda, una gran responsabilidad respecto de este desenlace electoral. El ya famoso “buenismo” de Veltroni consigue, entre otras cosas, ocultar lo que es la gran anomalía italiana: la presencia, de nuevo, y en el puesto de mando del gobierno, del magnate de las Finanzas y de los Medios de Comunicación , con todas las tramas tenebrosas y los conflictos de intereses que de ello se derivan.
El PD canceló cualquier posibilidad de alianza o de acuerdo electoral con la Izquierda Arcoiris (IA). Esta apuesta se corresponde, al tiempo, con la naturaleza del Proyecto de Veltroni que él mismo definió como “equidistante entre los trabajadores y la empresa”, entre el Trabajo y el Capital: o sea, la paz social, la neutralización y desactivación del conflicto, y la conciliación de clases. En el plano de las opciones en materia de política económica y social, las propuestas del PD no difieren mucho, especialmente en lo relativo al mundo del trabajo (precariedad, flexibilidad, competitividad), y a los mecanismos y medios necesarios para la dinamización de la economía, de las recetas del bloque de derechas.
Este social liberalismo agudo y beligerante del PD explica, sin duda, el que durante la campaña electoral se acuñará esa llamativa caracterización sintética: “el Veltrusconismo”.
La “coalición Veltroni”, compuesta por el PD (resultante de la fusión de los ex –comunistas del DS – Demócratas de izquierda – de M. D’ Alema y P. Fassino, y de los democristianos de la Margarita de F. Rutelli, y a la que se acaba de integrar el Partido Radical de M. Panella y E. Bonino, muy neoliberal en lo económico), y por el Partido “Italia de los Valores” (IDV) en torno al conocido juez Antonio Di Prieto, ha pasado de tener 445 parlamentarios en el 2006, a tener ahora 371 representantes en las dos Cámaras.
Con el 33% de los votos, el PD se sitúa lejos de sus propias expectativas electorales aún habiendo mordido en el electorado de la Izquierda Arcoiris. En los bastiones del PD, y en las ciudades y regiones “rojas” del centro del País, la abstención ha sido superior a la media nacional. Esa coalición pagó también y de alguna manera el precio derivado del intento de finiquitar la historia del pos-comunismo italiano. No debe olvidarse que W. Veltroni fue quién en 1999 dijo aquello de: “Comunismo y Libertad son incompatibles. Esa es la gran tragedia después de Auschwitz”.

· Estas elecciones sancionan una profunda recomposición del mapa político del país.
En aplicación ahora de la misma Ley Electoral (la “Ley Calderoli-Berlusconi” impuesta durante el gobierno de la Derecha de 2001 al 2006, calificada por sus propias autores como “cerdada”, por su tendenciosidad y su farragosidad), se ha pasado de la anterior precariedad e inestabilidad de la acción de gobierno, a una situación de gobernabilidad sólida y estable, de mayorías; con esa misma Ley ahora se ha laminado la representación institucional de toda una constelación de partidos = de 39 formaciones representadas en el 2006 en la Cámara de Diputados se ha pasado a 6 en la actualidad, tras estas elecciones.
Se trata de una remodelación que asienta una nueva arquitectura política de creciente signo bipolar; un sistema centrado en dos grandes partidos (PDL – PD), articulado en base a la masiva concentración del voto en torno a sus dos polos: la coalición Berlusconi y la coalición Veltroni. Entre ambas representan el 84% de los sufragios. Este fenómeno ilustra la apropiación, en las condiciones de Italia, del modelo americano Demócratas / Republicanos; modelo que por excelencia esteriliza el conflicto social, achica el pluralismo político y desfigura el debate democrático.

Recomposición y remodelación del mapa institucional, y derechización política van de la mano: ambas facetas se concatenan en un proceso estructurante del Sistema; se corresponden, al tiempo, con las tendencias dominantes en toda Europa, de claro corrimiento hacia la derecha.
Representan, a su vez, tendencias acordes con la naturaleza misma de la integración europea en el marco de la UE cuyos dogmas rectores son la centralidad del “Mercado libre, no falseado.”, los dictados de los mercados financieros y grandes centros económicos, y por la militarización y la expansión de la OTAN.

En ese marco, asistimos, como proceso global, a un deslizamiento del conjunto del electorado desde la izquierda hacia la derecha. Esta tendencia general de derechización política, italiana y europea, puede intensificarse aún más, conforme se agudice la crisis y recesión económica actual, y sus ya anunciados ajustes duros; conforme empeoren las condiciones de vida de los pueblos, conforme se agrave el conflicto social/laboral con los inmigrantes, y conforme sigan los poderes dominantes explotando la división de los trabajadores con su demagogia xenófoba.
Esta consideración coloca crudamente sobre la mesa el reto central para la izquierda europea: la absoluta y urgente necesidad de construir y de proyectar socialmente un modelo alternativo, radicalmente diferente, de construcción europea, alejado del “cretinismo europeista” reinante, del “sí crítico de simple enmienda”, beato y complaciente.
Otra Europa es posible, desde una perspectiva de clase, desde la defensa de los intereses de fondo de los trabajadores y de los pueblos de Europa. Frente a esta UE, bloque de poder, de dominación y de expansión del neoliberalismo y del militarismo, es necesario contraponer el Proyecto de una Europa social, democrática, solidaria y pacifista, asentado en valores y principios civilizatorios, de emancipación social.

· La izquierda política italiana acaba de sufrir un varapalo electoral de especial envergadura. Nunca en su dilatada trayectoria, se había visto relegada a semejante situación.
Los resultados de la coalición de la Izquierda Arcoiris (IA), que reagrupa en su seno a los dos Partidos Comunistas, el PRCI de Bertinotti – Giordano, y el PdCI de Diliberto- Rizzo, a los verdes de Pecoraro Scanio y a la Izquierda Democrática (separada del PD por su izquierda), de F. Mussi, han resultado ser demoledores. De un total de 110 parlamentarios entre sus componentes comunistas y verdes conseguidos en el 2006 en ambas Cámaras, (a ellos vinieron a sumarse después otros 28 parlamentarios de la Izquierda Democrática, o sea, un total de 138 diputados y senadores)., han pasado ahora y entre todos a no tener ninguno; de una media del 10,7% de los votos entonces, ha pasado al 3,15%. Por primera vez desde 1947 no hay ahora parlamentarios comunistas en las instituciones centrales del Estado, lo cual provoca, sin duda, un impacto político y psicológico de grandes dimensiones. Tras estas elecciones, la dinámica y pujante “Sección Italiana de la IE-Izquierda Europea”, se ve convertida en extraparlamentaria.
El PRCI, el PdCI y los verdes han perdido, en esta contienda electoral, cerca de 3 millones de votos en 2 años.
¿Hacia donde ha fluido y se ha canalizado esta sangría?. Según encuestas mediáticas, de 100 electores de esos 3 partidos, sólo el 23% voto por la IA; otro 40% hacia el PD (el voto útil, sobre todo en las zonas rojas del centro del país) y el 18% se habría ido a la abstención.
Conviene señalar también, de un lado la desmovilización de una parte del electorado popular, y de otro lado el hecho que la extrema izquierda (de variadas matrices trotskystas), que en 2006 formaba parte del PRCI, antes de su posterior separación, ha recogido ahora el 1% de los votos.
Los 4 partidos de la IA, y la propia Coalición, atraviesan ahora una situación de especial desorientación y de crisis. Se imponen profundas reconsideraciones y rectificaciones.

Es evidente que la fuerte bipolarización y su tensión inherente hacia el voto útil entorno a los dos bloques hegemónicos ha dañado a la IA, a favor de la coalición de Veltroni.
Con su estrategia de debilitar al máximo a IA, y de pescar abiertamente en su caladero electoral, el PD de Veltroni le ha hecho el juego al bloque derechista de Berlusconi.

Más es igualmente evidente que el manido recurso al “voto útil” no lo explica todo. Ni el “Tsunami bipartidista” de Gaspar Llamazares, ni la “tenaza bipolar”, en palabras de Franco Giordano (Secretario de PRC), pueden convertirse en una indulgente coartada exculpatoria. Sería al tiempo deseable, y del todo coherente, que las víctimas de ese aluvión de voto útil no actúen ni trabajen contra sí mismas, favoreciendo, implícita o explícitamente, ese tipo de voto como ocurrió de manera notable en España con “IU-ICV-Izquierda Verde”, y también ahora en Italia.
Por ejemplo: reivindicar, alabar y ensalzar a ZP y a su recién nombrado Gobierno de mayoría femenina, además de manipulador y frívolo, significa, en Italia, orientar clarísimamente el voto hacia su socio de proyecto, que no es otro que W. Veltroni (ver la edición del periódico del PRCI – Liberazione- de los días 13 y 14 de abril, precisamente los días de la votación, en el que en portada aparece un espléndido “Viva Zapatera!”).

Tampoco son ajenos a nuestras derrotas los transformismos y los bandazos: pasar de la Radicalidad a la Gobernalidad sin ponderación equilibrada; pasar del “movimentismo”, de la dialéctica de lo social, a la burocratización y al institucionalismo; pretender transformar la Coalición unitaria y plural en un partido único, sin el más mínimo acuerdo básico previo, y con ello cancelar “la cuestión comunista”, relegándola, en el mejor de los casos, a “ser una mera tendencia cultural, de igual manera que el feminismo y el ecologismo”. (F. Bertinoti, La Stampa del día miércoles 9 de abril, 3 días antes de las elecciones), priorizar de hecho el posibilismo pragmático en detrimento del Programa, del Proyecto y de la Ideología, etc.

· Cierto es que la llamada Izquierda transformadora europea occidental atraviesa momentos de notable desconcierto, de profunda crisis de Proyecto; conoce un evidente vacío de Estrategia. Los resultados de Italia, como los de España hace poco, deben enmarcarse también en ese contexto. Las angustias de todo tipo, incluido existenciales, que la atenazan, se entremezclan aquí y allá con improvisaciones, con ambigüedades y desviaciones, con confusionismos y con experimentos y ensayos temerarios, a tientas, con mutacionismos aventureros e irresponsables que le cambian la piel, la identidad a los Proyectos inicialmente antagonistas, anticapitalistas.
El desplazamiento nítido hacia la derecha de la socialdemocracia neoliberal europea (de la cual tanto ZP como Veltroni son claros exponentes) no debería verse acompañado(cual cordón umbilical) de deslizamientos subsidiarios y complementarios, declaradamente pos-comunistas, en su propósito de articular espacios de “Terceras Vías”, de “Nuevas- viejas Izquierdas”, supuestamente neutrales y equidistantes de los dos polos en conflicto: el polo neoliberal y el polo antagonista de la Alternativa; espacios de “equidistancia” que actúan como diques de contención y colchones amortiguadores de los conflictos, luchas y movilizaciones populares derivados de las políticas económicas y sociales del Sistema. En esta consideración radica la esencia misma del concepto de la Subalternidad política, su naturaleza estructural y estratégica.

En España hace pocas semanas y ahora en Italia, hemos asistido a sonadas derrotas de la llamada Izquierda transformadora.
Nos corresponde analizar a fondo el porqué dos proyectos (el de IU en España, el de la IA en Italia), objetivamente atractivos, originales, novedosos, plurales e incluyentes, se han desfondado y agotado en los últimos tiempos, marchitándose ante la prueba de la Política.
Nos corresponde desentrañar qué procesos degenerativos, qué derivas, qué deformaciones de fondo se han dado para que estos proyectos resulten ahora tan inconsistentes y vulnerables, a la postre sancionados negativamente por amplios sectores populares de nuestros países.

Hemos de entregarnos desde ya a la realización de esta evaluación y examen crítico y autocrítico. Hemos de hacerlo con espíritu unitario, constructivo, desde la indispensable clarificación política de Proyecto. Nos hace falta para ello honestidad intelectual, valentía política, lealtad y profundidad en el análisis y en el debate franco y abierto de las ideas.
Todo ello resulta esencial para determinar, colectiva y democráticamente, la Estrategia, para la reconstrucción de la perspectiva revolucionaria en cada país, y a escala europea.

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